Dyssidian I - El Renacer

1

La Caverna Misteriosa.

"¿Qué es un grano de arena en un gran desierto…? ¿Qué es una hormiga en un enorme hormiguero…? ¿Qué es un planeta en un inmenso universo…? "

"A mi parecer… es sencillamente el factor que puede crear un gran cambio en la vida de muchos…"

"Si algo tan pequeño puede lograr cambios tan grandes… ¿Por qué nos limitamos a creer que la vida existe solo para vivir y morir …"

"¿Existe algo mas…? "

"¿Algo que nos impulsa y nos guia sin saberlo a un destino mayor…?"

"No lo se…"

"Pero quiero creer que si es así…"

Alex Kaisen es un chico de catorce años de edad poblador de ciudad Victory, desde muy niño había querido saber para que estamos en el mundo y si cada uno de nosotros tiene una misión especial en la vida, pero la respuesta nunca le había llegado, claro que le faltaba muy poco para que se respondiera la pregunta que desde hace años había dejado de formularse, aunque el no lo sabía.

Alex vivía solo con su madre Emelie de Kaisen, y su hermana May Kaisen, tenia otro hermano que conoció y vivió también con él durante un par de años pero una noche se marchó, nadie sabia en donde vivía, pero sabían que estaba bien, su padre trabajaba siempre fuera de la ciudad y los visitaba como máximo dos veces al mes. Era una mañana como cualquier otra y Alex se levanto con el ruido de los niños gritando, se asustó al pensar que se había retrasado para ir al colegio cuando recordó que era sábado, intento volver a dormirse pero ya había perdido el sueño. Había tenido un sueño muy raro, soñó que tenia entre sus manos una estrella de seis puntas con una serie de extraños símbolos (uno en cada punta) y otro aun más extraño en el centro, luego la usaba y de ella salía una luz que golpeaba a una figura en sombras, luego pasaba de esa escena a una cueva y a su lado estaba un animal extremadamente peludo y con un cuerno pequeño en su frente, caminaron hacia un muro en e que estaba grabada la misma estrella de seis puntas, pero cuando se disponía a tocarla despertó y no pudo volver a dormirse.

Como no se pudo volver a dormir, se levantó, se vistió y bajó a desayunar, cuando llego a la cocina ya estaban allí su madre y su hermana.

-Buenos días mamá, buenos días May- dijo algo dormido todavía, su madre también respondió con los buenos días mientras que May le respondió amargada como siempre.

-¡Al fin te levantas!-.

Luego de desayunar, Alex quiso salir y cuando llegaba a la puerta alguien toco del otro lado, Alex abrió y se encontró de frente con su mejor amigo y vecino Marcus Reynald, un chico alto y delgado con de cabello negro hasta el cuello.

-Hola Alex, buenos días- lo saludo Marcus.

-Hola Marcus ¿Qué hay? ¿Por qué vienes tan temprano?- dijo Alex.

-Es que hay un partido de fútbol afuera y creímos que querrías jugar- respondió Marcus, estaba en lo cierto, Alex adoraba el fútbol y era muy bueno jugando.

-¡Claro! Ven, pasa, le avisare a mamá-dijo Alex invitándolo a pasar, cuando entraron en la cocina todavía estaban allí May y la señora Emelie.

-Buenos días señora Emelie, buenos días May- dijo Marcus de forma tímida.

-Buenos días Marcus ¿Cómo sigue tu abuela? ¿Ya esta mejor?- dijo la señora Emelie.

-Sí, esta muy bien gracias al remedio que usted le dio, demasiado bien para su propia seguridad diría yo, tenemos que tenerla muy vigilada y casi amarrada, pues la encontramos hace dos días intentando escalar el techo para reparar la antena, dice que se siente por lo menos treinta años mas joven- respondió Marcus, todos rieron y Alex aprovecho para decirle a su madre.

-Mamá, vamos a jugar fútbol, si me necesitas estaré afuera- su madre aceptó y Alex y Marcus salieron a la calle donde todos los chicos aguardaban para observar el partido, varios amigos de Alex, que también iban a jugar, se acercaron para saluda, estaban Samuel Robinson, Mark Lombard y Fred Garner.

