¡Hola! Aquí les dejo un pequeño one-shot dedicado a Diana ^^ me pidió crecer y enamorarse xD así que le cumplí el sueño, para los que no la conocen Diana es un personaje de mi fic "Entre el amor y el odio", esto pasa siete años después de la historia que por cierto no necesitan leer pues esto es totalmente independiente, era sólo para que supieran que ella también tiene su historia xD, sin más los dejo leer…


Sonríe

Cuando desperté aquel 31 de Diciembre el sol se filtraba por las cortinas delatando el caluroso día que hacía afuera, con pereza tallé mis ojos pero aún tenía demasiado sueño y mi habitación estaba tan fresca que no deseaba salir así que una vez más me arropé con la intención de continuar mi sueño a pesar de que se acercaba el mediodía. Me acomodé en la mullida cama y de a poco me adormecí nuevamente ignorando cualquier cosa de mí alrededor.

—¡¡¡Despierta!!! —gritaron en mi oído ganando que me sobresaltara y bruscamente me levantara, impactando mi cabeza con la persona que se encontraba allí.

— ¿Qué diablos? —Grité al aire, totalmente desorientada— ¿Dan?

Todavía sobándome la cabeza vi a mi mejor amigo verificando en el espejo el estado de su nariz. Suspiró aliviado al comprobar que no había sangre.

— ¿Se puede saber cómo entraste?

—Deberías asegurar mejor tu ventana.

Me pasé la mano por el rostro y lo observé más detalladamente, su piel estaba bronceada por su continua exposición al sol, creando así un contraste atractivo con sus desordenados cabellos rubios y sus ojos verdes. Como la mayoría de las veces, vestía una camiseta y unos jeans desgastados dándole un aspecto rebelde a su figura delgada.

— ¿Por qué no tocaste el timbre? —cuestioné cruzándome de brazos, él se sonrió y se tumbó en mi cama aprovechando su gran tamaño.

—Lo hice, pero tienes el sueño muy pesado. —se burló con su típica sonrisa socarrona. —Por cierto, te ves adorable con ese pijama.

Fue entonces cuando miré lo que usaba, un infantil pijama de nubecitas, además mi cabello castaño se encontraba enmarañado y unas horribles ojeras se pintaban bajo mis ojos del mismo matiz. Sentí mis mejillas arder por el cúmulo de sangre y corrí al baño arrastrando algo de ropa del closet, oyendo a mis espaldas las carcajadas de Dan.

Luego de un rato bajamos las escaleras, todavía estaba algo enfadada pero jamás me enfadaba por mucho tiempo con él, sencillamente no podía hacerlo.

No había nadie en casa por lo que podíamos "desayunar" tranquilamente ignorando por completo la hora. Mi madre se encontraba en uno de sus viajes de negocios y mi única hermana vivía en el extranjero debido a sus estudios así que a mis quince años de edad me era habitual permanecer sola días e incluso semanas. Claro que siempre contaba con la compañía de Daniel, mi mejor amigo, a quien conocí cuando tenía ocho años y desde entonces nos volvimos inseparables; a pesar de que a mi madre aquello no le resultaba agradable, pues al ser ella una mujer frívola y materialista la idea de que su hija pasara la mayor parte de su tiempo con un niño huérfano no le hacía gracia. Numerosas veces me prohibido verlo y a él acercarse a mí pero jamás logró nada y al final acabó resignándose, al menos ya no llamaba a la policía cada que lo encontraba en la casa.

—Ya no tienes leche —me avisó revisando mi refrigerador.

—Sí, me ha dado flojera ir al supermercado —respondí encogiéndome de hombros. Ir de compras no era lo mío, podía sobrevivir con algo de chocolate y jugo de naranja. Él sin hacer muchas preguntas tomó un poco de cereal y lo vertió directamente en su boca haciéndome fruncir el ceño. — ¡No hagas eso!

—Solías hacerlo de pequeña, no te quejes.

—Pero ya no tengo nueve años —le dije cruzándome de brazos. Dan me observó detenidamente de pies a cabeza, mirando con descaro mi cuerpo, me cohibí al instante, jamás había hecho algo como eso y me sentí terriblemente incómoda pues vestía unos shorts y una camisa sujeta a la altura del ombligo donde tenía un pircing, obviamente algo que mi madre ignoraba.

