El Año nuevo de Clío

I

El cielo lila pálido contrastaba con las nubes apenas celestes, casi blancas. Las mismas parecían arremolinadas, esponjosas y le daban a Clío la imagen de sus manos tomándolas, sintiéndolas suaves, abombadas, llevándoselas a su rostro para poder olerlas y sentir sueño y calor con su tacto inusualmente dulce.

Pero dejó de hacerlo cuando oyó los pasos, suaves ecos acercándose a ella.

Clío extendió sus manos gráciles, sonriendo aquella sonrisa de infantil travesura, y dejó la nube que había tomado en el cielo, justo en el lugar donde la había visto; como si la perspectiva no fuera real (A decir vedad, si Clío quería, no era real) y las nubes solo se trataran de un algodón prestos a ser tomados por ella, si así lo deseaba.

Mientras lo ecos en el suelo se iban intensificando, Clío miró de nuevo sobre el blanco balcón, que semejaba a una gruesa enredadera vegetal con rubíes como flores, incrustadas; dejó salir una de sus pequeñas risas, musicales como la de los bebés, pero más madura, y llevó un dedo al frente para remolinar la nube un poco más, hasta que tomara la forma de un carruaje o una carreta.

—¿Es verdad que te vas después de la celebración de paso, querido visitante?

La muchachita se volvió con aquella energía alegre y en sus movimientos, ante el ojo experto, se pudieron ver unas estelas en el aire, con destellos de unos ojos azules, una habitación oscura y extrañamente iluminada y tanto más que no puede ser apreciado y narrado, como si en ella, en su aura, hubiera un aleph1; pero con fondo desconocido.

—Sí, Lariada —Clío rió, llevándose una de sus pequeñas manitas a la boca y moviendo el cuerpo al son de la carcajada, muy divertida.

Hasta ese momento, aunque se supone que hace más de 24 horas humanas, –tiempo suficiente para conocer la historia de Lariada, su familia, sus amores y desamores, sus motivaciones y sentimientos y turbaciones, sus encuentros, acciones y…–, fue que Clío supo su nombre: Lariada.

Al menos, ya había estado pensando en cómo sería: Al principio la imaginó como un ser azulado, de ojos muy grandes y pupila azul oscura… pero luego se decidió por cambiarla, y entonces, la mujer que se acercó a ella era alta, tenía piel bronceada por el sol (Antes era blanca, pero Clío se decidió por algo un poco más original) cabello negro muy encanecido, largo y ondulado que le llegaba, suave y sinuoso, hasta más o menos las pantorrillas; sus facciones eran armónicas, atractivas, jóvenes aún, a pesar de su cabello encanecido: labios algo gruesos, nariz levemente alargada, mirada serena… Un vestido largo, blanco alilado y con una franja como de tela levemente metálica al centro, dorada; algo así si fuera una sacerdotisa (bien podría serlo, pensó Clío, cogiendo una silla que se acaba de inventar, para sentarse frente a ella).

La mujer se sentó en otra silla más grande y cómoda, junto a la muchachita, que en verdad era un sillón que para Lariada siempre estuvo ahí aunque fuera Clío la que la hubiera hecho aparecer para que la mujer se pudiera sentar junto a ella.

Muy acostumbrada a las risas de la muchachita, la mujer esperó a que tomara silencio y la mirara, con toda la atención de esa mirada divertida, pícara, juguetona:

—Sólo has estado un año con nosotros, y tu ayuda ha sido invaluable. Nos encantaría que te quedaras un poco más para poder expresarte nuestro agradecimiento.

—Y a mi no me importaría mucho hacerlo. No me es difícil estar saltando de un mundo a otro, por ejemplo, mientras estabas a punto de terminar de hablar, veía lo que luego voy a hacer y pensaba en la forma en que agradecerías mi ayuda en… ¿En qué les ayude en este año?

