Tus ojos:::.

Como cada mañana, puntual a las 7:10, pasaba por aquel callejón. Tenía que ir a mi trabajo y ese para mí, era el camino mas corto. Mi mirada inconscientemente se situaba de reojo al pasar por esa gran casa de madera blanca, su amplio jardín y esos ojos grises. Tan fríos como el hielo, pero que a mi me transmitían una calidez sobrecogedora.

Caminaba aprisa temiendo que me pudieran atrapar, pero en mi interior yo sabia que mis propios demonios ya me tenían a su merced, infligiéndome castigos cada ves mas dolorosos…

No se cuantos días, o meses pasaron, nunca tuve la noción del tiempo. Solo se que un buen día decidí mirarlo sin tapujos, cara a cara, hielo contra fuego y el resultado fue excitante. No podía apartar mi vista, ni él tampoco la suya. Por momentos creí que me desvanecería, que moriría a sus pies, tenia que ser mío. Ésa fue mi decisión.

Corrí de vuelta a mi casa, corrí lo más rápido que pude sin detenerme, sin pensar en más nada. Me encerré en mi habitación y me escondí entre mis sabanas purpuras. Tenía miedo, me conocía. Tenía ansiedad, me temblaban las manos y mi respiración era agitada, pero más que la falta de aire era por que estaba extasiada.

No se en que momento la noche cayó. Me di cuenta por la corriente de aire que se coló tras mi ventana. Me levante como impulsada por un resorte y miré mi reloj, eran las 9:42. Bajé a trompicones las escaleras y me detuve en la puerta principal. Volví a quedar en un estado de tal trance, que cuando miré de nuevo mi reloj eran las 10:00 en punto.

Salí de la casa con una pequeña cajita de metal y de jé que el aire gélido se colara entre mi ropa hasta mis huesos por cada parte de mi ser. Era una noche bellísima, la luna de te seguía los pasos como tu sombra y las despobladas calles oscuras me marcaban el camino hacia mi tesoro cual cómplices de mis fechorías.

Caminé sin prisas y cautelosa hasta tu casa. Vi que las luces estaban apagadas, recuerdo que pensé que dormías. No me equivoqué. Yacías tranquilo en tu cama con sabanas que hacían juego con tus ojos. Te veías tan apacible, que me provocabas una infinita ternura.

Acomodé un mechón de tu lacio cabello que caía en tu frente e instintivamente acaricié una de tus mejillas. Deduje que mis frías manos te despertaron, por que rápidamente asomaste eso dos témpanos de hielo.

¡ Oh! ¡Como sufrí por tal hecho! Prefería que no hubieras despertado y tener que llevarme a la tumba tu mirada en ese momento. Una mescolanza de pánico, incertidumbre, curiosidad… y horror.

-Sssh…-te calle con un dedo en tus labios-Prometo que no dolerá…mucho.-

Y antes de que pudieras prevenir algo, profané tu cuello en un corte limpio. Si, me repetí. Preferiría que no hubieras despertado. Así no tendrías conciencia de lo ocurrido y yo no me llevaría esa mirada sucia que me diste, sino tu gélida y apasionada mirada de aquellas mañanas. ¡Pero estúpida de mi!, que no resistí la tentación de tocar tu suave piel, sabiendo las consecuencias de tal acto.

Besé tus tibios labios rojos producto de la sangre expulsada y lamí el contorno de los míos saboreando tu salinidad.

Excusas, solo excusas, eran las que ponía para pasar de nuevo por tu casa. Que ahora, victima de las supersticiones de las personas, que crearon lúgubres leyendas urbanas alrededor de tu inmaculado hogar. Estaba abandonada, sucia y vacía, a excepción de tu habitación.

–"Aun recuerdo la nota en el periódico"– Pensaba mientras me dirigía a mi sótano.

"Macabro hallazgo, en la calle Lextem # 512. Un hombre de 24 años de edad, a quien le corresponde el nombre de Ernest Wells, fue encontrado en su habitación degollado con sus ojos extirpados, recargado en el respaldo de su cama. Sus vecinos dieron aviso a la policía después de que en varios días no se presenció actividad normal. Además de que se le vio entrar a la propiedad, más nunca salir. Se dice que era un hombre solitario, por lo que hasta el momento no hay sospechosos"

Amarillismo. Solo por vender, redactan de la forma más vulgar un acto que se cometió con el máximo cuidado y cariño posible. La gente siempre anda metiéndose en lo que no les importa. Que asco.

Abro el baúl que esta frente a mí y saco un pequeño frasco tranparente. En el puedo apreciar esos iris metálicos envueltos en ese liquido amarillento. Los observo cautivada y me doy cuenta de una sola cosa. De lo único que me arrepiento, es que ya no me den esa mirada tan pasional y llena de vida como cuando estaban en ti.