Perdón debía salir ayer pero ya saben -inserten 100 excusas-


La siguiente semana pasó tan lenta y tortuosa que no comprendía cómo no se había lanzado desde la azotea de su edifico. ¿Podía tener tanta mala surte? Cuando recuperaba a Sara la perdía. Todo parecía el malvado plan de un ser superior, quien escribía su historia disfrutando de hacerlo sufrir.

Si no hubiese sido porque Nicolás le mostró fotografías e incluso un video en el que Sara daba el acepto a ese alemán albino de dos metros, hubiese jurado que Sara lo engañaba, le había jugado una broma pesada o simplemente quería castigarlo.

Todo estaba perdido… O podía ser su amante, seguramente ella se aburriría de ese sujeto y corría a sus brazos nuevamente, para encontrase furtivamente cada noche en un motel. Sonrió ante ese pensamiento, luego se estrelló con la realidad, Sara jamás haría algo como eso.

— ¡Alan, despierta!— le llamaron la atención. Entonces la sala de reuniones apareció a su alrededor. Se había quedado colgado pensando en Sara, como casi todos los días; durante una importante reunión para una campaña de una prestigiosa marca de perfumes y maquillaje.

—Sí, estoy escuchando, maquillaje— pretendió prestar atención escribiendo cosas sin sentido en su laptop. ¿Qué rayos sabía él de maquillaje? las mujeres se veían bien con él; Sara se veía preciosa con un tono rosa pálido en los labios. Volvió a perderse en la imagen de su ex -novia, recordando lo hermosa que se veía con su vestido de novia en las fotografías. Solo Jeff presente en el encuadre arruinaba esa angelical visión.

Posiblemente ese había sido su error, debió pedirle matrimonio cuando acabó la universidad, tal vez Sara se había ofendido cuando él le pidió que viviesen juntos; quién sabía, Sara tenía un pensamiento bastante tradicional para algunas cosas, para otras, simplemente no sabía qué podía pensar o querer.

— ¡Alan!— volvieron a llamarlo, se espabiló regresando su mente a la reunión, en su trance no se había percatado que la nueva modelo para la campaña de maquillaje había llegado.

Se sorprendió al ver a la joven y hermosa pelirroja ex -novia de Nicolás.

— ¿Dafne?— preguntó algo sorprendido. Ella en seguida se aproximó a él, saludándolo efusivamente, depositándole un beso en cada mejilla. El resto de sus compañeros lo miraron con envidia, las modelos más hermosas siempre terminaban saliendo con él.

— ¡Sí, Alan! Trabajaremos juntos las próximas semanas.

En es momento el maquillaje captó su interés. Dafne era bella sin duda, Nicolás la había rechazado, seguro no se enfadaba, es más le agradecería el que se hiciese cargo de ella.

Después de una mañana de reunión y filmación de algunas tomas, Alan la invitó a almorzar. Una oportunidad así no debía ser desaprovechada.

Tomaron asiento en un pequeño y elegante restaurant, después de ordenar se miraron, esperando que alguien comenzase con la conversación.

Alan se dio cuenta que no tenía nada que hablar con ella.

—Bien… ¿y qué te parece este país?— preguntó para romper el hielo.

—Bien— respondió distraídamente— la verdad vine por el matrimonio de Sara y quería ver si tenía una oportunidad con Nicolás— soltó algo decepcionada, se notaba que no le había ido bien en sus intentos de reconquista. Alan sabía perfectamente el motivo.

—Sabes, deberías olvidarte de Nicolás, él… pues cambió de gustos— no podía decirle que él salía con Thaly, pero en cierta forma era verdad, Nicolás dejaba a hermosas y superficiales mujeres por una muchachita que lo traía loco.

—No lo entiendo, no sé qué quiere— su tono se transformó en uno suplicante, Alan resopló, su cita se convertía en un mar de lágrimas sin consuelo y él como un pseudo psicólogo debía escucharla— tu eres su amigo, dime qué debo hacer.

—Nada Dafne, de verdad, Nicolás… pues el anda enamorado de otra y de verdad no tienes futuro con él, no te ama— sonaba duro, pero era la verdad no pensaba ser sutil y tranquilizarla de a poco con insulsas mentiras sentimentalistas.

