Nota: ¿Qué puedo decirles? Es el último capítulo de esta historia, que a más de alguno encantó.

Como ya saben, nació debido a las paranoias que tuve a principios de Marzo por leerme los cuatro libros de la saga de Crepúsculo en menos de dos semanas y fracción. Aún así, no tiene vampiros. ¿Cómo fue, entonces?

Cuando niña me gustaba ver un poster muy lindo que mi madre me regaló un día. Tenía un hada azul y una bruja, no malvada, si no que buena. ¿Cómo lo sabía? Por que era bella y sonreía. Tenía traje rosa pastel con listones y una escoba con un gato blanco. Ese poster, lamentablemente, se perdió cuando me cambié de casa, junto a otras cosas.

I M A G I N E nace a causa de esa imagen, y creo que no me fue tan mal como creí.

Disfruten del último episodio...


Increíble recuperación.

Mañana será otro día...

Altercado en el techo.

Gerardo en peligro.

Intensa batalla.

Ni siquiera lo pienses.

Esto se terminó.

b y A b y C a t.

Gerardo comenzó a acercarse lentamente. Qué importaba todo ya. Tal vez, esa sangre tenía un poco de veneno, pero suficiente como para matarlo. Para salvarlo de todo esto.

- No lo harás... - dijo Karol, tratando de torturar a su propio hijo, pero el escudo era impedimento para ello.

Gerardo selló los ensangrentados labios de Curlise en un tierno y suave beso.

- ¡¡No!! - rugió Karol.

Ambos se separaron a escasos centímetros del otro. Curlise esbozó una media sonrisa.

- ¡PACTIO! - gritó, mientras tomaba entre sus manos el rostro de Gerardo, besándole más fuerte.

Un círculo de luz apareció debajo de Curlise y Gerardo. Tenía una media luna y una estrella en el centro, y alrededor la simbología de los signos zodiacales, en una estrella de doce puntas. La luz era celeste claro.

Gerardo sentía que un nuevo poder recorría su cuerpo conforme Curlise le besaba. Cuando separaron sus labios se percató de que tenía una capa negra sobre su ropa y un sombrero negro parecido al de ella sobre su cabeza. En su cintura tenía una espada.

- Woha - exclamó, al ver su nuevo atuendo. Curlise se puso de pie al lado de él, casi sin rasguños. Lo único que aún le quedaba era la herida de su hombro. - ¿Cómo...?

- El Pactio es un hechizo de convocación: el hechicero que lo utiliza puede crear un compañero, dándole algo de magia a través de un beso - explicó Curlise, mientras observaba a Karol y a Igníea, quienes tomaron su antigua posición y sacaron sus espadas en defensa.

- ¡Las pagarás por haber puesto a nuestra porpia sangre en nuestra contra! - gritó Karol.

- Yo no soy nada de ustedes - respondió Gerardo, sacándo su espada.

La hoja de acero refulgió para dar paso a las llamas. Era una espada de fuego. Gerardo dejó su admiración de lado para enfrentarse a sus padres biológicos.

- Curlise, mientras no sanes totalmente no combatirás - le ordenó Gerardo. Curlise comenzó a reír.

- ¿Ahora te preocupas por protegerme? - ironizó. Gerardo le miró: la herida de su hombro estaba casi cerrada. - Otro detalle: el hechicero que crea a su compañero al estar al borde de la muerte, regenera todas sus heridas. Ganaste tú y gané yo.

Gerardo esbozó una sonrisa burlona.

- ¿Combatimos, compañera?

- A por ello, compañero.

Se pusieron en guardia.

- Tal vez creaste un compañero, pero sigues siendo débil - Igníea movió su espada.

- Olvida quién soy y pelea - sugirió Gerardo.

Karol se adelantó para atacar a Curlise, pero Gerardo lo repelió con su espada.

- ¿No te han enseñado que a las mujeres no se les debe golpear? - Gerardo logró captar la atención de Karol. Ambos comenzaron a chocar espadas.

- Veo que el talento con la espada te viene de familia, hijo.

- ¡Cállate, bastardo! - gritó Gerardo, mientras seguía combatiendo.

En tanto, Igníea ya había llegado donde Curlise.

- Veamos cómo te va ahora.

- Veamos - repitió Curlise. Los cristales comenzaron a formarse en su mano, y se los lanzó todos encima.

Igníea trataba de esquivar como podía, pero estaba algo agotada. Curlise, por su parte, se teletransportaba para confundirla. Le lanzaba cristales y evadía los ataques de la pelirroja. Todo era un ir y venir de ataques que no surtían el efecto deseado.

