Entrevistas a Psycho Love.

Estas entrevistas fueron una idea de una chica apodada "Candy-chan" Si quieren saber más acerca de ésta idea pásense por la página web ImperioNipon

Las personas que participaron al hacer preguntas a Lena y Neiel fueron las siguientes: *Ari-chan*, Hoshi, Fanny-chan, azulcielo, Candy-chan, Sweet Summer Chan, estanison, *Lennys*/Kirsten.

Ya para finalizar el preámbulo... En estas entrevistas se revelan un par de cosas que no se mencionan en la historia y además nos cuenta qué pasa luego de que termina, nos habla un poco de la vida de Neiel y Lena después de la última escena de la historia.

Aquí los dejo con las entrevistas de Neiel, luego traeré las de Lena.


Neiel.

Neiel se encuentra en una habitación vacía en donde no se hace ningún ruido, lo único que hay en ésta son dos pequeños sofás, en uno está él y el otro será ocupado por las personas que lo entrevisten.

Una chica entra con una gran sonrisa en la cara, no se presenta inmediatamente, toma asiento.

—Mucho gusto Neiel —comienza la chica—, llámeme Ari, hace mucho que he estado esperando por entrevistarle. Agradezco mucho que se tome la molestia de responder algunas preguntas que quiero hacerle.

—Muy bien, supongo que no tengo que presentarme —habla el hombre—, y, bueno, debes agradecerle a Lena que ha sido la de la idea de todo esto. Me ha contado sobre un par de amigas que querían conocer más de mí, pero como ella regularmente me tiene encerrado para ella sola... —comenta, jocoso— Sin comentar que a veces me cree una amenaza para los demás —completa en tono muy bajo, casi para sí mismo—. En fin, comencemos con la entrevista, ¿cuál es tu primera pregunta?

La chica revisa parcialmente una ficha de papel que tiene en la mano, se aclara la garganta y comienza.

—¿Cuál es el origen de tu nombre? —pregunta en tono serio.

Como todas las entrevistas, al comienzo hay un poco de tensión.

—Bueno, todo es cosa de mi padre, cree que porque somos unos... —se calla antes de decir que tiene visiones extrañas— Eh, bueno, sí, es por mi padre, le gustan los nombres extraños —termina y ríe nerviosamente.

La chica sonríe un poco, mira de nuevo la ficha en su mano y hace la segunda pregunta.

—¿Cuál crees que es tu mayor virtud?

—Bueno...

De nuevo recuerda que no puede hablar de las visiones que tiene. El hombre se aclara la garganta y mira al suelo sin saber qué decir.

—Mire —habla la chica por impulso—, si es por lo de sus "poderes", lo sé, no tiene que preocuparse.

Neiel levanta la cabeza sorprendido y se acaricia su mentón parcialmente.

—Vaya, veo que Lena no se guarda nada.

La chica sonríe, Neiel cruza la pierna poniéndose cómodo.

—Bueno, entonces supongo que puedo hablar sin tapujos.

—Adelante —lo anima Ari.

—Creo que yo no lo llamaría "virtud", es más bien como un don, eso de poder tener visiones me ha ayudado muchas veces. Incluso fue por ese medio que pude conocer a mi Lena, así que tengo mucho que agradecerle a eso la verdad. De resto soy un tipo normal —dice mientras hace un ademán con la mano—, no hay nada muy interesante. Aunque a veces sea bueno, debo quejarme de que soy muy impulsivo y no dejo una cosa hasta que lo logro, no sé si eso sería una virtud o un defecto.

Ambos ríen naturalmente, la tensión en el ambiente va desapareciendo parcialmente.

—Bueno, hablando de defectos —dice la chica—, ¿cuál crees que es tu mayor defecto?

—Sin duda, el empeñarme mucho en algo, a veces sigo en algo que sé que no debería, por puro capricho; creo que ese es mi mayor defecto.

La chica asiente como si entendiera o se sintiera identificada con esas últimas palabras. Hecha otro vistazo a la ficha sobre su regazo y continúa.

—¿Cuál es tu recuerdo más preciado? —pregunta con un tono de dulce, casi angelical mientras apoya su mentón sobre su mano, apoyando el codo en su rodilla.

—Sin duda alguna, los recuerdos que tengo de mi hermana, ella era una persona muy buena. Tuvo que pasar por muchas cosas y los momentos que viví con ella sin duda son algo muy especial para mí.

Los ojos de la chica parecen destilar ternura al oír estas palabras. Neiel sonríe esperando la próxima pregunta.

—Vayamos por una pregunta típica —comenta la chica con una sonrisa de medio lado en la cara—, ¿cuál es tu color favorito?

