Esta historia está basada en la realidad.

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Cole

Recuerdo cuando la vi por primera vez, ella estaba sola, sentada junto a esa malla, a la par de la cancha de fútbol. Se veía triste, leía un libro que parecía viejo. Una bola de fútbol pegó a su lado, ella se limitó a darle vuelta a la hoja. Me pareció ver que ella suspiró.

Mis compañeros, pidieron la bola de vuelta. Yo me fui hacia esta, y le pasé el balón a esa sarta de imbéciles que se reían de ella y decían cosas que yo había oído por años.
Ella no hizo nada, siguió leyendo.

Admiré su valor, su sangre fría al no inmutarse, yo nunca había podido soportarlos, pero ella los ignoraba olímpicamente. ¿Cómo podía ser que esa nueva soportaba el martirio que yo había sufrido desde kinder?
¿Y lo más, por qué con ella?
¿Por que esos cabrones eran tan poco hombres, para meterse con una muchacha bonita?
¿Solo por leer, y no disfrutar de telenovelas?
Patético.

Yo la encontraba bonita, pero... ¿Cómo me le iba a acercar si no me dejaban en paz? Con esos desgraciados cerca de mí, cuidando hasta del último detalle mío para hacer mi día en el cole un martirio. No era justo. Nunca lo habían sido conmigo.

Un día en el almuerzo, me intentaron golpear, y yo corrí, porque contra esos gorilas no tenía oportunidad. Iba pasando por un pasillo desierto y ahí fue donde la vi de nuevo, tan sola como siempre. Y con un libro lo usual, pero a mí si me parecía humana mientras comía. Me le acerqué, y al verme ella sonrió.

Nadie nunca en el colegio la había visto sonreír de verdad.

Empezamos a hablar, pero yo y mi bocota, sólo podía hablar de estupideces. Pero a ella no le parecía importar nada más me sonreía y de vez en cuando me preguntaba de los temas de los que yo parloteaba. La campana sonó. El mejor almuerzo de mi vida había terminado.

Al día siguiente fui de nuevo, está vez me ella habló más, igual yo era el que más parloteaba, pero ella seguía feliz y yo también. Al fin sentía que valía la pena ir.
Seguí yendo cada vez que me podía escapar de mis infelices compañeros de clases.

Pero un día lo descubrieron, recuerdo como se burlaron de nosotros, nos llamaron de todo, desde "rechas enamorados", hasta lo innombrable. Me ví obligado a dejar de almorzar con ella. Ella permaneció seria y callada, con su libro en mano.

Medio año después, conseguí regresar al lugar de los almuerzos, el año escolar estaba a punto de acabar. Y allí estaba ella como siempre lo había estado.
Pero algo había cambiado, su libro no estaba. Sus ojos estaban rojos.

—¿Y tu libro?—le pregunté, mirándola detenidamente.
—Lo rompieron esos malparidos...— Ella se aclaró la garganta y siguió—. Era el libro favorito de mi abuelo, de cuando estaba vivo.

Yo no sabía que decir, la abracé, y le dije que olvidara a nuestros compañeros. Pero ella no había terminado de hablar, se separó de mí y me dijo suavemente:

—Encontré otro cole, váyase conmigo. ¡Por favor! No es humano estar aquí y lo sabe— ella me miró expectante, con los ojos brillantes.

Pero yo no podía, a mí no me iban a permitir cambiar de colegio. Si no ya no hubiera estado allí.
La campana sonó, ella no se levantó, pero me seguía mirando fijamente. Ya lo sabía.

—Entonces... ¿Esta es su decisión? Yo el próximo año ya no regreso, tengo la oportunidad de más, y la voy a aprovechar, ya me matriculé. Piénselo bien— se levantó, recogió sus cosas y se fue a su clase sin volverme a ver.

Me entristecí, pero no podía acompañarla, a mi única amiga.

Tres días antes de finalizar el curso, me fui a almorzar con ella. Los dos comimos en silencio, ella estaba seria, ya no sonreía. Terminó de comer, se lavó sus dientes y me miró.

—Yo te gusto... ¿verdad? — Ella se levantó mientras la campana sonaba. Yo seguía ahí sin decir nada, en shock. ¿Como lo había averiguado?

Cuando ella ya iba por medio pasillo, me volvió a ver y me dijo tristemente:
—Muy tarde. Lo lamento, yo ya no vengo más. Tal vez nos veremos... después —y sonrió por última vez.

¡Qué imbécil fui!

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Dos años pasaron, estaba en el último día, de mi último año de secundaria. Iba con mi uniforme distintivo de generación. Las cosas seguían igual en mi colegio. Todo excepto que estaba sin ella.

Iba caminando hacia mi casa, y la vi. Estaba más hermosa que nunca. Ella iba caminando por el otro lado de la calle, con otra muchacha, seria como lo usual.
Pero por un breve instante, ella sonrió, justo como cuando almorzábamos juntos.
Yo me detuve para verla mejor, pero ya era tarde, se había ido.

Mi momento había pasado, de nuevo me agarró tarde.

Esos años habían sido un suplicio, todo excepto ella.


Nota: Rechas= rechazados