Igníea comenzó a cansarse de todo aquello.

Colocó su mano derecha en forma de garra y un aura negra rodeó dicha mano. Curlise conocía ese poder. Tenía que actuar rápido.

Gerardo seguía luchando contra su padre. Había estirado el escudo hasta Curlise, por si acaso Karol intentaba torturarla. Sentía cómo él trataba de hacerlo, pero no podía.

- Tus trucos mentales no tienen efecto ni sobre mí ni sobre ella.

- Já, cómo si necesitara eso.

Karol aprovechó un pequeño vacío entre los ataques del compañero de Curlise y arremetió contra ese punto. Gerardo se percató a tiempo de lo que hacia y trató de repeler el ataque.

- ¡¡Aaahhh!! - exclamó Igníea, mientras corría velozmente hacia su oponente, con la mano derecha como si fuera a desgarrarla.

Curlise formó un cristal del tamaño de una daga, y corrió al encuentro de Igníea.

Por un segundo el tiempo se congeló.

La espada de Karol salió por los aires, y Gerardo colocó la punta de su espada de fuego contra el cuello de éste.

Algo enterrándose sonó, y después un grito ahogado de dolor. Curlise enterró más a fondo el cristal, colocándo su mano sobre éste. Igníea dejó la posesión de su mano para atajar el cristal, pero éste comenzó a expandirse por su cuerpo.

Curlise frenó el avance del cristal cuando llegó al cuello de Igníea.

- Igníea - le llamó. La pelirroja tenía los ojos desorbitados. El cristal estaba atravesando su piel, convirtiendo sus órganos y huesos en el duro mineral. - Puedo detener el avance, puedo dejarte viva, si dejas de lado tus oscuras prácticas.

Algo que aún le quedaba era su poderoso orgullo. Escupió la cara de Curlise, quien logró esquivar el ataque. Curlise entrecerró los ojos y el cristal cubrió totalmente el cuerpo de la mujer, dejándola inmóvil.

Karol vio como todo esto ocurría en sus narices y no podía hacer nada. Gerardo no bajaba la guardia.

Curlise apareció al lado de Gerardo, y con un movimiento le dijo que bajara la espada.

- Sabes que me he rendido, y eso que no puedes leer mi mente - dijo Karol.

- Por supuesto que lo sé.

- Bien - Karol levantó sus manos, rindiéndose. - Acaba conmigo.

- Puedo darte una chance - respondió Curlise, observándo de reojo a Gerardo, quién no quitaba su vista de Karol.

- No... No quiero que me odies, Gerardo. Sé que es muy dificíl para ti enterarte de estas cosas, pero... las excusas ya no cuentan. Acaba conmigo ya.

- ¿Estás seguro? - preguntó Curlise.

- No quiero vivir si no la tengo a ella - explicó el hombre, señalándo a su petrificada esposa.

- Como quieras - el cristal con forma de daga apareció en la mano de Curlise.

- Una última cosa te quiero pedir, Gerardo.

- ¿Qué? - preguntó fríamente.

- Cuando Curlise me petrifique, incendia este lugar. No quiero que alguien más vea esto.

Gerardo se quedó en silencio, algo sorprendido por la petición.

- Sé que podrás hacerlo - susurró Karol.

- Cómo quieras - masculló Curlise, mientras enterraba la daga en el cuerpo de Karol.

--

Gerardo observaba como ardía aquella enorme mansión. Padres. Sus padres. Estuvo tan poco con ellos, tan cerca... pero jamás imaginó que eran unos hechiceros. Malvados y, más encima, sus padres. No podía creer que él tenía poderes también.

Y Curlise...

- No te preocupes por mí - dijo Curlise, respondiendo sus pensamientos.

- Olvidaba que puedes leer mi mente.

- No te preocupes. Prometo no hacerlo más.

- Tengo muchas preguntas que hacerte.

- Suenas como Bella - rió Curlise.

- Vamos... a nuestro mundo. Perdón, al mundo humano.

Curlise sonrió. Tomó la mano de Gerardo.

- Volver al lugar a donde pertenecemos, es al lugar adonde ir quiero.

Y otra vez ese vacío en sus estómagos.

--

Regresaron al parque cuando estaba ya avanzada la tarde.

- Pero estuvimos mucho tiempo afuera... como dos días. ¿Por qué...?

- Te lo explicaré luego - resolvió ella. - Vamos a un lugar donde yo sé que nadie nos va a molestar.

