- Puff... - resoplaba la chica mirando las piezas de ajedrez mientras pensaba por qué se había enfrascado en otra partida cuando sabía que de nuevo perdería.

Pero estaba jugando una nueva partida. No había tenido bastante con las dos anteriores derrotas, no, ella era cabezota, ella tenía que volver a decirle que jugaran otra partida. Debía ser que no tenía otra cosa en que perder el tiempo, solo en estar allí, viendo como aquel genio de más de 150 de I.C. la volvía a derrotar. Era algo absurdo, él era un campeón, no había nadie capaz de ganarle ¿No pretendería ganarle ella, una aficionada? Y sin embargo, cuando le vio allí sentado, jugando solo, no pudo evitar proponerle jugar con él.

Akira la miró y no pudo evitar hacer una mueca de agrado. Akane no era rival para él, bien la conocía. Era una chica nerviosa e impaciente que nunca pensaba detenidamente las jugadas que hacía, sin embargo, la idea de tenerla allí, delante de él, donde podía verla y examinarla, donde ella no iba a gritarle, ni ha llamarle inútil era muy tentadora.

Akira la miraba de reojo sonriendo. Podía zanjar esa partida con un movimiento más, de hecho podía haberla terminado hacía ya bastante tiempo, a cada movimiento que hacía sabía de antemano los movimientos que Akane realizaría, no era una partida muy complicada para él y sin embargo, allí estaba, alargándola conscientemente, pensando en cada jugada no para ganar, si no para hacer que durase un movimiento mas ¿y por qué? Porque le gustaba ver la cara de concentración que ponía Akane mientras miraba fijamente el tablero, porque le gustaba ver como torcía la boca cuando no veía bien la jugada, como se tocaba el pelo cuando se ponía nerviosa y como le brillaban los ojos y sonreía cuando creía haber hecho una gran jugada y también la cara de desilusión cuando él le derrumbaba su estrategia.

Mientras esperaba que la chica hiciese su jugada, su mente empezó a divagar sobre el momento que estaba viviendo. La verdad es que tenía que reconocer que era uno de los momentos más agradables que había tenido en varios días. No le hubiera importado que el tiempo se parase en ese momento y poder observar a Akane por más tiempo, así, callada, sin reprocharle nada, lo único que faltaba era que ella le quisiese escuchar para que todo fuera perfecto.

Akane movía nerviosa las manos. Se llevó los dedos a la boca, era una fea manía esa de morderse las uñas, lo sabía, pero siempre lo hacía cuando se impacientaba. Aquello era absurdo ¿Por qué se había enfrascado en esa partida? Estaba perdiendo, lo estaba viendo y no entendía porqué Akira no terminaba de una vez con su sufrimiento ¿Qué quería? ¿Humillarla todavía más? Ella siempre perdía, ni una sola vez había conseguido vencerle, no importaba lo que se esforzara, él siempre ganaba..

- Hace tiempo que tengo perdida esta partida ¿verdad?

Akira no respondió, se limitó a encogerse de hombros.

- Vale, vale... tú ganas, como siempre... me rindo.

Akira sonrió, en realidad él se había rendido a ella hacía ya mucho tiempo.

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Espero que os haya gustado.

Gracias por leer.