I

M

A

G

I

N

E b y A b y C a t.


Increíble recuperación.

Había pasado mucho tiempo desde entonces, desde la última vez que crucé esa puerta.

Bueno, no tanto como hubiese querido, pero mi condición favorecía la rápida recuperación de mis heridas. Habían sido mortal para un humano común. Bueno, es que yo no era una humana común, ni siquiera una chica de dieciséis años común.

Al menos nadie me reconocería. Era un nuevo año en el colegio y mis viejos amigos ya se habían ido. Había anhelado este día por semanas, pero mis largas ausencias el año pasado y el accidente de las últimas semanas de Febrero había retrasado mi llegada.

Era repitente.

¡Qué deprimente era encontrarse con compañeros de quince años! Y ser la mayor... y repetir el año. Ah... Qué bueno que paso inadvertida para los humanos. Y todo gracias a mis amadas chasquillas, que cubrían por completo el secreto que guardaban mis ojos. Podía pasar perfectamente como una chica tímida y retraída, y no molestar a nadie.

Sí, que agradable era reencontrarse con este viejo colegio. Lo había escogido por que me recordaba a mi antigua casa en Londres. Cómo extrañaba esos inviernos nevados y esas tardes lluviosas de abril... Es que aquí cambiaba mucho el clima. Y el horario. Y el hemisferio. ¡Todo! Rayos, creo que ya me estoy descontrolando... Gales era verdaderamente hermoso, a pesar de todo.

Tontas misiones. Estaba aquí hace más de dos años y aún no encontraba lo que me habían mandado a buscar desde el Palacio de Magia de Gales. Hum... es que tal vez no había buscado bien.

- Otro año juntas, Christine - giré un poco la cabeza para observar a mi tutora María, quién me sonreía amablemente-. Bienvenida nuevamente a segundo año.

- Gra-gracias... - respondí sonrojada. Bien, mi brillante y creíble actuación de niña vergonzosa seguía intacto. Sonreí para mis adentros. Era tan buena... con razón McCrugen no me había encontrado aún entre los humanos.

Me senté en el mismo banquillo de siempre, en donde nadie más se sentaba a mi lado. Siempre sola. Es que mi fama de retraída en el curso anterior había obligado a los demás a dejarme sola, pero lo prefería así en realidad.

"He, compañerita nueva."

Miré con el rabillo del ojo al chico que había dicho eso. Bueno, en realidad que había pensado eso. Ah, mis dones, cómo los amaba.

Sonó el timbre y todos a sus asientos. Hice como que me sumía en un libro pero en realidad estaba atenta a los diferentes pensamientos a mi alrededor.

"De seguro que es una mateíta más. A ver si puedo sacarle algún provecho este año, y si me resulta más que con la Nacha mejor."

"¿Será muda...?"

"Le apostaré a Marcos que no es tan aplicada como lo parece."

"Lo que faltaba, más chicas. ¿No somos lo suficiente ya...?"

No me sorprendía ningún pensamiento. Habían sido casi iguales a los del año pasado. Y al anterior.

La profesora se sentó en su pupitre para pasar la lista, cuando un chico entró apresuradamente al salón.

- ¡Perdone profe! Es que me quedé pegado en dirección.

- Ah, eres el chico que viene del Star College. Adelante, toma asiento.

¡Retruécano! El único asiento disponible estaba al lado del mío. Ah... esto no puede estar pasando...

Volví a sumirme en el libro que tenía delante mía, a pesar de que lo había leido más de ocho veces. ¡Es que no me cansaba de él! Cof, cof, mejor vuelvo a concentrarme en mi actuación.

El cabello oscuro del chico hacía resaltar sus ojos castañosos. Venía hacia mí cuando pareció reaccionar al ver la tapa de mi libro.

"No puede ser... ¿Crepúsculo? ¡Wuau, que suerte que me sentaré a su lado!"

Se sentó observándome sonriente. Mantuve mi postura de chica introvertida y le miré de reojo con un ligero sonrose mientras pensaba la mejor manera de darle una poción para que dejara de fijarse en mí, cómo lo había echo tantas veces con tantos otros.

- Los amores imposibles ya son lo bastante difíciles en la vida real. ¡Pero enamorarse de un vampiro!... Bella me encanta, a pesar de que es más quemada que un paliducho a pleno sol.

- E-esto... ve- veo que te gusta Crepúsculo... - maldito niño con suerte. Me tomaba una semana hacer una poción para alejarle de mí y tenía prohibido utilizar conjuros delante de la gente. Bueno, espero que se aburra de mí antes de siete días...

- ¡Ja ja ja! ¡Por supuesto! Una amiga española me lo recomendó mucho antes de que saliera el filme. Me costó lo mío hallarlo, pero lo conseguí.

Le miré mostrando mi mejor cara de vergüenza.

- Ah... perdona el ser tan efusivo... Soy Gerardo Cruces.

- Me llamo Christine Dowell... - musité.

- ¿Dowell? ¿Eres extranjera?

