Tenía esta historia acabada en pero cuando todos los fics se borraron no la volví a subir. Aquí como nadie la leía dejé de subirla y ahora me ha entrado la nostalgia y bueno, ya que estamos la terminaré de publicar aquí.


35

Compasión por el Diablo

Lágrimas invisibles se arremolinaban en torno a los lacrimales de Amarael. Las sentía rodando por sus mejillas, quemándola y dejando un rastro de escozor más abrasivo que las llamas del Infierno. En realidad su rostro estaba seco como lo estaba en esos momentos su corazón e impasible como una gárgola. Sospechaba que su madre se encontraba prisionera en Infernalia, su padre andaba desaparecido, Nathan había muerto y ella…camino a entregarle su virginidad, su alma y quien sabe qué más al rey de los demonios. Alzó la mirada al cielo que aquella noche lucía un traje morado muy oscuro y añil. Apenas había estrellas, salvo unos puntos blancos esparcidos por casualidad por el firmamento. Incluso el Cielo estaba vacío.

—Así no avanzamos nada, Amara —le regañó Caín—. Además, das miedo. Cuando seas diosa podrías promocionar el bronceado, te forrarías si logras que se ponga de moda.

El viento removió la melena rubia de la joven, pero ella no se inmutó ni se preocupó en arreglarlo.

—No me vas a contar lo que te pasa, ¿verdad? —insistió el diablo.

¿Lo que le pasaba? Él ya lo sabía de sobra, le había sentido leyéndole la mente. Se había ido. Para siempre. Nathan siempre le había dado mucha importancia al Entrenamiento y se lo tomaba muy en serio. La Inquisición les había contado que encontraron su cuerpo mutilado cerca de un asentamiento de Cazadores, una zona prohibida para los aprendices. Su odio ciego por los demonios se había vuelto contra él. Al principio no le pudieron reconocer, pero consultaron los archivos y… ¡Y lo último que ella le había dicho fue que no quería volver a verle!

—¡Oh, Caín! Soy tan despreciable… —sollozó mientras se dejaba caer sobre el regazo de Caín, deshaciéndose—. Le llamé traidor y le taché de mentiroso. —Caín le pasó su ala por encima mientras escuchaba en silencio sus lamentaciones—. Nunca podré darle las gracias por todo lo que hizo por mí. Toda la culpa es mía.

—Escucha, Amara —trató de consolarla mientras elevaba el mentón de ella, obligando a sus ojos a chocarse—. Tú no tienes la culpa de nada. Él se lo buscó por estar donde no debía.

—Ahora estoy sola, eres lo único me queda. Tú nunca me mentirías, ¿verdad?

—No estás sola, recuerda las palabras del fénix. Tienes todo un mundo que gobernar y hay gente que se preocupa por ti de verdad. Nathan te quería, por eso te mintió, al igual que Raphael. Ambos intentaban protegerte a su manera. Yo también te mentiré si lo creo necesario. En la vida hay que tomar duras decisiones, Amara.

—Eso no quita que yo sea despreciable. Él quería protegerme de ti y aquí estoy ahora, en tus brazos.

—Tu vida es tuya y de nadie más. Él no tenía ningún derecho a decirte con quién podías estar y con quién no. Ya has derramado lágrimas por él y siempre le tendrás en un huequecito de tu corazón. Con eso es suficiente. La vida sigue adelante y te quedan muchas cosas por vivir. Lo que seguro que él no querría es verte así de deprimida por lo que ¡venga! Apenas nos queda tiempo para el Examen y para sorprender al Mundo.

—Quedan aún tres meses…

Los ojos de Caín brillaron de forma extraña.

—¿Sabes algo que debería saber?

—Creo que están planeando adelantaros el examen. Las cosas no están muy bien y Serafiel se impacienta.

—Hacen con nosotros lo que quieren sin que les importemos lo más mínimo…

—Bienvenida al club. No somos muy bien vistos por la sociedad, pero al menos no nos manipulan a su antojo.

—Bueno, si se trata de sorprender al Mundo será fácil si saben quien soy yo —proclamó Amara ya más recuperada.

