...Engaño por amor...

disclaimer: que bien se siente decir que esta historia es simple producto de mi imaginación y que tengo derechos sobre mis locas ideas.

Prólogo: tipica mujer enamorada de un hombre, en su opinión perfecto. Ella se tiene que ir, pero él no quiere. ¿Qué mejor que dejar a su hermana gemela para aparentar? pero su hermana que dice que lo odia, aprenderá a amarlo.


Nueva York atardecía a las 7:00 p.m., hacía un fuerte viento que despeinaba el cabello con un solo movimiento.

Una joven de 25 años, cabello negro al igual que sus ojos y de tez blanca estaba sentada en un parque de la ciudad leyendo un libro. Las lámparas del lugar empezaban a encenderse mientras los rayos del sol se ocultaban, ella miró el horizonte mientras cerraba su libro y se quitaba los audífonos de su reproductor de música.

Guardó el grueso libro en su mochila color café claro y se paró mirando si no había dejado nada en la banca. Se abotonó la gabardina que le llegaba a las rodillas y se acomodó la boina mientras empezaba a caminar.

Las hojas quebradizas del otoño se escuchaban sonar bajo sus botas de peluche mientras seguía el sendero de piedras.

Caminó cerca a una esquina, un café donde le gustaba ir después de leer por dos horas en el parque, la cajera la recibió con una sonrisa:

-¿lo de siempre Ann?-preguntó mientras ya oprimía unos botones de la caja y sacaba la nota.

Mientras la muchacha sacaba de su bolsa un dólar, un hombre alto y delgado de cabello corto y café, ojos azules y con poca barba llegó a su lado. Ya estiraba también un billete.

-un capuchino descafeinado-pidió amablemente, la cajera tomó el dinero de ambos y entregó primero el pedido de Ann

-aquí tienes querida, un café simple con dos de azúcar-ella lo tomó y se despidió amablemente, el otro joven la siguió con la mirada pues su cabello negro le había atraído.

Tomó su café listo para salir a la terraza, donde había algunas mesas con sombrillas contra el sol, pero en esos momentos todo era alumbrado por velas. Era un lugar tan romántico que llamaba a las personas que querían conseguir a alguien para compartir sus vidas. Todos los que estaban ahí tenían gustos parecidos, los cuales eran la literatura, el cine y el amor. Se sabía de varias personas que habían conseguido al amor de su vida en ese lugar, dando la oportunidad a enamorados aventureros de conseguir lo que deseaban.

Ann caminó hasta la entrada a la terraza, pero suspiró al notar que estaba llena. No era la única persona parada esperando una mesa, a su lado llegó el hombre con el que se había encontrado en la caja, y al parecer buscaba lugar. No les prestó mucha atención hasta que una mujer se paró de su mesa, recogió todo y se fue dejando el espacio libre.

Ann empezó a caminar instintivamente pues ella había primero que el sujeto a su lado, por la ley era su lugar. El hombre hizo lo mismo y se detuvieron a mitad del camino, se miraron el uno al otro unos segundos.

-¿sería tan caballeroso?-preguntó ella con cierto enfado en su voz, indicándole al hombre que el lugar era suyo

-yo vi primero ese lugar-riñó él con una sonrisa, consideraba que su sonrisa aplacaría a la mujer. Siempre confiado de conseguir lo que quería, pero ella no cayó en su truco.

-yo llegué primero-le confrontó ella, al parecer ninguno de los dos se pensaba mover de su lugar, ambos a unos metros de la mesa.

Se escuchaban pasos de personas que recién llegaban. Al parecer una pareja de muchachas que quería disfrutar del agradable clima, una de ellas gritó:

-¡ahí hay lugar!-señalando obviamente la única mesa disponible

Los dos que peleaban por la mesa se sentaron rápidamente, uno a cada lado. Ninguno quiso dejar el lugar y cuando se aseguraron de que las dos jóvenes que antes querían esa mesa se fueron, los dos se miraron a los ojos con claras intenciones de pelea. Ella estrechó la mirada y él rió descaradamente.

-eres la primera mujer que no cae con mi sonrisa-se atrevió a decir mientras se descolgaba la mochila y la colgaba en el respaldo de su silla, Ann quiso articular todo tipo de cosas, ¡que tipo tan confiado! Llegar despreocupadamente y quitarle el lugar a una dama.