Lo tomó de la mano y lo teletransportó hasta el cerro.

- Puedes quitarte el sombrero - dijo Curlise, mientras se quitaba el suyo. Gerardo sacó el suyo de su cabeza. - La ropa vuelve a ser la misma.

- Ya veo - masculló Gerardo, mientras se sentaba en el pasto.

Estaba cayendo la tarde.

Curlise se sentó a su lado. Volvía a ser Christine.

- No creo que sea necesario que ocultes tus ojos.

- Ah, claro.

Agitó su fleco con la mano, dejándo ver sus ojos celeste claro.

El viento otoñal salió para recordarles que estaban en el mundo humano.

Uno que otro pitido de auto se escuchaba, a lo lejos.

- Te preocupa el que pueda leer tus pensamientos - Gerardo se volvió hacia ella. Colocó una mano en su frente y dijo unas palabras en voz baja. Una luz salió de su mano y Gerardo no sintió nada.

- ¿Qué me hiciste?

- Ahora no puedo leer tus pensamientos.

- Ah... ¿en serio?

- Sep.

Gerardo recordó el beso que ella le había dado. El beso más delicioso que le hayan dado en su vida.

- No, nada de nada - se rió Curlise.

- ¿Cómo sé que no es mentira?

- Si hubieses pensado algo pervertido, te hubiese golpeado.

- Ah.

Y se rieron.

- Pero no pensé nada pervertido.

- Eso cambia las cosas.

Se quedaron en silencio por un largo minuto.

- Gerardo...

- ¿Sí?

- Perdona por ponerte en peligro.

El joven parpadeó un par de veces, confundido.

- ¿Perdonarte? ¿Por qué? ¡Por haberme revelado lo más fantástico de mi vida! ¡Por enterarme que soy un hechicero, como tú! - Gerardo se rió estrepitosamente. - No, Curlise. Eso no importa.

- Pero, Karol e Igníea...

- Karol e Igníea son parte de algo que ya no es. Además, están muertos. ¿Qué más da? - se encogió de hombros. - Yo sigo siendo el mismo chico irresistible de siempre.

Lo último enfureció a Curlise. Le propinó un golpe a pleno rostro, provocándo la risa de Gerardo.

- ¡Oye! Pero si es verdad... ¿O es que acaso no te gustó mi besito?

- Nunca cambias - bufó Curlise, sonrojándose levemente mientras le volteaba el rostro.

Gerardo volvió a reír.

- La verdad espero que nop.

- Madura, ¿quieres?

- Oye... yo quiero seguir teniendo cinco años, ¿qué tiene de malo?

- Tiene todo de malo.

- Ay, por favor. ¿Acaso tengo que esconderme en algo que no soy para madurar? - Curlise le miró algo sorprendida. Luego, agachó la mirada con algo de dolor. - Perdona, pero...

- No, tienes razón. Curlise es alguien... Christine es otra... y yo... no sé qué soy.

- Yo si sé qué eres - Gerardo la rodeó con sus brazos, acercándola a su cuerpo. - Eres lo mejor que me ha pasado en la vida. Eso es lo que eres.

Curlise se sonrojó. Podía sentir que sus latidos se aceleraban.

- Yo te amo por cómo eres.

- Eso lo sé - sonrió Curlise.

- Y no me importa nada...

- Eso... también lo sé.

Gerardo logró atrapar sus labios con los suyos. Curlise se aferró a su cuello, mientras correspondía lo que su corazón le decía.

De pronto recordó algo, y se separó de él.

- ¿Qué pasa?

- Te quería dar algo... - confesó. Sacó dos pastelillos del bolsillo de su poleron.

- ¿Pastelillos? ¡Qué rico!

- Sí... te los tienes que comer hoy. Antes de dormir.

- ¿Por qué? - preguntó Gerardo. Se le hacía extraño todo el asunto.

Curlise observó el sol, que ya estaba ocultándose en el horizonte. Suspiró.

- ¿Qué pasa?

- "El crepúsculo, otra vez - murmuró-. Otro final. No importa lo perfecto que

sea el día, siempre ha de acabar."

- "Algunas cosas no tienen por qué terminar."

Le observó, grave.

- ¿Te he dicho alguna vez que he leído ese libro diez veces en un mes?

- Wow. Un recórd, a sabiendas de que eres un flojo para tus estudios.

Rieron de buena gana. Pero ella se calló.

- Gerardo.

- Dime, Curlise.

- Prométeme que te comerás los pastelillos...

