Su Él Interno

-En verdad está oscuro aquí. – Dice el dueño del nicho al entrar a su armario.

-Te quejas por todo.- Le responde quejumbroso.

-No es así.- Refunfuña el viejo.

-Lo es. Sabes que lo es. Nada te parece, siempre ves lo peor de todo porque no encuentran nada bueno en lo que haces.- Le dice asegurado que su comentario es correcto.

El viejo queda pensativo, conoce la verdad y le duele. Desde niño le reprochaban todas sus buenas intenciones. Anteponer trabajos sin permiso era causa de muchos golpes paternos.

-¿Cómo sabes eso?- Pregunta consternado.

-Eso no importa. Lo que ahora importa es que ya estas viejo, longevo, estás prácticamente calvo y sin fuerzas y ¿qué hiciste con tu vida?

-Nada. – Contesta el hombre arrodillándose, echándose a llorar como cualquier niño pequeño. Sus palabras crudas le caían como municiones hacia la cabeza que disparaban a todos sus recuerdos. Fue, es y siempre será obsoleto. Nadie lo recordará cuando muera. Su amargura lo alejó del cariño humano. -¡¿Quién eres?! ¡¿Quién demonios eres?!

-Ese mismo.