—Es cierto, haz crecido.

Le di un golpe en el brazo y le arrebaté la bolsa de cereales todavía bastante sonrosada.

—Por cierto, no me dijiste a qué viniste…

— ¿No puedo visitarte simplemente? —me preguntó moviendo las manos para darle más dramatismo a sus palabras.

—Sólo que es sábado y sueles trabajar en la librería, no me digas que te echaron… otra vez.

—No, pero ayer hice doble turno así que hoy no tenía que ir.

—Con razón no te había visto—musité todavía masticando algo de cereal.

—Sabía que estarías sola así que… —dejó la frase en el aire llevándose los brazos tras la nuca. Lo miré por el rabillo del ojo, como siempre aparentaba desinterés pero se preocupaba por mí y eso me alegraba más de lo que debería. Dan había sido un gran amigo, mi mejor y único amigo, una de las pocas personas con las que podía hablar de cualquier cosa y ser yo misma, estaba en todos mis mejores recuerdos y también en los más tristes, apoyándome, brindándome cariño y diciéndome siempre que confiaba en mí. Era la única persona que me hacía sonreír con naturalidad, lo quería… no, no lo quería, lo amaba aunque jamás me atrevería a decírselo.

—¿Y qué quieres hacer hoy? —pregunté pasado algunos minutos de incómodo silencio. Él hizo un mohín que me indicaba que aquello no era importante. — ¿El río? ¿Un parque? —intentaba pensar lugares públicos pues Dan tenía una economía apretada y su orgullo jamás le permitía que yo pagase sus entradas al cine o a las discos, ni siquiera en su cumpleaños aceptaba mis presentes así que propuse simplemente ir a pasear.

-.-

El centro de la ciudad se encontraba atestado por ser aquel día el último del año, las personas invadían las tiendas haciendo las compras para la cena y los festejos de la noche mientras Dan y yo sólo nos limitábamos a mirar algunos aparadores y caminar sin rumbo aparente.

En un momento detuve mi marcha y observé con embeleso una juguetería donde exponían un enrome oso de felpa, hacía semanas que lo veía allí y aunque tenía mis ahorros aún no llegaban a cubrir el costo. Esa actitud eran unas de las razones por las que la mi amigo me trataba como una niña de la que debía cuidar, siempre estaba regañándome, recordándome mis tareas y dándome sermones, a veces no podía concebir aquello pues él incluso podía ser más infantil pero estando conmigo asumía el papel de "chico maduro" o al menos eso intentaba.

Por mi parte, podía parecer muy seria y responsable con muchas personas, con las amistades de mi madre y su reciente esposo, con las autoridades del colegio y hasta con mis compañeros de clase, muy pocas personas me conocían realmente bien, un pasado triste y una niñez difícil fueron suficientes motivos para guardar en la más profunda oscuridad mis sueños e ilusiones pero Dan se había aventurado hasta esa oscuridad y vio en mí lo que nadie más pudo.

—Diana, no te distraigas.

Tomándome por la mano me arrastró calle abajo, me sonrojé al notar que no me soltaba y continuábamos caminando así, era la primera vez que lo hacía y ni siquiera parecía notarlo. Mi corazón latía a mayor ritmo y avanzaba por inercia mientras Dan caminaba distraídamente tarareando una canción de rock. Eso era lo que más admiraba de él, su despreocupación y la forma en que veía al mundo, él siempre estaba alegre y nada le molestaba.

En ocasiones me sentía realmente estúpida al pensar que mi vida era miserable cuando Dan sabía en realidad cuan duro puede ser todo, sus padres lo abandonaron siendo un bebé, creció en un orfanato y a sus dieciséis años debía trabajar para mantenerse.

—Venga, te invito un helado. —me animó guiándome hasta un puesto de helado. —Fresa —dijo a sabiendas que ese era mi sabor favorito.

Nos sentamos en un parque viendo con añoranza ese sitio que tantos recuerdos traía. Algunos niños jugaban en los viejos columpios y al otro lado de la calle podía divisarse un maltratado hogar de niños, esa escena no podía parecernos más familiar.

—Fue aquí donde nos conocimos…

—Sí, creo que estabas llorando o algo.

—No lloraba —me defendí. —Sólo tenía una basura en mi ojo.

—Claro —musitó sarcásticamente rodando los ojos.