—En la guerra, con tus poderes… —la mujer la veía con ojos llorosos, la nariz enrojecida, sus manos tomadas fuertemente en su pecho, como si aguantara el dolor que se producía en este al recordar a su esposo, muerto frente a ella y…

—No, hemos usado algo parecido hace poco, mejor lo vamos a cambiar. —le dijo Clío, extrañamente seria y entonces la mujer dijo:

—Con la extraña enfermedad que nos aquejaba, con tus poderes… —la mujer la veía con ojos llorosos, la nariz enrojecida, sus manos tomadas fuertemente en su pecho, como si aguantara apenas el regocijo que se producía en este al recordar a su hijo, un joven moreno como ella, de ojos azules como su padre, hirviendo en fiebre, desapareciendo en sudor, diciendo incoherencias de otros mundos donde un joven se había perdido al seguir un gato…

—No fue nada, Lariada. —rió de nuevo Clío, pero la mujer frunció el ceño, tozuda:

—¡Claro que lo fue! Por un año estuviste con nosotros, devolviste a todos ellos de su desubicación mental.

Clío se puso en pie, brincando un poco:

—No fue nada Lariada, en serio. Casi no puedo envolverme en ese mundo y conocer lo que hice en este año, sus lugares, personajes... Ya casi se termina el año en tu pueblo, y se supone que tengo que irme pronto, tan pronto que ni puedo decir cuales sería las posibles celebraciones, lo que he visto de los pueblos, de los personajes, de sus historias y hasta de ésta habitación en que estoy, el entorno y el clima; porque ya me tengo que ir. Lo sentimos en serio, Lariada, tal vez otro día si pueda conocer algo más de ese año y este mundo. Porque en verdad, se supone que sólo es de paso, un inicio sin importancia para lo que viene, un acontecimiento más antes del "Cuando".

(Como si se escribiera: "Vladimir salió de la casa con desgana, ya que hacía frío y el cielo lo sabía muy bien al presentarse totalmente gris, pero no tanto como para decir: "¡En cualquier momento dejo caer la lluvia!". Él bufó desganado, agarró de mejor manera la bolsa negra y, ya estaba en medio camino hacia los contenedores de basura, cuando…" ¡Y ahí sabemos que se puede venir lo verdaderamente importante! Que en este caso era: "el carro de Dimitri apareció por la esquina solitaria a una velocidad de suicida alcoholizado.

Apretó el freno desde unos metros más allá, el rechinar de las llantas y olor a caucho quemado acompañó al auto ochentero, que paró justo frente al sorprendido muchacho. La puerta del acompañante se abrió invitadoramente y Vladimir pudo ver el rostro de su hermano, estando aún apoyado en el asiento destinado para él, diciendo entre enojado y emocionado:

—¡Después de lo que ha pasado, no tienes de otra! ¡Ven, te lo cuento en el camino!

Sin decir nada más, Vlad decidió. La bolsa quedarían a unos dos metros de los contenedores mientras el auto arrancaba y se iba a una velocidad temeraria.") Pero eso Clío no se lo explicó a Lariada, más bien le dio un abrazo a la mujer, fuerte y cariñoso como sólo el de ella podía ser, protector y cálido, como si en vez de parecer una adolescente de unos 14 años, pequeña y delgada, con piel blanca algo curtida, cabello desgreñado y largo, con florecitas, ramitas, estrellas enredados en ellos; fuera algo así como un leñador grueso de dos metros, de un corazón tan grande y amable como su cuerpo. Y por un instante, lo fue de hecho…

Luego de que volviera a tener la forma ícono/arquetípica de ella, Clío soltó a la mujer y, aunque antes iba a hacer una voltereta en su eje (con estelas de movimiento y de otras historias arremolinándose en torno a ella), se decidió mejor hacer que el lugar donde estaba, el cielo, las nubes, la cámara grande y vacía como de mármol amarillo y bruñido a su alrededor, se volviera incontables puntos de polvo que se movía a su alrededor para volverse a componer en el nuevo mundo que estaba.