—El negro —responde rápidamente Neiel—, la razón es que a veces tengo visiones que no quisiera. Es interesante cuando es algo que tú quieres, o alguna visión sobre tú familia, aunque sea un accidente porque sabes que tienes la oportunidad de salvarlos, pero debo admitir que es muy frustrante. Sin embargo, hay veces que tienes visiones sobre cosas que ya pasaron, que no puedes hacer nada por cambiarlas, muertes, asesinatos, guerras, en esos momento, preferiría que, cuando cierro mis ojos, lo único que viera fuese negro.

La chica se queda algo sorprendida por la respuesta.

—¿Cómo crees que eres como persona? —pregunta sin saber qué más decir.

—Una persona normal, aparte de las visiones sólo soy un tipo que trabaja queriendo estar en su hogar, y cuando está en su hogar a veces quiere escapar al trabajo —comenta con fuertes carcajadas.

La chica acompaña su risa.

—¿Te consideras alguien normal?

—Sí, absolutamente, como ya he dicho, sólo soy otro más del montón con sus defectos y virtudes.

—¿Cuál es tu mayor miedo?

—Oh, ¿aquí entramos en las preguntas más personales, no? —dice con una sonrisa—. Si soy sincero, ya he vivido mi peor miedo un montón de veces, es lastimar a mis seres queridos. Como comenté antes, a veces soy una persona muy impulsiva.

—¿Debería tenerte miedo? —pregunta la chica de la nada.

—¿Esa es parte de la entrevista? He visto que no has mirado el papel en tus manos.

Ambos ríen parcialmente.

—No, no te preocupes —dice al fin el hombre.

—Continuemos —la chica mira las preguntas por un momento—, de pequeño, ¿tenías alguna clase de anhelo especial?

Neiel se queda pensativo un instante.

—No tener nada de estos estúpidos poderes, me disculpo si parezco alterado, pero de pequeño sólo lo veía como un problema, además de que mi hermana sufrió mucho por eso mismo. Cuando llegué a la adolescencia comprendí que también tenía su lado positivo pero en muchas ocasiones desearía ser completamente "normal".

La chica sonríe pareciendo entender.

—¿Cuáles eran los nombres de tus padres y tu hermana?

—Mi madre se llamaba Miriam, mi padre Holocausto, como ya dije le gustan los nombres extraños, es como una tradición o algo así, pero sólo por parte de los hombres me parece. Mi hermana se llamaba Anna.

—Veo que dices que se "llamaban", ¿han muerto?

—Sí, mi madre sí, que en paz descanse. Mi padre aún sigue vivo y creo que mi hermana murió en un accidente de tránsito hace unos años.

—¿Cuál es tu animal favorito?

—No sé si cuente, pero me encantan las gárgolas, a veces hasta me siento algo identificado con estas criaturas a pesar de no saber demasiado.

—Defínete en tres palabras.

—¿No acabarás nunca?

Ambos ríen.

—Bueno, ya, no sé... Impulsivo... Diferente... Complicado.

—¿Estás a gusto como eres?

—No realmente, cambiaría muchas cosas de mí, no soy el peor pero tampoco el mejor. Creo que nadie está completamente a gusto como es, y si alguien lo está, le recriminaría personalmente de conformista, creo que los seres humanos nunca debemos conformarnos, siempre debemos intentar ser mejores y mejores.

—¿Quién es la persona más importante de tu vida?

—Ahora, Lena. Antes lo fue mi hermana y en una época mi madre, ahora no las tengo a ellas y temo perder a Lena en cualquier momento.

—¿Qué edad tienes realmente hoy en día?
Neiel se inclina hacía la chica.

—Aquí entre nos, 53, pero si alguien te pregunta, aún tengo 30, ¿eh?

Ari sonríe y Neiel vuelve a su puesto.

—¿Eres feliz?

—Bastante, aunque siempre hay momentos difíciles o de tristeza.

—Si ahora mismo pudieras pedir un deseo al genio de la lámpara, ¿cuál sería?

—¡Dios, que Lena esté embarazada! Hace poco me ha dicho que lo sospecha. Me muero por tener un hijo, pero Lena tiene algunos problemas para quedar embarazada.

—¿Disfrutaste hacer ésta entrevista?

—Ha sido entretenido —dice con una sonrisa.

La chica se levanta y Neiel repite la acción. Él levanta la mano para despedirse pero la chica le da un abrazo y un beso en la mejilla.

—¡Espero que esto haya sido todo! —comenta, gracioso cuando Ari está en la puerta—, estoy agotado, traigan agua para la próxima, por favor —completa entre risas.


