Ligera Confusión

Alguna vez me pregunté cómo es que la gente soporta la culpa de haber matado a una persona, y llegué a la conclusión de que no lo hace porque nuestra conciencia queda lastimada de alguna manera. En mi caso eso fue lo que pasó. Podía ocultar a la policía el cuerpo, a su familia la traición que realicé pero jamás a mi conciencia el crimen que cometí.

Las razones para hacerlo eran fáciles de asimilar: regresar a los brazos de su padrastro, o mejor dicho, su antiguo novio cuando me sacó todo el dinero que pudo y hacer que nuestros amigos y mi familia tuvieran razones para pensar que soy un fracasado. Cosas como esas jamás se perdonan, al menos no alguien tan exitoso como yo. Todavía la amaba y como su esposo, sabía lo que era bueno para ella.

Todo empezó en una noche como cualquier otra, era tranquila así que fui a un bar, ya dentro empecé a pedir bebidas fuertes para deshacerme de la realidad un poco.

Antes de perder totalmente la cordura, mi vejiga empezaba a llenarse, lo que causó que fuera apresuradamente al baño. Al entrar resbalé con algo parecido a un papel mojado y mi cara cayó en un mingitorio. Semejante refrescada no pude haber tenido; entre los hielos que colocan y el susto que me di se me quitó lo poco que tenía de borracho.

Una vez que hice lo que tenía que hacer salí inmediatamente como si nada hubiera pasado, sin embargo, algo había pasado porque ya había menos asientos libres que antes, dos para ser exactos. Me acerqué a ver si conocía a la pareja y de hecho los conocía. Eran mí esposa y mi suegro mostrando algo más que amor padrastro a hijastra. Fue enfermizo, cuando vi que lo besaba como a mí jamás lo hizo salí lo más pronto que pude.

Para cuando llegué a mi casa lo había planeado todo: el lugar, las excusas que le daría a cada quien y la forma en la que la iba a llegar a su muerte. Todo era perfecto, y como había de esperarse todo lo fue.

Ella llegó a la casa muy excitada diciendo que por fin nuestras vidas cambiarían, que me tenía una sorpresa. Yo también estaba emocionado, por fin mis problemas se acabarían. Recuerdo cuando me trataba como basura frente a nuestros vecinos incluso se burlaba de mí en frente de mis padres y ellos sin ningún respeto a mi dignidad reían con ella, pero eso acabaría pronto.

Yo gustaba de coleccionar copias de armas antiguas, así que la lleve a mi estudio convenciéndola que tenía una sorpresa para ella. Una vez dentro cerré la puerta con llave, la acerqué a la vitrina donde guardaba mis armas y con una cuerda agarrada por una polea desde el techo se la dejé caer en cima. Antes de que ella se moviera distintos tipos de mazos y puntas de lanzas se clavaron en ella; aún seguía viva a pesar de las fracturas en costillas, piernas y sangre perdida así que coloqué guantes en mis manos y usé las de ella para que con la palma de su mano tapara su boca y con la separación que hay entre los dedos índice y pulgar de su otra mano tapara los poros de su nariz como si de tanto dolor ya no quisiera vivir.

Luego de un grito qué solté no tardó mucho para que los vecinos empezaran a preguntarse lo que había pasado y de buscar la casa de donde venía aquel sonido. Mientras tanto yo comencé a llorar desesperado por la muerte de mi "tan amada" esposa.
Para cuando la ambulancia tocó a mi puerta yo ya me había deshecho de toda evidencia y para que no se dieran cuenta de la polea llevé toda mi herramienta al estudio e hice hoyos por todas partes para que la habitación aparentara que estaba en remodelación. Con bastantes dudas me creyeron y dos días después de que cerraran la investigación preparé mis cosas para mudarme a un lugar lejos de ahí.

Ya en el aeropuerto empezaron a suceder cosas muy extrañas como que una de las aeromozas que se dirigían al avión que me tocaba abordar era idéntica a mi esposa incluso me pareció ver como se burlaba de mí y volteaba la cara al mismo tiempo, También cuando fui al sanitario vi en el espejo mi colección de armas toda ensangrentada. Cosas como esas sucedían a cada momento así que fui directo a que me proporcionaran unas pastillas para calmarme.

Cuando subí al avión parecía que todo había vuelto a la normalidad, sin embargo, me había olvidado de la aeromoza "gemela" de mi esposa: ¡Era ella! Estoy seguro de que era ella. Así que comencé a planear como acabaría con ella otra vez, mas no podía pensar en nada. La gente era demasiada. No podría ocultarme y ya no tenía nada que perder. En cuanto se descuidó me solté del cinturón de seguridad. Perdí completamente la razón. Sólo veía sangre por todas partes y la gente me jalaba y me golpeaba hasta que quedé inconsciente.

Para cuando desperté estaba en un hospital de salud mental con unas cuantas cicatrices en el cuerpo, y en cuanto a mi esposa, no pude deshacerme de ella. Aún viene a visitarme cada tres horas a dejarme comida siempre negando ser ella pero a mi no me engaña. Ya estoy planeando cómo salir de aquí y en el momento que eso pase ella será mi primera víctima.