—Claro y eso lo podrás utilizar a tu favor, pero todavía no. Sigue siendo demasiado arriesgado.

Amara, aún pegada al torso de Caín, examinó el cuerpo que abrazaba. La tela gris, a pesar de que en algunas partes le quedaba ancha, se le pegaba a la piel dejando entrever un esbozo de lo que había debajo. La forma de vestir de Caín, aunque siempre llevaba prendas negras, era muy variada. A veces llevaba sus pintas, como la primera vez que le vio, con sus botas de cuero y todo tipo de cinturones y cadenas. Otras veces vestía más sencillo y elegante, como la escalofriante noche en el cementerio. Nunca olvidará su silueta de violinista tocando a la luz de la luna con su larga chaqueta negra ondeando en el aire. En ese momento llevaba un jersey de seda gris a juego con sus ojos y por encima una chaqueta negra con adornos plateados en las mangas. Un broche y cadena de plata unían su hombro con otro broche en su pecho. Amara repasó el contorno de sus cuadraditos dibujando el símbolo que correspondía con la letra "A" en malaquim[1].

—Eres mi tío…

Caín negó con la cabeza.

—Abel y yo sólo compartíamos la sangre de la misma madre. Después él se convirtió en un arcángel y yo en un Caído así que no nos queda mucho parentesco que digamos. Por esa regla de tres no podría hacer nada con la mitad de humanas porque serán mis tatara-tatara-tatara-tataranietas. ¡Vamos, mujer! ¿Sigues pensando en ese idiota? ¡Ah, ya sé! Se me ha ocurrido una cosa para animarte.

Amara le miró intrigada. Él comenzó a rebuscar algo entre los bolsillos interiores de la chaqueta y cuando lo encontró lo depositó sobre sus percelanosas manos.

—¿Un encendedor? —preguntó la joven algo desconcertada.

—Cumple su misma función: si aprietas el botón sale una llama.

Amara le arrojó furiosa a la cabeza el obsequio mientras él reía fuertemente como nunca le había oído reír.

—No ha tenido nada de gracia.

—Los chistes los cuento porque me hacen gracia a mí. Si quisiera hacer reír a los demás trabajaría en un circo. ¡Oh, no me mires así! ¡Me rompes el corazón!

—Y también eres cruel. ¡Deja de burlarte de mí! Está bien…ya paro de llorar.

—Eso está mejor —aprobó mientras ella se enjuagaba los ojos con el reverso de su mano—. Lo del mechero ha sido una broma, en realidad sí que se me había ocurrido algo.

El ángel seguía pareciendo escéptica. Caín prosiguió.

—Ni siquiera te has dado cuenta de donde estamos.

Amara echó un rápido vistazo alrededor.

—Estamos en un prado rodeados de flores —contestó ella desanimada.

—No son flores cualesquiera. Son paracledas, absorben las esencias de los seres vivos.

—¿Pah-rah-kuh-lay-duh?

—En enoquiano significa "boda", provienen del mismo Edén, son las flores que Eva lució el día de su boda con Adán.

Caín arrancó con cuidado una de ellas y la sostuvo entre las palmas de sus manos. Sopló suavemente y su aliento se mezcló con los pétalos que absorbían su dulce viento. Sopló más fuerte y esta vez los pétalos se desprendieron a la vez que se descomponían en partículas brillantes que dibujaban una estela plateada en torno a ellos. Amara lo contemplaba fascinada.

—Ahora te toca a ti.

El diablo colocó otra vez entre sus manos una húmeda flor de grandes pétalos azules. Los alargados estambres produjeron un cosquilleo en sus yemas. Caín se había colocado detrás de ella y sostenía sus temblorosas manos entre sus fríos dedos. Acercó la flor hacia los labios de la chica.

—Ahora sopla —le susurró en el oído. Un escalofrío agradable le puso la piel de gallina. Amara sopló y un haz de polvo tornasolado revoloteó sobre ellos. Podía sentir los labios del Caído muy cerca de su lóbulo, tan próximos a ella que bastó un empujoncito invisible del destino para fundirlos en un beso que borró todo rastro de dolor. Las paracledas captaron su pasión y un pequeño arco-iris iluminó la oscura noche.