Dafne lloró con más ganas, sacando un pañuelo de su bolso secó las lágrimas que corrían su maquillaje.

— ¿Cómo voy a olvidarlo? Tú me entiendes, dime dejaste de amar a Sara.

Su insensibilidad frenó de golpe, era verdad, con Sara le pasaba algo similar, ella lo había dejado, no precisamente porque estuviese enamorada de otro, sino porque él solo metía la pata.

Su situación no era igual a la de Dafne, pero tenían algo en común, ambos sufrían por un amor no correspondido por personas inalcanzables.

La miró con detenimiento, aún con lágrimas y rímel corriendo por sus mejillas, Dafne era bella. ¿Sería eso lo que necesitaba? ¿La necesitaba a ella? Tal vez era un juego del destino, ambos debían olvidarse de los mellizos y comenzar algo nuevo.

Con ese pensamiento se aproximó ella, sostuvo con cuidado su mano, consolándola con una caricia.

—Creo que ambos debemos dejarlos ir y buscar a alguien más-—le habló casi en susurros, mirándola directamente a los ojos.

Dafne sonrió y limpió sus lágrimas con una mano.

—Es verdad, esos dos solo traen problemas, quien sabe, tal vez Nicolás es como Sara y nuestro matrimonio durase menos de una semana.

—De qué hablas— se desconcertó por la comparación.

— ¿Qué no sabías? Sara va a divorciarse, su matrimonio duró menos que los preparativos para la boda.

Alan se apoyó el espaldar de la silla. Cualquier pensamiento respecto a Dafne desapareció abruptamente, antes de darse cuenta ya sonreía y estaba levantado de la silla.

— ¿A dónde vas?— preguntó Dafne.

—Me tengo que ir— respondió automáticamente y salió corriendo.

Sara se divorciaba, estaría libre nuevamente, eso era glorioso, seguramente en su loca y corta vida marital se había dado cuenta del enorme error que había cometido.

Alan se sentía tan feliz que podía hasta haber nadado desnudo en la fuente de la plaza.

Pasó un día estupendo, caminando sin rumbo, disfrutando de la vida.

Al día siguiente despertó con el mismo estado de ánimo, debía averiguar más, especialmente la localización de Sara. La llamó repetidas veces, mas ella no le contestaba, seguramente aún se ocultaba bajo la cama por la vergüenza, orgullosa como era no iba a llamarlo ni a contestarle inmediatamente. Lo mejor era ir personalmente a buscarla.

Si la conocía tan bien como creía, de seguro se encontraba llorando amargamente por su error en casa de su hermana mayor. Se dirigió ahí primero, si no la encontraba la buscaría en casa de Nicolás.

El mundo era bello nuevamente, el cielo parecía haber aumentado su color y los sonidos de la poca naturaleza camuflada en la ciudad se hacían más fuerte, eso o su nuevo celular era el que sonaba.

Se alegró al ver que quien lo llamaba era Nicolás, seguro él sabía más sobre Sara y su milagroso divorcio.

— ¿Qué haces?— le repreguntó su amigo.

—Disfruto la maravillosa vida.

—Thaly se fue de vacaciones, ¿quieres venir? Tomamos algo y salimos.

Aceptó sin pensarlo, seguramente en su pequeña reunión Nicolás tenía planeado darle la maravillosa noticia, aunque él ya tenía un adelanto.

***

Feliz como estaba subió las gradas, llamó la puerta y no se imaginó que lo esperaba una emboscada.

En cuanto cruzó al interior, Nicolás lo tomó del cuello y lo arrinconó con torpeza contra la pared.

—Me vas a decir que pasó con Sara— lo amenazó Nicolás después de trancar la puerta para no darle escapatoria.

— ¡Qué! Yo no sé nada. Que la loca de tu hermana se divorcie no tiene nada que ver conmigo— respondió algo amedrentado e intentando hacerse el desentendido, aparentemente Nicolás sabía menos que él.

—Claro que sí, tu le dijiste algo estoy seguro.