Luego de que Ari saliera de la habitación silenciosa, un hombre entró y le trajo agua a Neiel como éste había pedido. A penas se enteraba de que Lena había pedido que grabaran las entrevistas y demás.

—Jamás dejará de sorprenderme —comenta Neiel antes de que el hombre se vaya—, por eso me casé con ella.

El hombre sonríe y luego sale. Unos minutos después y la puerta se vuelve a abrir. Entra una chica de cabello azul, es bastante bajita, parece animada. Toma asiento en el sofá frente a él.

—Interesante cabello.

La chica deja escapar una risa.

—Es una peluca, no te preocupes. Todo ha sido por una condenada apuesta con Lena.

—No me sorprende —dice Neiel entre risas.

—¿Si me la quito le dirías a Lena?

—No, pero estoy segura de que se enterará de alguna manera, no se le escapa nada.

—Sí, tienes razón.

—Bueno, comencemos...

—Sí.

La cara de la chica cambia y se torna serie, mira a Neiel a los ojos y pregunta:

—Durante el secuestro, ¿lo pasaste mal viendo sufrir a Lena?

Neiel se siente más cohibido que nunca, separa con un dedo el cuello de su camisa sintiéndose asfixiado repentinamente.

—¿Creen todo lo que les dice Lena?

La chica sonríe levemente pero no deja de hacer contacto visual.

—Bueno —continúa Neiel—, técnicamente nunca pasó pero sí, la pase bastante mal, realmente no quería lastimarla, ni física ni emocionalmente, pero algunas veces me pareció necesario.

La chica asiente levemente.

—¿Cuál fue el momento en que te enamoraste de Lena?

Neiel intenta recordar, luego de un momento de silencio habla:

—No sabría decirte con certeza. Al principio sólo quería saber si realmente era hija de mi hermana, cosa que a la final fue imposible saber. Pero, hubo algo en ella que me llamó mucho la atención, no era "determinación de vivir" porque he de decir que nunca me pareció que la tenía, era algo más... era como si siempre me ocultara algo, detrás de esos ojos había una mente maquinando cosas que yo no podía ni imaginar, era astucia, eso fue lo que me atrajo a ella principalmente, luego sólo fue cosa de que el sentimiento creciera.

—Amor, puro amor... —comenta la chica— ¿Cuál es tu recuerdo más preciado de la infancia?

—El tiempo que pasé con mi hermana, creo que son de los mejores recuerdos que tengo.

—¿Nunca has pensado que te gustaría ser normal?

—Sí, muchas veces, me gustaría mucho.

Un pequeño silencio y luego continúan.

—Si pudieras, ¿qué parte de tu pasado dejarías atrás?

—Los momentos malos y oscuros... Los malos recuerdos.

La chica sonríe levemente.

—Eso es todo.

—Me alegro, ¡más agua por favor! —pide en tono gracioso.

La chica se levanta hace una pequeña reverencia y sale de la habitación.


De nuevo entró el hombre a traerle agua a Neiel.

—Esta vez lo decía en broma, pero gracias —dijo Neiel.

El hombre salió, Neiel sólo tomó un trago del baso de agua y luego lo colocó en el suelo a un costado del sofá en que estaba. Entonces la puerta se volvió a abrir.

Primero tocaron dos veces por educación y luego la abrieron sin más. Unos mechones de cabello se asomaron por la abertura de la puerta, miró a un lado y a otro por un momento y luego se sentó en el sofá.

Una chica tamaño estándar con el cabello negro y corte de cabello ni tan corto ni tan largo que le cubría casi completamente un ojo. Tenía la mirada seria, sonrió por un instante y luego volvió a parecer una muñeca de porcelana.

—Mucho gusto, Neiel, me llamo Fanny.

—Mucho gusto.

—Tengo un par de preguntas interesantes para usted.

—Me parece excelente.

Aún el hombre se preguntaba que había detrás de la chica extraña que acababa de entrar. Ella se acomodó ligeramente el mechón de cabello que le caía frente a la cara y entonces comenzó el interrogatorio. La chica sonrió ampliamente antes de hablar.

—Señor, si se quedara calvo, ¿compraría un peluquín?

—Eh... Creo que sí, nunca me ha gustado ese estilo —respondió Neiel algo desconcertado.

La chica sonrió, Neiel se sintió incómodo.

—¿Puede dar vueltas sobre sí mismo durante diez minutos sin caerse?

—Nunca lo he intentado pero...

—¡Inténtelo, inténtelo!

—Creo que es humanamente imposible no marearse si...

—Pero usted no es humano —lo interrumpió de nuevo la chica mientras se inclinaba un poco adelante con aire confidencial.