—Caín, ¿qué hay entre nosotros realmente? —ronroneó Amara todavía reacia a separarse de él.

—No lo sé.

—¿Amistad? ¿Confianza? —propuso ella.

—Somos más que amigos, Amara.

—No me engañes. Habrá todo el morbo que queramos, pero sólo soy una herramienta tuya y si puedes es mejor aprovechar y pasarlo bien.

—¿Eso piensas de mí?

—Trato de autoconvencerme, aunque luego pasan cosas como ésta y ya no sé qué pensar. Supongo que serás así con todas.

Caín se sentó en la hierba con las piernas cruzadas y la invitó a que se sentase junto a él. Ella aceptó, apoyando su cabeza sobre su latiente pecho.

—Toda mi vida he vivido enamorado de una sonrisa. Suena bastante tonto, lo sé, pero así es. La vi por primera vez en el Rayo de Zeus, el antiguo palacio de Majón. Allí vivía antes la nobleza de los ángeles. Yo me había infiltrado allí para conseguir una cosa y los guardias me perseguían por lo que me escabullí por un pasadizo secreto que encontré de casualidad. Aparecí en su cuarto de baño y ella estaba allí, tomándose una ducha. Me preparé para silenciarla pues supuse que se pondría a chillar como una loca, pero en lugar de eso me dedicó la sonrisa más hermosa que he podido contemplar. Era la primera vez que veía una; una sonrisa me refiero, no una mujer desnuda —añadió rápidamente para quitarle azúcar a su relato—aunque por aquel entonces yo seguía siendo virgen.

—Entonces sí que fue hace mucho tiempo —rió el ángel.

—La verdad es que sí. Tampoco me duró mucho, no tardé en abandonar el Cielo. Esa misma noche me torturaron.

—¿Al final te atraparon?

—Los guardias no, en cuanto pasaron de largo volví rápidamente por el pasadizo, no era plan de quedarme mirándola como un pasmarote. Fue Claudia quien me traicionó.

—¿Claudia? ¿Tu cuervo?

—Antes era un ángel. Era huérfana, como yo. Ninguna familia la había adoptado. Vivíamos en Maón, el quinto Cielo, en los laboratorios de Raphael y servíamos de conejillos de indias para sus experimentos. Teníamos que soportar todo tipo de pruebas y experimentos así que no era muy agradable y ella era mi única amiga, mi único apoyo. En la escuela de ángeles tampoco nos fue muy bien, siempre me metía en líos y me peleaba con los profesores así que ni siquiera nos dejaban presentarnos al Entrenamiento.

—¿Estás seguro de que no la obligaron a traicionarte?

Caín volvió a negar con la cabeza.

—Era su cumpleaños y yo la pregunté que qué quería que la regalase. Me contestó tal cual que fuese su novio.

—¿Era guapa?

—No estaba mal, pero sinceramente, yo no la veía con ese interés. Simplemente no quería que nada de eso pasara entre los dos. Le dije que era lo más importante que tenía y que la apreciaba muchísimo pero como amiga y ella enloqueció, parecía poseída. Empezó a llorar y a chillar mientras me suplicaba que probase un beso, que seguro que me encantaría y que querría más. Me llegó a decir incluso que podría hacer lo que quisiera con su cuerpo. Si tenía alguna posibilidad la perdió con ese numerito.

—Una mujer diciéndote que puedes hacer con ella lo que quieras y la rechazas.

—Me gustan las mujeres con carácter y la forma en que se rebajó no me gustó nada. Como a pesar de todo yo quería regalarle algo me colé en el Rayo de Zeus para encontrar algo bonito que regalarla.

—Por eso te perseguían los guardias.

—Cuando fui a verla para entregarle su regalo me había tendido una trampa y los arcángeles me esperaban, incluido Mikael. Zadquiel estaba en una misión, pero los otros cinco y Serafiel me esperaban. Claudia les había dicho que yo la había violado y forzado a hacer otras cosas, uno de los crímenes más graves para un ángel. En realidad todos estaban deseando deshacerse de mí y aprovecharon la ocasión. Raphael les dijo que había examinado a Claudia y efectivamente había encontrado pruebas así que mi sentencia era inevitable. El resto ya lo sabes.