—Está bien te diré lo que sé si me sueltas.

Nicolás lo soltó lentamente mirándolo desafiante y dándole a entender que no intentase escapar. Alan se arregló su camisa y se sentó.

—Ella apreció en mi casa el día antes de su boda— la acusó mientras Nicolás lo veía incrédulo — me dijo que le dé un buen motivo para no casarse y yo le di como cien, incluso le pedí que vuelva conmigo.

— ¿Y qué pasó?— se acomodó a su lado más tranquilo.

—Por la noche que pasamos supongo que aceptó— sonrió con satisfacción.

— ¿Te acostaste con mi hermana?— Nicolás se puso furioso y lo tomó del cuello.

—Oye, tu hermana ya es grandecita como para que tú te estés metiendo en su vida. Además, como si no lo hubiéramos hecho antes— añadió orgulloso, pero provocándole un tic nervioso a Nicolás.

— ¿Y qué paso?— quiso saber, si Sara había decidido regresar con Alan no le cuadraba que se hubiese casado de todas formas.

— ¡Ella vino de improvisto, no fue mi culpa!— saltó a la defensiva— yo estaba saliendo con otra, pero pensaba terminarle— continuó rápidamente al ver la expresión asesina de Nicolás – a Claudia no le gustó nada ver a otra en mi casa y a Sara tampoco. No me dejó arreglar el mal entendido y se fue furiosa directo a casarse. ¿Qué culpa tengo yo?— levantó los hombros intentado sonar inocente.

Nicolás contaba hasta cien para no asesinarlo en ese momento. De todas formas prefería que su hermana estuviese con Alan a que siguiese casada con el alemán cabeza hueca.

— ¿Van a volver?— preguntó inhalando para calmarse.

—No sé, ayer me enteré que había regresado, la llamé, pero no me contesta. Sabes que su cerebro funciona diferente el resto de seres humanos, no tengo idea de que es lo que quiere.

Nicolás no pensaba seguir escuchando más, le dijo que se largase antes de que tomase una acción al respecto. Alan no espero a que se lo repita, escapó de ahí rápidamente.

¿Cómo era posible que en casi una semana no supiese sobre Sara? Nicolás no soltaba nada, decía que prefería esperar a que ella decidiese llamarlo o arréglar las cosas, si es que quería.

No sabía ni dónde buscarla siquiera, es más, no estaba seguro de que ella estuviese en el país, posiblemente había decidido permanecer en Alemania.

Los nervios y la ansiedad lo tenían comiéndose las uñas, eso hasta que una llamada desconocida le devolvió el alma al cuerpo después de semanas.

—Voy a mudarme necesito que me ayudes, ven con Nicolás— fue lo único que escuchó decir a quien indudablemente era Sara.

Llamada extraña, solo lo necesitaba para mudarse, ¿por qué? lo había llamado ¿era una buena señal no?

Salió del trabajo olvidando todo lo que tenía que hacer, Sara y una posible reconciliación eran más importantes.

Nicolás lo esperaba frente a la agencia, seguramente Sara le había ordenado ir por él mucho antes.

—Vamos— le dijo con tono cansado.

Trepó al asiento del copiloto llenado a Nicolás con preguntas sobre Sara, a lo que él solo respondía con un trémulo "no sé" o "está loca, con locos no se discute"

Después de un viaje medianamente largo, ingresaron en un elegante condominio.

—A todo esto ¿a dónde vamos?— por primera vez preguntó lo obvio.

—A casa de mi padre— respondió entre dientes Nicolás, para nadie era secreto que él y su padre habían roto relaciones años atrás y apenas se toleraban—Sara se queda ahí, al final logré convencerla de desalojar mi departamento, ¡se fue con mi padre y él le compró un departamento en el mismo edificio donde yo vivo! Suficiente tuve con compartir útero con ella, me pateaba y me golpeaba, está en un video. Estoy seguro que mi padre lo hace a propósito, quiere mantenerme vigilado, en este momento debe estar mandando a instalar cámaras.