—Aún así no lo creo —dijo—. Y no lo intentaré —dijo en tono más bajo y serio.

—¿Estás a gusto como eres?

—En gran parte, sí.

—¿Qué crees que te hace especial?

—El poder ver visiones, sin duda.

—¿Cuáles son tus objetivos?

—Actualmente, aspiro ser presidente de la empresa en que trabajo, creo que tardaré un rato en lograr esa hazaña.

—Si un día de estos viaja en avión, ¿me traería una nube?

—No —dice sonriendo—, le traería una a Lena.

La chica hace alguna especie de puchero.

—Si se cambiara el nombre, ¿cuál nombre se pondría?

—Eh... bueno, no tengo idea... Ember, creo.

—Y si llegara a tener a su hijo, ¿qué nombre le pondría a él?

—Ember, supongo. Es el único nombre que tengo ahora en la cabeza, no he pensado en eso y creo que la tradición de mis ancestros me ha afectado más de lo que pensé —dice mientras se soba la cabeza sintiendo un ligero dolor de cabeza.

—En estos momentos, ¿cuál es su mayor anhelo?

—Tener un hijo.

—Si repentinamente me abalanzo sobre usted y lo amenazo para que me dé dulces, ¿qué haría?

—Te mataría, literalmente.

Se hace un pequeño silencio.

—Aunque pensándolo bien, eso me traería muchos problemas, más con Lena que con la policía, claro; pero... creo que al menos te dejaría inconsciente.

—¿Le gustan mis ojos y mi cabello? —pregunta la chica con una enorme sonrisa en la cara.

—¡Seguridad! ¡Saquen a esta chica de aquí! —grita el hombre falsamente desesperado.

—Oh, está bien, haré una pregunta más elaborada: ¿Cree que pertenezco a un grupo social de deprimidos que se lastiman para sentirse vivos sólo por mi peinado?

—¡Seguridad!

La chica hace un pequeño puchero y pasa a la siguiente pregunta.

—¿Se ha sentido feliz, acosado, cohibido, etc. por mi presencia?

—Más de lo que imaginas —dice por lo bajo.

La chica sonríe.

—¿Le ha gustado la entrevista?

—¿Por qué todos preguntan eso?

—¿Le ha gustado?

—Sí, supongo.

—Bien —dice la chica y sonríe.

Ambos se levantan, la chica lo abraza efusivamente y luego sale, no sin antes despedirse con la mano y con una gran sonrisa desde la puerta.

—Dios, qué amigas se gasta Lena —comenta Neiel para sí mismo luego de que la chica ha salido.


Luego de ya tres entrevistas Neiel empieza a sentirse agotado, sobre todo por la última. Toma el vaso de agua que tiene a su lado y se toma todo lo que queda. Se acomoda en el sofá buscando relajarse, se soba un poco el cuello y suspira.

Alguien toca la puerta sólo una vez y la abre inmediatamente después. Es otra chica, esta vez mucho más bajita que las anteriores, su cabello es bastante largo y castaño. La chica parece seria, sólo sonríe levemente y se dirige al sofá pareciendo un poco desorientada.

—Buenas tardes —empieza la chica—, un gusto en conocerle, Neiel. Lena me ha hablado mucho de usted.

—No me sorprende —comenta él en tono gracioso.

—Bueno, ya sé que no soy la primera que le hace una entrevista, así que, ¿no te molestan que te pregunten tantas cosas?

—Bueno, no me molesta siempre y cuando no sea demasiado personal, creo que hay que respetar la privacidad.

—Tiene razón, sin embargo, tengo mucha curiosidad acerca de algunas cosas

—dice ella con una pequeña sonrisa en la cara—. Por ejemplo, ¿en qué trabajas?

—Soy gerente en una agencia de viajes.

—Oh, que interesante —la chica hace una pequeña pausa y luego continúa—. ¿No te incomoda, aunque sea un poquito, estar casado con tu propia sobrina?

De repente Neiel empieza a toser, sorprendido.

—No, no realmente —dice al fin—, no es algo que esté realmente comprobado... y aún así, adoro estar con ella, no me incomoda en absoluto.

—A que no adivinas mi edad —lo reta ahora la chica.

—Eh... ¿15? ¿14? ¿Eres alumna de Lena, a caso? ¿Y cómo te permitió ella venir aquí?

—No, sí, no y no sé.

—Oh —responde Neiel sin entender.

La chica sonríe levemente y luego vuelve a estar algo seria.

—Cuando eras niño, ¿qué hacías en tu tiempo libre?

—Casi no tenía tiempo libre, por lo general iba al colegio y hacía mis deberes, y el resto del tiempo los viejos me "entrenaban". O estaba a escondidas con mi hermana. No tuve una infancia meramente normal.

