LA DIVINA Y CRUDA REALIDAD

Las cadenas son insoportables. Su cuerpo no aguanta más. Está cansado de vivir de cucharadas de agua y harina. Comienza a pensar en la razón del por qué la persona para quien ha servido toda su vida permite que se le haga tal tortura. Las personas que lo tienen son jóvenes y tienen más maldad que la que ha presenciado en todas sus batallas. Tenerlo ahí atrapado tan cerca y tan lejos de su muerte. No se le permite morir o el negocio se iría al caño junto con su principal atracción y eso no le conviene a nadie. Ama a su Dios pero también ama su vida.

Ya pensó demasiado que todo sucede por el plan de Dios, pero no ha visto nada que apoye esa idea. Tal vez todo este tiempo ha actuado ciegamente. Pero definitivamente no es eso, no puede, no debe. Qué humillación sería decir que ha dedicado su vida para servir a un ser al que nunca vio. Pero más humillante aún, no tenía a nadie a quien decírselo.

Siempre le hicieron creer que si llegaran a verlo se sorprenderían y le servirían, pero jamás esperó que le lastimaran y luego lo usaran como a cualquier indefenso animal. No le tenían ningún respeto. Aún siendo la prueba más convincente de la existencia de la divinidad pura, el ateísmo persistía y si no era neto, al menos había una clara indiferencia ante ello.

La hora ha llegado. La gente llega como siempre aunque esta vez son muchos más que antes. Dos de los que lo atraparon se le acercan con filosas herramientas. Cada uno toma un ala para cortarla. Ha soltado su primera lágrima de dolor, junto con su grito de desesperación, rabia y odio. Sentía cómo esas emociones le perforaban toda su fe poco a poco convirtiéndolo en uno como cualquiera de los presentes.

Las cadenas han sido retiradas. El dolor lo ha hecho tirarse al suelo. Ahora es sólo una persona con dos heridas gigantes en su espalda. Está enojado con su Padre, le tiene un odio infinito. ¿Por qué a él si siempre le ha servido? Ahora entiende que las decisiones siempre han sido y serán arbitrarias. En el cielo no existen las preferencias ni en ninguna parte. Y si esa es la realidad ahora se dedicará a la venganza. Así que concluye que la única manera de vengarse del creador, es destruyendo sus creaciones.