Aquel día Mony no había despertado del todo bien. Se despertó con el pie izquierdo en todo el sentido de la palabra, y cuando es todo, es TODO.

Su despertador sonó y extendió la mano aún dormida para apagarlo, o estrellarlo contra la pared más bien. Abrazó su almohada y se metió el dedo pulgar en la boca, cinco minutos más no haría daño ¿verdad?

Sin embargo, algo no estaba bien, era invierno y la claridad del cuarto era más que la de costumbre. Abrió un ojo y acercó su muñeca a su rostro para ver la hora en su reloj.

8:30 vio marcado con espanto. Brincó de la cama enredándose en las sabanas y cayendo al suelo con un gran estruendo. Como pudo se vistió y salió corriendo a pata coja mientras ataba sus zapatos.

Los últimos resquicios de lluvia se sentían, y grandes charcos permanecían en la acera. Intentando no resbalar corrió tan rápido como pudo, tenía clases y ya llevaba casi media hora de retraso.

Paró un momento, agachando la cabeza y tomando aire, correr en ese frió no era una buena idea, los pulmones le dolían. Mientras tomaba frías bocanadas de aire un auto deportivo azul pasó a gran velocidad, pasando sobre un enorme charco de agua y empapándola de pies a cabeza.

Aquello ya era el colmo. La sangre le subió rápidamente a la cabeza, evaporando el frío que sentía y casi secando su ropa y cabello mojados. Toda la ira brotó de repente y salió en un estruendoso grito que se escuchó hasta los barrios vecinos:

-¡Estúpido!-

Mony estaba enfadada, y si hubiera podido habría asesinado al conductor del auto, mas no esperó que este frenara abruptamente y la puerta del conductor se abriera de repente.

Puso una cara de espanto, seguro tendría problemas. Apretó los puños con coraje, esperando confrontarlo, si podía, pero su expresión cambió de repente y se derritió como si fuera un cubo de hielo al sol cuando vio al joven que se dirigía hacia ella.

Debía tener veinte años, era alto y se notaba su tonificado cuerpo aún detrás de las ropas de invierno, su cabello negro estaba algo alborotado, lo que le daba más encanto todavía; pero lo que transportó a Mony al ensueño, fueron los hermosos ojos azul intenso de aquel hombre.

-Lo siento de verdad, iba muy rápido y no me di cuenta- le dijo en cuanto estuvo próximo a ella.

-Ahh... emm..- balbuceó ella – no... está bien…-

-No está bien, estas empapada, déjame llevarte a tu casa-

Mony abrió los ojos aterrada, ahora si estaba retrasada.

-¡No, no puedo tengo clases!- gritó mirando nuevamente al reloj.

-Entonces déjame llevarte- le pidió amablemente.

Ella se puso nerviosa y completamente ruborizada, algo asustada también. Por más hermoso que fuera aquel chico nada le garantizaba que no fuese un loco, o un aprovechado, sin embargo estaba muy tarde, y corriendo no alcanzaría ni al final de su clase.

-Bueno, está bien- accedió tímidamente caminando hacia el auto.

-Soy Nicolás por cierto, ¿y tú?- le preguntó el joven en cuanto se pusieron en marcha.

-Soy Mony-

-Mucho gusto Mony- le dirigió una hermosa y soñadora sonrisa.

Mony estaba tan ensimismada en la fantasía a la que Nicolás la transportaba con su sola presencia, que no se percató de que llegaron. Se bajó del auto y le dirigió una tímida despedida, ingresando a la institución.

Llegó tarde a clases como era de esperarse, aunque si no hubiese asistido habría sido igual. Sólo podía pensar en el apuesto joven que conoció en la mañana. Y se arrepintió terriblemente por no haberle pedido su teléfono, o al menos el mail, seguramente no lo vería más en la vida.

Con ese pensamiento negativo caminó hacia la salida, pero al levantar la vista vio lo que jamás hubiese imaginado. Nicolás estaba ahí, apoyado contra su auto, fumando un cigarrillo con una pose digna de un modelo de revista.

-Te estaba esperando- le dijo; y Mony miro a todas dirección hasta caer en cuenta que era a ella a quien se refería – quería compensarte por lo de esta mañana- continuó son una sonrisa de culpabilidad – ¿quieres que vayamos a tomar algo?-

Mony lo observó incrédula, aquello seguro era una fantasía. Asintió con el cuerpo entumecido, más por los nervios que por el frío. Entró al auto y se dirigieron en silencio a una bonita y elegante cafetería. Caminaron hacia una mesa y Nicolás le retiró caballerosamente la silla para que se siente. Ordenaron dos Capuchinos, y Nicolás comenzó a realizar las típicas preguntas que le haces alguien que acabas de conocer. ¿Qué películas te gustaba? ¿Qué estudias en la universidad? ¿qué música escuchas?, en fin, una inmensa variedad que sirvió para que poco a poco rompan el hielo.

Después de dos horas y cuarto capuchinos, hablaban como si fuesen amigos de toda la vida. Nicolás era muy divertido, amable, y sin duda un sueño. Mony se sentía menos nerviosa con él y cada vez más gustosa, no podía dejar de contemplar sus precioso ojos azules y, fugazmente, él hacía lo mismo. Atisbaba hacia ella disimuladamente mientras asomaba la taza a su boca.

Reían y platicaban sin darse cuenta del pasar del tiempo. Una mesera se los hizo notar, ya casi era hora de cerrar.

Mony sacó su billetera y estuvo a punto de pagar, él la detuvo inmediatamente.

-Yo invito, yo pago- dijo rozando su mano delicadamente mientras la bajaba.

Después de ese acto se dirigieron a la casa de Mony en silencio. Nicolás la acompañó a la puerta, la miró a los ojos un momento y sin previo aviso la besó en los labios. Mony sintió un conglomerado de emociones que subían y bajaban por su cuerpo, y cientos de mariposas revoloteando en su estómago mientras sentía los suaves labios de Nicolás rozar suavemente primero y luego de una forma más apasionada. Casi sin aire se separaron. Mony permanecía callada, aun en el cielo. Nicolás la miró a los ojos y le dijo antes de partir:

-Deberíamos repetirlo otro día- le dirigió una de sus seductoras sonrisas y se fue, con toda la intención de volver algún día.


Esto es para Mony por su cumple!