A ver si os gusta el nuevo giro :P


En cuanto comprendí el peligro en el que me encontraba traté de bajarme del coche, pero el demonio fue más rápido y me agarró con una fuerza sobrehumana. Chillé al sentir sus uñas clavándose en mi piel. Un chaval que paseaba por allí y nos vio se apresuró por sacar el móvil y llamar a la policía, sin embargo el demonio no se lo permitió y lo lanzó contra la pared mientras lo desangraba. Ante este hecho no pude evitar sentir mucho miedo, no sabía cómo salir de ésa. Unas extrañas palabras me envolvieron y mi mente se nubló, perdiendo el conocimiento.

* * *

Medianoche. Viernes. La gente joven aprovechaba para salir de fiesta, pero desafortunadamente para Keiran él tenía que trabajar al día siguiente así que en vez de trasnochar de bar en bar buscando una reina de la noche que le diese calor pasaría una tranquila velada leyendo un interesante libro sobre los quehaceres de una libertina mujer. Se acomodó en su lado del sofá preferido, apagó el cigarrillo y se colocó las gafas para leer. Recogió su larga melena negra y sus ojos color miel examinaron la portada del ejemplar. Apenas había pasado de la primera página cuando alguien llamó a la puerta de su chalet. Se anudó bien el cinto del cómodo albornoz azul oscuro que recubría su cuerpo y le echó un vistazo al portero automático. Se quedó de piedra cuando reconoció los ojos verdosos que brillaban desesperados en la pantalla. Keiran retiró los cerrojos y abrió rápidamente para ayudar al que una vez había sido su amigo.

—¡Rusty! —exclamó el hombre moreno.

—Tenías razón, soy un descuidado —alcanzó a decir el aludido. Sujetaba su costado derecho con una mano ensangrentada. Su aspecto era bastante lamentable.

Keiran dejó las preguntas para más tarde, lo primordial era ayudar a su viejo amigo. Observó el rastro sangriento que Rusty había dejado en el suelo y frunció el ceño. Le tumbó en su sofá y le quitó los jirones que le hacían de camisa para examinar la herida. Sin duda la de su costado era la más grave, aunque en la frente mostraba una fea brecha y parecía que se le había roto alguna costilla. Le hizo beber un poco de agua y le dejó solo por unos momentos para limpiar el rastro, no quería que nadie le hubiese seguido hasta su bonito chalet. Le cosió sus heridas y le vendó en absoluto silencio, no quería aturdirlo. Cuando acabó parecía que Rusty ya se encontraba algo mejor.

—¿Agua? ¿Qué clase de anfitrión te has vuelto, Keiran?

—Veo que sigues igual de idiota. Pensé que en todo este tiempo alguien habría inventado una cura para tu estupidez.

—Hay cosas que no pueden remediarse, supongo.

Keiran esbozó una sonrisa para sí mismo y le alcanzó una botella de whisky escocés. Al menos el alcohol calmaría el dolor de sus heridas. Los dos se conocían desde el instituto. Keiran era el alumno que a pesar de su reacia conducta obtenía mejores notas que nadie, mientras que Rusty era un caso perdido. En las asignaturas de educación física sacaba sobresaliente, pero parecía que no soportaba estar encerrado entre cuatro paredes. El chico siempre se metía en algún lío extraño y era Keiran el que tenía que sacarle de ellos. Ambos habían pertenecido al grupo de fanáticos ocultistas, pero cuando la situación llegó a un extremo, los dos decidieron salir de allí y separaron sus caminos. No se habían vuelto a ver desde entonces. Rusty saboreó un trago del caro alcohol. Le quemaba la garganta, pero no le importó, necesitaba entrar en calor. Sabía que aunque su amigo aguardaba silencio estaba esperando respuestas así que se las daría.

—¿Te acuerdas de Nahama? —le preguntó finalmente Rusty.

—¿La pelirroja despampanante? ¿Tu ex? —Keiran se acordaba perfectamente.

—Sí, ésa es. No se tomó muy bien nuestra ruptura.

—¿Qué esperabas de la satánica ésa? Hiciste bien en dejarla, era una mala mujer. Estaba muy buena y todo lo que tú quisieras, pero esa extraña afición por degollar niños le hacía perder puntos.

—¿Sabías lo que hacía?

—Una vez casi me lo hace a mí, si sigo vivo es prácticamente un milagro —le confesó Keiran con ojos muy serios.

—El caso es que era mucho peor que una loca satanista...

—¿Un demonio? ¿Estaba poseída por uno?

—Veo que estás bastante enterado de estas cosas —exclamó el castaño sorprendido.

—En todo este tiempo me he encontrado con varios…cazadores —dudó antes de mencionar esta palabra. Rusty asintió dándole a entender que conocía el término.

—Ya te he dicho que no se tomó nada bien que cortase con ella. Me acosó, amenazó y persiguió por un tiempo. La última vez que la vi fue hace más de diez años en una discoteca. Llevaba otro cuerpo, pero yo sabía que era ella. Me dijo que en diez años volvería a por mí.

—¿Y cumplió con su promesa? —se interesó el intelectual.

Rusty negó con la cabeza y al hacerlo se mareó. Volvió a llevarse sus labios de terciopelo al vaso y absorbió otro trago.