De niña solía escaparme y visitar ese lugar, era mi forma de huir de los problemas aunque muchas veces eso traía consecuencias.

Salí de mis pensamientos cuando sentí que mi amigo se incorporaba, alcé la vista y me encontré con la mirada arrogante de Oliver, un molesto chico de mi salón quien por desgracia era también hijo de mi padrastro, por suerte él no vivía con nosotros pero si solía pasar mucho tiempo en casa y se tomaba ciertas atribuciones para conmigo, atribuciones que a Dan no le gustaban en absoluto.

—Diana ¿Otra vez estás con este mugroso? —preguntó mirando despectivamente a Dan, él sólo se limitó a gruñir. —Es hora de volver a casa, nuestros padres regresaron y no están muy felices al no encontrarte.

Instintivamente miré mi reloj, no faltaba mucho para el atardecer aunque no había notado el correr de las horas.

—Vámonos —insistió entre dientes mi "hermanastro"

—Adelántate. —pedí mas hizo caso omiso.

—Estamos invitados a una fiesta y no vamos a retrasarnos por ti.

—Si quiere quedarse lo hará —desafió Dan molesto por su actitud. Oliver lo retó con la mirada y, para evitar otro de los tantos pleitos que causaban, intervine.

—Deténganse, me voy a casa. Dan, te veo luego. —me despedí con un gesto y emprendí el regreso seguida de Oliver que sonreía triunfante.

Al llegar tuve que soportar los interminables regaños de Roxanne, mi madre, y luego subir hasta mi habitación, no quedaba mucho tiempo para esa gran fiesta donde estarían presentes las familias más importantes de la ciudad y yo debía reemplazar mis "harapos" por el costoso vestido que me habían traído exclusivamente desde París.

-.-

No podía decir que aquella prenda era fea pues mentiría descaradamente, ese vestido seguramente era el sueño de toda adolescente, confeccionado con la más delicada tela y el más fino modelo. Estaba rodeada de lujos pero sentía un inmenso vacío, algo me faltaba y sabía muy bien qué, sin embargo estaba atrapada allí, obligada a saludar con una sonrisa forzada a todos, mantener la espalda erguida y ser feliz a los ojos ajenos.

—Sonríe —me repetía mi madre cada tanto.

Aprovechando una leve distracción de su parte corrí hasta los jardines que se situaban tras el enorme salón en el que nos encontrábamos y me dejé caer en una banca llenando mis pulmones con la brisa nocturna.

— ¿Otra vez te escapas? No me sorprende siendo tú.

La áspera voz de Oliver resonó en mis oídos, fruncí el ceño y no respondí.

—Te ves muy linda esta noche.

Nuevamente me quedé en silencio pero eso no parecía molestarle en absoluto, sacó una cajetilla de cigarrillos y me ofreció uno, ante mi negativa encendió uno y aspiró con deleite el humo del cilindro.

—Todavía no entiendo que le ves a ese pobre diablo —me dijo pasado unos minutos. —Es un don nadie y siempre lo será… eres demasiado para él, Diana.

Me enojaban sus palabras pero lo único que podía hacer era apretar con fuerza mis puños. Al estar nuestros padres relacionados creía que nosotros también lo estábamos y no quería manchar su imagen teniendo algún tipo de lazo con alguien como Dan por lo que a menudo me decía cosas como esa y supuse que lo mejor era ignorarlo.

—Mereces a alguien mejor… a alguien como yo.

— ¿Estás borracho? —le pregunté con ironía. Se sonrió y tomándome bruscamente por el brazo me obligó a ponerme de pie de tal forma que nuestros cuerpos chocaron. — ¿Qué haces? —cuestioné anonadada. — ¡Suéltame!

—Diana… serás mía, tarde o temprano lo serás —por más que intentaba no lograba soltarme de su agarre, me apretó con fuerza y lascivamente pasó su lengua con mi cuello mientras acariciaba mi pierna sobre la tela del vestido. Lo empujé con todas mis fuerzas y me eché a correr, los guardias que vigilaban la entrada intentaron detenerme pero no les presté atención y corrí…

No supe exactamente cómo pero en poco tiempo me encontraba frente a la puerta del pequeño apartamento que alquilaba mi amigo. Tímidamente toqué el timbre y pronto la puerta se abrió. Las lágrimas bañaban mis mejillas por donde se arrastraban un par de gotas negras, tenía un ligero temblor y la voz se negaba a salir. Dan me contempló confundido pero al instante me atrajo hasta él cobijándome en un abrazo, uno de esos que sólo él podía dar.