Alan se mantenía ajeno a las paranoicas quejas de su amigo, sólo se intimidaba más con tal avanzaban y las mansiones se hacían más grandes y lujosas, sabía que la familia de Sara tenía dinero, pero no imaginaba que tanto.

Se detuvieron frente a una enorme casa. Amplios jardines precedían la nada modesta morada. Nicolás había parqueado en la acera del frente con lo cual no podía observar con detalle.

— ¿Por qué no paras más cerca?— cruzó molesto y notó que su amigo no lo seguía, se mantenía cruzado de brazos con aire de superioridad.

—Yo no voy a poner un pie en esa casa, trae las cosas.

Si no hubiese sido porque las ganas por ver a Sara eran inmensas, lo hubiese llevado a rastras.

Una cámara de seguridad lo apuntó en cuanto tocó el timbre.

— ¿Quién es?— una seca voz masculina se escuchó por el comunicador.

—Alan, busco a Sara.

— ¿Alan qué?—inquirió la voz inmediatamente.

—Karver— habló rápido, ya se sentía más nervioso.

El sonido del portó abriéndose le dio la pauta para entrar.

Subió eternos escalones de piedra hasta la casa. La puerta frontal se encontraba abierta. Varios sirvientes trasladaban cajas de un lugar a otro. Entre el ajetreo la distinguió.

Su corazón latió nuevamente, sentía la vida fluir por sus venas. Se apresuró a saludarla.

Sara dio vuelta lentamente al sentirlo acercarse. Alan ya estaba dispuesto a recibir un romántico abrazo, al menos un hola, en su lugar, Sara le lanzó una caja en cuanto se aproximó.

—Lleva esto y vuelves por los muebles— le ordenó secamente, volviendo a su labor, como si

Alan fuese un muchacho de la mudanza.

— ¿No vas a decirme ni hola? Tienes que contarme por qué…

Sara lo calló poniéndole un dedo en los labios.

—Luego, primero quiero llevar todo esto— le señaló lo que parecía ser la sala completa, con muebles y cuadros incluidos.

— ¿Todo esto? ¿Estás loca? ¡De dónde tienes tantas cosas!— gritó con pánico, recordando las gradas que había trepado.

—Necesito muebles, los compré ayer— explicó con tranquilidad.

— ¡Y por qué no pediste que lo los enviaran directamente a tu nuevo departamento!— eso era el colmo, él pensaba ayudarla con un par de maletas no con la mueblería entera.

—Quería ver los muebles antes de comprarlos— Sara no comprendía la lógica de Alan; Alan estaba seguro que ella lo hacía para hacerlo sufrir.

Bien, ya había sufrido tanto con ella que qué más daba alargar su masoquismo.

Antes de salir por la puerta principal lo interceptó un hombre. Por la edad que aparentaba podía ser padre de Sara, era alto y de pose imponente como Nicolás, el cabello castaño a diferencia de sus hijos; algo rizado como el de Sara y penetrantes ojos color miel. El atuendo pulcro y elegante lo delataban como ejecutivo o alguien importante con un cargo similar.

—Lleva esto chico— le dijo indiferente colocándole otra pequeña caja sobre la que llevaba.

— ¡No soy el chico del traslado!— gritó abriendo los brazos y dejando caer lo que llevaba, por el sonido podía darse cuenta que cualquier contenido dentro la caja ya estaba hecho añicos.

—Sí, me doy cuenta de eso— el hombre pasó la mirada desde el suelo hacia él.

—Papi él es Alan, es… un amigo de Nicolás.

Sara se aproximó a hablarle con suma dulzura, mientras su mano hacía lo opuesto, apretaba la clavícula de Alan, haciéndolo caer al piso por el dolor, como castigo por romper su nueva colección de tazas artesanales.

El padre de Sara lo miró sospechosamente, no se inmutaba ante el dolor del joven rubio.

—Muñeca ve a decirle al idiota de tu hermano que venga a ayudar— ignorándolo cambió su expresión al hablar con su hija, quien obedientemente salió brincando.

Alan entonces se dio cuenta que se encontraba a solas con ese intimidante hombre.

Se levantó rápidamente, pretendiendo seguir a Sara, sin embargo el hombre le dio a entender que tenía algo que decirle.

