Capítulo 1 Comienzos.

Los veintitantos años podrían decirse que son los mejores, y en definitiva los son. Si fuera una señora bastante mayor recordaría mis veintipico como mi comienzo a la juventud, como mis primeros pasos hacia una vida llena de experiencias y sentimientos nuevos. Mis 20 fueron lo mejor: relaciones, fiestas, gente nueva, ambientes nuevos; no soy una persona que soporte lo monótono de la vida y ese cambio fue muy satisfactorio después de haber afrontado unos cuantos años de rutina; ver siempre a la misma gente e ir del colegio a casa, y solamente salir algunos fines de semana si con mi grupito de amigos nos poníamos de acuerdo. Todo eso cambia. Tal vez con algunos amigos del pasado te encuentres y te saludes, pero no vuelve a ser lo mismo, se convierten en conocidos.

Empezás la facultad. A mí me tocó primero hacer el cbc (ciclo básico común) por ir a una facultad pública, y te agarra un cagaso de la puta madre, típico pánico de lo nuevo sumado a que la forma de enseñanza es totalmente distinta, no está esa obligación impuesta de "Hacés esto o te pongo un 1 y llamo a tus papás por tu mal rendimiento" sino que sos libre de hacer lo que te plazca pero tenés que tener en cuenta que hay que usar esa libertad en forma tal que no te afecte en la carrera que elegiste.

Y ahí es a donde quiero llegar, después de un período insoportable del cbc empiezo la carrera que con tanto entusiasmo elegí para ejercer: Abogacía.

Sí, esa experiencia de ser la abogada sexy con medias negras me tentaba tengo que admitir, pero aparte de eso me gustaba por su contexto de estudio bastante complejo, el papeleo y todo eso. La Facultad de Derecho me encantaba, me hacía sentir intelectual; fue ese primer día cuando lo conocí a él…

Caminaba por un pasillo buscando el aula 35. Estaba soleado, porque era principios de Abril y siempre esos días me deprimían porque odiaba el sol; no había nada mejor para mí que un buen día de invierno frío, ventoso, y si era posible con lluvias y tormentas. Así que caminaba sin ganas mirando las solapas que sobresalían de las puertas hasta que divisé el aula 35 y entré. Este salón en particular no era como los demás, parecía un predio para conferencias con el pizarrón abajo en el medio y sus mesas en ascenso. Rápido fui buscando lugar no muy en el medio ni tampoco tan arriba. Después de unos cuantos bolsazos a unos chicos que desgraciadamente fueron víctimas de mi torpeza al pasar, pude sentarme en el único lugar que quedaba. Al lado derecho había una chica colorada, y del otro un chico creo que rubio, o rubio oscuro, o castaño claro, o castaño ceniza, bueno hasta el día de hoy no puedo definir exactamente su color de pelo.

Me encontraba sentada, callada, esperando a que entrara el profesor o profesora y diera la clase para poder irme a mi casa, pero una voz me interrumpió…

Hola ¿Cómo te llamás?

Ah, hola, Sofía. ¿Vos?

Eliza

Eliza tenía el pelo colorado como ya dije, era totalmente blanca, con ojos marrones, pero ninguna peca.

¿de dónde sos?– Clásica pregunta de desconocidos, pero ayudaba para pasar el momento de silencio que se había hecho anteriormente.

Urquiza – Bueno, ella empezó la conversación pero definitivamente era peor que yo hablando.

Yo tengo una tía que vive ahí – Acotación totalmente estúpida y de más.

Eliza quiso contestar, pero en ese instante entró el profesor. Un hombre entrando en sus 50 supongo, con chalequito y bien vestidito; típico profesor universitario sabelotodo.

Nos acomodamos y poniendo la fecha del día en el margen, él me habló por primera vez. Como olvidarlo.

Perdoná mi atrevimiento, pero no pude evitar reírme por tus comentarios con la chica - Su boca se torcía en una curva formando una linda sonrisa, esa sonrisa, que era mía. Tenía los ojos color celeste, siempre me gustaron ese tipo de color pero esos eran diferentes.

¿Te estás burlando? – Pero bonito y todo, no iba a dejar que me hiciera sentir más ridícula de lo que ya me sentía yo misma.

El profesor comenzó a hablar, y yo enfoqué mi atención en él. La voz del chico me volvió a interrumpir, pero no lo miré. Definitivamente, era un pesado.

No, no me burlo; me pareció gracioso nada más, en el buen sentido, no te enojes - Ahora balbuceaba y la embarraba cada vez más.

