Nunca Antes

Beto entró a aquel lugar, a ése que conocía tan bien puesto que en ocasiones anteriores ya lo había visitado. Todo lucía muy común, pero sabía que ahí conseguiría lo que él quería y necesitaba.

Luis volteó a verlo, pero él fingió que no lo había notado. Por alguna razón no podía dejar de pensar que todo esto sería menos incómodo si sucediera con otra persona, o mínimo con alguien que no conociera desde la secundaria, aunque no se llevara tan bien como con Luis.

Comenzó, con discresión, a inspeccionar por aquí y por allá. Esta era su primera vez y estaba realmente nervioso. Sin embargo, lo tranquilizaba un poco el saber que sus amigos ya habían pasado por esto antes y que se habían sentido igual que él.

Se acercó hacia Luis intentando parecer normal. Él lo miró comprensivo y, sonriente, le preguntó:

— Nunca antes habías hecho esto, ¿verdad?

La blanca piel del rostro se le puso roja de vergüenza.

No respondió nada, sólo se limitó a agachar la cabeza.

— No te preocupes—le dijo. —Después de todo, esto no es nada malo, sino todo lo contrario, ¿no lo crees?

— Sí…, creo que sí —alcanzó a pronunciar cuando su cara dejó de parecer un jitomate.

Al ver que Beto había comenzado a relajarse, Luis continuó:

— En ese caso… —y dicho esto, comenzó con su rutina. Él tenía práctica haciendo esto.

(…)

— Son 50 pesos—le comentó Luis al terminar su labor.

Beto sacó dinero de su bolsillo y le pagó.

— ¡Gracias por su compra! ¡Vuelva pronto!

El otro muchacho recibió el cambio y se dirigió hacia la puerta.

—¡Diablos! – pensó Beto. — Si así me puse de nervioso comprando los malditos condones, no quiero ni pensar en cómo estaré cuando sea momento de usarlos.


Y bien, ¿qué les pareció?

Realmente me gustaría saberlo. Sólo es cosa de que pulsen el botón verde que aparece acá abajo y que expresen lo que tienen en mente. Ni siquiera necesitan registrarse.

Si les interesa pasar un rato igual de agradable al que fue mientras leían esta historia (o eso espero) les recomiendo que visiten otra de mis historias llamada El Trabajo De Juan. Se trata de una inofensiva plática madre-hijo.