- De acuerdo - sonrió, con un deje burlón. Pero aún así, despreocupado. - ¿Antes de dormir?

- Sí, antes.

- Hum... cualquiera que supiera que eres hechicera creería que me estás dando una pócima para drogarme y violarme.

- ¡Hey! - le pegó un codazo, ligeramente sonrojada. Rió otra vez.

- ¡Vamos! ¿La idea no te resulta tentadora?

Un nuevo golpe impactó en su rostro.

- Tú podrás ser un humano depravado, pero yo soy una hechicera decente...

- Hey, ahora yo también soy un hechicero, ¿lo olvidas?

Y volvió a atrapar los labios de ella en los suyos.

Epílogo

Después de haberle informado a Justus, haber calmado a mi madre y propinarle uno que otro golpe a mi hermano mayor, me fui a mi habitación.

Me avalancé sobre la cama, a tiempo de que Etna hacía su aparición en mi mente.

Haz salido con vida.

Sí.

Puedo ver que haz hecho lo correcto, Curlise.

Gracias.

Me giré hacia ella.

¿Puedo ver si se comerá los pastelillos?

Etna me reveló el futuro.

Gracias. Me dejas más tranquila.

Hundí mi rostro en la almohada.

- Es lo mejor para ti... - susurré.

--

El lunes regresé al liceo, como siempre. Claudia estaba ya en el salón cuando ingresé. La piedra filosofal seguía en su cuello y yo tenía que recuperarla aún. De algún modo.

... Los úsares ya no serían un problema.

Me senté en el mismo sitio de siempre. El timbre sonó y la profesora hizo su ingreso a la sala.

Yo esperaba.

Segundos después, Gerardo apareció corriendo. Con un '¡Permiso, profe!' fue a sentarse al lado de Julián, adelante de la profesora.

Suspiré quedamente. Era mejor así.

Ambos pastelillos contenían una poderosa posión: una desmemorizante y la otra repelente. Eran para que su vida continuara como si nunca hubiese existido, y como si yo no existiera.

Se los iba a dar ese fatídico viernes, antes de que...

Agité mi cabeza de un lado a otro.

Era mejor así...

La clase pasó con toda naturalidad. Gerardo no volteó hacia mí y yo tampoco me molesté en hablarle. Además, nuestros asientos estaban a cada extremo del salón. Era imposible vernos.

Sonó el timbre para salir a recreo. Tomé mis cosas y bajé al primer piso.

Llegué hasta el lugar en donde Gerardo me había visto transformarme por primera vez.

Y donde nos dimos nuestro primer beso.

Que difícil era insistirle a este despedazado corazón que continuara latiendo para mí. Pero yo debía olvidarme de él, tenía que.

Suspiré otra vez.

Esto no era bueno.

Pero mientras no recuperara la piedra filosofal, tenía que seguir viéndolo.

Todos los días.

Hasta encontrar una manera de quitárselo a Claudia.

Por mientras, tenía que proteger la piedra.

Sonó el timbre para ingresar a clases.

Salí hacia la siguiente clase mirándo mis pies.

De pronto, unos brazos me tomaron en un fuerte abrazo. Me sorprendí ante el gesto, y miré el rostro de la persona que lo había echo.

- Gerardo... - sisié.

- ¿Acaso creíste que me iba a comer esos pastelitos? - preguntó, sarcástico, mientras me mostraba su sonrisa burlona.

Atrapó mis labios en los suyos, como la última vez.

¿FIN...? ¿Qué es el fin? ¿El término de algo? ¡Oh, este mundo es tan relativo!

Gracias, muchas gracias a todas esas personas que se molestaron en leer mi historia, ¡sin ustedes esto no hubiera sido posible!

También darle las gracias a Stephenie Meyer, por crear Crepúsculo y toda la saga. ¡Thanks!

Disclaimer: Personajes, frases y sus libros respectivos son propiedad intelectual de Stephenie Meyer.

Oh, canciones de fondo para todo este episodio, por supuesto.

Decode - Paramore - Twilight the movie OST

Suteki da ne - Rikki - Final Fantasy X OST

Tobira no mukou e - Yellow Generation - FMA OST

De nuevo G R A C I A S a todos.

AbyCat

(Alguien toma el mando del Pc...)

¿¿En serio creyeron que me iría así nada más?? ¡¡JAJAJAJAJA!! Nop :P Esta historia tiene segunda parte, más oscura, más secretos y más enredos. ¡Y más de mí, por supuesto! :D

Curlise: Gerardo, deja el Pc ¬¬