—Cuanto más cosas escucho sobre los arcángeles más me avergüenzo de lo que soy.

—No te preocupes, elementos así los hay en todas las especies…aunque últimamente los ángeles os lleváis la palma.

—¿Lo de que Zadquiel estuviese en una misión es verdad o sólo lo has dicho por mí?

—Lo he dicho de verdad, sino no tendría problemas por meterla en el mismo saco.

—¿Ella se encuentra bien? ¿Cómo es?

—Sí, se encuentra bien. Así que quieres que te cuente cosas de ella. Uff…Supongo que todo lo que le ha pasado la ha cambiado…Es decidida y tiene su mala leche, como tú. Creo que de haber estado ella aquel día, no lo habría permitido…ya sabes a lo que me refiero. Es muy protectora.

—¿Y yo no podría verla? ¿Sabe que existo?

—Le he hablado de ti. La noche del InsanitY, la que cegó a Astaroth y los demás fue ella, bueno, digamos que activó esa capacidad que todavía no habías despertado. Y cuando tuviste esa visión… ¿Recuerdas que el niño hablaba con otra voz? Era ella también.

—Lo recuerdo… ¿Qué diantres pasó esa vez? He pensado varias veces en ello, pero no logro comprenderlo.

—Que todo fuese un sueño no quita que no fuese real lo que pasó. Comiste del Árbol del Conocimiento.

—¿Ése árbol no está en el Edén?

—Fue gracias a ese niño, él tiene esa habilidad. Zadquiel contactó con él y mezclándolo con mis poderes mentales pues pudimos hacer que comieras del árbol. Ella quería hablar contigo.

—¿Y por qué queríais que yo comiese del árbol?

—¿Qué es lo que viste?

—Vi cómo era Metatrón realmente.

—Ya sabes lo mal que le sentó a vuestro Dios que Eva comiese del árbol; imagínate cuando sepa que un ángel, no, un elohim, lo ha hecho también. Se acojonará.

Amara se separó del diablo, cabizbaja.

—¿Qué te ocurre ahora?

—Lo de siempre…no soy más que una herramienta.

—Eres un ángel, para eso se os crea, sois los soldaditos de Metatrón.

—Por eso, soy la herramienta de Metatrón, no de Caín y Zadquiel.

—Bueno, que nos estamos desviando del tema. Cuando te he contado lo de Ireth era porque quería decirte lo importante que ha sido ella para mí…Y sin embargo últimamente ya no sé qué pensar. Cuando te vi por primera vez…por aquel entonces Ireth y ello no estábamos muy bien entre nosotros y cuando me sonreíste de aquella manera…me descolocaste.

—Lo sé. No estás muy acostumbrado a que te sonrían sin intenciones perversas.

—Como si tú no las tuvieses.

—¡Eh! Que no fue conocerte y pensar "qué bueno está, quiero tirármelo"

—¿No? Yo pensaba que fue en plan: "Ummm ¡Pero qué tiarrón, oh Dios mío! Voy a provocarle a ver si con alguna de sus dos colas…"

—Mira que eres idiota —le reprendió con un codazo.

—Seguro que tú eres de las que en el orgasmo te la pasas gritando "¡DIOS, OH DIOS MÍO!"

—¿Tan bajo de autoestima estás que piensas que voy a estar pensando en Metatrón en vez de ti cuando lo hagamos?

—Lo decía porque he conocido alguna monja que era así. —Se detuvo cuando Amara le miró con esa cara de "no me interesa con quién te hayas acostado"—. Sería más humillante que pensaras en Nathan o Gabriel o Raphael…

—Ahora cuando llegue el momento no podré evitar acordarme de esta conversación y veré las caras de Gabriel, Raphael…

—No te dejaré. Vas a estar tan excitada que no podrás pensar en otra cosa que no sea yo y mis dos apéndices —le dijo adoptando voz sensual y guiñándole un ojo.