—Sara me hablaba de ti mucho— comenzó— hay algo muy raro con su matrimonio y su divorcio y estoy seguro de que tienes algo que ver.

—Yo no sé nada.

—Estuviste con ella más de un año y ahora la ayudas, se ve que aún son unidos. Te voy a vigilar— lo amenazó al último con el mismo rostro que Nicolás ponía cuando hablaba en serio. No había duda que tenían el mismo carácter.

— ¡No voy aponer tus horribles muebles en el techo de mi auto!— Nicolás y Sara discutían afuera cuando él salió a buscarlos — contrata un camión.

—No voy a contratarlo, solo son un par, los llevamos en cinco viajes.

—En serio, contrata a alguien, vas a gastar mi gasolina— determinó cerrando la puerta con furia.

—No seas avaro y ven acá a recoger las cosas— el padre de los mellizos intervino haciendo acto de presencia en la puerta de su casa, llevaba un par de cajas y las dejaba a propósito en el piso, esperando que su hijo fuese por ellas.

— ¡No! ¡Te dije que nunca volvería ese lugar, no pienso ni pisar la acera!—reprochó Nicolás cruzándose de brazos. Alan y Sara resoplaban al verlos discutir como un par de niños.

— ¡Entonces toma!— el mayor le lanzó una caja con fuerza, hasta el otro lado de la calle. Al verla Nicolás se asustó, su instinto lo hizo tomarla en brazos, aunque su cerebro le decía que eso debía pesar una tonelada y no era buena idea.

El impacto lo hizo caer sentado al suelo, pero para su fortuna la caja sólo contenía animales de felpa.

—Idiota— masculló refiriéndose a su padre, quien sonreía con ironía.

El día de traslado se hizo eterno, más por la indiferencia de Sara para él. No comprendía por qué ella lo trataba de esa forma, sin duda lo quería cerca, pero evitaba por todos los medios hablarle sobre su matrimonio o lo que había sucedido antes de su boda.

Alan decidió darle tiempo, en ese momento eran más como amigos, eso era bueno, poco a poco podía ganar puntos con ella, aunque eso significase hacerle los mandados.

—Al fin, todo terminado— Sara se recostó en el sillón contemplando su nuevo hogar completamente amoblado y listo, a pesar que solo había dado órdenes a Alan y Nicolás para que acomodasen mientras ella bebía limonada.

Los dos jóvenes cayeron exhaustos al suelo. En un día habían trabajado más que en una semana.

—Yo me voy— dijo Nicolás saliendo hacia su departamento.

Sara se despidió cansinamente, sin darse cuenta que Alan aún permanecía ahí.

Alan aprovechó, por fin a solas, por fin podían hablar.

—Ahora no tienes escapatoria, ¿qué pasó? ¿Por qué te divorciaste? ¿Fue por mi verdad?— la acorraló en el sillón, ella retrocedía como un gato asustado.

—Sabes, ya es tarde, me voy a dormir, gracias por todo, tu propina está en la mesa— hábilmente lo esquivó y se dirigió a su recámara, rápidamente Alan la interceptó.

— ¡Estoy cansado de jugar a esto!— sonó molesto, de verdad ya era demasiado, primero le hablaba, luego no, lo llamaba y luego lo trataba con indiferencia ¿Qué rayos quería? — ¡o vuelves conmigo, o sales de mi vida para siempre, pero estoy harto! Cada vez que todo parece ir bien apareces, luego te vas y yo me quedo como un idiota sufriendo por ti hasta que apareces nuevamente. ¡Ya decídete! ¡Qué quieres de mí!

Sara se sorprendió por oírlo hablar así, su tono delataba la veracidad de sus palabras, estaba cansado ¿y cómo no estarlo? Ella se la pasaba jugando al gato y al ratón, apareciendo y desapareciendo en su vida.

— ¿Quieres la verdad?— sonó seca— la verdad es que Jeff es un imbécil y no quiero verlo más en mi vida, pero creo que estoy embarazada y no sé si el hijo es de él o tuyo.

