REENCUENTRO

Ahí estaba él, su igual, recostado en el suelo privado de la vida que tanto apreciaba. Sin embargo, fue asesinado dignamente por nadie más ni nadie menos que ella, si, ella. Los iguales, los hermanos, aquellos que juraron morir a manos del otro puesto que ellos eran las únicas personas que podía hacerlo. Nadie más tenía o tendrá ese poder y la contienda de tanto tiempo de competencia en vida había terminado. Tal vez fueron los cálculos, tal vez el dejó rendirse por amor al hijo que tanto quiso. No lo sabemos.

Un cuerpo inerte, sonriente y ensangrentado a causa de balas disparadas por una Glock era lo que quedaba de él. El que alguna vez fue criminal, el que desde siempre entregó todo por sí mismo. Su lugar siempre fue y será en el infierno, está apartado como esperaba. Ha muerto dignamente y sabe que no pasará mucho para encontrarse con ella de nuevo.

Cansada, casi inmóvil y con muchos daños está ella. La igualmente criminal por su gusto y voluntad corre hacia aquél. Aquel que le ama profundamente la recibe con dos copas.

Sucede un beso apasionado, sus brazos se cruzan de manera que las copas llenas de cicuta quedan listas para beberse y que mueran juntos.

Ha ocurrido, las puertas del inframundo se han abierto sólo para ellos dos. Ella y aquél. Al entrar, junto a Perséfone se encuentra él, sentado con la cabeza hacia abajo, su pelo largo oculta su cara y al escuchar los tacones elegantes de ella se levanta paciente demostrando que tiene toda la eternidad para hacerlo. Quedan frente a frente, él y ella, atrás de ella aquél y atrás de él aquella. Aquellos, conscientes de lo jurado saben que ese momento es sólo para observarse. Él y ella siguen viéndose a los ojos al parecer recordando su vida y muerte. Su primer sonrisa eterna se dibuja en la cara de ambos. Ahora sólo queda cumplir el cometido que se prometieron para el infierno.