Capítulo seis:

Ashley estaba nerviosa, no lograba pensar con claridad y se removía incómoda en su cama, presa de la duda y sentimientos que no lograba entender. Estaba confundida y lo peor de todo era que no tenía demasiado tiempo para meditar lo que le sucedía.

Se miró al espejo, estaba arreglada, vestía ropa moderna, unos ajustados jeans, remera de strapess y bijouterie a juego. Faltaba muy poco para las siete de la tarde y ella aún no estaba segura a donde se dirigía. Gruñó despeinándose levemente, el amor era realmente algo complicado.

─De niña todo se veía más fácil.

Jason la esperaría en el cine, eso debía causarle emoción. ¿Por qué no lo hacía? Él era todo lo que ella soñaba, se veía como el príncipe de sus fantasías, su perfecto cabello negro y sus hechizantes ojos grises nublaban su cordura, o al menos eso hacían hasta hace un par de semanas atrás. No se le hacía justo dudar de sus sentimientos precisamente el día de una cita, eso debía ser una mala broma del destino ¿por qué esa duda existencial no se daba luego de besarlo?

Tomó su celular y antes de arrepentirse llamó a Tom, quizás no era demasiado tarde, tal vez Lilly enfermó, con algo de suerte se habría accidentado o mudado… Suspiró sonoramente cuando la recibió el contestador.

No tenía demasiadas opciones, esa situación no era como las historias rosas que acostumbraba a leer, y se daba cuenta cuanto tiempo perdió en tardes de lectura inútil, pues ahora no le ayudaban en nada para resolver su dilema.

Debía dejar que su corazón hablara, pero su corazón parecía estar partido en dos, por un lado deseaba con desesperación ir con Jason, estar con el hasta muy entrada la noche y besarlo a la luz de la luna. Por otro lado, quería correr hasta Lilly, saltarle encima y arrancarle la mata de cabello teñido para luego marcharse con Tom, para posiblemente acabar la escena saboreando como años atrás los finos labios de quien era su mejor amigo.

─¡Ayuda!

Por más que gritaba eso en voz alta, sabía que nadie recurriría a su llamado, y es que nadie podía ayudarla en eso, debía debatirse la decisión e inclinarse por una opción lo más pronto posible, ya que el tiempo corría en su contra.

─No te desesperes y respira profundo ─se dijo a sí misma inhalando y exhalando aire ─. Veamos, no es tan difícil, sólo debo hacer un balance.

Recurriendo a un viejo, pero efectivo método pasó a pensar en los pros y los contras de cada muchacho. Jason tenía belleza y eso, sin duda alguna, le daba muchos puntos, era apuesto, carismático y sería la envidia de cualquier chica, además se le añadía la emoción de salir con un profesor… pero no podía olvidar que también era timador, mujeriego, carente de sentido común, emociones, principios y despreciable en muchos otros aspectos.

Tom era despistado, molesto y había sido su amigo desde muy temprana edad, siempre encontraban un motivo por el cual pelear, por lo general nunca se ponían de acuerdo, sin embargo no podía pasar mucho tiempo el uno sin el otro, compartieron aventuras y muchos momentos importantes, él era protector, muy a su modo, pero siempre cuidaba de ella, la animaba cuando estaba triste, y de una forma poco ortodoxa cumplía sus caprichos. Además de ser también muy bien parecido y simpático.

El reloj anunció las 7 p.m. y las cosas no podían hacerse esperar más, por lo que aún indecisa caminó hasta la calle. Durante su trayecto su mente estaba en blanco y su cuerpo caminaba por inercia. Jason la examinó dubitativo, ella no le devolvió el saludo y encogiéndose de hombros se la llevó hasta la sala de proyección donde verían una película de terror.

De camino él no se molestó en preguntar si algo malo le sucedía, miró descaradamente a una rubia que pasaba por el lugar y compró bebidas en cuanto la chica del puesto le sonrió. Algo que, aunque parecía lo contrario, Ashley notaba.

La chica estaba rara, no tenía dudas de eso, pero poco le importaba lo que estuviera pasando por su mente incompresible para él. Durante los primeros minutos Ashley no parecía prestarle atención ni oír sus comentarios. En un momento detuvo sus ojos en él, observándolo con escrutinio, cosa que logró perturbarlo.

─¿Qué sucede?

─Creo que acabo de notar algo ─dijo hablando por primera vez ─. Eres un verdadero fiasco.

