Nota del Autor:

Ahora si, la esperada secuela de La fábrica llega a ustedes. No desesperen si no salen los personajes que ya conocen, pronto saldrán. Quedo suya entonces, Sari la Elfa. ¡Disfrútala!

Cáp. 1 La Clínica

Jaimie boto su pelota y tomó su raqueta un poco más firmemente para el saque. El esférico vino veloz como un rayo y Jaimie respondió con firmeza lanzándolo hacia el lado izquierdo. Su entrenados le regresó la pelota por ese mismo lado y ella ya lo había anticipado equivocadamente y si bien se lanzó al otro lado ya no llego a tiempo.

-¡Te engañe igual, Jaimie!

Dijo el entrenador girando la cabeza para sacarse el fleco de la cara su piel bronceada brillaba bajo el sol según se movían sus firmes músculos. Traía unos lentes de sol de espejo que reflejaban la cara perpleja de la chica.

-Lo siento, maestro, hoy no es mi día. –Dijo ella limpiando su frente con una toallita y apretándose el chongo largo y liso y esperó las largas instrucciones. El entrenador hinchó su pecho y relató de un soplo las penalidades y vicisitudes de sus arduos y demandantes 30 años de entrenamiento. Luego, dedicó 10 minutos completos al modo correcto de mirar al oponente y le puso una hora extra de ejercicios de anticipación.

-Tu mayor error es ser simple. Jaimie, te crees todas las fintas. Después de tu entrenamiento habitual, te quedarás haciendo otra hora más de los ejercicios como los de hoy, ¿entendido? Perfecto. Mañana a las 4 a.m.

Y el guapo entrenador sacudió la cabeza una vez mas haciendo volar su melena y le dio un par de fuertes palmadas en la espalda y salió.

-Claro, maestro. –Murmuró ella.

XXX

-¿Que tal, eh? ¿Simpático? Le dijo su amiga Ana Laura en las regaderas pasándole un bote de agua.

-¿Bromeas? ¡Ya no lo soporto! –Gritó Jaimie tragando su agua con venganza. Ana Laura se le acercó por atrás y le tomó la punta del chongo poniéndoselo en la frente y pavoneándose frente al espejo llevándose de remolque a la pobre Jaimie.

-Pero, mire jovencita, ¡usted no hace ni la mitad de los ejercicios que yo hacía! ¡Yo hacia 144,000 de esos ejercicios! –Decía Ana Laura sacudiendo la peluca de pelo ajeno imitando al pomposo entrenador. Las dos amigas rieron hasta que les corrieron las lágrimas. Un carraspeo las hizo detenerse.

-Uh, hola maestro, creímos que ya se había ido. –Tartamudearon las dos.

-Vino el Dr. Kirilenko y quiere tener una breve charla de nutrición y un rápido chequeo. Bajen inmediatamente, el baño será después.

Las chicas recogieron sus cosas inmediatamente y lo siguieron humildemente. Echaron sus mochilas a la parte de atrás y se subieron a la Van del estado para partir.

-Creo que ya me estoy cansando de esto del Atleta de Alto Rendimiento. ¡Yo pienso que el gobernador cree que somos sus esclavas! –Susurró Ana Laura durante el viaje.

-¡Yo pienso lo mismo!!Es lo peor! Yo soñaba con una vida tranquila viviendo en el gimnasio con entrenadores amables, buena comida balanceada, y ¿Qué obtenemos? Instalaciones defectuosas, mala comida y entrenadores insoportables. –Le respondió Jaimie.

-Oye, ¿dijo que íbamos a la clínica? Por aquí no es. –Se preguntó Ana Laura asomándose por las ventanas.

-¡Si pretenden raptarnos, nos salimos del aquí aunque rodemos!

Justo después se detuvieron frente a un edificio.

-Hospital psiquiátrico "Dr. Camelo Ontiveros" Oh, vaya, ¡por fin se convencieron de que estamos locas!

Las puertas de Vidrio se abrieron por si solas dejándolos pasar al fresco interior. Unas diez personas estaban ya esperando, hojeando revistas de salud. Se sentaron con ellos.

-Hey, no mires ahora, pero, ese chavo de allá, sí, ese guapo, ¿no es el de halterofilia?

-¡Sí! ¡Sí es! –respondió Jaimie en el mismo susurro. –Creo que se llama Adrián. ¿Por que?

-¡Mírale los ojitos! ¿Los tiene medio azules no?

-Ash, deben ser de contacto no te dejes engañar. Además está bien feo. Ven, vamos al baño.

-¡No! Creo que quiere hablarme, tendrás que ir sola, amiga.

-Ash, eres increíble, ándale pues quédate con tu guapetón yo me voy al baño, no te vayas sin mi ¿eh?

Se levantó y estaba cerrando la puerta cuando escuchó:

-¡Los Muchachos del A.A.R. pasen por esta puerta, por favor!

Se asomo para ver que puerta era y se metió de prisa al baño.

-Rayos, bueno, voy rápido. –ya que hubo terminado salio secándose las manos en sus shorts y apurada.

El pasillo estaba vació, la sala de espera: igual. Todo estaba apagado como si por arte de magia todo el bullicio y la ocupación hubiesen desaparecido. Todas las secretarias contestando los teléfonos, los enfermeros pasando con anotadores en sus manos, doctores hablando por celular: nada, cero, vacío. Jaimie parpadeó, intentando regresar a todos a su lugar.

-¿Pero, qué paso? –Se dijo mirando alrededor sobrecogida. Unas voces vinieron de una puerta lateral, por la que ella debió haber entrado y ella se acercó despacio sintiéndose que espiaba algo que no debía. Entro despacio con el corazón palpitando rápidamente. Más al fondo había otra puerta de vidrio con persianas. Se asomó con curiosidad y lo que vio le heló la sangre en las venas.

N. A. Por favor, por favor, comentarios!