Capítulo 4: Deeandra

Los dos últimos días habían sido de pesadilla. La angustia de contestar a todos los chicos y la vigilia de la noche anterior hacían que ahora se encontrase absolutamente agotada. Deeandra suspiró y sorbió su café. Estaba muy preocupada por los alumnos, en el instituto no parecía que ninguno de ellos tuviese muy claro lo que estaba pasando, pero todos tenían miedo. Ella intentaba que se abriesen y dijesen lo que temían pero la adolescencia era una etapa complicada y cada uno de ellos sobrellevaba la situación a su manera, sin comentarlo con nadie.

Como todos los días, desde que hacía seis años le habían dado el puesto de profesora en el instituto del Gracegod High, fue caminando hasta clase, al llegar, los alumnos estaban en el exterior, algunos riendo, otros jugando, otros sentados o tocando la guitarra, lo que daba un ambiente de normalidad.

- Apaga eso. – ordenó al pasar junto a uno de los chicos que estaba fumando sin tapujos apoyado en la puerta principal.

- ¡Joder, profe!

- Y no digas tacos. – recriminó mientras se perdía en el interior del edificio.

En otros tiempos se habría quedado, le habría quitado el pitillo y lo habría pisoteado, pero tal como estaban las cosas en el pueblo, si quería fumar que fumase…y si no que hiciese lo que quisiera, ya tenían problemas de verdad para tener que ocuparse de las cosas de siempre.

No es que hubiese perdido el encanto, ni la energía, ni las ganas de adoctrinar a los chicos, es que se había dado cuenta de que, algunas cosas, no podría solucionarlas sola. Por mucho que se lo dijesen, por mucho de que les hablase de lo malos que eran el tabaco, el alcohol y las drogas, siempre iban a experimentar con eso, no había manera de evitarlo y, desde luego, ella sola, viéndolos tres horas a la semana no lo iba a conseguir. Lo que le pasaba es que se había cansado de perder el tiempo en tonterías, había decidido centrarse en el los problemas reales. Problemas como la muerte de Angie.

Deeandra estaba preocupada, sabía que pronto tendrían más de un problema en el centro. Sabía que los chicos estaban aterrorizados bajo su máscara de pasotismo existencial. Y sabía que algo raro iba a pasar ese día.

La cosa no tardó mucho en suceder. Al llegar a la sala de profesores, el director la saludó y le hizo una seña hacia su despacho, en él, se encontraba sentado en la silla el jefe Stampton. Deeandra suspiró y se dirigió a hablar con él.

- ¿Me buscabas?

- Hola, Dee. – saludó John

- Supongo que no vienes a invitarme a cenar.

- No. Necesito que me digas qué ocurre con Jane Wickety. La hermana de…

- Ya, ya. Del chico desaparecido, Jake. Está jodida, ¿qué quieres qué le ocurra?

- ¿Has notado algo raro, poco habitual en ella?

- John, a parte de que la pobre está completamente hecha una mierda, no, no he notado nada raro. Está pasando por todas las fases del duelo a la velocidad que el consumo de porros la deja. ¿Por qué?

- ¿Desde cuando te has vuelto tan cínica y depresiva?

- Desde que este pueblo se está hundiendo en un pozo de desesperación, John. Tú tampoco es que te extrañes de nada.

- ¿Qué me puedes decir de los satánicos del instituto?

- Que visten de negro, que son unos inconformistas, que están pasando una fase y que en realidad están cagados con la idea de que Satán se les presente. Es una forma de enfrentarse a sus miedos.

- ¿Has oído algo raro? ¿Sabes si están haciendo más rituales y cosas de esas?

- No, no se nada de "esas cosas" que hacen. En realidad no me lo cuentan todo, ¿sabes? Los chicos están asumiendo todo esto como pueden, como el resto.

- En fin, por aquí tampoco aclaro nada. ¿Sabes de alguien que esté metido en el tema de lo gótico hasta las cejas?

- ¿De verdad piensas que los chavales tienen algo que ver con esto?

- No pienso nada, Dee, simplemente, intento averiguar algo por donde seguir investigando. No es que haya muchas pistas.

- Creo que deberías hablar con Jane. No te digo que tenga algo que ver pero, en realidad, está en una fase gótica desde antes de desaparecer su hermano solo que, ahora, está como en otro mundo, aunque es por eso, Jake es muy pequeño.

- Ya. ¿Sabes donde puedo encontrarla?

- Yo que tu, miraría en el cementerio esta noche. Es viernes y creo que los góticos se reúnen allí.

- ¡Claro! ¿Es donde está toda la marcha no?

- Últimamente…

John le lanzó una mirada de esas que dice que no le estás contando nada nuevo y se encogió de hombros.

- ¡Eh! – le dijo Dee antes de que el jefe de policía saliese por la puerta – Deberías dormir, si te pones un collar de pinchos y un montón de cuero negro ya pareces uno de ellos.

- ¿Tan mala cara tengo?

- Ahá.

- Lo intentaré. Cuídate, Dee y si sabes algo…

- Te llamaré, lo juro. – Deeandra hizo el signo de promesa de boyscout sobre el corazón.

El jefe Stampton salió por la puerta. Otra noche más sin dormir, lo tenía claro. ¿Por qué demonios nadie sabía nada ni había visto nada? A fin de cuentas Gracegod era un pueblo enano.

Necesitaba otro café. Urgentemente.