—¿Ahora vas a presumir de eso? —La chica no se quitaba de su vista la larga cola negra que Caín movía juguetonamente alrededor de ella—. Pues no te creas que lo de los dos apéndices me agrada.

—De todo lo que debería repugnarte de mí, ésa debería ser tu menor preocupación. Yo lo doy todo, preciosa, y dejar una parte de mi cuerpo sin hacer nada sería un desperdicio. Además, ya sé unas cuantas cosas que voy hacerte, de hecho quiero hacerte tantas cosas que no sé si nos dará tiempo.

—Pues empecemos ahora.

Los grandes iris metálicos del diablo se abrieron de par en par. Observaron evaluadoramente a Amara analizando las posibilidades.

—¿Hablas en serio?

—En realidad no, aunque la verdad es que lo necesitamos, porque estamos siempre igual. Lo mejor sería quedarnos a gusto de una vez.

—La culpa es tuya, que me provocas y mira lo que pasa.

—¡El que ha sacado el tema has sido tú!

—Pero tú me has seguido el juego, así que eres incluso más culpable que yo. Además mira que vestido te pones.

Amara se enderezó el corto vestido semitransparente algo sonrojada.

—Has cambiado desde que te conocí —añadió el diablo.

—¿Eso es bueno o malo?

—Depende de tus intenciones. —El diablo se incorporó a la vez que seguía hablando—. Tienes suerte de que las mías las tenga claras. Esperaré hasta la noche del baile, es lo mejor aunque nos cueste resistirnos, pero lo conseguiremos.

—Entonces será mejor que lo dejemos por hoy porque a este paso no estoy muy segura de que lo consigamos.

Amara también se había levantado.

—Será lo mejor, además yo lo tengo fácil porque puedo buscar alguien con quien desahogarme, pero tú te tendrás que quedar con el calentón.

—Sigo teniendo manos —se encogió de hombros la chica.

—¿Lo dices en serio?

—¿Por qué no?

—¿Eso es lo que haces después de haber estado conmigo?

—No, pero lo voy a probar. ¿Algún consejo?

Caín intentó reprimir una carcajada, nunca lograba adivinar por donde le saldría esta chica.

—Prueba con fresas.

—¿Fresas?

—Están buenas.

—Caín…gracias.

—No tienes nada que agradecerme, más bien es al revés.

—De verdad, ya por lo menos estoy más animada, aunque me hayas llenado la cabeza de pensamientos lujuriosos, lo que no sé qué es peor…Otro día tendrás que contarme qué pasó con Lilith.

—Otro día.

Se dieron un último abrazo de despedida. Amara estaba dudando de que si de verdad quería separarse de él en aquel momento cuando notó una oscilación en la atmósfera. Caín se había ido una vez más.

Lilith, Ireth y tú sois los seres más importantes de mi vida Aquellas palabras resonaron en la mente de Amara, sorprendiéndola por esta confesión.

* * *

Los arcángeles miraban a Gabriel como si éste acabara de proponer que se disfrazaran de vampiros.

—Ya veo que has estado tomando de esas plumas mágicas que son tan populares entre tus alumnos —se burló Raphael.

—Lo digo en serio, los Cazadores quieren ejecutar a Selene. La única forma de impedirlo es invadiendo su sede.

—¿Cómo de seguro estás de eso? —inquirió Serafiel—. Mis informadores no me han dicho nada al respecto.

—Se lo oí decir al propio Caín —confesó Gabriel.

—¿A Caín? —se sorprendió Chamuel.

—Mientras buscaba a Selene me encontré con él. Le he oído hablando con Agneta… Después me enfrenté a él, pero huyó.

—Si el Entrenamiento dura siete meses es por algo —alegó rápidamente el arcángel del Rayo Verde a quien no le habían pasado desapercibidos los blancos guantes que encubrían las manos de Gabriel.

—El cuatro también es un número muy importante, simboliza los cuatro elementos entre otras cosas —trató de convencerles el ángel.

