Bien, esto es mío, y no permito cualquier publicación de esta historia que no sea la mía. Respeto =)

Este es mi primer original, ya que hasta ahora nunca me he salido de lo que es el fiction.


Elíxir


Joyce se encontraba en la terraza de aquel edificio que utilizaba como hogar. El sol ya se había ocultado, por lo que podía estar tranquila viendo el horizonte, respirando aire puro, lleno de efluvios humanos que le escocían poco a poco la garganta.

Pero se contenía. Su sed no era demasiado potente como para que perdiera el control y atacara a todos los habitantes de Londres.

Había vivido muchos siglos, más de cuatro, y había visto cambiar su ciudad natal, la había visto pasar por todas esas situaciones a lo largo de sus años. Pero ella seguía igual, con sus ojos aguamar que se tornaba cada vez más rojos a medida que su sed aumentaba, su cabello color cereza, su piel pálida como la nieve. Nada en ella había cambiado.

Miró las estrellas, allí en el cielo desde los principios del mundo, la luna en el centro del ya oscuro , su compañera eterna.

Algo alteró el ambiente en el que se encontraba, un aroma había roto el equilibrio. Un efluvio que ella conocía a la perfección, un aroma delicioso, como almendras y miel, como flores silvestres al atardecer junto a un arrollo. Era un perfume que empeoraba mil veces la sed y le quemaba millones de veces más la garganta. El aroma de la sangre de Kellan.

- Joyce, al fin te encuentro

Se acerca a ella, sin ser consciente de que su calor, su sangre, su corazón bombeando, le provoncan dejar salir a su monstruo interior.

- Kellan -puede notar en su voz una nota de ansiedad, y está segura de que él también puede escucharla-, no es un buen momento para que te acerques.

- Oh Jey, déjame ayudarte. Puedo hacerlo, vamos

Ella voltea a verlo, con una repentina ola de pánico.

- No, ni siquiera lo pienses

- Pero Jey, no te dejaré caer si puedo ayudar en algo. Anda

- ¡Tú no serás mi alimento, Kellan!

Ella sabe que sus ojos ya son de un carmesí fuerte, y sus colmillos están expuestos, en su máxima extensión, esperando por el delicioso manjar.

- Jey...

Él se acerca a ella, y la abraza, y aunque Joyce es millones de veces más fuerte que él, ella no se resiste.

Ella solloza sin lágrimas.

- Hazlo, Jey-Jey -presiona el rostro de la muchacha sobre su propio cuello, dándole el permiso para saborear ese elíxir que ella tanto anhela.

Y ella cede ante su propia naturaleza. Sus colmillos perforan la suave piel de él, y tan pronto brota aquel líquido delicioso, comienza a beberlo, tratando de causar el menor daño posible al muchacho que tantas veces le ayudó en situaciones como esta.

Oye un suave quejido de Kellan, y puede sentirlo jadear cuando ella presiona un poco más sus colmillos en su cuello.

Se aparta por fin, cuando siente cómo sus colmillos comienzan a decrecer.

- Kell, lo siento tanto -limpia cualquier rastro de sangre de la piel de él, y lame las pequeñas herida para que éstas cicatricen.

- Está bien Jey, tus ojos ya son aguamarina otra vez

Ella lo mira, a esos ojos miel oscuro que tanto le gustan, y luego deposita un suave beso en los labios cálidos de él.

- Gracias

- A ti

Y ella vuelve a abrazarlo, ubicando su rostro en los cortos rizos caoba del muchacho, inhalando el aroma de ellos.

- Jey, júrame algo -dice repentinamente él.

- Lo que quieras

- Estarás conmigo lo que resta de mi vida, ¿verdad?

Ella lo mira, y le sonríe cálidamente.

- Por supuesto, Kell

Y ella sabía que estaba condenada a una vida inmortal, bebiendo la sangre de humanos. Sabía también que la sangre de Kellan era una constante tentación, pero no era su sangre el elçixir mças codiciado. El elíxir era todo él. Era Kellan.

END


¿De dónde salió esto? No lo sé, les soy sincera.

Soy nueva en esto, asique sean piadosos conmigo por favor.

Ya me verán con nuevas -y mejores- ideas.

M.C.