No, está bien, reconozco que soy malísima para llevar una conversación.

Hasta ahora vas bien - Eso me hizo sonreír, pero solo un poco. Y dejé de prestarle atención.

Después de unas terribles 3 horas de clase, me fui al intervalo. Tenía 20 minutos hasta entrar a la otra clase así que decidí ir a sentarme afuera en las escalinatas de la facultad; me molestaba el sol pero había viento y el aire me relajaba. Cerré los ojos mirando hacia arriba por un instante y al abrirlos veo a Eliza sentándose sola también. No soy la persona más sociable, pero un poco de compañía no me haría mal, así que la llamé y le hice seña para que viniera. Ella sonrió y se sentó a un lado. Estuvimos hablando hasta que ya habían pasado 15 minutos y casualmente ella tenía los mismos horarios que los míos.

Cuando fuimos a la otra clase y nos sentamos, llegó el chico de la clase 35 y nuevamente se sentó a mi lado. Me miró y sin más preámbulos me preguntó…

¿Cómo te llamas? – Lo miré algo sorprendida pero le contesté, obviamente.

Sofía – E instantáneamente agregué - ¿El tuyo?

William

¿William? – Pregunté incrédula.

Sí, ¿por qué?

No, nada, no es un nombre muy común acá…

No, porque nací en otro país.

¿En cuál?

Inglaterra.

Con razón – Dije al momento que movía la cabeza.

¿Con razón, qué?

No se, tenía la sensación de que algo raro tenías. - Él arqueó una ceja – Me la debías por lo de la otra clase…

Encima sos vengativa

Ambos sonreímos y nos dispusimos a poner atención a la clase ya que el profesor había entrado.

A partir de ese momento la química entre nosotros se hizo más llevadera e intensa. Dejamos de ser simples compañeros de clase a ser conocidos, y de conocidos a amigos, y de amigos a mejores amigos. Así terminaron esos 5 años de Abogacía. Yo con 24 y William con 26.

Él tenía planeado ir a Inglaterra con su papá, porque al igual que los míos, los suyos estaban separados, solo que él se había quedado en Argentina con su madre y su padre estaba en Inglaterra; yo vivía con mi mamá.

Tuve unas cuantas oportunidades de conocer a su madre, era una mujer simpática, pero algo protectora con su hijo, tal vez demasiado. A su padre solo lo vi por fotos que Will me mostraba, y encajaba perfectamente con el perfil tan conocido de "señorito Ingles" o al menos eso parecía en fotos.

Yo por mi parte no tenía planeado nada muy importante, tenía varias ofertas de trabajo, y entre una de ellas irme con Will a Inglaterra, pero todavía no tenía decidido nada. Me era difícil dejar a mi mamá sola, bueno en realidad no la dejaría sola porque estaría con mi hermana y su familia, pero creo que se había acostumbrado a mí y yo a ella.

Will estaba enamorado de mí, no había dejado escapar ninguna oportunidad para decírmelo, siempre que podía lo hacía y trataba de besarme. Pero yo lo rechazaba. Tenía varias razones para hacerlo. Una de ellas era por la simple razón de que no encajábamos: él un descendiente Ingles con todos sus atributos, y yo una simple chica de pelo negro ondulado; está bien, lo único que rescato son mis ojos verde oscuro; pero la cuestión era que sentía la diferencia entre nosotros. Y otra razón era porque nunca creí en el amor, siempre lo vi como algo lejano, inalcanzable e inexistente para mí. Will siempre me preguntaba cada vez que estábamos solos el porqué de mi indiferencia, yo no sabía cómo explicarle, porque era in entendible hasta para mí misma. El amor es muy complejo, tiene sus giros, vueltas y más telarañas complicadas que la razón no entiende, solo se siente, pero cuando se siente tan confuso es hasta amargante.

Era Junio, pleno invierno, el frío se calaba por las mangas del sobretodo y se escurría entre mis guantes hasta llegar a mi brazo poniéndome los pelitos de punta; Will estaba a mi lado como siempre, como mi guardaespaldas personal. Salíamos a caminar cuando los días eran fríos, nos gustaba. Ese día estábamos yendo hacia su casa, era sábado y en período de vacaciones o más bien desempleados hasta que decidiéramos algo.

