Nota de la autora: ¡Hola! Aquí os traigo mi primer original. Al principio iba a ser un solo capítulo, pero ahora creo que lo voy a convertir en una historia más larga. Espero que os guste y que me dejéis vuestra opinión vía review. Besos.

Asdepicas


Joder, esto es el paraíso.

Quien diría que esta cena que preparé más por obligación que por otra cosa iba a terminar así: follando con este camarero que se nota a la legua que es un lechuguino. Aunque se maneja muy bien para la poca experiencia que tendrá.

Me ha estado tirando los tejos durante toda la velada, aunque como de costumbre mi marido estaba tan atento a su socio (creo que Martin cualquier día me dice que es gay) que no se ha dado ni cuenta cuando he empezado a tontear con este muchacho.

¿Cómo se llamaba? Bah, no me acuerdo, pero luego se lo volveré a preguntar. Eso y su teléfono, porque creo que voy a necesitar un nuevo chico para todo. Creo que ya se lo había comentado a Martin, así que será una excusa genial para tener a Josh (eso, se llama Josh) en casa. Además a Martin no le va a molestar, yo lo voy a tener todo el día ocupado…

Este chico es un monstruo.

Después de recorrer cada centímetro de mi piel con besos ansiosos y apasionados, me ha tumbado bocarriba en la cama y me ha doblado las rodillas para que quedase en la posición más adecuada para hacerme un cunilingus.

Joder, él me ha dicho que es la primera vez que lo hace, pero tal y como maneja su lengua por mi coño me resulta bastante difícil creerlo.

Estoy totalmente extasiada. Me chupa con una mezcla extraña de delicadeza, dureza, ansia y tranquilidad que me vuelve loca. Soy incapaz de mantener los ojos abiertos y no paro de gemir ahogadamente.

Parece que eso calienta aun más a Josh porque cada vez lame con más fuerza y más profundamente. Voy notando como toda la sangre de mi cuerpo se encuentra en mi vulva y como esta late con más fuerza que mi corazón. Creo que no se puede estar mejor.

He mentido, si se puede estar mejor. Esto si que es el puto paraíso.

Josh ha subido su lengua y ahora está jugando directamente con mi clítoris. Sí, mi clítoris. Esa parte de mí que mi marido aún no conoce y a la que no se le puede sacar el mismo partido en solitario.

Las piernas me tiemblan y noto como pequeños escalofríos recorren mi espalda desde la nuca hasta perderse donde empieza mi culo.

No puedo aguantar mucho más. Le agarro la cabeza a Josh para que no pare nunca y mis gemidos se convierten en jadeos. Mis caderas se mueven al compás de los lametazos de Josh como si me estuviera metiendo una polla dura como el acero una y otra vez.

Agotada y mejor que en toda mi vida me corro justo en la cara de Josh. Pero a él no le importa. Sigue lamiendo. Sigue chupándome aunque estoy más que mojada y no solo por su saliva. Su lengua sigue recorriendo lentamente mi piel consiguiendo que yo llegue a un estado parecido al trance. Si es esto lo que se supone que se consigue con el sexo tántrico tendré que empezar a practicarlo pero ya.

He llegado al orgasmo más fuerte de cuantos recuerdo. Y ahora mismo sigo palpitando con tal fuerza que lo noto incluso con las manos agarrando el pelo de Josh. Pero él continúa, consiguiendo que yo me siga contrayendo y moviéndome a su ritmo, a pesar de estar totalmente exhausta.

Ya no puedo más. Estoy en tal estado de satisfacción que he dejado de sentir lo que hay a mi alrededor. Me derrumbo sobre la cama y dejo mis piernas y brazos en el duro colchón de mi cama de matrimonio. El que compré para los dolores de espalda de Martin. Nunca le había sacado tanto provecho como ahora.

Josh sale de entre mis piernas y se tumba a mi lado, mirándome con una sonrisa. No me lo pide, pero aun así asiento y le acerco mi mano para que la coloque sobre su polla de chico de dieciocho años. Más o menos la edad de mi hijo mayor.

Pero no toco lo que yo esperaba. Yo esperaba una polla normal, la de un muchacho calentorro que está todavía a medio hacer.

Pero cuando toco la polla de Josh, aparte de notar lo grande y dura que es, noto como lo excito aun más. Como de verdad le pongo caliente y como su polla se endurece hasta tal punto que debe dolerle. Por mí. Una tía casada y con dos hijos pero que todavía está lo suficientemente buena como para calentar a un muchachillo. Y eso me da tal energía que decido hacer algo que no había hecho nunca.

Me incorporo y coloco mi cabeza entre sus piernas, notando como su respiración se acelera. Lentamente exhalo mi aliento sobre esa polla joven y fuerte y noto como Josh se derrite y emite un jadeo.

Estoy tan cachonda que hago algo nuevo en mi vida.

Cojo la polla de Josh y me la meto casi entera en la boca, provocando que él apriete sus puños fuertemente para intentar reprimir un jadeo que incluso así se escapa de sus labios entreabiertos que dejan asomar su lengua. Esa lengua que ha conseguido maravillas solo para mí. Y no puedo evitarlo.

Comienzo a chupársela con fuerza. Sorbiendo y apretando ligeramente con los dientes, movida por sus jadeos adolescentes primerizos que son música para mis oídos.

Me esfuerzo al máximo. Me dejo llevar. Y le hago la mejor mamada que haya podido siquiera soñar.

Porque me ha devuelto a mi juventud. Me ha devuelto mi amor por el sexo. Y porque me ha hecho sentir mejor con su inexperiencia de lo que todos mis amantes juntos hayan podido provocar en mí.

Así que aquí estoy. Chupándosela a un muchacho que podría ser amigo de mi hijo mayor con toda mi pasión.

Y por primera vez en toda mi vida, porque yo quiero. No porque me obliguen. Sino porque quiero devolverle a este dios del sexo al menos la mitad de lo que me ha hecho sentir.

Y a juzgar por como gime mi nombre, creo que lo estoy consiguiendo.

Ciertamente, lo he conseguido.

Explota dentro de mí y su semen caliente inunda mi boca. Y me sirve como un elixir de vida. Porque ahora mismo me siento más joven que nunca.

Josh me agarra y me coloca a su altura. Me mira con ojos brillantes y mientras me gira para quedar encima de mí, toca de nuevo mi coño con sus manos frías, provocándome un delicioso escalofrío. Se lanza sobre mí y empieza a lamer mis pezones, ahora tan duros que me provocan una mezcla de dolor y placer.

Y me la mete. Tan repentinamente que no estaba preparada y suelto un grito. Y sigo gritando, pero de puro placer mientras su polla se mueve violentamente dentro de mí mientras sigo notando mordiscos en mis pezones.

Vuelta al paraíso.

Y que no pare.