-no me apetece pelear-aclaró ella mientras dejaba su mochila a un lado de sus silla, sobre el suelo. Pero él, sin siquiera conocerla, la detuvo y le pidió el bolso cortésmente, ella desconfió un poco.

-no pienso robarlo-le dirigió una pequeña sonrisa -¿para que quiero labial y toallas femeninas?-preguntó con tono burlón que a ella no le agradó mucho pero le entregó el bolso. Él lo colgó junto a su mochila

-con que si había un caballero después de todo-le regresó Ann con algo de rudeza, el negó con la cabeza

-solo soy considerado- tomó un sorbo de café y en ningún momento apartaba la mirada de la cara de la chica –no me he presentado-se acordó de repente bajando el vaso y estirando la mano

-"hasta que le cayó el veinte"-pensó ella mientras con una sonrisa falsa estiraba su mano y ambos la estrecharon

-mi nombre es Jake-

-soy Ana-le regresó ella algo fría

-oí que la cajera te dijo Ann-espetó él

-soy Ann para los que me conocen-gruñó por lo bajo, ¿Quién se creía el tipo? Quizá era uno de esos que creen que pueden tener a cualquier mujer que les apetezca con solo palabras bonitas. Aunque ese tal Jake iba perdiendo por muchas cosas

-entonces mucho gusto Ann-saludó de nuevo con una sonrisa.

Ambos soltaron sus manos y empezaron con lo que normalmente hacían al ir a un lugar así. Leer, sacar su computadora portátil o simplemente escuchar música, aunque también estaban las pláticas entre amigos y parejas. Pero Jake no era ni su amigo ni su pareja. Sacudió la cabeza de una idea tan absurda como esa.

Alzó la vista del libro que leía y se topó con un gran block de dibujo sobre la mesa. El hacía trazos con rapidez, el lápiz apenas rozaba el papel y poco a poco se notaban las líneas y curvas. Su brazo se movía con toda la mano y parecería un artista exagerado, pero admitió que en verdad parecía saber lo que hacía.

Se quedó observándolo inconscientemente, en espera de que terminara el dibujo al cual por el momento no le encontraba pies o cabeza, simplemente eran varias líneas cruzadas. Nunca fue buena apreciando el arte. Después de unos minutos de larga espera, que bien habría podido gastar en leer un capítulo de su libro, él sonrió complacido.

Jake tomó su café y fue entonces cuando se dio cuenta de que la persona frente a él esperaba algo. El había cerrado el block y no le dejó observar nada en cuanto había terminado.

-¿se te ofrece algo?-le preguntó enarcando una ceja y ella lo miró en espera de que solo se diera cuenta, pero no podía esperar que un hombre fuera lo suficientemente inteligente para deducirlo

-te he estado observando desde que empezaste el dibujo, esperé por varios minutos…-se detuvo, con esa pequeña ayuda e indirecta tenía que entender

-¿y?-preguntó Jake todavía sin comprender, Ann dejó caer un poco la cabeza hacia el frente ¿podía existir alguien así?

-¿puedo ver el dibujo?-preguntó sin más rodeos yendo al grano, él pareció dudarlo -¡oh vamos!-animó ella como si no fuera la gran cosa

-yo…verás-

-compartes la mesa conmigo, por lo menos déjame ver-riñó ella, cuando se proponía a conseguir algo lo conseguía

-solo si me das tu número celular-Jake le guiñó un ojo coquetamente y ella abrió la boca, bastante incrédula

-vaya si te crees Don Juan-le susurró ella acercándose hacia adelante en la pequeña mesa, bastante humillada se sentía de que un hombre la viera como una mujer fácil, de esas que caen con la sonrisa del primer Mr. Universo que se topen. Él sonrió de nuevo. De todas las mujeres del mundo, se tenía que topar con una difícil.

-¿acaso no te parezco apuesto?-le susurró también acercándose hacia adelante, sus caras estaban a unos centímetros.

"vaya que sí" pensó ella, pero ni muerta lo admitiría. Niño bonito por fuera y patán por dentro, eso de seguro. Le dio una patada en la entrepierna, la mesa tembló por el movimiento. Él frunció en entrecejo al mismo tiempo que curvaba la boca formando una "o" y quejándose, bajó ambas manos a sobarse la parte afectada.

