Delicioso, exquisito, excitante. El aroma y sabor de la sangre se siente bien desde que dependo de ella. Su efecto en mí, es incomprensible para quien no lo ha experimentado. Su simple calidez llega a todos mis órganos congelados a causa de la helada muerte que me mantiene paradójicamente inmortal. Es como sentirse de nuevo entre los humanos pueriles ante su mundo, ignorantes de su verdadera historia, felices por no saber las oscuras historias que ocultan los suyos.

La veracidad es amarga. Quinientos años lo son aún más. Vivir en las sombras es bueno cuando tienes que ocultarte, sin embargo, para un vampiro las vacías sombras son su hábitat, por lo que es una soledad oscura la que nos invade. No se está acompañado cuando los que te rodean se sienten igualmente vacíos.

La compañía humana nocturna es bastante buena, generalmente, los que suelen acompañarme están confundidos pero conservan algunos aspectos de los que puedo aprender, lamentablemente, los aprendo demasiado rápido y ese hecho precede al sabroso homicidio que he de cometer para sobrevivir.

No obstante, mi penuria no es tan negativa. Disfruto placeres de los que la vida priva al portador por el irónico miedo a perderla. Transmitir mis hazañas y constantes aprendizajes es lo que me queda. Anónimo será el seudónimo de uno de los autores más sabios de tesis y literatos. Anónimo es el seudónimo de aquel que tristemente llora por su feliz inmortalidad.