- Sí, soy de... de Londres... - y ahora que lo sabes, tendré que utilizar la posión contigo. Lo siento Gerardo.

- ¡¡Woa!! Es decir... ¡Genial! ¿Hace cuánto llevas en Chile?

- Dos años... - ¡¡Cállate, bastardo infeliz!! ¡¡Voy en la mejor parte del libro!!

- Es poco como para hablar un fluido español... - hubiera soltado un bufido, pero no podía.- ¿En que parte del libro vas?

Estiró su cuello, intrigado. Entonces, recién ahí se percató del detalle: el libro estaba en inglés.

- Ah, qué torpe. Debí de haberme dado cuenta, es obvio que si pone 'Twilight' en la portada esta en inglés.

Bravo. Te haz ganado una patada por tu brillantez, querido imbécil.

- Bu- bueno... Voy en la huída... en el auto...

- Ah... Aún te quedo un poco, ¿no?

- S-sí... algo...

Esta será una larga semana...

--

Había logrado que Gerardo comenzara a platicar con los demás compañeros que se sentaban en rededor. Bien, podía regodearme del libro mientras pensaba cómo darle la poción sin que se diera cuenta. En un panecillo podría ser, pero eso sonaba muy Harry Potter. En una manzana, muy Blancanieves. Tontos escritores, se llevaban lo clásico en sus libros.

De pronto sentí la pequeña vibración de mis ojos que hace mucho había dejado de sentirla: mi objetivo estaba cerca. ¡Tenía que saber! Recordé lo enfermiza que era este personaje llamado Christine Dowell que sólo tomaba mi apellido. La tutora no se extrañaría si de pronto...

Me concentré. Sabía que si me concentraba lo lograría. En efecto, comenzaron los síntomas previos al desmayo. "Un desmayo fingido pero que deje abiertos mis sentido"... y me desplomé en el suelo.

Escuché la conmoción general que se produjo en el salón cuando Guisela gritó "¡La nueva se ha desmayado!". Sentí que alguien me levantaba las piernas y los tacos de la tutora acercarse presurosamente a mí. Dos minutos más y ya...

Comencé a recobrar el "conocimiento" para ver la cara de susto de la profesora y la serenidad del rostro de Gerardo. ¿¡Serenidad!?

- Creo que ya ha despertado.

- ¡Christine, pudiste haberme dicho que aún no te recuperabas de tu enfermedad! - chilló la profesora.

- Lo siento... - musité. Uf, como me agotaban este tipo de hechizos... bueno, eso le daba más realismo al asunto.

- No se preocupe profesor María, yo la llevaré a enfermería.

No... ¿Qué?

- De acuerdo Gerardo. ¿Sabes dónde queda, no?

- Claro que lo sé - me levantó y pasó un brazo mío sobre sus hombros. Apenas si le llegaba hasta la barbilla. Salimos del salón y caminamos por el pasillo.

- Déjame en el baño, allí me pondré mejor - dije, sin fingir ya nada, me tenía bastante mosqueada. Pronto rectifiqué en mi error y logré sonrojarme para sacar de nuevo lo de niña tímida. - Puedes soltarme...

No dijo nada. Tan sólo una pequeña sonrisa de carácter burlón se presentó fugazmente en su rostro. Me dejó afuera del baño de mujeres y entré.

Tonto con suerte, mascullé entre dientes.

- Oye, si lo que querías era salirte de la clase habían métodos menos ortodoxos.

- ¿Qué?

Me hablaba desde la puerta de entrada al baño.

- Vamos, no creerás que me la tragué, ¿o sí?

- N-no sé de que hablas... - tuve que recobrar mi compostura.

- Dale, si fue muy obvio. Cuando alguien se desmaya, sus ojos quedan en 'Rem', vale decir, como si estuvieras recién entrando a fase de sueño. Eso no pasó contigo. Además - levantó el dedo índice para enfatizar sus palabras -, tus oídos se movían un poco para captar los sonidos que habían a tu alrededor. El color no te bajó de súbito, si no que fue algo paulatino.

¿Qué se trae este, eh?

- Creo que me ofendes un poco... - levanté un poco la vista para observarle directamente, pero él no veía mi ceño fruncido debajo del cabello. - Tomo vitaminas B6 para cuidarme de estos desmayos... no he podido tomarlos estos días por que...

Mucha información. Eso era malo si querías aparentar ser una chica retraída. Oculté mis ojos debajo del fleco.

- No tengo nada que explicarte... - murmuré.

- Como sea, Chris.

Golpe bajo. Odiaba que me dijeran así.

- No me gusta que me digan Chris - soné más seca de lo que aparentaba hacer.

- De acuerdo, Christine.

- Vuelve al salón. Yo me las apañaré sola.

- ¿Seguro? No es correcto que un caballero deje solo a una dama.

Este idiota ya me tenía hasta la coronilla. Me latían los ojos y a este se le ocurría dársela de Mister Gentleman.

- Podrías recoger mis cosas... ya va a sonar el timbre.

- Hum, es verdad - dijo, mirándo su reloj -. No te preocupes, te traeré sano y salvo el libro 'Twilight'.