"¿será futbolista?"se preguntó Jake en medio del dolor, ella se levantó sin una palabra más. Tomó su bolsa enfadada y cuando la jaló para desprender el tirante de la silla, todo el contenido terminó en el suelo.

Unos lápices rodaron a los pies de la mesa de otra persona, una pequeña libreta, monedas, pañuelos, su teléfono y unas llaves terminaron a un lado de ella en todas direcciones

-después de todo no traías toallas femeninas-rió él y eso la enfureció más, juntó todas sus cosas rápidamente. Su cabello negro le impedía mucho el ver donde estaban las cosas y tardó más de lo necesario, pero por fin todo estaba donde debía.

Se levantó y se retiró rápidamente, en la puerta de la salida del pequeño café, la persona de la demostradora la detuvo.

-¿Qué pasó allí?-

-un hombre con el IQ de un caracol-susurró ella acomodándose el cabello tras las orejas y colgándose bien su mochila, la cajera se asomó un poco de lado para ver al tipo con el que la muchacha se había peleado, pero se quedó boquiabierta por unos momentos.

-¿sabes quien es él?-le preguntó la mujer y Ann negó, ¿Qué le importaba? Se llamaba Jake y punto. –es Jake Parker, un famoso modelo y reconocido fotógrafo-al parecer la cajera babeaba porque el hombre pasara y le dirigiera la palabra. Se quedó mirando al hombre que empezaba a caminar a la salida.

Ann se vio en apuros y no quería enfrentar al hombre de nuevo. Ese tipo de personas creían poder tener lo que quisieran incluyendo todo tipo de mujeres. Siendo un modelo, a una mujer normal le gustaría estar a su lado y más si este era rico. Joyas, fiestas y demás. Con razón le había pedido su número, ¡atrevido!. Decidió por dar acabado el asunto, seguro ella sería la número 74 en su lista de novias, y ni siquiera sabía si el tal Jake en estos momentos tenía a alguien más. ¿Por qué pensaba en eso siquiera? Sacudió la cabeza y salió apresuradamente de la tienda.

Empezó a caminar lo más rápido que pudo esquivando a las personas que venían en sentido contrario, metió las manos en los bolsillos de su abrigo y agachó la cabeza por el frío.

-¡perdón!-el grito de un hombre la tomó desprevenida, unas cuantas frases de discusión y no había podido olvidar su voz ¿Por qué? Ann no creía en el amor a primera vista…momento ¿Quién dijo que era amor? Ya empezaba a fantasear. Se detuvo en seco pero no se giró, esperó a ver si no era otro juego de su mente que un hombre tan confiado, siendo modelo además, le pidiera perdón a una simple chica como ella. –Perdón- repitió de nuevo la voz que sonaba más cerca

Se giró sorprendida y se encontró con la cara del hombre, ahora que lo admiraba bien, era lindo. Despejó su mente, Jake en verdad se veía arrepentido.

-sabes que...-empezó ella –eres una celebridad, las celebridades no se disculpan así que haré como si nada de esto hubiera pasado, simplemente me daré la vuelta e iré a mi casa…-él iba a protestar pero ella siguió –no le diré a la prensa que te andabas humillando por ahí. Adiós- se dio la vuelta y de inmediato emprendió su camino

Jake se quedó pasmado por unos momentos, ¿Qué había dicho ella? Wow, ese tipo de mujeres habían estado escondidas porque nunca se topó con algo así y ahora lo sorprendía. Todo ser del sexo opuesto siempre besaba el suelo por donde caminaba, incluso darían varios dólares por uno de sus zapatos, sin embargo, ella no parecía ser como tantas otras. Por el simple hecho de ser modelo adinerado no lo había complacido, eso le agradaba. Ella no era interesada. No la dejaría ir. Empezó a correr tras ella, aunque su convertible negro quedaba hacia el otro lado.

-¡oye!-gritó alzando una mano para que lo esperara

Ella siguió caminando, pero Jake le dio alcance rápidamente

"modelo y en forma" pensó Ann al verlo tan pronto a su lado

-no eres como todas las que conozco-empezó él, pero antes de que ella se enfureciera por el comentario mal expresado prosiguió –me refiero a que ni siquiera sabías quien soy-sonrió de lado de nuevo coquetamente

-si te refieres a que no te hago una reverencia por ser celebridad estás en lo cierto, no veo nada excepcional en las personas de tu clase-nunca fue buena entablando conversaciones

-me gustas-dijo Jake sin rodeos, la mujer era linda y el que no arriesga no gana -¿quieres salir?-ella lo miró expectante, parecía que en verdad no le importaba al modelo sentir vergüenza o algo parecido

-¿perdón?-

-ya lo dije no me hagas repetirlo- Ann miró hacia todos lados en busca de algo que la sacara de ese apuro, pero a pesar de sus inútiles intentos, él era mas terco que una cabra y no la dejaría en paz.

