El Escape del Pecador

Por: Víctor Segovia

-Hay una forma de escapar del Infierno, si llegas a encontrar el túnel en donde la Mariposa de Hierro pone sus crías, lo que debes de hacer subirlo y llegaras al Purgatorio, el camino dentro del túnel esta lleno de peligrosos obstáculos y afiladas púas y los gusanos hambrientos pueden buscarte con solo oler tu sangre pero despertaras de esta pesadilla.

El anciano después de decirme eso cayó al caliente suelo, el Verdugo lo levantó con azotes de su látigo de fuego, yo seguí caminando cargando el peso de mis pecados convertidos en una roca de color negro. El sol infernal se ocultó y aproveché la ocasión para escaparme.

Corrí con velocidad y escondiéndome de los demonios, de repente La Mariposa de Hierro irrumpió en el cielo moviendo sus inmensas alas grises.

Tomé un largo tentáculo de una cesta, y seguí corriendo en busca de la salida que me dijeron.

Mire hacia arriba, un inmenso agujero en el rocoso tope del Infierno, del mismo salían púas. Usé el tentáculo como cuerda y empecé a escalar sin ser visto.

Entre al oscuro túnel, gateando apresuradamente y evitando las púas.

Mire a mi alrededor, miles de cuerpos mutilados y con marcas de dientes acompañado de sangre en las paredes, una de ellas llevaba la famosa escritura de Dante "Pierda toda esperanza al llegar a este lugar"

Un cuerpo me observó, de su frente salían extraños dientes y un clavo atravesaba su garganta me dijo.

-Si los demonios, los hijos de la Mariposa de Hierro te ven, te harán algo peor que esto, si quieres salir de aquí necesitas tus pecados y encomendarte al Nazareno, si es que crees en él para salir.

-La piedra la llevo conmigo y mi fe está perdida, pero no debo estar en El Infierno.

Fue mi respuesta, seguí caminando, el túnel se hacía mas estrecho y las púas abundaban, no había cuerpos mutilados, nadie había llegado tan lejos.

De repente sentí que la sangre bañaba mi brazo derecho y un fierro al rojo vivo quemaba mi carne, no debía detenerme así que seguí con mi recorrido.

El aire me faltaba, los párpados me pesaban y mi cuerpo se debilitaba, la arena se movió fuertemente, salieron unos gusanos dotados con colmillos afilados detrás de mí, seguí gateando torpemente con las larvas rastreando mi sangre en el suelo.

Un gusano me alcanzó y me mordió en la pierna, grite de dolor, sus colmillos eran fríos y rompían mi endeble carne con extraña rapidez , otro quería hacer lo mismo con mi cuello, me defendí usando la roca oscura de mis pecados que llevaba en mi mano izquierda, la frágil cabeza del gusano se deshizo y la verdosa sustancia que le daba vida se precipitó sobre mi, sus hermanos me seguían atacando, y yo lentamente seguí con mi huida.

Salí del túnel, la luz del Purgatorio apartó de mi cuerpo los gusanos y me desmayé justo en el momento cuando el encargado me vio y quería hablarme.

Súbitamente me despierto, la roca oscura en mi mano izquierda era el tarro del cual bebía cerveza, el fierro caliente era la tabla de freír la comida, los gusanos eran mangos verdes, lo que sentí fue el ardor de meter mi mano en el hielo seco, la pierna sangraba por la mordedura de mi perro, era leve la herida, el encargado del Purgatorio resultó ser mi hermano, el anciano en el suelo era mi tío, el Verdugo mi primo, el tentáculo una cuerda de oscuros hilos, la Mariposa de Hierro el ventilador, mi alucinación fue por comer esos hongos y mezclarlos con cerveza de la mala.