─Pensaba esperar un poco más, pero si lo que quieres es que te bese… ─murmuró aproximándose a su rostro. Estaba seguro que Ashley deseaba finalmente ser besada por él y no iba hacerse esperar.

Lejos de lo que Jason esperaba, Ashley dio vuelta el rostro evitando el beso. Indignada entrecerró los ojos y se cruzo de brazos dejando caer el pote de palomitas.

─Dime algo ─pidió sin borrar la molestia de su tono de voz ─ Si me fuera ahora mismo buscarías a otra chica ¿Cierto?

─¿Por qué lo preguntas? ─cuestionó anonadado.

─Sólo responde ─insistió perdiendo la paciencia.

─Es probable ─admitió finalmente, de forma despreocupada.

Sin esperar nada más, Ashley se puso de pie rogando que no fuera tarde. "A las ocho en el parque, cuando las luces se enciendan" recordó haber escuchado decir a Tom. Maldita sea, incluso tenía pensada una perfecta escena romántica; una escena en la que ella debía ser la protagonista.

Salió a la calle y se tomó unos segundos para encontrar el camino correcto, en cuanto divisó la avenida correcta corrió en dirección al parque, sólo tenía treinta minutos para llegar y varias cuadras por reccorer.

Unas oscuras nubes se agrupaban en el cielo gris y maldijo su suerte en cuandto comenzó a llover. Las grandes gotas azotaban sobre su cuerpo y no tardó en empaparse, el camino se volvía resbaloso y uno de sus tacones se quebró.

─¡Diablos! ─miró en todas direcciones, algunas personas la observaban curiosas. Se quitó ambos zapatos y continúo su camino descalza, no podía hacer mucho más que eso ─Definitivamente es mi día ─ironizó molesta.

Su largo cabello negro se le pegaba al rostro y su remera se translucía con el agua. Estaba descalza, empapada, con el maquillaje corrido y la fría ventisca calaba sus huesos.

─Más vale que lo valgas, Tom.

Definitivamente él debía importarle mucho para estar haciendo aquello, de otro modo jamás estaría corriendo por las calles en ese estado, en plan de auto humillarse. El gran parque de la ciudad ya estaba a la vista, pronto llegó hasta una fuente central y desde allí estudió el lugar. Demasiadas parejas caminaban por allí refugiadas en sus paraguas, ese era uno de los sitios más románticos y se le dificultaba bastante localizarlos considerando el clima.

Una vez más tomó su celular, continuaba apagado. Suspiró y se dejó caer en una banca intentando pensar con más claridad, actuar impulsivamente no serviría de mucho. La paciencia no era su mejor virtud y comenzaba a desesperarse, los pies le dolían y tenía bastante frío, estuvo a punto de rendirse cuando reconoció un par de figuras paseando por el sendero de piedras.

Tom y Lilly caminaban bajo un paraguas rojo, a tono con la ropa que usaba la chica. Ashley se apresuró a seguirlos, pero el camino resbaloso no era de mucha ayuda. A medida que avanzaba fue disminuyendo paulatinamente su velocidad al notar que ellos se detenían. Ambos se veían bastante serios, cosa que la descolocó, rápidamente buscó un escondite y terminó tras un árbol, a la distancia suficiente para poder oír y no ser vista.

─Tengo algo que decirte, Lilly.

Ashley cerró los ojos fuertemente, ya era demasiado tarde y no se atrevía a decir nada. Quizás dejarlo ir sería lo mejor, después de todo ella no había sido buena con él y desperdició demasiado tiempo con una fantasía sin notar que él estaba allí. Posiblemente Lilly lo haría más feliz y le sorprendió darse cuenta que para ella era mucho más valiosa su felicidad, se sintió muy tonta por no notar cuanto lo quería sino hasta muy tarde.

No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes ─se dijo a sí misma bajando la mirada.

─Creo que es mejor que terminemos.

─¿Qué? ─dijo a dúo con Lilly al escucharlo decir aquello. Abrió los ojos con sorpresa y miró con interés lo que sucedía.

─Esto no está funcionando ─siguió el chico algo nervioso mientras se revolvía el cabello ─No eres tú, soy yo ─finalizó intentando convencer a la muchacha que lo miraba indignada.

Ashley no daba crédito a lo que oía, Tom realmente estaba terminando con esa rubiecita voluptuosa y no pudo evitar que una sonrisa curvara sus labios. Lilly por su parte, no estaba segura de qué decir, nunca era rechazada por nadie y Tom se atrevía a hacerlo.

