Capítulo 5: Como los muertos

Como Dee la había dicho, allí estaban aquellos chicos. Parecía que estaban en una especie de fiesta chill-out, solo que todos vestidos de negro y sin zumos naturales. Todos parecían estar en una especie de clase de yoga, al menos esa fue la impresión que se llevó John.

En medio de la multitud pudo distinguir a Jane Wickety, la hermana del primer niño desaparecido. Parecía estar en una especie de trance mientras bailaba al ritmo de una música lenta y lánguida que el jefe de policía no pudo identificar.

Al verle llegar, muchos de esos chicos se quedaron mirando, John caminó como siempre, sin decir gran cosa y saludando con la cabeza a todos los chicos a lo que conocía de cuando aún eran niños, adorables y vestían con ropa de colores.

Jane se quedó impávida al verle, dejó de bailar y se quedó mirando al agente de la ley como si fuese una estatua.

- Hola, Jane. ¿Cómo estás? – John no tenía muy claro como entrarle a la chica, dadas las circunstancias.

Como respuesta, Jane levantó los hombros ligeramente y los dejó caer con desgana.

- Ya. Hm… bueno – comenzó John – me preguntaba si vosotros, que parece que quedáis mucho por aquí, habéis visto algo raro en los últimos días o semanas.

- No, tío. – negó, casi chillando, uno de los chicos. El policía le recordó como Kenny Henssen, aunque ahora era un chico con el pelo negro con mechones blancos, los ojos completamente pintados de negro, raya incluida y un incipiente bigote que no tenía trazas de ir a espesarse en breve.

- ¿Pintadas extrañas? ¿Gente desenterrando o enterrando cosas? – John estaba desesperado por encontrar aquella pista que tanto necesitaba.

- Nada, tío. – añadió Kenny.

- Chicos, si veis algo raro, algo diferente a lo que ocurra aquí normalmente, por favor, llamadme a la oficina. En serio, nadie se meterá en un lío por informarme. Es más seguro para todos.

- Vale, no te pongas pesado, jefe. – indicó Kenny y, acto seguido, se dio la vuelta y se puso a bailar con otros chicos.

John examinó a Jane, parecía confusa y lánguida. El jefe de policía le hizo un gesto de apoyo con la cabeza aunque ella no pareció estar especialmente interesada en el mismo.

El jefe suspiró y dio media vuelta hacia el coche. Estaba preocupado por la situación, no había pistas, no había nada…y ahora tenía una cría muerta y a otro desaparecido. ¿Qué más le podía pasar?

Antes de que se le ocurriese algo como respuesta, la radio del coche patrulla pareció anticiparse. Al otro lado se escuchaba la voz de George, su ayudante, que parecía nervioso y apremiante.

- ¡¿Jefe? Vamos, es urgente.

- Dime, George – contestó el jefe, malhumorado -, ¿qué ocurre ahora?

- Ha llamado la señorita Lorens, estaba angustiada y llorando, dice que tienes que ir a su casa ahora mismo, es importante. Es Jake.

- ¡Mierda!

John se metió en el coche como una exhalación y salió a toda mecha en dirección a la casa de Verónica Lorens, la bruja local, a quien encontró llorando y dando vueltas en la carretera. Tuvo que frenar bruscamente para no atropellarla.

- ¡Dios, John! ¡Es espantoso!

- Tranquila Verónica. ¿Dónde está?

Sin dejar de llorar, Verónica extendió la mano temblorosa señalando un palo clavado frente a su puerta, tal como habían aparecido los gatos en los últimos días, sólo que, en esta ocasión, se trataba de Jake Wickety.

Aquello era lo peor que John había visto en su vida. Le pareció horrible, más lejos de lo criminal y más allá de lo salvaje. Una ola de rabia lo inundó, la frustración y el acto le pudieron. El jefe de policía cayó de rodillas y vomitó.