—Digamos, hipotéticamente, si nunca hubieras tenido tus poderes y fueras un humano "normal", ¿en qué crees que sería de diferente tu vida actual?

—Creo que sería totalmente diferente, el tener los poderes es algo que marca mi vida. Y, bueno, no sabría decirte como sería mi vida si no los tuviera.

—Bueno, eso ha sido todo, Señor Neiel —dice la chica con una leve sonrisa.

Se despiden con un apretón de manos, Neiel súplica porque Lena no le haya mandado a más gente con preguntas extrañas.


Neiel estaba casi seguro de que las entrevistas habían acabado ya que nadie había entrado a la habitación por al menos de 5 a 7 minutos, estaba a punto de levantarse e irse cuando alguien abre la puerta de sopetón.

—¡He aquí, vuestra querida amiga, Candy! —grita una chica baja, de cabello corto y castaño y unos lindos ojos verdes.

Ésta se queda inmóvil luego de un momento.

—¿Aquí no era donde estaba las demás chicas?

—Eh... no.

—Oh, Dios... ¡Espere, usted es Neiel! ¡Entonces lo entrevistaré ahora!

—Claro, adelante, siéntate —le ofrece él con una sonrisa.

La chica toma asiento, parece ya haber olvidado el incidente de su entrada porque sonríe ampliamente.

—Bien... Para empezar algo fácil —dice mientras sigue con una gran sonrisa—, si tiene un hijo, ¿qué prefiere que sea? ¿chico o chica?

—Oh, no he pensado en eso, creo que me alegraría cualquiera que sea, aunque quizás deba decir que prefiero un niño.

—Y si llegan a tener gemelos, siameses, quintillizos o algo así... ¿qué haría?

—¡Me alegraría sobremanera! —exclama increíblemente alegre—, ¡si uno me haría feliz, imagínate lo que harían dos o más!

La chica ríe.

—¿Le da dulces a Lena?

—Eh... no es una cosa que haga muy a menudo, creo.

—¿Tiene dulces? ¿Me los das?

Neiel comprende la afición que tiene la chica por los dulces y entiende porque se auto-llama Candy.

—No, no tengo, lo siento.

—Ah, qué mal... —dice la chica mirando al suelo, luego recuerda que la entrevista no ha terminado y levanta la cara nuevamente con una sonrisa—.

Imagínese, estás paseando por la calle con Lena y de pronto ves una caja con un cachorrito, ¿qué hace? ¿lo coge o lo deja?

—Creo que yo no haría nada en específico, pero estoy seguro de que Lena no dudaría ni un segundo en llevarlo a casa a pesar de que yo me negara. Incluso creo que ella vería la caja antes que yo.

—¿Me firmas un autógrafo?

—Claro, ¿tienes donde?

—Claro.

La chica revisa en los bolsillos, saca un papel y un bolígrafo y se los da a Neiel. Éste le regresa el papel que dice en letra cursiva: "Neiel. Para la linda Candy"

—¡Sí, tengo un autógrafo de Neiel! —dice Candy levantándose del sofá totalmente alegre, luego de un momento pregunta—: ¿cree que estoy loca?

—No, me pareces agradable —responde él con sinceridad.

—¿Qué edad cree que tengo?

—No sé, ¿15?

—¡No! ¡Ahora me debe un dulce!

—Eh... lo siento, ahora no tengo, pero te mandaré uno con Lena.

—¿Puede autografiarlo?

—Lo dudo.

La chica hace puchero.

—Lo intentaré —dice entonces Neiel.

La chica sonríe.

—Imagínate que tienes algo que pueda hacer cambiar tu vida... ¿qué cosas cambiarías?

—Creo que nada, pienso que cada cosa que me ha pasado o que he vivido me ha traído a esto que vivo ahora y esto no lo quiero cambiar.

—¿Por qué no dejaste ir a Lena? ella te lo agradecería seguramente...

—Oh, gracias, eso me ha hecho sentir de maravilla —dice irónicamente—. Me empeñé en que ella tenía que ser mía y para mi sorpresa ella accedió más fácilmente de lo que pensé.

—Bueno, ha sido un placer entrevistarlo —dice la chica con una sonrisa.

La chica se levanta y le da un abrazo a Neiel, luego se retira de la habitación dando pequeños brinquitos de alegría.


No había pasado ni un segundo de haber salido la chica Candy cuando ya había entrado otra chica. Estaba sonriente y tenía una mirada que decía claramente "no podía esperar más". Ella se dirigió al sofá y se sentó, no dijo nada, sólo se quedó allí sonriendo ampliamente.

