-Ya los tenemos.

Con esa frase se resumía toda la historia. Nos habíamos pasado las dos últimas semanas escapando de la UII mientras cazábamos un agente tras otro de la Coalición. Salía a dos agentes por día. Lo más curioso era, sin embargo, que había dado la vuelta completa.

Nos encontrábamos en pleno territorio europeo. Si los últimos jefazos que matamos decían la verdad, el grueso de las fuerzas de la Coalición se encontraba justo debajo de las narices del Gobierno Unificado de Europa. Aunque las costas del Mediterráneo no eran tan hospitalarias como antes, la verdadera mierda, la de la corrupción y la decadencia, seguía fluyendo.

Bit y Byte se habían introducido furtivamente en los ordenadores de la Coalición. Teníamos, incluso, acceso a los circuitos de vigilancia.

Cerré los ojos, imaginando quién de aquellos miserables había sido el cabrón que me había arrebatado la única posibilidad de ser feliz que había tenido en mi vida. Un "lamentable accidente nuclear", habían dicho los periódicos. Lie me había explicado la verdad. Itzal había sido la única baja de una operación destinada a destruir el arsenal nuclear de la Coalición. La única baja, porque consiguió retener la detonación el tiempo suficiente como para que todo el mundo abandonara el complejo. No me costaba creerlo.

-¿Por qué no entramos y acabamos de una vez?

La pregunta de Pantera me devolvió a la realidad. Se estaba cansando de los últimos cuatro días en los que, como todas nostras, se había limitado a aparentar ser una niña rica más, tumbada al Sol, ofreciéndose como objeto a los niños ricachones de lo que alguna vez fuera Mónaco. No parecían caer en el detalle de que teníamos bastante más músculo que las blanditas de la piscina. O quizá sí, pero les importaba bien poco mientras tuviéramos tetas de tamaño apreciable y culos prietos. Esto último lo dijo Soul después de recibir un montón de comentarios guarros la primera vez que nos pusimos bañadores, el mismo día en que le quitamos el tatuaje.

La verdad es que yo tampoco lo aguantaba, mi piel nunca se ha llevado demasiado bien con los rayos solares. Aunque de alguna forma milagrosa había conseguido no quemarme y, en cambio, lucía por primera vez líneas por culpa del maldito bikini.

Pero nuestra antigua luchadora por la libertad tenía bastante razón: todo aquello empezaba a ser muy arriesgado. La Coalición a la fuerza debía de saber que alguien estaba eliminando a sus agentes. No se arriesgarían a mantener a tantos efectivos en el mismo sitio durante demasiado tiempo.

-Una última comprobación, quiero estar segura de que está aquí.

Como respondiendo a mi petición, el Jefe en persona apareció en la pantalla. Supongo que puse una cara que lo decía todo, porque todas se quedaron calladas.

-¿Esta noche?-Preguntó Lie.

-Esta noche.

A pesar de un par de borrachos que nos persiguieron toda la tarde, no fue difícil montar los trajes y las armas y ponernos todas en movimiento. Me gustaba ese momento. Me sentía como un ave rapaz a punto de lanzarse sobre su presa. Sin embargo, no era bastante como para olvidarme de mi objetivo.

Nada me devolvería a Itzal. Nada podría hacer que dejara de sentir que se me rompía el alma cada vez que pensaba en eso. Yo, que nunca creí en cursiladas como el amor, tenía que reconocer que mis síntomas coincidían. Había pensado tantas veces en aquella noche, que podía escuchar cada palabra. Al principio, lo que me contó Itzal me pareció un chiste. Pero le daba tanto sentido a tantas cosas y lo decía con tanta convicción que pronto lo acepté.


-¿Qué hay, doctor?

-Bueno, jefe, al menos, la estructura no se nos caerá encima.

Después de varios días, de Japón a Hong Kong, de ahí a alguna parte de África y todavía una vuelta por América, al fin habían alcanzado su objetivo. Lo tenían delante. El más joven registraba la escena y la emitía en directo.

No se había secado la sangre del uniforme y apenas dejaba ver la identificación.

-No tengo tiempo para esto. Quedan restos de la Coalición que aún podrían dar problemas.

-Tenemos un asunto de máxima prioridad que tratar.

-Eso creo, o no tendría delante a tres de vosotros. ¿Qué ocurre realmente?

-Debes aclarar un detalle que puede ser crucial.

-Tantas vueltas me marean.

Su mal humor era evidente.

-Es más bien fácil. ¿Qué ocurrió la noche de hace exactamente dos semanas?


El perímetro exterior fue la parte más difícil. Para evitar que alguien pudiera escapar, tuvimos que bloquear todos los accesos. Y eso sólo nos daba unos minutos para acabar con el trabajo. Creo, no estoy del todo segura, que vi sonreír a Lie por primera vez. Me gustaría pensar que sonreía de orgullo.

Tardamos menos de cinco minutos en acabar con los guardias exteriores y acorralar al cabrón principal. Joder, quién diría que ese tío de metro sesenta era el jefazo de una mafia con capacidad nuclear. Estaba a punto de pegarle un tiro cuando habló.

-¡Ni un paso más! ¡O haré detonar las bombas que me quedan!

No me pareció una amenaza seria.

-¿Con qué detonador, pringao?

-Hice que me conectaran un dispositivo hombre muerto al corazón. Si deja de latir, las bombas estallarán.

-¿Qué me importa a mí eso?

-Provocarán una nueva Guerra Mundial. Y esta vez, nadie sobrevivirá. La UII habrá fracasado.

