MicroRelatos

By AbyCat

Pequeños relatos que invento cuando viajo en micro bus de mi casa a la Universidad, de la Universidad a mi casa, a la Iglesia, al centro comercial, etc. Se basa en lo que sucede a mi alrededor o lo que observo por las ventanas. O alguna cosa fantasiosa que se me cruza por la cabeza. Espero que les gusten.

Todo sería más fácil si pudiéramos volar…

Maldición... maldición… La micro no aparece en la curva, ¡y voy a llegar tarde! Todo por que salí con la justa y justamente hoy las micros demoran más de lo habitual.

Llueve a cántaros. Es como si las nubes hubiesen estado aguantando mucho el llanto (y mucho, por que hace más de dos semanas que no llueve y sólo hace frío. Mucho frío.) y se largaron ahora a llover. Bueno, no me molesta la lluvia, pero ¿por qué con vientos de hasta 40 km/hr? Los paraguas se dan vuelta o salen volando por la acera, y no hay cosa más vergonzosa que esté lloviendo a cántaros y se te rompa el paraguas en plena calle… Me ha pasado, por eso lo digo.

Es en estos momentos cuando me digo: Sería más fácil si pudiésemos volar. O teletransportarnos o, por último, no tener que depender de la locomoción colectiva.

Pero para una simple mortal como yo, eso sería totalmente imposible. Todas esas cosas.

Para una simple mortal como yo, el no tener locomoción colectiva sería una catástrofe en toda su extensión. La vida cada vez está más cara, y tener un auto (a pesar de que tengo la edad legal para conducir) es mucha complicación. Uno: en mi casa no hay espacio para un auto. Dos: la bencina sube hasta las nubes y a veces baja hasta las montañas. Tres: para pagar un auto tengo que trabajar, y tener un buen sueldo (a buen sueldo me refiero a un sueldo por sobre los cuatrocientos mil pesos). Cuatro: aunque aprendiera a manejar, seguro se me olvida. Cinco: la contaminación y el riesgo personal que implica manejar un auto es irremediable. Conclusión: Delia, no puedes tener un auto.

¡Al fin Dios se apiada de mí y de mis mojados jeans! La micro viene allí, lento… demasiado lento. La hago parar y me subo. EL chofer me mira con sospecha por que voy con el gorro de mi poleron hasta los ojos y la bufanda me cubre hasta la nariz: sólo se ven mis lentes y, con suerte, mis ojos. Dejo de lado la mirada del chofer para irme a sentar más atrás.

Al final llegué tarde igual. Menos mal que estoy en la Universidad y por cinco minutos de atraso no te mandan a inspectoría, por el sencillo detalle de que aquí no existe tal cosa. ¿Acaso es una especie de libertad?

Sigo pensando en que hubiese sido más fácil si tomara una bebida energizante de esas que anuncian en la televisión, en donde el que la bebe le salen alas en la espalda...