Colgó las llaves, dejamos los abrigos en el perchero de pared que tenía y fuimos al living. Su casa era grande, se notaba que tenía un toque inglés o algo extranjero. Me senté en uno de sus sillones individuales toda despatarrada con las piernas en el apoya brazo mientras Will me miraba y sacudía su cabeza en señal de resignación. A él no le molestaba que me sentara así, le divertían mis actos tal vez infantiles o adolescentes.

¿Querés algo de tomar? ¿Té, café…? – Y dale con el té, la madre de Will por más Argentina que era se había acostumbrado mucho a tomar el té a las 5, y a él también le gustaba pero no le importaba el horario. Yo lo detestaba. Prefería un mate cocido.

Café ¿Querés que te ayude? – El sonrió

No, gracias…

¿Tenés miedo que toque algo y haga cortocircuito y se queme todo como la otra vez? – Dije con picardía.

Exactamente. La verdad no se como hiciste para quemar esa cafetera, era nueva y andaba perfecto. – Yo reí apenada.

Pero te compré otra y mejor…

Sí, por eso, mejor quedate ahí que ya vuelvo.

Bufé recordando mi mala suerte. Tenía la nubecita dibujada arriba de la cabeza. Y Will se divertía con eso. Yo también obviamente.

Al poco rato Will volvió con mi taza de café y su taza de té. Instantáneamente al ver el contenido de su taza me reí.

¿Qué? – Dijo evasivo. Yo reí nuevamente y con más ganas.

Pareces re maraca tomando eso, no podés… - Y seguí riendo.

Estábamos sentados en la alfombra alrededor de la mesita ratona y apoyando la espalda en los sillones. Debió de parecerle otro buen escenario para querer demostrarme sus sentimientos.

Mientras yo reía, él me quitó la taza de las manos y la apoyó sobre la mesita junto con la de él, yo dejé de reírme en ese instante. Sus ojos celestes me perforaban entera, ese efecto tan raro que tenía, me sentía como si estuviera totalmente desnuda frente a él; esa era mi debilidad: su mirada tan fuerte. En silencio, William puso una mano en mi cuello y despacio fue acercándome más hacia él. Yo no se porqué no lo detuve como otras veces, algo me indicaba que me dejara llevar. Y eso hice. Él me atraía, fui yo quien terminó de acortar la distancia entre nuestras bocas. Se que suena muy cursi y empalagoso, pero fue así como me sentí verdaderamente: feliz, entera, libre. Como si me hubiera sacado un peso de encima. Y de cierta forma así era, porque tenía ganas reprimidas de besarlo. Porque en ese momento comprendí que lo único que me separaba de él era: el miedo a que me lastimara después, cuando se diera cuenta de nuestra diferencia.

Nos fuimos separando lentamente, y deslizó la mano que tenía sobre mi cuello hacia mi pierna. Eso no estaba bien. Así que me levanté rápidamente, y como consecuencia golpeé la mesita ratona.

¿Qué te pasa? - Dijo con tono lastimero.

Nada, creo que no está bien, me dejé llevar… - Me senté en el sillón doble. El suspiró y se sentó a mi lado, pasando su brazo derecho a mí alrededor, atrayéndome hacia su pecho.

¿Ahora me vas a decir de una vez por todas, qué es lo que está mal? Yo no veo nada de malo, decime qué es…- Y besó mi frente. Sonaba enojado; no, enojado no, sino frustrado.

No es que no te quiera, sino que es todo lo contrario; si llegara a pasar algo entre nosotros, dejaríamos de ser amigos, y cuando se cruza esa línea no se puede volver… Y además sabes que no me siento a tu nivel… - Will me apretó más contra sí.

Eso me parece lo más estúpido que escuché. No puedo creer que sigas con ese tema, pensé que ya te había dicho demasiadas veces que no es así, no estamos en desnivel, y si lo estuviéramos a mí no me importaría.

¿Y si dejáramos de ser amigos? ¿Qué pasaría? – Me preocupaba que después de estar un tiempo con él, me dejara.

Eso no va a suceder… - Me aseguró con tono protector.

Yo decidí despegarme de él y mirarlo. Tal vez él tenía razón. Tendría que dejarme llevar más, parecía una adolescente virgen asustada en su primera experiencia sexual. Seguramente si le hubiera dicho eso, se habría descostillado de la risa, y me hubiera hecho burla.