II

Era baño con paredes blancas, un lavabo blanco también, sus dos perillas algo doradas. Frente a éste, en la pared, el espejo de casi cuerpo entero que tenía a la par una barra de mental con dos paños, frente al cual estaba el servicio sanitario verde y, entre ellos, Clío estaba riendo en silencio, con un dedo en los labios y moviendo los hombros ligeramente de arriba abajo, los ojos cerrados… como una malvada pero tierna traviesa.

¡Descorrió la cortina!

Un grito masculino pero feminizado se dio mientras un hombre, en medio del agua caliente y el sonido de regadera, rodeado un poco por el humo que producía el líquido en el aire frío; se hizo hacia atrás, escondiendo con las manos cierta parte de su anatomía, gritó, entre furioso y avergonzado:

—¡CLÍO! ¿¡QUÉ RAYOS HACES AQUÍ!?

La risa musical reverberó un poco en el lugar mientras volvía a correr la cortina.

El hombre, farfullaba algo mientras ella se sentaba en la taza cerrada del servicio sanitario y empezó a decir, viendo el basurero también verde oscuro a un lado de ella:

—Es tu culpa por no estar trabajando, "Leoner".

—¿¡"Leoner"!? ¡Qué "Leoner" ni qué ocho cuartos!

—Yo decidí llamarte así, ya que ni tu anfitrión sabe cómo te llamas.

—¡No por eso tienes que venir a verme desnudo, chiquilla pervertida!

Ella dejó la sonrisa:

—Ey, ey, ey… cuidado con lo que dices, que yo fui la que hice que no se vieran ciertas partes tuyas y, además, la que no hizo que se describiera tu hermosa anatomía.

El rostro de "Leoner" apareció por entre la cortina, hermoso y varonil… como solo un muso podía serlo si quería. Su expresión, entre indignada y extrañada:

—¿Cómo que me describiera?

—Mi anfitriona nos está viendo y escribiendo ahora mismo.

Lo miró con ojos entornados y una tenue sonrisa maliciosamente traviesa que se abrió en una más divertida, al ver su expresión. Ojos y boca muy abiertos, estupefacto:

—¿¡Por qué rayos le inspiras a mi a tu protegida!?

—Por que ella me lo pidió. —La boca más abierta aún. Clío rió y le cerró la boca con una filial caricia—. ¡Además, esto es tu culpa! —siguió, con un ceño fruncido pero actuado en la frente, indicándolo a la vez.

—¡Ah, lo siento! —dijo, muy irónico pero menos enojado— ¡Había olvidado que te pedí que entraras en el baño mientras me bañaba! ¡Ah, espera: es que nunca te lo he pedido! —volvió a entrar, cerrando la cortina con fuerza y farfullando algo inteligible mas que para el anfitrión de él.

Ella se encogió de hombros, risueña como siempre; pero luego carraspeó, se puso seria y siguió hablando… moviendo sus piernas como si bailara un vals que una pareja bailaba en una sala semioscura y… volvió a carraspear, y siguió diciendo:

—Como te iba diciendo: ¡Esto es tu culpa! No sólo porque te gusten demasiado los regaderazos… Sino porque, al no hacer bien tu trabajo, es que yo no puedo hacer el mío.

—¡Ey! ¡A mi no me culpes de que seas tan dispersa que terminas recargando a tu protegida!

—¡No es eso, "Leoner"! Es por tu culpa, porque hace tiempo que no le haces escribir, si es que lo has inspirado al menos, sus historias principales que mi protegida conoce. Sobre todo sobre aquel mundo lleno de magia.

La regadera se había apagado y una mano cogió el paño.

—¿Y eso qué?

Ella se irritó en verdad:

—¡Que terminamos escribiendo esto! ¡Es humillante!

El rostro volvió a aparecer, preocupado:

—¿Como así? ¿No se te ocurrió nada más para regalarle a mi protegido?