—Mucho gusto, soy Neiel —dijo él al ver que la chica no hablaba, se sentía algo extraño porque con todas las anteriores no había tenido que presentarse.

—Lo sé —dijo la chica entonces—, dígame, ¿qué se siente ser Neiel-sama-sexy-lindo-MI-novio-en-secreto?

Él sólo entendió la última parte y asumió que ésta era algún tipo de fanática o admiradora secreta.

—Eh... supongo que se siente muy ¿Neiloso? —dijo intentado hacer un chiste.

La chica sólo siguió sonriendo.

—¿Me amas? —soltó de golpe.

—No.

—¿Te gusta que te entrevisten? —dijo sin hacer pausa.

—Está empezando a no gustarme.

—¿Qué se siente ser protagonista de una gran historia como "Psycho Love"?

—¿Qué?

—Psycho Love, el libro.

—¿Qué?

—El libro que escribió Lena.

—¿Lena escribió un libro sobre mí?

—Sí que lo hizo.

—Pues me acabo de enterar y me siento... sin privacidad alguna.

—¿Dejarías a Lena por mí?

—No.

—¿Cómo, dónde, cuándo, por qué, a qué hora, naciste? —dijo la chica pareciendo decir un trabalenguas.

—Eh... bueno, nací como la mayoría, en una pequeña ciudad, por mis padres y no sé la hora.

La chica asintió levemente queriendo saber más detalles pero pasó a la siguiente pregunta.

—Si te tocara elegir entre un dinosaurio y un elefante, ¿cuál sería y porqué?

—Un elefante y es porque no quiero tener nada que ver con cosas antiguas.

—¿Qué prefieres, "Shalala" o "Tralala"?

—Shalala.

—¿Estás cansado?

—Sí, quiero volver a casa.

—¿Quieres beber de mi sangre?

—Ese es un horrible acto que está rotundamente prohibido por la asociación Lena's INC.

La chica ríe ampliamente.

—¿Te gusta el chocolate?

—No.

—¿Estoy loca?

—Eso es algo que sólo podrías considerar tú, o un psicólogo aunque no creo mucho en su palabra. Pero, por mi parte, estoy empezando a creerlo.

—¿Quieres dominar el mundo?

—No. Apuesto a que tú sí.

—De hecho, sí.

—¿Te parezco molesta?

—Una pregunta más y me lo parecerás.

—Oh, bueno, no quiero molestarlo así que dejaré la entrevista hasta aquí —dijo la chica levantándose del sofá—. Recuerde, siempre que desee, mi sangre estará disponible para usted —completó y le guiñó el ojo.

Neiel sonrió parcialmente algo anonadado, y suspiró preguntándose nuevamente porqué había aceptado la idea de las entrevistas.


Más agua para Neiel y luego de un par de suspiros alguien más abrió la puerta. Neiel estaba ya agotado y fastidiado, queriendo volver a casa. Intentó ponerse cómodo en el sofá mientras la otra persona se dirigía a su lugar respectivo.

Era el primer chico de todas las entrevistas.

El chico sonrió casi malévolamente y luego pasó directamente a la primera pregunta sin dar chance a presentaciones.

—¿Te molesta que te entreviste un hombre?

—Para nada, es sólo otra entrevista.

—¿Qué se siente estar casado con tu sobrina?

—Ya he dicho que no hay forma de que eso se compruebe —dijo algo molesto.

—¿Y si le dijese que tengo pruebas de que es tu sobrina y que una turba de gente esperando afuera para apedrearte por eso, qué harías?

—Nada; primero, porque sé que no es cierto, y segundo porque no le temería a ninguno de ellos.

—¿Qué tanto te afectó la pregunta anterior?

—No más que a ti.

—¿Te traigo un doctor? —preguntó el chico con afán de molestar.

—Claro, lo necesitarás.

—Bueno, yo lo decía por ti, yo estoy bien.

—Ya veremos —amenazó Neiel.

—Aquí entre nos... ¿cómo son las noches con Lena? —dijo el chico con cara pícara.

Entonces, sin previo aviso, Neiel le dio un golpe en la cara que hizo que el sofá del chico se moviera un poco. Él chico se levanto inmediatamente y se abalanzó contra Neiel para darle un golpe pero éste le tomó la mano, le hizo una llave de la cual el chico casi se zafa pero terminó contra el suelo.

—¿Ves? Necesitarás un doctor.

El chico seguía forcejeando ya algo adolorido y en inútil intento, escupió a la nada.

Un segundo después entraron dos hombres, separaron a Neiel del chico y sacaron de la habitación a este último.