─No puedes terminar conmigo.

─Es lo mejor ─apeló él sin alterar el tono de su voz ─en realidad estoy interesado en otra persona, y aunque no tenga posibilidades con ella no puedo olvidarla. No quiero lastimarte pero…

Lilly lo calló con gesto y lo miró furibunda. Tom le gustaba, era guapo, popular y divertido, le agradaba su compañía, pero aún no llegaba a la etapa de enamoramiento.

─Te pierdes de mucho ─le dijo señalándose a sí misma ─En fin, ¿Tienes el número de tu primo? ─le preguntó ácidamente en un burdo intento por ofenderle. Tom se sonrió y caminó bajo la lluvia.

Ashley disfrutó ver rabiar a Lilly azotando su pie por los charcos, sin notarlo daba brinquitos en su sitio cuando una voz masculina llamó su atención.

─¿Ashley?

─¡Tom! ─gritó deteniéndose en seco ─¿Qué haces aquí?

─¿Tú que haces aquí? ¿Qué diablos te sucedió? Pensé que estarías con Jason.

─Bueno, yo… terminé con él ─confesó estrujando sus manos ─, aunque técnicamente nunca empezamos.

─¿Por qué hiciste eso? ─preguntó sin comprender el repentino cambio en su amiga.

─Porque es un cretino.

─Hasta que lo notas ─murmuró─ también terminé con Lilly

─Lo sé, lo oí ─se cubrió la boca por su indiscreción y rió nerviosa ─por casualidad.

─¿Estuviste siguiéndome? ─cuestionó divertido.

─Claro que no ─se negó comenzando a caminar, él no tardó en seguirla sin borrar la sonrisa maliciosa de su rostro.

─Claro que sí, dejaste a Jason para venir conmigo ─se burló disfrutando del momento.

Ashley no sabía que decir y no hizo más que seguir caminando intentando inventar alguna mentira para no quedar en ridículo, todavía más.

─No te sientas tan importante, no fue la gran cosa.

Tom enarcó una ceja incrédulo, su aspecto decía mucho y no sonaba para nada convincente. Sintió un extraño regocijo y le dio alcance al ver que apretaba su paso. La fría lluvia seguía cayendo sobre ellos, pero las mejillas de Ashley estaban visiblemente sonrojadas, algo que se le veía realmente encantador.

─Espera ─pidió sujetando su brazo. En cuanto se giró la impulsó hasta él hasta apoderarse de su cintura.

Su corazón latió más fuerte, el frío parecía desvanecerse al tener contacto con su cálido cuerpo masculino, sus fuertes brazos la rodeaban y contempló con embeleso sus finas facciones.. No podía imaginar como era que hasta entonces se daba cuenta de la perfecta imperfección de su mejor amigo. Era aterrador pensar que su felicidad estuvo siempre tan cerca y no supo verla. En Tom estaba todo lo que necesitaba, no encajaba con su idea de príncipe, pero supo que no buscaba un príncipe después de todo, que ella no era la princesa cautiva de esos infantiles cuentos, y que las historias de amor pueden ser algo diferenes, así como los finales pueden ser felices del modo que menos imaginaba.

─Te quiero ─le susurró sobre sus labios ─Te quiero ─repitió dejando que sus alientos se volvieran uno, mientras el agua resbalaba por su piel.

Tom no respondió y ella decidió continuar.

─Siento haber sido tan idiota. Te lastimé en varias ocasiones sin saber que lo hacía y no me sorprendería que sea demasiado tarde…

Él la soltó haciéndose el ofendido, le dio la espalda y caminó un par de pasos antes de volverse una vez más. La miró a los ojos y suspiró, nunca podría resistirse a esa mirada.

La besó y con ese beso dijo todo lo que esa sonrisa no pudo, con ese beso reveló lo que calló durante años y no pensaba callar más. Saboreó sus labios transmitiéndole sus más sinceros sentimientos y aquello dijo mucho más que cualquier poema romántico puede confesar.

─Yo no te quiero… te amo.

Los faroles se encendieron uno a uno y Ashley sonrió buscando besarlo una vez más, olvidándose por completo de todo lo que los rodeaba, perdiéndose en las sensaciones que aquel contacto le despertaba, fusionando sus almas en ese acto, dejando en el olvido sus fantasías para convertirlas en realidad. No eran el príncipe y la princesa de sus sueños, tampoco dos amantes férvidos de pasión como en las novelas, eran simplemente ellos dos y esperaba que siempre fuera así.

Fin