Me besó intensamente, sin haberlo previsto, pero dejé que su amor me envolviera. Pronto estábamos sacándonos nuestra ropa y acariciándonos. Will se acostó en el sillón, ya desnudos, y yo procedí a ponerme encima de él. Lo sentía firme dentro de mí y la excitación se hacía presente en cada caricia, en cada movimiento, en cada beso. Luego Will se encontraba arriba de mí, me besaba con cariño y se movía lentamente explorando cada rincón de mi cuerpo con una de sus manos, mientras se sostenía con la otra. Me levantó y se paró, yo lo rodeaba con mis piernas y besaba su cuello. Subió las escaleras con urgencia y en su cuarto, contra la puerta volvimos a ser uno. Me resultaba excitante que me golpeara contra la puerta, me besara el cuello y acariciara mis piernas. Me volvía loca. Poco a poco fue llevándome hacia la cama, quedando arriba de él nuevamente, teniendo el control. Veía el éxtasis en su rostro, y me gustaba que fuera por mí. Me apreté contra él pegando mi boca junto a su oído, para susurrarle mis gemidos. Eso aumentaba su lujuria. Luego de varios minutos intensos, comencé a sentir que explotaría; ambos aumentamos el ritmo y la presión, provocando que los suspiros y gemidos fueran más altos y placenteros. En un instante una corriente empezó a invadir mi cuerpo, electrificándome de placer. Will sintió lo mismo, ya que dejó de apretarme la cadera y su respiración trataba de volver a la normalidad mientras sostenía una sonrisa. Yo me recosté a su lado, apoyando mi cabeza en su pecho.

Cuando desperté y abrí los ojos Will estaba acariciándome el pelo, susurraba cosas en ingles, que no alcanzaba a distinguir. Así que levanté mi cabeza y lo miré. Me sonrió y dejó de hablar.

¿Te molestó que te despertara?

No, para nada; pero me dio curiosidad saber qué decías… No alcanzaba a distinguir mucho.

Vas a tener que empezar a ejercitar más ese ingles, porque allá no modulan tanto… - Bajé la cabeza y volví a apoyarme en su pecho.

No me jodas, quiero dormir otro poco… - Y sin mirarlo sabía que estaba sonriendo.

Te dejé exhausta… - Volví a mirarlo y tenía una mirada rara, como de superación.

Para, winner. – El se volvió a reír, y se sentó, provocando que yo también me moviera. Así que me senté frente a él. Will se acercó y me dio un corto beso. Y no pude evitar preguntarle…

¿Qué es lo que te gusta de mí? – Will dejó de besarme y se sentó contra el respaldo de la cama.

Definitivamente, tu nariz. – Sabía que tenía complejos con mi nariz chiquitita y recta, no me gustaba; y a él le encantaba molestarme con eso. – No, mentira. Me gusta todo. – Levanté las cejas ¿Qué clase de contestación cursi era esa? - ¿Querés algo más completo? Bueno, me gustan tus ojos, tu pelo, tu carácter…

¿Mi carácter? Soy lo más inestable que puede haber… -Interrumpí.

Por eso, porque a veces sos inmadura, otras sos demasiado adulta, sos alegre, solitaria, y un poco agresiva de vez en cuando…- Dijo sonriendo. Yo solamente me limitaba a escucharlo y mirarlo. - ¿Y a vos que te gusta de mí? – No pude evitar no reírme, me parecía ridículo, era como escuchar a dos adolescentes acaramelados. Pero habiendo sido yo quién había preguntado en primera instancia, creí que por más ridícula que fuera la situación debía contestarle.

Cuando te conocí no me agradabas mucho, me parecías un pesado. Pero después de todos estos años creo que tu sonrisa es lo mejor. - Will me miró, como esperando algo. - ¿Qué?

No nada, ¿Solo eso?...

Sí. – Contesté, como si fuera la cosa más obvia del mundo. Su rostro cambió, y me dio esa sonrisita de costado que tanto me gustaba. Lo hacía ver muy tierno. Y yo, como una tonta, no pude evitar sonreír también. El se rió de mi sonrojo.

Si te gusta tanto, entonces es tuya.

Y con eso dicho, me acerqué a buscar mi sonrisa. Mía solamente. Sus labios eran los más suaves y dulces. Me volvía restringidamente loca. Se estaba volviendo como una droga para mí, una vez que lo había probado quería más de él. Pero aunque lo tenía plenamente para mí, sentía que algo me faltaba; no por él, sino otra cosa. Algo que todavía no sabía qué era, un sentimiento más que profundo, que iba más allá del amor que Will me podía dar.

¿Y? ¿Qué les pareció? Acepto todo tipo de opiniones =) No sean tímidos/as , yo se que quieren comentar (¿ XD jaja.

Muchos saludos! Buena semana!