Se oyó un escándalo afuera y entre el desespero entró una chica que ya había entrevistado a Neiel. Él no recordaba bien quién era, había tenido un día con demasiadas preguntas, sólo sonrió levemente. La chica también sonrió.

—Hola —dijo casi canturreando.

—Hola —respondió Neiel—, disculpa, ¿cómo te llamas?

—Fanny —dijo ella aún sonriendo.

—Cierto, Fanny.

—¿Golpeó a ese chico grosero de afuera? —preguntó la chica— La verdad es que nos estaba molestando a las chicas afuera.

—No me sorprende —comenta él—. ¿Por qué no te habías ido?

—Estaba pensado que quizás podría verlo cuando ya se fuera.

—Ah.

—Además, luego me dí cuenta de que tenía más preguntas por hacerle.

—Bueno, no creo que pueda salir aún, así que toma asiento.

—Claro.

Ambos se sentaron y se continuó con la entrevista. Antes de hablar la chica acomodó un poco su mechón de cabello, sonrió por un instante y luego habló:

—Si me acuesto a dormir, pero muero y amanece, ¿amanezco muerta o no amanezco?

—Ambas.

—¿Le gusta la oscuridad?

—Sí.

—¡A mí también! —exclama la chica.

Neiel sonríe pero su sonrisa deja ver algo de frustración al recordar al chico anterior.

—¿Le teme a los payasos? —continúa la chica.

—No.

—¿Me regala un peluche? ¡Onegai!

—No tengo un peluche.

La chica casi un puchero.

—Pero —dice entonces Neiel—, si algún día te veo... y me acuerdo... y tengo un peluche... quizás.

La chica casi brinca de alegría en el mismo sofá.

—¿Sintió escalofríos cuando lo abracé?

—No.

—¿Le gustan los gatos?

—No, pero tampoco me desagradan demasiado.

—¿Ha usado maquillaje alguna vez en su vida?

—Sí.

—¿¡En serio!? ¿¡Por qué!?

—Una obra del colegio, era un mimo.

—Ah... —dijo la chica y luego pasó a la siguiente pregunta— ¿A qué huelen las nubes?

—Nunca he olido una.

—¿Me daría 300 euros para usos personales? —pregunta la chica y luego dice en tono más bajo—: no pregunte para qué —y le guiña un ojo.

—No.

—¿A comido comida de gato?

—No.

Fanny parece casi desilusionada.

—¿Su cabello es teñido?

—No.

—¿Me regalaría sus ojos?

—No.

—¿Por qué?

—Porque son míos.

—¿Le parezco irritante?

—No más que el chico de afuera.

—¿Pero entonces sí le parezco irritante?

—No realmente.

—¡Ya dígame! ¿¡Le parezco irritante!?

—Si lo vuelves a preguntar, sí.

—¿Me quiere?

—No lo creo.

La chica se levanta y abraza a Neiel, éste le devuelve el abrazo.

—¡Oh, sí me quiere! ¡Me abrazó!

—Eh... supongo.

Entonces Fanny le da un beso en la mejilla a él.

—¡Con eso me basta! ¡Pero aún me debe un peluche! ¡Y una nube!

—Claro, claro.

La chica se dirige a la puerta y le guiña el ojo para luego decir:

—Nos veremos luego.


Luego de que Fanny saliera entró de nuevo una de las chicas anteriores, parecía un poco preocupada por algo, miró a ambos lados asomada por la puerta y luego entró.

—¿Cree que va a necesitar un terapeuta después de terminar estas entrevistas? —dijo la chica aún sin sentarse en el sofá—. Hasta yo necesitaré uno.

—Sí, creo que necesitaré uno.

—¿Alguna vez te ha pasado algo muy estúpido o molesto que ahora te cause gracia?

—Sí, supongo que sí.

—Dime.

—Realmente no recuerdo.

—¿Qué es lo que más te gusta hacer?

—Ejercicio.

—Uhm... ¿cuál es tu comida preferida? —pregunta la chica esperando que no responda "sangre".

—Carne, de cualquier tipo.

—¿Crees que podrías ir conmigo al terapeuta después de esto?

—Creo que preferiría ir solo.

—Bueno. ¿Aún no tiene dulces?

—No, aún no.

—Bueno.

Y después de eso la chica salió.


Y de nuevo, a la salida de la última chica, entró otra. Esta vez era la primera que lo había entrevistado, una de las más cuerdas según recordaba, al menos Neiel agradecía que fuera ella.

—Veo que no dejarán de entrar una y otra vez —comenta Neiel en tono cansado.

—Oh, lo siento, como vi que las demás estaban entrando pensé que podía y...

—No te preocupes, toma asiento.

—Esta bien —dijo Ari, sonriente.