- Es- está bien...

Se fue, dejándome a solas en el baño.

- ¡¡Ah, ya era regalada hora!! - bufé, sacando mi voz normal, por lo tanto, no podría reconocerme. - Maldito bastardo...

Tomé mi celular y llamé a casa.

- ¿Aló, Justus? Creo que el objetivo está cerca. Mis ojos lo han percibido - observé mis ojos celeste claro cuando me arreglé las chasquillas que los ocultaban de miradas indiscretas. - Claro, claro. ¿Quieres que proceda como lo planeamos o espero a que...?... Sí, lo suponía... Bueno, seguiré a la persona de la cual proceda esa fuerza cuando terminen las clases o sepa con exactitud quién es... Sí, estoy segura de que esta vez es ella... De acuerdo, nos veremos en el mismo lugar de siempre... Adiós, Justus.

Nada ni nadie me apartaría de mi objetivo principal. Y ahora estaba segurísima de que ella era la persona que buscaba...

Sonó el timbre en ese preciso instante. Un radiante Gerardo apareció afuera del baño cuando volvía a mi personaje de la niña tímida y demases. Alabado sea mi fleco.

- ¿Ya te sientes mejor?

- S-sí, gracias... - musité.

- Hum. Sabes, soy nuevo, y no conozco estos lugares. ¿Me podrías llevar a dar un paseo por el cole?

¿¡Estaba loco!? ¡¡Cómo cree él que yo...!!

Oh no. Oooh no. Bernarda le había ido con el chisme de que soy 'una buena persona'. ¡Ratas! No debí de ayudarla con sus problemas con el director.

- De- de acuerdo.

Bueno, ¿y dónde quedaba la chica tímida? Hacía mucho que no hacia de Christine. Oh, Dios... ¡ah, lo recuerdo! También era un imán para los problemas, como Bella Swan. Sí, ese personaje me había inspirado para crear esta falsa yo.

Caminábamos por el patio central cuando se me ocurrió una genial idea: más allá estaban los bravucones de Álvaro y sus amigos. Bien, estos se enfurecían incluso con la más mínima mirada, así que podía dejar a Gerardo con esos problemas y adiós chico entrometido. El siguiente por favor.

Nos acercamos a ellos y después le dimos un poco la espalda. Aproveché una distracción de Gerardo para hacer girar a Álvaro, el líder de esa pandilla, logrando que el jugo de Gerardo se derramara sobre su chaqueta de cuero.

- Oye idiota, me haz manchado la chaqueta nueva.

- Lo siento compadrito, no me di cuenta.

Listo. Fue más fácil de lo que creí por una sencilla razón.

- A mí nadie me dice compadrito.

A Álvaro no le gustaba que lo trataran en diminutivo.

Aprovechando la confrontación verbal me alejé con sumo cuidado hasta desaparecer -literalmente- de escena.

Busqué a mi objetivo hasta que la localicé. Percatándome de que nadie me veía, salté rápidamente al techo del colegio, desde donde la observé.

Ahí estaba colgando de su cuello. El fulgor de esa piedra hizo que brillaran mis claros ojos. La piedra filosofal... pero ella no sabía que la llevaba puesta. O eso parecía.

Y estaba en mi clase. Esta vez no era mentira. Ahora sí que lograría mi objetivo.

- Al fin... es ella - dijo una voz detrás mío.

- Sí, Justus - respondí, mientras el viento soplaba con fuerza, agitando mi cabello corto negro dejando a la vista mis ojos claros.

- Ya veo. Sé precavida, Curlise.

- Lo soy - respondí, mientras observaba el blanquecino cabello largo de mi compañero Justus.

- Te veré en casa.

Y desapareció.

El timbre volvía a sonar en el colegio. Utilizando la tele transportación me aparecí en el baño de damas del tercer piso en un cubículo que estaba vacío. Llegué al salón después que le profesor.

--

Salí de clase con un extraño sentimiento. La chica se me había perdido entre el gentío. Vaya cosa.

No me quedó otra más que ir hacia un lugar más o menos recóndito del liceo. Nadie iba a llí por la sencilla razón de que estaba prohibido.

Fijándome de que nadie me observaba, eché a un lado mis chasquillas para dejar al descubierto mis ojos, del cual salió el fulgor que me daba más poder. Saqué mi sombrero de bruja para dejar allí mi mochila para que no me molestara y, al colocármela, salió mi capa. Ya lista, comencé con mi búsqueda.

Con lo que no conté fue de que alguien había estado mirando al parecer, de eso me dí cuenta cuando me levanté en el aire. Revisé el campo periférico y los recuerdos de esa persona.

Salvada, sólo me había visto después de ponerme el sombrero. Pero eso no me preocupaba, me preocupaba más la persona.

Y esa persona era Gerardo.


Se hace lo que se puede...

No me pidan mucho por la historia. Será algo corta y bastante rápida. Bueno, lo último dependerá de mi inspiración.

¡Hasta luego!

AbyCat