EL TRABAJO DE JUAN

Doña Érika es la feliz madre de Juan, un joven de 23 años que solía pertenecer a un equipo de fútbol, hasta que lo dieron de baja por un rendimiento deficiente.

Ella está contenta porque su hijo acaba de conseguir un trabajo. No sabe exactamente en qué consiste, sólo sabe que le informan la hora para trabajar por medio del celular. No le incomoda mucho, ya que sólo lo hace durante los fines de semana, cuando él no estudia Medicina.

Un día, Doña Érika comenzó a limpiar el cuarto de su hijo, y mientras arreglaba el clóset, se encontró con un vestuario que le llamó la atención: un vestuario negro.

— ¿Qué significa esto? —decía casi gritando, al mismo tiempo que agitaba las prendas con su mano derecha.

— Yo puedo explicarte, mamá.

—Nada de explicaciones. ¿Acaso te hace feliz esto? ¿Acaso te hace sentir bien?

—De hecho… sí. —contestó con humildad.

— ¡Ah! Lo que me faltaba: un cínico.

—Mamá, por favor, entiende.

— ¿Qué entienda qué? Que mi hijo es un… un…

—No es tan malo. Es un trabajo como cualquier otro.

—De ese trabajito tuyo sólo ganarás insultos y el desprecio de todos. Además, ni te pagan bien.

—Mamá, pero esto es algo que me gusta.

—Lo mismo decías de esa pinche iguana que hiciste que te compráramos.

— ¡Tenía sólo 6 años! —reclamó Juan.

—nada más deja que se entere tu padre—pronunció amenazadoramente

— ¿Y cómo crees que conseguí el trabajo de árbitro suplente?


Y bien, ¿qué les pareció?

Realmente me gustaría saberlo. Sólo es cosa de que pulsen el botón verde que aparece acá abajo y que expresen lo que tienen en mente. Ni siquiera necesitan registrarse.

Si les interesa pasar un rato igual de agradable al que fue mientras leían esta historia (o eso espero) les recomiendo que visiten otra de mis historias llamada Nunca Antes. Les adelanto que trata acerca de la primera vez de Beto.