—Tranquila —me susurró al oído. —Todo estará bien.

Y le creí, limpié los restos de mi llanto y permití que acariciara mi cabello, ahora algo desordenado. Sin dejar de abrazarme me condujo a un sofá estratégicamente situado frente a un diminuto balcón que daba una buena vista del cielo veraniego. Bastaron unos minutos para que me calmara pero no deseaba alargar la distancia, quería permanecer allí junto a él, oyendo el rítmico latido de su corazón. No encontraba mejor sitio para recibir el nuevo año que estando junto a él, llenando mis oídos con la melodía de su voz, inhalando su fragancia masculina, sintiendo piel a piel la suavidad de sus manos haciendo círculos imaginarios en mi espalda.

—No debes estar triste —me dijo pasando sus dedos por mi mejilla. —Después de todo es una noche para festejar. —se levantó para ofrecerme una copa, era un coctel de frutas pero me pareció lo más sabroso que probé en mi vida. Su mesa era modesta mas la comida sabía maravillosamente.

—Eres muy buen cocinero, tendré que venir más seguido —bromeé entre risas.

—Me gustas cuando sonríes. —musitó.

Me quedé prendada en sus palabras, lo que pareció ponerlo nervioso pues se removió incomodo rascando su cabeza y súbitamente se puso de pie para buscar algo en un aparador.

—¡Feliz año! —me extendió un paquete y alzando ambas cejas lo tomé, él me incitó a abrirlo y encontré un encantador oso de felpa. —Sabía que querías uno gigante pero… —como de costumbre la frase a medias y se sentó a mi lado, una vez más en el sofá.

Mis pupilas se cristalizaron una vez más y sonreí, sin aparentar, sin obligaciones, simplemente sonreí dejando que ese gesto reflejara los sentimientos que se arremolinaban en mi interior.

—Es el mejor regalo que me han dado.

Su rostro se iluminó y sus labios se curvaron.

—No digas tonterías, recibes cosas mil veces mejores.

—No es cierto —le contradije— ninguna de esas cosas son importantes, para mí nada es más valioso que este regalo… o que tú. —no pude contener más todo lo que guardaba hace años y me busqué en sus ojos, busqué mi reflejo en su mirada clara y me aferré a su camisa con fuerza— De hecho tú has sido el mejor regalo que me ha dado la vida, cuando creí que todo estaba perdido apareciste y me hiciste sonreír, sólo contigo me siento plena, te necesito, tanto que hasta duele… Nunca me dejes, Dan.

Los fuegos artificiales iluminaron el cielo con sus multicolores indicando la medianoche, él se aproximó a mí, envolviéndome en sus brazos susurró sobre mis labios.

—Nunca lo haré… siempre estaré contigo, porque te amo.

Mi corazón estalló cuando al fin nos fundimos en un beso. Bebimos del aliento del otro y mi cuerpo se abrasó con el fuego de su pasión, cada fibra de mi ser se estremeció entre sus brazos. Me besó despacio y suavemente, de forma delicada y cargado de ternura, susurrándome "te amo" entre beso y beso, transmitiéndome su cariño en cada caricia, contorneando mi figura con sus manos, saboreando con privilegios mis labios para seguir por cada trozo de piel expuesta.

—Siempre te amé Diana, amo todo de ti, tu ingenuidad, tus gestos, tu voz, tus despistes… tu sonrisa sincera.

—Dan…

—Promete que siempre sonreirás para mí.

Sabía que al día siguiente estaría en problemas pero nada de eso me interesaba, aquella noche sería feliz así como todos los días posteriores en los que Dan estaría a mi lado, eso era lo único que necesitaba para ser feliz y… sonreír.

—Lo prometo.


Ojalá les haya gustado, lo escribí con mucho cariño y me agrada compartirla con ustedes, hoy es el último día del año y no tengo mejor oportunidad para saludarlos que esta :D ¡Feliz año nuevo para todos!! Espero que este nuevo año les traiga mucha paz, amor y que sus deseos se hagan realidad ^^