La batalla se desarrollaba con fiereza

Beyond space and time

Capítulo 1

Blake

La batalla se desarrollaba con fiereza. Saltaba de un edificio a otro ayudándose del poder de levitación que había obtenido poco atrás. El enemigo lo atacaba desde su posición utilizando esferas de fuego, y él lo único que podía hacer para defenderse era mover los letreros y las antenas que había en su camino para cubrirse.

Una llamarada consiguió atravesar uno de los obstáculos que había puesto y le dio de lleno en la espalda haciéndolo perder concentración y estabilidad. Cayó sobre una azotea, su oponente de inmediato se tele transportó a su lado y formaba una bola de fuego dispuesto a dar el golpe final… pero en eso, sus ojos tomaron un tono rojo más intenso y brillante del usual y su cuerpo se rodeó de chispas que crecieron hasta convertirse en rayos que salieron disparados hacia el enemigo.

El joven se levantó mientas veía impasible como su atacante era electrocutado hasta la muerte, este no emitía pensamiento alguno… su mente estaba completamente en blanco mientras su cuerpo se retorcía del dolor.

-Con que así es morir… ni siquiera te das cuenta.- musitó el joven de cabellos plateados y ojos rojos. Miró a su alrededor para ver que no hubiera otro enemigo cerca, pero al no escuchar los pensamientos de alguna persona decidió que era tiempo de irse.

Usando las escaleras bajó del edificio donde se encontraba, y luego de caminar por las calles cerca de media hora llegó a un gran almacén ubicado a las afueras de la ciudad, ahí varios hombres con batas blancas corrían de un lado a otro llevando papeles o pequeños componentes de máquinas. Avanzó sin prestarles mayor atención y entró en un hangar lleno de pequeñas naves y uno que otro cohete en construcción.

-¡Blake!- escuchó gritar a su derecha. Una mujer algo mayor, que vestía bata blanca y su largo cabello castaño tenía unas cuantas canas, se acercó a él corriendo cargando un saco azul en sus brazos. -¡¿En dónde has estado?! Tu ropa está quemada y tienes la cara sucia… te dije que hoy es un día importante, hace rato que debías estar listo.-

-Perdóname, mamá. Estuve resolviendo un asunto y se me fue el tiempo.- se disculpó el chico al tiempo que trataba de limpiarse la cara con la manga de su chaqueta pero sólo consiguió que la mancha creciera más.

-Ay, toma.- la señora le entregó el saco azul y suspiró resignada –Con ese no se notará el estado de tu ropa, pero ve al baño y límpiate la cara. Debes de recibir a nuestros invitados lo mejor posible.-

-¿De dónde dijiste que son esta vez?- preguntó Blake al tiempo que se daba la vuelta y caminaba hacia el baño.

-Del mismo planeta que tu padre… Voltegia.- respondió la científica con voz fría. Viéndola de reojo, Blake supo de inmediato lo que su madre sentía y pudo escuchar el nombre que ella susurraba tristemente en su mente… Ewan.

Al cabo de unos minutos, Blake estaba de pie junto a su madre y varios otros científicos más esperando a que descendiera una nave por el techo abierto del hangar.

Tras un ataque años atrás, representantes de la Tierra se dedicaban a hacer tratos con otras razas alienígenas para prevenir que volvieran a intentar adueñarse de ella. Ahora varios embajadores de distintos planetas vivían en la Tierra con sus familias, garantizando así la alianza que se formó entre ellos. Su padre había sido uno de esos embajadores… y su madre se encargaba de recibir a los visitantes que llegaran al planeta.

-¡Ah! ¡Ya está aterrizando!- exclamó alegre la anfitriona cuando el sonido de las turbinas de la nave llegó a sus oídos. En menos de un minuto, una pequeña y ovalada nave estaba en medio del hangar. –Por fin han llegado. Vamos Blake, debemos recibirlos.- la señora tomó por la muñeca a su hijo y corrieron hacia la nave al tiempo que la compuerta principal de ésta se abría. Descendieron un hombre de gran tamaño y cabello similar al de Blake, vestido con un pantalón y un chaleco gris, enormes botas negras y una camiseta café; y una jovencita pelirroja bastante atractiva que vestía botas un conjunto de short y camisa café, con un chaleco guantes de color beige y varios listones saliendo de su cinturón púrpura. Pero la característica más sobresaliente de ella eran sus orejas puntiagudas y sus ojos púrpura –Phinean, que bueno que han llegado- saludó la madre de Blake felizmente.