—¿Pero y qué hay de tus alumnos, Gabriel? —le preguntó Jofiel, el arcángel del Rayo Dorado.

—Confío plenamente en ellos. Les he visto luchando en estas últimas misiones y creo que están preparados para liberar su esencia.

Los arcángeles intercambiaron miradas silenciosas. Todos interpretaron perfectamente el brillo en lo ojos altaneros del príncipe serafín: "Cuanto más posibilidades de fracasar, más akasha para nosotros". A Jofiel no le gustaba en absoluto aquello, pero Serafiel ya había tomado una decisión. El serafín se acercó hacia Gabriel y elevando la barbilla extendió de forma autoritaria su brazo. Las pulseras y adornos titilaron suavemente. Gabriel no tuvo más remedio que inclinar la cabeza ante su superior.

—Gabriel, lo que estás diciendo es algo muy serio, la idea de invadir la sede de los Cazadores suena muy temerario y más en las condiciones en la que nos encontramos. Me acaban de confirmar que hemos perdido una flota y las minas del centro de M31 que todavía disponían de akasha. Ahora nos dices que van a ejecutar a Selene, no nos podemos quedar de brazos cruzados.

—La salvaré —aseguró con convicción.

—Pero tú sólo no puedes entrar ahí, Agneta es muy poderosa y tiene servidores muy fuertes.

—No me importa, me basta con que les distraigáis.

Serafiel cerró los ojos y dejó los párpados bajados durante un largo instante, mientras Gabriel trataba de descifrar lo que pasaba por su mente. Cuando los volvió a abrir ya habían vuelto a adoptar su mismo tono de indiferencia y frialdad de siempre. El serafín enredó sus dedos en unos mechones que le caían a su súbdito por la frente.

—Verás, Gabriel, estamos realmente preocupados por la situación de la Tierra. Los inquisidores necesitan armas de akasha para poder seguir combatiendo a los diablos, por eso ya habíamos pensado en atacar directamente a los Cazadores.

Jofiel se preparó para replicar, pero Chamuel le detuvo. No quería que su compañero se metiese en más líos.

—¿Entonces…?

—Creo que ha llegado el momento de atacar y recordarles quién manda en este Universo.

—Mis alumnos no os defraudarán —le agradeció Gabriel, aliviado.

—Lo sé. Gabriel, estás haciendo un buen trabajo. El Cielo está agradecido contigo.

A Gabriel esta afirmación le removió su conciencia, pero hizo una reverencia más y se marchó, tenía muchas cosas que preparar. Siempre se había sentido culpable de todas las muertes por su causa, por ello se esforzaba al máximo por cumplir sus misiones, sentía que así una parte de su deuda quedaría saldada.

—Yo también tengo que irme, tengo una reunión con Torquemada —se despidió Serafiel.

Y también necesito hablar con Claudia

En cuanto el serafín desapareció de su vista, Jofiel saltó.

—¿Por qué me has detenido? —le reprochó a Chamuel.

—Últimamente te noto entristecido. ¿Es que acaso tu amor por Dios está disminuyendo?

—Precisamente por eso no me gusta el rumbo que están tomando los acontecimientos. Llevo demasiadas eras soportando esta decadencia sin poder hacer nada. Fui creado para proporcionarle sabios consejos a nuestro Sagrado Metatrón, pero desde que Serafiel está en el poder las cosas van de mal en peor. ¡Les estamos mintiendo a todos!

—Pensaba que todos teníamos claro que hay ciertas cosas que no todo el mundo puede saber. Tú mismo lo propusiste.

—Pero esto está yendo demasiado lejos. Gabriel está haciendo todo lo posible por sacarnos de esta decadencia y nosotros vamos a matar esa esperanza.

Raphael rió sarcásticamente.

—Sea como sea necesitamos el akasha y Gabriel no va a rescatar a Selene. ¿Cómo va a hacerlo si él mismo la mató una vez? —Raphael aprovechaba cualquier ocasión para arremeter contra el profesor.

—Jofiel, ¡es nuestro Padre! —añadió el arcángel del Rayo Rosa.

—¡Serafiel no es mi padre!

—Pero sigue sus instrucciones.

