Dulce Sinfonía

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La suave brisa acariciaba el rostro de aquella joven, sentada en el muelle mirando el ocaso. Sus ojos verdes se veían llenos de lágrimas, lo que delataba una clara tristeza que llenaba su corazón. Suspiró resignadamente y se abrazó las piernas, para comenzar a llorar.

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— ¡Vamos Tom!— Un grupo de adolescentes estaban parados esperando a su amigo, el cual parecía haber visto un ovni.

—Esperen, hay alguien en el muelle…— Contestó él, observando una silueta allí.

—Puede ser, siempre hay personas allí. ¿Qué esperas? ¡Vámonos que llegaremos tarde!

El muchacho observó un poco más detenidamente y pudo distinguir a una chica, lo cual le dio mucha más lástima. —Ustedes adelántense, los alcanzo enseguida. — Sus amigos lo miraron atónitos como él se iba corriendo hacia la persona que estaba sentada en el muelle.

—Está loco. Vámonos.

Tom se dirigió hacia la muchacha y, al llegar, se sentó a un costado y comenzó a mirar el mar. La chica lo observó algo incrédula, ya que se le había aparecido sorpresivamente. Él le dedicó una sonrisa y le extendió una mano.

—Mucho gusto, soy Tom.

Ella lo siguió mirando y luego le devolvió el gesto, luego de secarse las lágrimas.

—Bay, el gusto es mío.

—No me quiero entrometer, pero… ¿Qué hace una chica como tú llorando sola en un lugar como éste? — Ella desvió la mirada e hizo una media sonrisa.

—Es muy complicado… Dime, ¿Siempre andas consolando chicas por ahí? — Él se sonrojó levemente, y la miró. Realmente era muy bonita. Cabello castaño oscuro largo, nariz respingada, por lo que observaba era bastante petiza, una sonrisa muy cautivadora y… sus ojos.

¡Qué hermosos ojos!

—Por supuesto que no, no soy un Donjuan si eso es lo que crees… Es sólo que me diste curiosidad.

Bay lo observó detenidamente. Cabello castaño, ojos marrones, bonita sonrisa, lindo cuerpo… Tenía algo que lo hacía diferente a los demás chicos con los que había hablado.

Él se acercó a ella son conocerla.

Un escalofrío recorrió su cuerpo. Sin conocerla.

—"Supongo que por eso está siendo tan amable conmigo… No sabe quien soy realmente". — Pensó.

En ese momento, todo sucedió muy rápido. Un grupo de hombres uniformados se acercaron corriendo a ellos y tomaron a Bay con esposas y a Tom lo empujaron hacia el mar. Él gritaba desesperado, mientras intentaba subir de nuevo al muelle, pero uno de esos hombres no lo permitía.

—Aléjate de mí, Tom. Es por tu bien. — Dijo ella sin oponerse al arresto. El muchacho la miró atónito.

— ¿Qué sucede?, ¿Por qué te llevan?

—Sólo digamos que no soy la persona que tu te imaginas. Fue un gusto conocerte, gracias por tu preocupación.

Y se la llevaron.

Enseguida llegaron los amigos de Tom, quienes al verlo en el mar corrieron a su ayuda.

— ¿Qué sucedió? —Dijo Drake, un muchacho morocho de ojos azules. El mejor amigo de Tom.

—Se la llevaron. Se llevaron a la chica que estaba aquí.

— ¿Quiénes?

—Soldados. ¿No los vieron? ¡Fueron hacia donde estaban ustedes!, ¡Pasaron por al lado suyo! —Los chicos lo observaban con cara de preocupación, cosa que puso más furioso al confundido Tom. — ¡No me miren como si estuviera loco, maldita sea!

Harry, otro de sus amigos, se acercó a él y apoyó una mano en su hombro antes de decirle:

—Hermano, no había nadie allí.

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Llegaron los soldados hacia una pequeña cabaña ubicada a unas cinco calles del muelle. Allí, soltaron a Bay y ésta se quejó un poco, mientras se soltaba de las esposas que le apretaban las muñecas.

—Podrían empezar a ser más amables, ¿No? También podrían avisarme por celular que tengo trabajo, ¿acaso no vieron que estaba charlando? ¡Manga de tarados!

Uno de los soldados, el más joven, se acercó a ella y le sonrió.

—Tú quisiste hacerte la dramática y pediste que cuando tengas un trabajo te vayamos a buscar así, Bay.

—Estás celoso. Admítelo, Justin.

Justin se sonrojó levemente y se puso serio. Era un muchacho de unos 17 años, musculatura firme, cabello negro, ojos verdes. Carraspeó.

—No digas estupideces. Tienes trabajo.

Justin era el que más confianza le tenía a Bay, pues todos los demás la trataban de 'usted' y no se atrevían a faltarle el respeto, pese a que sólo fuese una chica de 17 años. Pero no era cualquier chica de 17 años… Bay era asesina profesional a sueldo.

— ¿Qué me trajeron?

Justin le entregó una carpeta donde había una especie de ficha, con una foto y datos personales. La muchacha lo miró y leyó detenidamente para luego soltar un suspiro.

—No te quejes. Te pagan bien.

—Sí, ya ví. ¿Otro ministro? Ya me aburren los ministros mafiosos.

—Es lo que hay, lo tomas o lo dejas.

Ella volvió a suspirar.

—Lo tomo.