-Jacqueline, ha pasado mucho tiempo.- la voz del hombre era bastante grave pero aún así sonaba amistosa y jovial, al acercarse más Blake notó que los ojos de ese hombre también eran rojos y curiosamente no podía leer su mente… era la primera vez que algo así ocurría. –Ah, este debe de ser el primogénito de mi hermano.- añadió al verlo.

-M-mi nombre es Blake, mucho gusto.- balbuceó, aún le sorprendía el que ninguno de los pensamientos de ese hombre le fueran legibles. Él desde pequeño siempre había escuchado, sin querer, el pensamiento de todos aquellos a su alrededor, inclusive el de su madre.

-Blake…- el hombre mostró una sonrisa nostálgica y se hincó sobre su rodilla izquierda de forma respetuosa, al ver esto la joven pelirroja lo imitó. –Es un honor finalmente estar en su presencia, joven príncipe de Voltegia.-

-¿Eh?- fue todo lo que salió de la boca de Blake al escucharlo. ¿Príncipe? ¿Qué diablos significaba eso? "Debí haberle dicho eso antes". Escuchó decir a su madre en su mente, lo cual lo confundió más –No comprendo.-

-¡Jacqueline! ¿Por qué no le has dicho?- regañó Phinean inmediatamente, como si él también hubiera escuchado lo que la científica pensó.

-Perdóname pero no he encontrado el momento adecuado para decirle.-

-¿Cómo que no has encontrado el momento? ¡Su padre era el rey de un planeta! ¡No debería ser posible que no hayas siquiera pensado en eso durante quince años!- regañó el visitante, Blake inmediatamente se paró entre él y su madre dispuesto a intervenir.

-Pensar en él no le hace ningún bien a mi madre, así que deje de recriminarla por ello.- exigió firmemente el joven.

-Vaya, pues para ser un príncipe no actúas mucho como uno.- musitó fríamente la chica pelirroja.

-¿Y cómo se supone que actúe uno?- cuestionó Blake retadoramente.

-Bueno, para empezar un príncipe debería ser más respetuoso con su tío.-

-¿Mi tío?-

-Así es, Blake.- intervino la señora Jacqueline –Phinean es el hermano menor de tu padre, y por lo tanto es tu tío.-

-Yo… no lo sabía, discúlpeme.- le dijo el chico a su recién descubierto familiar.

-No te preocupes, no es culpa tuya. Soy yo quien debería disculparse, mi compañera ha sido muy grosera contigo.-

-Por cierto, Phinean ¿Quién es ella?- preguntó la señora, al notar que no habían sido presentados aún.

-Oh, perdón, debí presentarlos primero. Ella es Phoenix, viene del planeta Driaide Roji. Me ha estado acompañando desde hace un par de años.-

-¿Driaide Roji? Nunca había escuchado de él.-

-Quizás sea por que la contaminación lo hizo des-habitable hace unos seis años terrestres.-

-Lo lamento -

-Entiendo que no todos los seres del universo son muy brillantes, en tu caso la ignorancia se te nota hasta en la cara.-

-¿Cómo?- gruñó Blake furioso.

-Ya basta, es suficiente.- regañó Phinean y la chica se cruzó de brazos tranquilamente.

-Con que dice que soy un ignorante… bueno, veamos qué piensa realmente.- pensó Blake y se concentró en escuchar los pensamientos de Phoenix.

"Este muchacho no es para nada como Phinean. El hecho de que sea un príncipe no es excusa para que este ignorante le hable de tal manera a su tío."

Con que eso pensaba esa muchachita, entonces iba a tener que vérselas con él.

-Phoenix, deja de pensar tonterías- le dijo Phinean antes de que Blake pudiera siquiera hacer algo –Recuerda que él es de mi familia, debe ser capaz de leer tu mente también.-

-Como sea, tan sólo dime cuánto tiempo estaremos aquí, ya me está cansando la atmósfera tan húmeda de este planeta.-

-Ustedes se quedarán varios días hasta que Phinean termine de arreglar unos asuntos. Y ambos se hospedarán en nuestra casa hasta entonces.- sonrió Jacqueline. Blake y Phoenix se mostraron fastidiados por esto.

"Lo había olvidado" pensaron ambos a la vez.