¿Jugamos?

by AbyCat

Se paseaba por el parque que alguna vez albergó, en su niñez, los juegos infantiles.

Por esos oxidados columpios de metal que aún se mantenían en pie, a pesar de los años.

Los observaba con melancolía. Un pesado suspiro sale de su boca, que inmediatamente se transforma en vaho.

El invierno estaba presente por todos lados, dejando su majestuosa manta blanca.

Se arregló la bufanda y siguió caminando. No podía detenerse en el pasado.

Un ligero ruido metálico le detuvo. Giró para ver que no había nadie en esos juegos infantiles, y que el sonido había sido producto de su imaginación.

"Ha de ser que aún la recuerdo en ese mismo balancín...", pensó el hombre.

Iba a continuar con su caminar cuando volvió a sentir que, precisamente ese balancín, se movía. Giró nuevamente, pero esta vez, sí había alguien allí.

Una pequeña niña de unos diez u once años, de cabellera y ojos oscuros le miraba divertida. A pesar del frío, usaba un vestido amarillo y unas sandalias cafés. Sonreía.

- ¿Jugamos?

El hombre, de unos treinta años, no se lo podía creer. Era exacatamente igual a...

- ¿Quién eres?

- Eso no importa ahora. Importó ayer - seguía sonriendo la niña.- ¿Jugamos?

- No puedo.

- ¿Cómo que no puedes? Antes venías todos los días.

- Eso era antes. Lo siento mucho pequeña, no puedo jugar contigo.

- ¿Por qué?

- Por que tengo que llegar temprano a casa.

- ¿Tu mamá te va a regañar si llegas tarde?

- Algo así - sonrió tristemente el hombre.

- Entonces te acompaño a casa para que tu mamá no te rete. ¡Sabes que siempre te cree cuando llegas a casa conmigo!

- Lo siento. Mi esposa espera por mí para cenar. No puedo jugar contigo.

- ¿Tienes esposa?

- Sí.

- ¡Pero si eres un niño!

- Yo... lamentablemente ya no soy un niño. Soy un hombre, y tengo que hacer cosas de grandes, pequeña.

- ¿Acaso ya no soy tu amiga, Stephan?...

Una pequeña brisa helada envolvió al hombre. No podía ser ella. ¡No podía ser ella!

- ¿Cómo sabes mi nombre...?

- ¡Soy tu mejor amiga, Stephan! ¿Cómo no voy a saber tu nombre?

- Pues...

Se quedó sin habla. Era ella, era ella... ¿Cuál era el bendito problema?

Oh, ya lo recordó...

- Lo siento, Emily, no puedo jugar contigo.

- De acuerdo. No te volveré a molestar.

Y diciendo esto, se esfumó.

El hombre llegó corriendo a su casa, subió a su cuarto y sacó una caja del armario. De la caja, cayeron muchas cosas: pingos, envoltorios de dulce, papeles, unas medallas, monedas... Incluso un retazo de periódico. Lo tomó en sus manos con un extraño sentimiento de urgencia y leyó lo que le papel decía.

Lunes 17 de Agosto de 1987

MACABRO ASALTO EN LA CALLE WOOD

Una pequeña niña de once años fue encontrada muerta en su habitación en horas de la mañana de ayer. La joven víctima de nombre Emily McDowell era reconocida en el barrio por ser la mejor alumna de su clase.

El Domingo por la mañana, la familia McDowell asistía a misa como es su costumbre, pero la más pequeña de los tres hermanos se encontraba enferma en cama, por lo tanto, no acompañó a sus padres a tal tradición católica. Fue en ese lapsus cuando entraron a robar a esta familia de clase media.

Los asaltantes, al ver que la niña se encontraba en casa, le dispararon a sangre fría a la pequeña, quien no alcanzó a pedir auxilio.

Sus restos están siendo velados en la capilla...

Dobló nuevamente la pequeña hoja de papel, al mismo tiempo que una pequeña niña de seis años entraba a su habitación.

- ¿Que pasa papito? ¿Por qué están todas estas cosas tiradas en tu habitación?

Observó a su pequeña hija. Sus ojos oscuros le observaban expectantes. El cabello lacio y oscuro estaba tomado en dos trenzas, una a cada lado.

- Nada Emily... Bajemos a cenar.

Una pequeña historia que vino a mi mente después de reflexionar tantas cosas...

La vida nos da segundas oportunidades. No las dejes pasar.

Dedicado a mi madre.

AbyCat