Lo que puede el amor filial...


Regalo de Navidad

Laura salió de la tienda de dulces, frustrada. Era su tercer intento fallido. La nieve se acumulaba en las calles, y la ciudad parecía una postal de Navidad. A pesar de esto, Laura estaba lejos de sentirse feliz. Había vagado una hora –sin alejarse mucho de su casa, claro, ya que sólo tenía siete años-, sin encontrar lo que buscaba. Se había escapado de Martina, la niñera, mientras ésta cocinaba.

Entró a otra tienda, sin resultado alguno. Lo peor era que no sabía dónde buscar. Pero quería hacer feliz a su madre, y este pensamiento le hacía seguir caminando. Ahora que sabía que Santa era una mera invención, tenía que demostrar que ya era una niña grande que no creía en tonterías. Cuarta, quinta tienda, y no conseguía más que unas risotadas y un 'no, niña, aquí no tenemos eso…'. Incluso una de las vendedoras le había aconsejado que le preguntara a su esposo, que quizá él sabía, pero Laura no conocía al esposo de la vendedora, y se había marchado.

Su madre no sabía que ella sabía lo que deseaba para Navidad. Pero iba a darle la sorpresa, y si no lo conseguía aquel día, sería al día siguiente. Por eso, tras salir de la sexta tienda, volvió a su casa.

Martina estaba como una desquiciada. La reprendió y zamarreó con brusquedad para luego disculparse abrazándola, diciéndole que estaba preocupadísima.

- ¡Pero niña! ¿Qué te fuiste a hacer, loca? – preguntó la niñera.

- Fui a comprarle un regalo de Navidad a mamá – dijo Laura, con los ojos anegados en lágrimas -. Yo sé que mamá lo quiere.

- ¿Lo compraste?

- No está, no sé donde comprarlo.

- Quizá pueda ayudarte, Laurita… ¿qué quiere tu madre? – inquirió Martina.

- Es secreto… eso le dijo ella a sus amigas por lo menos, se supone que yo no sé, pero las escuché a escondidas – dijo Laura, secándose los ojos.

- Confía en mí, niña, vamos… ¿qué quiere tu madre?

Laura miró hacia todos lados, antes de ponerse seria, y como quien cuenta una confidencia, acercó su boca al oído de Martina y dijo:

- Un orgasmo.

Martina parpadeó, y luego se echó a reír.

- ¿Qué es? – inquirió Laura, abriendo mucho los ojos.

- La verdad, niña, es que no lo sé … pero puedes preguntarle a mi esposo – respondió la mujer, riendo aún.

A Laura se le iluminaron los ojos. Porque sí conocía al esposo de Martina.


Inocencia. Cómo me gusta jugar con ella!

Que quede claro, esto es sólo un drabble que me divertí escribiendo, las opiniones vertidas en él no son las mías! xD

Naoki.