Ella pareció indignada:

—¡Claro que se me ocurrió! Pero ya sabes como son los anfitriones, a ella sólo le dio la gana escribir esto. ¡Es por tu culpa! Hace tiempos que no escriben de la "Casa", y se supone que yo le debía enseñar de esa historia; pero a ella, aunque le gusta la historia, se le ha ido las ganas de escribir… es como cuando has leído un libro que te encanta hace tiempo, y lo recuerdas con cariño, pero conmigo, son las cosas del momento, que acabo de presenciar y que hace tiempo sigo viendo, lo que me da más energía para inspirarla. Y ya sabes que con ella cuesta que se ponga a escribir algo de lo que yo le enseñe. ¡Y viene a decir que yo soy la culpable de que no lo haga cuando…!

—Pues, Clío… la verdad, ya te lo dije, eres muy dispersa y ella no puede escribir todo lo que…

—¡No me vengas con eso, chico de la regadera! ¡Es tu culpa! —un dedo acusador justo en la nariz del muchacho.

Él le agarró la mano con los ojos entornados pero mandándose a tener paciencia.

—Yo no soy responsable de tu protegida, Clío —se apareció una ropa en la otra mano y volvió a entrar en la regadera.

—Pero sí lo eres del tuyo.

—¿Y eso qué? Lo que yo haga o no haga…

—¡Es que no has hecho prácticamente nada últimamente!

—No es que me tenga que excusar o algo así, pero él tenía que hacer la tesis y…

—¡Blah, blah! —dijo ella, haciendo la mímica con la mano—. Eso no es excusa.

—Además, hicimos el proyecto de sus experiencias que…

—"Leoner", no me hagas hablar de derechos de autor o algo así. ¿Además, qué quieres que haga con eso? ¡Por más poderosa que sea, no puedo inventarme la vida de tu protegido y, por la ética rara de ella, aunque lo intentara, ella no lo escribiría!

—"Poderosa", "poderosa"… —canturrió él, decidido a ir al ataque—: ¡Se me hace que no se te ocurrían buenas ideas y por eso tu anfitriona terminó escribiendo esto!

Clío sorbió aire, demasiado ofendida e indignada como para poder hablar por un instante, luego, le respondió lo más afiladamente que pudo:

—Para tu información le di cuatro ideas: Una de ellas era escribir lo de aquella super policía, que tenía la habilidad de oír los últimos pensamientos de los muertos y, de esa forma, tiene una pista del triple agente muerto.

—¡La recuerdo! —Se estaba poniendo la camisa—. ¿Por qué no…?

—Muy larga.

—Ah.

—Otra fue sobre una joven Practicante y su primer fin de año en la ciudad, con su poder y sus amigos.

—Clásica… ¿y por qué no…

—Muy general… ¡Ni aún ahora estoy segura de su poder!

—Vaya —él salió del año y, desclaso, se secó el agua en la alfombra, diciendo—. Pero eso no es difícil para ti.

—Si ella no tiene ganas, tengo que pasar a la siguiente. Se me ocurrió la idea de un tal "Bienvenido" que tiene que pasar de un mundo a otro en el fin de año, y de esa forma pasaría de una historia nuestra al departamento de tus protagonistas masculinos. Luego, esa idea se convirtió en un crossover de mis protagonistas gemelos apareciendo de la nada en la "Casa", a conocer a tus protagonistas y…

—¡Esa me gusta más… por qué…

—¡Por que se convirtió en esta historia! —él se estaba peinando frente al espejo y ella se levantó y brincando, de lo tan quieta que había estado todo ese tiempo, fue le dio un ligero codazo, entre amenazador y juguetón. Él la miró, conteniéndose de responderle—. Ya te dije que por más ideas que tenga, si ella no siente las ganas necesarias pues… Que esto es tu culpa y, si en verdad quieres que tu protegido obtenga un fanfic de nosotras, ¡Mas te vale que hagas tu trabajo y pronto escriban algo más de esa historia!

Y todo desapareció.

1 Alusión al cuento "El Aleph" de Borges…