¡Y fui yo!, quien arrancó tus preciosas alas,

Blancas, suaves, inmaculadas.

¡Y fui yo!...sí.

Yo quien robó las dulces lágrimas de dolor.

Sangrienta escena, momento eterno,

Río de muerte brotando de ti.

¡Y fui yo!...sí.

Aquél que sonrió al verte sufrir.

Una última y solitaria lagrima,

Imperceptible susurro arrancado de tu garganta.

¡Y fui yo!...sí.

El mismo que dijo que te amaba.