Ella se sentó y luego empezó a hablar.

—Hablan mucho allá afuera, no es como aquí de silencioso.

—¿Ah, sí? ¿De qué hablan? —preguntó Neiel, curioso.

—Bueno, de todo, de las preguntas que te hacen, de lo que respondes y de otras cosas con respecto a ti; por ejemplo: ¿No estás cansado de tomar agua? Te podría traer un filete si quieres.

Ambos ríen, el estrés de Neiel parece desaparecer mágicamente.

—Parecen fanáticos, tampoco es que fuera un actor o algo por el estilo.

—No, pero pareces misterioso, sabes que eso siempre capta la atención.

—Sí, pero no soy tan misterioso como ellos creen, soy sólo otra persona más en el mundo.

—Supongo que sí. Creo que realmente necesitarás terapia después de esto, si Lena se ofrece a ir con usted, ¿la dejaría?

—Claro, además aprovecharía para reclamarle por meterme en esto.

Ambos ríen de nuevo.

—¿Cree que a Lena le agrade el nombre de Ember?

—La verdad no lo sé, no se lo he comentado, a penas se me vino a la mente hoy.

—Bueno, tendrás que comentarle, luego le preguntaré a ella si le gusta —dijo y continuó luego de una pausa—. Por cierto, ¿verdad que cuando Lena quiso atacarlo con el jabón dio un poco de risa? ¡A mí sí!

—Ja ja, sí, claro que sí, quiero decir, si me iba a atacar pudo buscarse una forma mejor.

—¿Me puedes dar tu autógrafo? Por favor, es que se me olvidó en la entrevista anterior.

—Claro.

Ari le da un papel y un bolígrafo a Neiel y éste le devuelve en papel con un escrito que dice: "Para Ari, otra fanática más. De: Neiel." Cuando ella lo ve, ríe y él también.

—¿Cree que podría entrar al Lena's INC?

—Dudo que Lena te deje, es una organización muy reservada, tú sabes.

Ari sonríe un poco.

—Si Lena le pide la luna, ¿se la bajaría?

—Si estuviera a mi alcance, lo haría. De cualquier modo, idearía una forma de dejarla feliz, algún dibujo enorme de la luna, ¡o me robaría alguna de un teatro! —dice entre risas— Cualquier cosa que la haga feliz.

—Si te encuentras conmigo en la calle, ¿qué harías?

—Te saludaría, aquí entre nos, creo que eres la más cuerda de todas, si me encontrara con las demás, saldría corriendo.

Ambos ríen hasta privarse.

—¿Quiénes serían los padrinos de tu hijo o hija? —pregunta luego de haberse recompuesto de las risas.

—No sé, no he pensado en eso. Supongo que algunos amigos de Lena.

—¿Sigues enojado por lo del chico anterior?

—Oh, lo había olvidado, me lo acabas de recordar.

—Lo siento. Olvídalo de nuevo.

—Intentaré.

—¿Te apetecería un café?

—Algún día, si te veo por ahí, entonces será.

—¿Saludarías a Lena de mi parte? Dile que la quiero entrevistar a ella.

—Oh, no dejaré que la torturen a ella. Pero sí, la saludaré de tu parte.

Ya Neiel no quería más entrevista, luego de que salió Ari se decidió a irse a casa. Sólo esperaba que el chico de hace rato no estuviera por allí.


Salió de esa condenada habitación y al fin vio la luz, en el vestíbulo sólo estaba la chica fanática de los dulces, y a lo lejos se veía que Ari se alejaba.

La chica Candy se acercó a Neiel con una gran sonrisa.

—¿Porqué ha venido? ¿Por qué no le ha dicho a Lena que no quería? Así habrías tenido menos problemas... —comenta la chica casi sin dejarlo responder.

—Bueno, no pensé que sería tan estresante.

—Ah... ¿Tiene alergias, enfermedades y otras debilidades física?

—No, ninguna que yo sepa.

—¿Qué frases o palabras usas con frecuencia?

—Eh, no creo que tenga modalidades de ese tipo.

—¿Qué lleva en sus bolsillos? ¿Dulces? ¿Me los das? —pidió la chica pareciendo un peluche.

—Eh, bueno... no tengo dulces, pero toma —dice él revisando sus bolsillos—, toma dinero para que te compres algunos.

—¡Yay! —exclamó la chica dando saltos—. ¿Tienes tics, manías, hábitos extraños...?

—No, además de beber sangre, nada.

—¿Cómo describirías tu infancia en general?

—Común y poco común.

—¿Cuál es...?

—Oh, mira qué tarde se hace, lo siento, me tengo que ir, adiós.

Y seguidamente salió del lugar.