Gatos en las Gradas

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Ahora estoy viendo la luna, la misma luna que tanto le gustaba, mis compañeros en esta solitaria grada, son gatos callejeros, animales dejados a su suerte, así me siento yo, fui abandonado a mi suerte.

Todo empezó hace ya unos meses, ella y yo vivíamos juntos, éramos novios. La felicidad en ese entonces para mí lo era todo, y no un estado mental como analizo ahora.

Aun me recuerdo de su nombre, de la que me hecho a las frías calles, Medea.

-Kevin, tenemos que hablar.

Cuando ponía ese tono, las cosas eran serias.

-Ni un Buenos Días, ni nada. Oye ¿Qué falta de educación es esa?

-No te pongas necio, tenemos que hablar. Mi tía se esta molestando, ya no estas pagando tu alquiler de la habitación.

Mi búsqueda de trabajo se tornó infructuosa, nadie quería contratar a un electricista que escribe cuentos de ciencia ficción.

Y el asunto se complico, tenía como 6 meses sin pagar la renta, no tenía trabajo y Medea, bueno ella seguía siendo ella, solo que insistía que le pagara a su tía, día a día me lo recordaba, aparte de eso la notaba distante. Ahí empezaron a ponerse mal las cosas entre ella y yo.

Después de ese amargo despertar, me fui a buscar empleo, con solo una taza de café en las entrañas y esperar comer algo en el almuerzo.

Un amigo me dijo que fuese a una compañía necesitaban a un electricista con urgencia.

Necesitaba el trabajo, el dinero, aunque ese oficio no es lo mío. Lo mío es escribir. Pero de algo tengo que vivir si no hay un editor que se anime a leer mis trabajos.

Medea y yo nos conocimos, en la universidad, que tiempos aquellos, ella estudiaba para ser profesora y yo estudiaba ingeniería eléctrica, aunque publicaba algún que otro trabajito, cuando el tiempo de estudio me lo permitía y compartía ganancias con el señor de las fotocopiadoras. Fue un día que pasé a hablar con el señor Gregorio, el de las fotocopiadoras, cuando la conocí, me dijo que ella había comprado casi todos mis escritos, junto con otras personas. Me sentí como si flotara en las nubes justo en el momento cuando me preguntó

-¿Tu eres quien escribe estas historias?