Alan palideció, sudó frío, los sonidos del ambiente desaparecieron, todas las reacciones posibles competían por sobresalir en su organismo.

No era posible, Sara no podía estar embarazada, él no estaba listo para ser padre… en realidad eso no le molestaba, le enfurecía el hecho de que ella pudiese estar embarazada de otro.

—Eso no es cierto— reaccionó— cómo… pero… no es posible ¿estás segura?

—Ya te dije que no— sonaba demasiado serena para lo que Alan consideraba una tragedia— lo sabré en unos minutos— le avisó sacando un test de embarazo de su bolso, entró al baño y lo dejó con las palabras en la boca, así como el corazón en la mano.

¿Qué iba a hacer? no era buen material para padre, ni siquera sabía si ese bebé era suyo, lo que lo llevó a la peor encrucijada, ¿qué tal si no era de él? ¿Qué haría Sara? ¿Volvería con Jeff?, no, eso no lo iba a permitir.

— ¿Y bien?— impaciente se aproximó a ella cuando salió.

—Hay que esperar cinco minutos— con la tranquilidad de siempre se sentó al borde de la cama. Alan se acomodó a su lado.

—Si estás… embarazada— mencionó la temida palabra con dificultad— ¿qué harás?, digo qué haremos…

—Pues esperar a que nazca, haremos una prueba de ADN, si es tuyo, pues ya veremos, no tienes por qué hacerte cargo de él, prefiero criarlo sola a que esté con un padre que no lo quiere y si es de Jeff, pues— suspiró— aunque no quiera tendré que soportarlo, eso sí lo quiere…

—No— Alan despertó del trance y la cortó— no haremos ninguna prueba, no dejaré que vayas con ese sujeto de nuevo— volteó hacia ella y la tomó del rostro con ambas manos, destilando ternura por las yemas de sus dedos — el bebé es mío y punto, y por supuesto me haré cargo, bueno haré lo que pueda, pero no voy a dejarte, de verdad ando cansado de esto, te quiero a mi lado, no importa las circunstancias.

Sara sentía que iba a llorar, Alan de verdad la amaba, esa era la prueba más grande, permanecer con ella pese a todo, aceptar inclusive a un niño que posiblemente no era de él. Eso era todo lo que necesitaba escuchar, dos largos años de sacrificio sólo para eso.

Sin pensarlo se lanzó a sus brazos, él le correspondió.

—Eso era lo que quería, que estés seguro de que realmente me querías a tu lado— le dijo oculta en su pecho— me costó tanto trabajo, pero valió la pena— se alejó sonriéndole con dulzura.

— ¿Qué yo te quería a mi lado? Por supuesto que sí y claro que estoy seguro.

—Ahora sí, antes no, por eso armé todo esto, necesitabas tiempo, hace dos años era muy pronto— se desperezó —bueno ¡vayamos a comer!

Alan puso una mueca, ¿qué había sido eso?

—Espera ¿y la prueba?

— ¿Qué, eso? Ah, no es necesaria, no estoy embarazada, yo no soy tan descuidada e irresponsable como tú y con Jeff nunca me acosté, es más nunca, me casé con él— explicó levantando sus hombros, yendo a buscar una chaqueta.

Alan cerró los ojos, tal vez así podía entender mejor.

— ¿Cómo que no te casaste?— reaccionó.

—Pues eso, no me casé, la boda fue una farsa, mi padre casi se da cuenta y espero que no lo haga, va a matarme, gastó un montón de dinero.

— ¿Entonces qué fue todo esto? no entiendo— se despeinó el cabello, Sara lo confundía más de lo que ya estaba — ¿qué acaso hiciste todo esto para probarme?