—¿Cómo estamos seguros de eso? ¿Y si se está aprovechando de su posición?

Chamuel parecía horrorizado ante esta idea.

—Eso sí que no me sorprendería —reconoció Raphael cruzando los brazos—. Ya ha habido ángeles caídos antes. Desde la traición de Uriel nada me sorprende ya.

—Uriel—susurró Chamuel—. Caín lo mató. ¿Creéis que deberíamos preocuparnos por él?

—Sólo tiene un ala, ¿cómo va a derrotarnos a nosotros que tenemos cuatro? —le tranquilizó Raphael.

—Pudo con Uriel —insistió el más joven de todos ellos.

—Uriel no estaba en sus cabales.

—No, sí que lo estaba —le contradijo Jofiel—. Precisamente estaba muy seguro de lo que hacía. El caso es que Caín ha logrado avivar Infernalia y ha liberado a los altos cargos. Satanachia está reuniendo un ejército poderoso.

—Por eso necesitamos el akasha —les recordó Raphael.

—¿Y por ese motivo tenemos que aguantar los desvaríos de Serafiel?

Raphael exhaló un suspiro, desviando la mirada hacia otro lado.

—Si Mikael estuviese aquí estas cosas no pasarían —pronunció en voz alta sus pensamientos el Gran Médico.

—Mikael lucharía contra setenta, setecientos, siete mil demonios, eso no me cabe duda, pero ¿de qué nos serviría su espada ahora?

—Por lo menos no tendríamos que temerle a Satanachia y sus huestes.

—Desde que Zadquiel no está discutimos demasiado entre nosotros —protestó Chamuel—. Al menos cuando estaba ella las reuniones merecían la pena.

—Sí, nos alegraba la vista y sacaba de sus casillas a Serafiel —recordó Jofiel con cierta añoranza.

—Así ha acabado Mikael —añadió Raphael con cierta amargura.

—¿A él también deberíamos considerarle un traidor? Quebrantó la principal norma de nuestro Padre —atacó el arcángel de la sabiduría.

Raphael cambió rápidamente de expresión.

—Vuelvo al laboratorio, tengo mucho trabajo por hacer.

—¿Es cierto que de los aprendices que aprueben vamos a escoger a uno para que sustituya a Metatrón? —preguntó Chamuel.

—Eso si alguno logra aprobar —resopló el anciano arcángel—. Me he fijado en que uno de ellos, una joven que se llama Amarael apunta maneras.

En cuanto oyó el nombre de Amara, Raphael se detuvo volviéndose de nuevo hacia sus compañeros.

—Ella no sería una buena opción, es rara y no está muy aceptada entre sus compañeros. Será mejor elegir a alguien más popular —les trató de convencer.

Y dicho esto, sí que se marchó definitivamente. Chamuel también se dispuso a abandonar el lugar no sin antes dirigirse una vez más al decepcionado Jofiel.

—No intentes nada raro, hermano.

—Tu hermano está en Infernalia gobernando en el Naraka.

—Hablo en serio. Ya somos demasiado pocos como para perder a alguien como tú.

Cuando se hubo quedado solo, elevó a mirada al cielo en un gesto tremendamente humano.

—Ahora comienzo a comprenderte, Uriel.

* * *

Evanth llegó hasta la puerta de la habitación de Amara y comenzó a aporrearla sin piedad.

—¡Amara, Amara! Tienes que salir, esto es muy importante —la llamó.

Amara abrió la puerta. Iba envuelta en una toalla color salmón y sus ojos que en ese momento estaban más violeta que azules brillaban de forma especial. Sostenía una madura fresa entre las yemas de sus dedos índice y pulgar e inclinó la cabeza hacia atrás, saboreando el jugoso fruto con su lengua.

—¿Ocurre algo, Evanth?

El elemental del hielo se había quedado algo desconcertada ante el comportamiento de su compañera, pero pronto recordó lo que había ido a hacer allí.

—Amara, esto es importante. Nos acaban de anunciar que el Examen final ha sido adelantado. Se celebra dentro de siete días.


1 Lengua angelical