Mi otro yo

Cansado de andar por la vida con los mismos fantasmas, encontré sin querer a mi otro yo y pensé que estaba próxima mi muerte.
Se me quedó viendo y le pregunté temeroso: ¿Doppleganger?, aunque al decirlo me sentí estúpido. Comenzó a reir, esa risa contagiosa tan característica mía, y le sonreí porque no supe qué otra cosa hacer.
Me percaté de algo maravilloso a mi alrededor: todas las personas eran yo. El padre con su hijo, yo; el niño que jugaba, yo; el mendigo, yo; el hombre de traje, yo; todos yo.
Seguí caminando asombrado y me pregunté por qué todo este tiempo viví sin saber que podía ser todas esas personas.