—Ella no, en su lugar apareció una joven bastante loca, Jill se llamaba —y al mencionar este nombre su semblante se ensombreció.

—¡Oh! Así que volviste a caer, ¿eh?

—Es algo más complicado…Ella era perfecta, como me gustan a mí.

—Lo que sé es que tienes fijación por las psicópatas.

—¡Yo no tengo la culpa de estar rodeado de malas compañías! —trató de defenderse, aunque no sonó nada convincente—. Lo mejor será que comience por el principio.

—De acuerdo, la noche es larga —asintió su viejo amigo—. Pero entonces espera un momento.

Keiran se dirigió a un armarito de madera y extrajo un recipiente con incienso. Lo colocó sobre la mesa de cristal del salón y lo encendió.

—Tú y tus hierbas raras —enunció Rusty al comprobar que su amigo no había cambiado en nada.

—Me relajan —dijo él encogiéndose de hombros—. Además, necesitas urgentemente de mis servicios —anunció haciendo crujir sus nudillos.

—¿Qué vas a hacerme? —se preocupó al ver el brillo sospechoso en los iris dorados de Keiran.

—Conoces mis habilidades, no me mires con esa cara. Ya sabes que me gustan demasiado las mujeres.

Keiran era un curandero. Desde muy pequeño poseía el don de hacer sanar sus heridas muy rápido y ya había empleado sus habilidades anteriormente con Rusty para curarle de los numerosos navajazos que había recibido. Ahora con el tiempo había perfeccionado su don y había fundado un centro de relajación. Se había convertido todo un masajista profesional de modelos y personas famosas. Todo el mundo de la zona se peleaba por pasar por sus milagrosas manos.

—Tú vete contándome mientras hago mi trabajo —le instó.

—Está bien —cedió. La verdad es que había tenido muchísima suerte de haber ido a parar tan cerca de la casa de su amigo. Ni siquiera tenía la certeza de que su antiguo compañero siguiera viviendo allí, pero en su estado no le había quedado más remedio que intentarlo.

Keiran le ayudó a darse la vuelta y examinó su fibrosa espalda. En seguida reconoció las costillas rotas.

—¡Auch! —gimió Rusty al sentir crujir sus huesos.

—Vaya marica estás hecho—rió Keiran.

Con lágrimas en su verde mirada Rusty procedió a contarle su relato.

Todo comenzó hace un año. Había conseguido un puesto decente de trabajo en un parque de diversiones. Aquel día era EL DÍA, se hacían los diez años que Nahama me había concedido. Yo estaba atento a cualquier señal fuera de lo normal, pues en un principio no estaba dispuesto a entregarle mi alma a nadie. Aquella mañana lo sentí, algo diabólico pues mi piel se puso de gallina y un estremecimiento me recorrió hasta la médula. El resto del día ocurrió sin embargo sin ningún altercado. Conduje hasta el motel en el que me alojaba como siempre hacía, te juro que no sentí nada, cosa bastante sospechosa. Hasta que no me bajé de mi coche, sí, sigo teniendo el Bolero, no la descubrí. De alguna forma había logrado colarse en mi coche. El caso es que realmente era hermosa la chica: ondas negras como el azabache, mirada radiante, buen cuerpo sin exagerar su escote…No es por darte envidia ni nada, ¿eh?, pero pensé que si ésa era Nahama había sido realmente lista, pues no me importaría dejarme tomar, creo que merecería la pena. Pero resultó no ser Nahama, sólo una chiflada de lo sobrenatural porque veía no sé qué serie de unos hermanos cazadores.

—Supernatural, es genial esa serie —interrumpió Keiran su relato —El último capítulo tendrían que haberlo llevado al cine con efectos especiales como dios manda.

Rusty siguió contando su historia algo frustrado porque todo el mundo conocía la dichosa serie menos él.

La chica resultó llamarse Jill y estaba empeñada en que yo era uno de esos cazadores. Mientras hablábamos e intercambiábamos miradas insinuadoras volví a sentir la presencia maligna. ¡Mi coche se congeló! Yo sabía que Nahama estaba cerca, pero no quería que a Jill le pasase nada, por eso le conté la verdad… más o menos. Le hablé de que un demonio me perseguía, pero no la dije que era mi ex, no sé qué habría pensado de mí…Finalmente conseguí que se fuera. Estuve a punto de robarle un beso, pero no me atreví, no podía hacerla eso. Regresé a mi habitación resignado a pasar mi última noche completamente solo. Al menos nadie me quitaría el placer de darme un baño relajante, o eso creía. Abrí el grifo y dejé que el agua caliente cayese sobre mí. Las gotas de agua formaban ribetes sobre mi piel y la espuma y el vapor envolvían mi cuerpo. Pasados unos quince minutos las tuberías comenzaron a producir ruidos extraños y la luz de la lámpara titiló saliendo chispas. Asustado, salí de la bañera y me tapé con una toalla por si la diablesa pervertida me estaba esperando fuera. Un temblor general hizo vibrar a los cristales de la ventana, todo temblaba, como si algo grande se estuviese aproximando. Entonces la puerta se abrió de golpe y una figura estática me atravesó con su mirada desde el otro lado de la puerta.


Keiran me encanta jeje. Si os ha gustado no olvidéis dejar review :)