El partido iba a comenzar y se escogieron a dos capitanes, uno de ellos fue Alex y el otro fue (para su desagrado) Eric Randick, Eric era un chico del tamaño y la edad de Alex con cabello rubio con un tono oscuro, siempre llevaba la misma expresión de petulancia en su rostro, era el buscapleitos del colegio en el que estudiaba Alex y como es obvio siempre buscaba problemas, mas que todo con Alex, pero él nunca le hacia mucho caso. Jugaban cinco contra cinco, Alex escogió a Marcus, Samuel, Mark y Fred, mientras que Eric escogió a cuatro chicos que Alex no conocía y que prefería no conocer.

-¿Qué hay Kaisen?- le dijo Eric a Alex con el habitual tono engreído de su voz -¿Listo para perder? Por mucho que juegues no podrás ganar y menos con ese equipucho- dijo señalando a los chicos con una expresión de desprecio (otro gesto frecuente en su rostro).

-Somos más listos y mejores que ustedes Eric- dijo Marcus acercándose desde atrás.

-¿Y sabes que? Vamos a ganar- corroboro Alex, estas palabras hicieron callar a Eric.

El partido comenzó, fue una espléndida exhibición de jugadas y pases, Marcus era el mejor portero que un equipo pudiera desear, no había disparo que no pudiera detener, solo entraron dos goles en su portería debido a tremendos remates de los delanteros contrarios, Eric se ponía histérico y a gritar a todo mundo cada vez que entraba un gol disparado por Alex, al final el partido termino seis por dos a favor del equipo de Alex, todos los demás chicos y chicas los ovacionaban al pasar.

-¡Muy bien Alex!- grito a través del alboroto una chica muy linda, de cabello rubio y ojos claros: Era Riana Dawm.

Alex se puso rojo, Riana le había gustado mucho desde que la conoció en el colegio pero nunca había tenido el valor para decirle lo que sentía, otra razón por la que Eric odiaba a Alex ya que el también gustaba de Riana y había encontrado a Alex hablándole a Marcus sobre lo mucho que le gustaba Riana, esa era la razón principal por la que le buscaba problemas y lo provocaba llamándolo cobarde entre otras cosas.

Justo después de que Riana lo saludara Eric se acerco enojado.

-Puede que hayas ganado el partido Kaisen pero te aseguro que no serás capaz de pedirle al Riana que vaya contigo a la fiesta de fin de curso- dijo.

-¿Qué te hace pensar eso?- pregunto Alex apesadumbrado.

-Ah no sé, quizá por que ¡eres un cobarde! Hagamos un trato, si le pides que vaya a la fiesta contigo ahora mismo te dejare en paz, pero si no lo haces tendrás que cumplir un castigo que yo te impondré y yo le pediré a Riana que vaya conmigo ¿qué dices? ¿Aceptas o no?-.

Alex lo pensó un instante, podía negarse pero eso seria darle a Eric el gusto de llamarlo cobarde con razón, además si no lo hacia en ese momento Eric le arrebataría la oportunidad.

-De acuerdo, pero dame un poco de tiempo, y si yo lo hago tendrás que bailar mostrando los calzones por todo el colegio ¿Aceptas o no?- le dijo Alex sin pensarlo ya que le hubiese encantado ver a Eric bailando en ropa interior por todo el colegio, pero no sabia si podría reunir el valor para pedírselo a Riana.

Alex se acerco a Riana muy silenciosamente prensando en que iba a decirle, claro que Eric lo seguía a él muy de cerca. Alex llamo a Riana por detrás dándole palmadas en el hombro.

-Ah, hola Alex, gran partido, estuviste excelente-le dijo ella de forma amable.

-Hola Riana, quería decirte algo, ehhhhh...-se le trababa la lengua, mientras que en el rostro de Riana se dibujaba una sonrisa, era como si ella estuviese esperando algo.

-¿Y?-dijo ella algo exasperada.

Alex no dejaba de decir "ehhhhh", entonces se dio cuenta de que no podía hacerlo, y así fue, no pudo.

-Solo que... estas... muy linda hoy- dijo simplemente tratando de no quedar tan en ridículo.

-Ah, gracias dijo- dijo Riana, aunque parecía un poco decepcionada y en su rostro ya no quedaba rastro de la sonrisa.

Luego de la vergüenza, de la decepción de Riana y del sentimiento de estupidez, Alex se dio media vuelta y en ese momento Eric avanzo muy contento con una sonrisa maliciosa, Alex supuso que iría a pedir a Riana que fuese a la fiesta con él

-Espérame mañana en frente de tu casa Kaisen y te diré lo que harás- le dijo Eric cuando pasaba cerca de Alex.

