Insomnio.

Para ti, el insomnio es como el opio: dañino pero necesario.

Cuando el mundo duerme, y hablamos del que te rodea, tú vives realmente. Es como si despertaras de un extenso letargo, tus ojos se abren y captan la luz artificial como si se tratase de tu sol personal. Las formas cambian y encuentras belleza en cosas tan insignificantes como un vaso o un reloj de pulsera… cosas que no pasan a la luz del día, curiosamente.

Tus procesos neurológicos se alteran, a destacar. Es como si todo aquello que meditaste antes, simplificando aquí y allá para ahorrarte dolores de cabeza y el jodido estrés del tiempo en tu contra, tomase un nuevo matiz. Incluso, aquel problema de cálculo se ve tan claro ahora…

Hacía tiempo que esperabas esto, admítelo. Sólo tú y tu conciencia. Ese momento tan íntimo e indispensable del que te has privado por meses finalmente tuvo lugar y no sabes si saborear los minutos que quedan para que sean las seis de la mañana o sentarse en tu cama a pensar o incluso terminar de leer ese libro que dejaste a la deriva por otras obligaciones.

Tienes insomnio y suena tan bello en tus oídos.

Pero tu cuerpo no lo encuentra divertido. Aquí viene el contra de todo ese deleite creativo.

Tus piernas te están recordando los trotes que hiciste hoy, los minutos de pie en ese bus atestado de gente en plena congestión vehicular, los brincos infantiles y las posiciones poco ortodoxas en las que te sientas frente a la pantalla. Tus brazos se quejan de las veces que los doblaste excesivamente para pensar y tus manos, tus dedos, ya no quieren seguir tipeando. Lo peor es que tus ojos se quieren cerrar, los parpados te lo susurran con voz cortante y grave. Súmale a todo esto el frío que hace. Oh, pero no te quejas, para qué arruinar el momento de lucidez que has tenido en… meses.

No quieres que se vaya, porque de lo contrario Plush de Stone Temple Pilots no volverá a sonar tan agradablemente maravillosa en tus oídos como ahora. Pese a que no quieres dormir, pensar en café no es la solución puesto que has comprobado en lo que va del año que el café no siempre te ayuda… hay que recordar algunas clases en las que caíste sobre tu cansancio para confirmarlo.

Ay, cómo extrañabas la imaginación que sólo la noche te da. En momentos como estos confirmas tu teoría de que dormir de noche es una perdida de tiempo. ¿Cómo no sentirse cómoda con el silencio y la paz que brinda? Es decir, no puedes tener cáncer a la piel si sales de noche, ¿o sí?

Oh, no. Una mala pasada, una jugarreta.

Has bostezado. Y eso significa que la felicidad se te está acabando.

¿Cómo prolongarla más? El cuerpo ya no responde… y la imagen de ti misma arropada en una cómoda, confortante y mullida cama te hace flaquear.

Cinco cincuenta y tres y ya no puedes seguir resistiendo. Lo más probable es que abras las cobijas y te metas dormida con el mp4 player pegado a tus orejas y a la mitad de la primera canción desfallezcas. Lo más probable es que cuando despiertes gruñas y busques una señal de todo lo que has visto y experimentado fue real… y especialmente quieras ponerle nombre a tu adicción:

Es insomnio y la prueba es esta.


Notas: Esto surgió mientras oía la radio SonarFM, donde sintonizaron el tema Plush de Stone Temple Pilots.

Sábado 7 de Noviembre del 2009, 5.56 am.