Miré a mis compañeras. Ming sujetaba su arma, esperando la orden. Bit y Byte tecleaban furiosamente, tratando de romper las últimas claves. Pantera se encargaba de vigilar que nadie escapara. Soul parecía distante. Su venganza personal ya estaba cumplida, su honor labado. Podía morir tranquilamente.

En cambio, Lie me miraba con lo que podría ser expectación. Era curioso, desde el primer momento, había cumplido las órdenes sin preguntar. Como si fuera natural seguir a la, desde su punto de vista, zorra que se había llevado al hombre que quería.

-No somos la UII.

-Entonces, ¿Quién?

-La detonación "accidental".

Pareció entenderlo en ese mismo instante.

-¿Eres la puta de ese cabrón? Se creería un héroe, muriendo para proteger a sus camaradas. Sin embargo, veo que tú no tienes madera. Te de igual que todo el mundo muera. No eres mejor que yo.

Fue como si el tiempo se parara. Quizá fuera cierto. Quizá no tenía ningún sentido. Quizá... Seguía siendo la misma niña asustada, pretendiendo ser una mujer. Corriendo de cualquiera que pudiera ayudarme. Traicionando, en el fondo, a las personas que, como mi madre, quisieron ayudarme.

Interpretando mi silencio como cobardía, el cabrón empezó a dirigirse a la puerta.

Recordé aquella noche. La noche en que todo cambió. Me concentré, y sentí algo. Había dejado a un lado las posibilidades de las que Itzal me había hablado.

Mea culpa. Es todo el latín que sé, pero en ese momento, no se me ocurrió nada mejor.

-Itzal no es un héroe.

El tipejo se detuvo en seco.

-Tampoco es sólo un soldado.

-Está muerto, ¿Por qué hablas de él como si estuviera vivo?

¿Por qué no había sido capaz de recordarlo hasta ese momento? Y la respuesta se materializó en una de las sillas vacías dispersas por la sala de control. Tenía el aspecto de un hombre joven. Sonreía como disculpándose por su intromisión, necesaria, por otra parte. De todas formas, no le iba a perdonar el haberme ocultado algo tan importante durante ese tiempo. No en una temporada. Tendría que disculparse.

-Porque no está muerto. Vive a través de mí.

Se echó a reír.

-Muy poético, niña.

-Itzal es un Aniquilador del Ejército de las Supervivientes. Seguro que aún te preguntas cómo lo hizo para detener durante un tiempo la detonación de la bomba.

Alcé la mano hacia él.

-Lo hizo así.

La expresión de su rostro pasó pronto de la risa al miedo, al notar cómo los electrodos abandonaban su corazón.

Todas las imágenes de aquella noche, tanta dulzura, tanto cariño como me ofreció, no para que me sintiera una muchacha desvalida, sino una mujer en los brazos de su amante. Había sido maravilloso, casi una experiencia mística.

-Yo soy Ira. Y tomo para mí el legado de Itzal.

Lie miraba con ojos como platos, aún más incrédula que mis compañeras. Ella se daba cuenta de lo trascendental que era ese momento.

Y entonces, fue como si se desenchufara la luz.

Alguien gritó.

"-¡Repito! ¡Protocolo de Sistema Rojo! ¡Aborten! ¡Ya!"

Era la voz de Gi. Parpadee un par de veces. ¿Estaba bajo el agua? Sí, era una especie de piscina. Estábamos todas. No podía creer que pudiera ser.

"-Envíen esta información enseguida."

Lie fue la primera en reaccionar, parecía tener experiencia. Se estaba escurriendo el agua y alargó la mano automáticamnete cuando le alargaron la toalla.

-Es una putada. Más cuando te hacen pasar dos veces por esto. Qué zorras.

-¡No olvides que te estoy escuchando!

-Y no olvides tú quién te escucha ahora. Deberás dar muchas explicaciones de por qué se te pasó algo así.

-Nadie tenía modelos fiables para la fisonomía de este caso...

-Palabrerías. Todas lo vimos desde el primer día. Sólo que no nos atrevimos a esperar un éxito tan temprano.

Me pasaron una toalla. Entonces me di cuenta de que las líneas de bronceado habían desaparecido.

-Por lo demás, si no esperabas nada... ¿Por qué meternos en el Tanque?

-Porque temían que fuéramos demasiado lejos y que se les escapara el control. Una obsesión muy de familia, por cierto.

Esa voz era distinta.

Dejé la toalla. Qué cojones me importaba que me vieran. Salté el borde la piscina y me dirigí a la rampa. Ahí, hablando con una madre que no había visto en años, recubierto de sangre y con pinta de no haber dormido en días, estaba el hombre que amaba.

-Y fuimos demasiado lejos, me parece.

Mi madre me miró de arriba abajo. Le di un abrazo. El primero desde que me largara.

-Lo siento, mamá. Ya ves que ahora llevo todavía menos ropa que cuando me fui.

Lloraba. Quizá no fuera capaz de entender lo que pasaba. Pero había encontrado de nuevo a su hija. Le bastaba.

-A propósito. Que alguien traiga un uniforme apropiado.

-Sí, Señor. -Respondió alguna soldado, saliendo de su sopor. Mis compañeras aún tiritaban. Les costaría asimilarlo.

-Ira... Creo que a tus pares se les va a hacer muy cuesta arriba aceptarte.

Sonreía con aquella sonrisa tan pícara. Me fijé en que había a su lado otros tres que sonreían igual. Marca de la casa, supongo.

-¿Por qué?

-Porque eres la primera de entre ellas que es rubia y de ojos azules.

Me eché a reír. Y todo el mundo rió conmigo.