Alex pensó en no cumplir pero era muy honesto y creyó que debía afrontarlo como un hombre. El resto del día transcurrió normal, como cualquier otro, excepto por el hecho de que a May se le descompuso el secador de pelo y su cabello quedo de puntas hasta que se fue a dormir.

A la mañana siguiente Alex se levanto menos animado de lo normal, luego de desayunar Alex salió y se dirigió a la casa de Marcus, esta vez fué Marcus el que estaba a punto de salir cuando Alex llegó.

-Hola Marcus me preguntaba si querrías acompañarme, Eric va a decirme el castigo por perder la apuesta-dijo Alex con un sentimiento de pesadumbre.

-Aun no entiendo por que lo haces Alex, yo siendo tú no me presentaría- le respondió Marcus.

-Es esto o aguantarme a Eric fastidiando todo el resto del año escolar, y el próximo, y el próximo...-

-Esta bien, esta bien Alex, de cualquier forma te iba a acompañar, somos amigos ¿no?- le dijo Marcus.

-Gracias Marcus- le dijo Alex aliviado.

Los chicos regresaron a casa de Alex, Eric ya estaba ahí, había traído con el a los cuatro chicos que habían jugado con el en el partido, a los miembros de su banda del colegio y (para desgracia de Alex) a Riana.

-Muy bien Kaisen, estuve pensando...-

-Vaya ¿tu piensas?- lo interrumpió Marcus.

-Cállate Reynald, metete por un tubo- le espetó Eric-como te decía, estuve pensando y tal vez te debí haber puesto a hacer lo que tú querías hacerme a mi, pero encontré algo mejor- dijo Eric con una sonrisa de malicia como de costumbre –Vas a entrar en la cueva que esta sobre la colina de ciudad Victory, y para que veas que no lo hago con mala intención traje a todos los chicos para que te apoyen-

Pero Alex sabia que Eric no traía a todos esos chicos para apoyarlo sino para hacerlo quedar peor ante Riana, y esa cueva en la colina, se decía que estaba llena de espíritus ya que cuando alguien pasaba por ella podía salir una ráfaga de viento, temblaba la tierra, desprendía un intenso calor o salía agua como si se estuviera drenando de algún lado.

Subieron a la colina y se detuvieron frente a la cueva, las piedras alrededor de la entrada eran negras y llenas de grietas.

-Adelante Kaisen, pasa y dinos si hay o no espíritus en el fondo de la cueva- dijo Eric

-Si no regreso en una hora no entren-dijo Alex dando a entender que quería hacer esto sol.

Alex entro en la cueva y cuando ya había dado al menos diez pasos el suelo tembló, Alex temió que toda la cueva se viniera abajo, pero solo cayeron las rocas de la entrada.

-¡Marcus, Riana!- grito Alex mientras las rocas caían sellándole la salida.

-¡Alex!- oyó gritar a Riana y Marcus. Los temblores cesaron y la entrada dela cueva quedo completamente cerrada.

-Demonios- se dijo Alex.

-Alex, Alex, ¿estas bien?- decía Marcus desde afuera.

-Si, pero no podré salir por aquí, tendré que buscar otra salida- respondió Alex algo nervioso.

-Muy bien Alex, nosotros iremos quitando las piedras para que salgas si no consigues otra salida- grito Marcus.

-Bien , entonces hasta luego- dijo Alex.

Alex se adentro en la cueva que parcialmente iluminada desde quien sabe donde el caso era que Alex al menos podía ver, luego sintió una ráfaga de viento y llego a un arrea donde todo estaba muy oscuro, a cada momento tropezaba con alguna roca en el suelo, dio otro paso y piso algo como del grueso de un leño pequeño, pero apenas lo piso se oyó un aullido y salió desde quien sabe donde una bola de fuego, Alex cayo y el fuego encendido un montón de antorchas alrededor de aquel túnel que iluminaron toda el área. Alex recordaba aquel lugar, era la cueva que había aparecido en su sueño y en frente de el estaba una criatura muy, pero muy peluda con un pequeño cuerno dorado en su cabeza (esa criatura había lanzado la bola de fuego) definitivamente ya había estado en ese lugar, pero en sus sueños.