Niña

by AbyCat

Era una niña común, como todas las que se pasean por este mundo. Tenía catorce años, y una vida por descubrir.

Le gustaba estar en su colegio. Ahí estaban sus amigas, las personas que quería, lo que más le gustaba hacer: pintar. Los libros que amaba, todo lo que la hacía feliz.

Ella siempre estaba feliz. Siempre sonreía, siempre.

Lo único que no le gustaba era llegar a casa.

Apenas cruzaba el umbral, el llanto escapaba de sus ojos.

Otra vez, mamá con el ojo en tinta. Otra vez, una botella de wisky a su lado a medias, un vaso con hielo que ahora golpeaba la mesa. Otra vez, mamá estaba borracha.

La miraba con odio, con repulsión.

- Maldita perra... - arrastraba las palabras, apenas separaba los dientes para hablar. - ¿Por qué no te moriste en el camino a casa, eh?

La niña estaba acostumbrada a los insultos de su madre, pero no podía negar que le dolía.

- Ven acá, maldita zorra. Anda donde tu padre, a ver si el maldito bastardo se harta de ti por hoy.

- No, mamá, otra vez no... - suplicaba la niña.

- ¡Vete maldita puta! ¡Eso eres, una puta culiá!

La encerraba en esa habitación, mientras los gritos de la niña se escuchaban por toda la casa. Pedía piedad.

Pero mamá no tendría piedad.

Papá tampoco.

- Hasta que llegas...

Escalofríos que recorrían su espalda. Se giró, y apoyó su espalda en la puerta con llave. Su bolso se deslizó por su brazo. Estaba temblando.

- Mírate nada más. Cada vez estás más mujer, mi pequeña niña.

Le acarició el rostro, pretendiendo ser cariñoso. Pero la niña sabía que no era cierto, sabía que ni papá ni mamá la querían, si no, no estarían haciéndoles estas cosas tan horribles.

...¿Verdad...?

La tomó del brazo, tirándola a la cama. Se desabrochó el cinturón de su pantalón. La niña lloraba, desconsolada.

La falda de su colegio fue levantada, y el cuadro rosa pastel se deslizaba por sus piernas.

Cerraba los ojos con fuerza y deseaba con todo su ser que papá acabara de una vez, y la dejara tranquila.

No pudo evitar el grito al sentir la invasión. Dolía, dolía demasiado. Los jadeos de placer de su padre aumentaban conforme la niña se movía rítmicamente debajo de él. La penetración era cada vez más violenta, y la niña gemía de dolor, no de placer como pensaba su padre. Ella no disfrutaba, ella sufría.

Cuando sintió el líquido salir de su entrepierna, papá se separó violentamente de ella, provocándole otro grito más doloroso.

La veía a su merced. Tan frágil. Una sonrisa lujuriosa cruzó su rostro.

Papá no estaba satisfecho por ese día...

Había caído el atardecer cuando papá la sacó a empujones de la habitación. Fue corriendo al baño.

Se sentía asquerosa. El líquido blanco de su padre corría por sus piernas, mezclada con sangre que provenía de ella. Prendía la ducha y se bañaba. Se limpiaba con ahínco por todas partes. Se sentía sucia.

Salió de la ducha y se iba a su habitación, cuando escuchó los jadeos y gritos de placer de su madre y su padre. Sentía ganas de vomitar.

Se encerró en su cuarto, como todas las noches, para que papá no jugara con sus partes íntimas cuando ella dormía.

Sacó la navaja de su cajita musical, mientras la bailarina bailaba al son de la dulce canción que emanaba la caja musical.

Una vez en un libro leyó que los malos recibían su castigo por las cosas malas que hacían.

¿Acaso ella era mala?

¿Qué hacía ella de malo para merecer que su padre la obligara a tener sexo con él? ¿Qué hizo tan malo para que su padre la obligue a meterse su asqueroso pene en la boca y tomar ese líquido que salía de él? ¿Qué había hecho que mamá la trataba de perra, de zorra, de prostituta? ¿Qué le había hecho a sus padres para que la trataran de esa manera?

Una vez, cuando era pequeña, y no sabía lo que su padre hacía con su diminuto cuerpo cuando apenas tenía cuatro años, por que papá le metía ese dedo grande que tenía abajo por donde ella hacía pipí, le preguntó a mamá...

- ¿Por qué papi me pone su dedo grande en la boca para que yo lo chupe, mamá?...

- Por que eres una pequeña puta... - mami otra vez estaba tomando ese jugo para grandes. - Un pequeña perra que si no hubiese nacido, ahora yo sería más feliz, casada con la persona que amo, y no con ese vago culiao...

Papi le ponía ese dedo grande en la boca por que era su castigo por haber nacido.

Mami la golpeaba y la obligaba a jugar al caballito al revés con su papi, por que había nacido.

Papi y mami la odiaban.

Sabía que su existencia era debido a que su madre había sido violada por su padre cuando ella tenía trece años. Él tenía veinticuatro. Catorce años después, papá seguía abusando de su propia hija.

¿Cuándo iba a parar esto...?


El abuso a menores es algo repudiable, asqueroso y grotesco. Paremos esto de una vez.

Que las niñas y los niños abusados sean tratados debidamente por psicólogos expertos en el tema. Que los violadores sean castigados a tiempo, sin indultos, sin beneficios. Si violaron una vez, lo seguirán haciéndo. Ellos no tienen corrección. Es tarde para tratar de corregirlos, para tratar de "curarlos".

Esta pequeña... 'historia' puede ser real. Este pequeño relato, tal vez, ayude a crear conciencia. Creánme, es difícil llegarse a imaginar el sufrimiento de cientos de niños que son abusados por sus padres o por otras personas.

¡Denunciemos a estos malditos desalmados!

AbyCat