Giró su bolsa hasta tenerla enfrente y poco a poco la abrió, todavía con la duda. Buscó la pequeña libreta con la que siempre cargaba y tomó un lápiz. La mirada de Jake se iluminó mientras Ann empezaba a escribir varios números, formando en orden su número celular. Eso era un avance.

-tengo que irme-dijo ella arrancando la hoja de un tirón y entregándosela no sin sonrojarse un poco antes, él dirigió rápidamente la vista para corroborar que era un número ordinario, ordinario en cuanto a que no le faltaran o tuviera de más. Contento de que estuviera completo levantó la vista de nuevo pero Ann ya había empezado a caminar e iba un poco lejos

-¿no quieres que te lleve?-le gritó, la noche se comenzaba a poner helada y al parecer ella no vivía cerca, ¿Cómo lo sabía? Se tomó su tiempo para preguntarle a la cajera del café. Aunque no tenía idea de donde quedaba la dirección que le había dado. Ann se giró, en verdad que ese tipo empezaba a molestarla, pero si el hombre pasaba la prueba, consideraría el no cambiar de número telefónico para que no diera con ella.

Regresó con la cabeza gacha, hacía un viento horrible. Cuando estuvo a un lado de Jake, este le pasó una mano por arriba de los hombros para "calentarla". Ella estrechó la mirada y él se defendió:

-está haciendo frío-

-¿tienes hijos?-le preguntó Ann, tomándolo desprevenido

-no-contestó extrañado

-¿te gustaría tener?- Jake asintió sin comprender a que punto se dirigían –entonces quita la mano-ella sonrió por la inmediata reacción

Caminaron hasta un lindo convertible negro, apenas iluminado por las luces de los faroles. Él galantemente le abrió la puerta del copiloto y Ann entró con un leve "gracias". Jake se apresuró y le dio la vuelta por el frente hasta llegar a su puerta, se subió y de inmediato prendió la calefacción.

-calle Sly…-iba empezando a dar su dirección cuando él la interrumpió

-calle Slythern, número 24. Frente a la tintorería-ella lo miró boquiabierta y cuando iba a protestar -¿me creerás si te digo que soy adivino?-preguntó inocentemente con su gran sonrisa, antes de que Ann pudiera responderle, el de inmediato arrancó.

No hubo palabras durante el camino, solo constantes murmullos por parte de Ana sobre el tan famoso Jake, "prepotente, ya verá lo que estar con una mujer de mi tipo, no soy como todas" el otro no escuchó nada pero se imaginaba. Al fin llegaron a una casa que abarcaba la mitad de una manzana. Una mansión de color blanco. Una casa blanca.

-¿no eres la hija del presidente, verdad?-ella de nuevo estrechó la mirada mientras se bajaba lo más rápido que podía

-no, gracias-contestó en murmullo

-lo imaginé-dijo Jake con una ligera sonrisa, esa fue la despedida.

Ann entró corriendo a su casa, alguien la esperaba ya y no hubo necesidad de buscar sus llaves. En cuanto cerró la puerta corrió la cortina de la ventana y se asomó, viendo como el hombre partía. Luego se recargó de espaldas a la puerta con una leve sonrisa y un suspiro de una verdadera enamorada, después de un flechazo a primera vista. Agarrando su mochila en sus manos se dejó caer hasta el suelo ante la mirada curiosa de su hermana, la cual enarcó una ceja con expresión divertida.

-¿Quién era él?-preguntó después de dejar que su hermana se desahogara y respirara

-el hombre más egocéntrico que he visto…-hizo una pausa y de nuevo se asomó por la ventana para asegurarse de que se había ido –o el amor de mi vida-


El principio de algo maravilloso. La historia de amor apenas comienza.

anypotter

(p.d. todo comentario es bien recibido, les gustó? debería dejarlo?)