—Sí, de hecho sí— afirmó con pose pensativa— ya te dije necesitabas asegurarte de que querías estar siempre conmigo— ante la aún muestra de desconcierto de Alan se acomodó para explicarle desde el principio — Hace dos años ayudaba a una amiga a vengarse de Jeff, él muy imbécil la dejó plantada antes de la boda y lo encontró durmiendo con dos de sus damas de honor. Todo iba a marchar bien, pero tú te entrometiste con tus celos, no me dejaste ni explicarte. Luego decidí perdonarte, pero me di cuenta que escenas así me las armarías siempre, necesitabas saber que no soy de tu propiedad. Cuando me pediste que me venga contigo estuve a punto de aceptar, pero decidí que lo mejor era darte tiempo a solas, ver cómo te desenvolvías, si eras capaz de vivir sin mí. Dos años más tarde decidí matar dos pájaros de un tiro. Vengarme de Jeff plantándolo en el altar y asegurarme de que después de todo este tiempo aún sentías algo por mí. Todo salía perfecto, iba a dejar a Jeff plantado como un idiota dejándolo en ridículo frente a todos— sus ojos se encendieron con un brillo de maldad— hasta que apareció esa teñida diciendo que era tu novia. Entonces si me enfadé. La engañaste conmigo y no te importaron sus sentimientos. Al final interpreté la boda falsa, y en la luna de miel le dije a Jeff que lo dejaba por otro. Debiste ver su cara, de hecho puedes verla, la filmé, fue genial, también tengo filmado cuando se acostó con una de las camareras del hotel, quien resultó ser un hombre. ¡Intentó acostarse con otra en nuestra supuesta luna de miel!

Alan escuchaba todo incrédulo. ¿Era cierto? ¿Sara lo había probado por dos años? Solo había una cosa que podía decirle:

— ¡Estás loca!— gritó – ¿me usaste como a tu juguete? ¿Me hiciste sufrir solo para probarme?

—Oye, yo también te extrañé, pero era necesario, ahora este seguro de lo que quieres— sonrió tan angelicalmente que comenzó a ablandarlo.

— ¡Pues no estaré contigo, esto fue demasiado! ¿Armar todo un teatro para ver si me desvivía por ti? ¿Y vengarte de Jeff? ¿En qué mundo desquiciado habita tu mente?— endureció de nuevo y salió del departamento, dejándola atrás, eso era más de lo que podía soportar. Dos años sin ella, una semana sufriendo por pensar que se había casado.

La odiaba, ¿cómo era posible que pese a todo no pudiese bajar ni el primer escalón? Era cierto, en todo ese tiempo se había dado cuenta más que nunca de cuánto la quería y necesitaba, dos años atrás, ese amor no era tan grande, necesitaba de ese sufrimiento para aclarar su mente, cambiar su vida, ordenar sus prioridades, sobre todo para madurar.

Suspiró y sonrió de medio lado. Dio la vuela y abrió la puerta, donde ella lo esperaba, segura de que él volvería, lo conocía demasiado bien.

Cerró sus brazos alrededor de la cintura de Sara, apretándola con un abrazo y sus labios. Ella era todo lo que necesitaba. La pieza central en su vida, a partir de ese momento se liberaba de la opresión por no tenerla, la tortura de no deleitarse con la ambrosía de sus labios.

No era perfecto, no era el príncipe azul de los cuentos y mucho menos ella era la princesa necesitada y cautiva en una torre. Simplemente eran ellos, dos seres humanos que ya sea por el destino o más bien su propia decisión, se necesitaban, se complementaban y vivirían para amarse con locura.


Bueno, espero que les haya gustado! acá acabó! bueno extrañaré a este par XD, ya saben, si quieren saber que pasa luego con ellos, pues Los sueños secretos de Sophie es su secuela.

Y si quieren saber de Nico y Thaly, pues El amor real no es prohibido es su historia. Ahí también se sabe mucho de ellos y su futuro XD

snif, un beso a todos los que siguieron este fic! muchas gracias!, responderé todos los reviews que me faltan y espero me dejen comentarios!

Obviamente editaré este fic, hay errores y cuando lo arregle lo pondré en mi blog para descargar en PDF! (link a mi blog en mi perfil)

Nos seguimos leyendo en Los sueños secretos de Sophie, espero, un beso grande gracias por leer, los ánimos y demás.

Pero la historia de estos personajes no acaba acá.

La próxima semana subiré le primer capi de "Un regalo para Grecia" un mini fic, que trata sobre Tiago, el hijo de Nicolás, y "Un beso de verdad" que trata del otro hijo de Nicolás XD