La noche estaba serena, por primera vez en mucho tiempo podía verse la luna, brillante, tranquila. Su luz clara atravesaba los cristales de la ventana y acariciaba las sábanas de una cama en una habitación oscura, tétrica, en la cual reposaba un niño con la mente intranquila.

De pronto se oyó un golpe y pasos apresurados que se dirigen a la puerta de la habitación.

El sonido súbito de la puerta al abrirse lo despertó de su sueño perturbado.

— ¡Levántate! Debemos irnos— dijo la voz de su tío desde la puerta. Rodrigo se levantó lo más rápido que pudo, no le convenía hacer enfadar a aquel hombre que había sido su tormento desde la muerte de su madre. Como no tenía ningún pariente vivo tuvo que irse a vivir con él, un hombre de mediana edad, soltero, con un negocio próspero, aparentemente. Nadie sospecharía jamás que esa solo era la fachada de su verdadero negocio, y nadie tampoco sospecharía de sus verdaderas intenciones cuando amablemente había decidido hacerse cargo de su sobrino, al cual parecía no faltarle nada.

Rodrigo sólo pensaba cuál sería el siguiente lugar al que iría, ya se habían mudado tres veces ese año y la ciudad en la que estaba había empezado a gustarle.

Esa mañana en el aeropuerto, él ya sabía lo que tenía que hacer, la misma rutina de siempre, ocultar el narcotráfico entre sus ropas, por supuesto que nadie sospecharía de un niño de diez años.

La nueva ciudad en la que vivían era posiblemente la más grande en la que habían estado, una ciudad en la que sería muy fácil desaparecer.

Esa noche, Rodrigo se encontraba en su nuevo apartamento cenando con su tío, en total silencio, como siempre.

—Esta vez no voy a inscribirte en ninguna escuela ya que nos iremos pronto— interrumpió el silencio la voz del hombre.

—Estoy cansado de tener que irnos cada vez, mi anterior escuela me gustaba mucho, ¿por qué no me mandas de regreso? acá no soy útil para ti — respondió el niño con la mirada clavada en el suelo.

—No seas estúpido, claro que te necesito, ¿si no como pasaría la droga? En los aeropuertos no te revisan por que eres un niño, además ¿con quién vivirías? Eres solo un mocoso, no puedes vivir solo. Eres tan estúpido como tu padre — lo último que dijo enfadó realmente a muchacho. Él no recordaba mucho de su padre ya que había muerto cuando tenía cinco años, pero su madre le había dicho que era un buen hombre, un coronel de policía que había muerto en una redada. Para Rodrigo su padre era todo un héroe, a pesar de que su tío le vivía diciendo que era insensato e inútil y que había muerto tontamente.

Rodrigo se levantó y habló en un tono de voz con la que nunca antes se había atrevido a hablarle a su tío.

– ¡No digas eso! mi padre era un hombre honesto a diferencia tuya, él trabajaba y murió de una forma honorable.

—Quién te crees para hablarme en ese tono, si no fuera por mí ahora estarías en un orfanato muerto de hambre, sin todas las comodidades que te doy.

— Sí, pero consigues todo de una forma ilegal ¡ya estoy cansado de tener que hacer lo que me digas sabiendo que esta mal! ¡Preferiría estar muerto!

— ¡Pues voy a matarte si no te callas!, ya quisiera verte viviendo en la calle. Deberías agradecerme que te estoy enseñando a triunfar, cuando crezcas seguirás con el negocio y cuando ganes tanto dinero como yo cambiarás de opinión. Ahora largarte de mi vista, no quiero verte, estarás en tu habitación hasta mañana.

Pasaron dos semanas desde aquella discusión, Rodrigo en efecto no asistió a la escuela, se pasaba el día entero en su habitación, mirando por la ventana, viendo a otros niños que jugaban en las aceras. Él siempre había soñado con salir a jugar cuando quisiera. En ocasiones imaginaba cómo hubiera sido su vida si su padre siguiera vivo; su madre no hubiera tenido que trabajar tan duro y su enfermedad no hubiera empeorado. Los tres vivirían felices en una casa grande y el podría salir a jugar fútbol con sus amigos. Después, cuando creciera, podría ser un gran jugador de fútbol, ese siempre había sido su sueno, ser furbolista o policía, pero definitivamente le gustaba mas la primera opción, no estaba seguro de llegar a ser tan valiente como su padre.

Mientras los días pasaban y el día en que tendría que partir se acercaba, Rodrigo pensaba en una forma de escapar, ser libre y poder realizar sus sueños.

Si tan solo encontrara la forma de poder entregar a su tío a las autoridades, ira a prisión y él de seguro seria llevado a un hogar adoptivo o a un orfanato, cualquiera de los casos era mejor que el infierno que vivía.

***

Finalmente el día tan esperado había llegado. Se encontraban en el aeropuerto, el ya sabía que hacer, lo tenía todo planeado. Pero a pesar de saber exactamente que tenía que hacer las dudas surgían en su cabeza. ¿Que pasaría si algo salía mal? ¿O si su tío tenía razón y la vida que tenía era la mejor? Trató de despejar esas ideas de su mente, su padre habría hecho lo que tenía que hacer. Rodrigo ya tenía el narcotráfico debajo de su polera y sus bolsillos, sólo tenía que esperar el momento. Y finalmente sucedió, su tío fue a confirmar los pasajes y lo dejo solo con su equipaje y su bolso de mano. Sin pensarlo dos veces lo abrió y vació todo lo que tenía entre su ropa dentro del bolso. Cuando estuvieron a punto de abordar el avión, Rodrigo se puso a una distancia prudente de su tío, rezando por que todo saliera bien. Las manos le sudaban y ya no daba más de nervios cuando el guardia abrió el bolso descubriendo su contenido. Apresaron a su tío y él supo que era el momento de correr. Salió de ahí lo más rápido que pudo mirando atrás para asegurarse de que nadie lo siguiera. No se fijo en la calle cuando una camioneta yendo a gran velocidad impacto contra él.

Al día siguiente despertó en un hospital, nadie sabía quién era ya que no traía ninguna identificación y nadie lo vio cerca del hombre al que habían arrestado en el aeropuerto.

—Ya despertaste, ¿cómo te sientes?, espero que puedas recordar tu nombre y decirnos quienes son tus padres para que podamos llamarlos. Deben estar muy preocupados — le dijo la enfermera que entró en la habitación.

Rodrigo decidió permanecer en silencio, lo último que recordaba era haber salido corriendo del aeropuerto. Pero nadie sabía quien era. Podía pretender no recordarlo, no quería que nadie supiera que tenía alguna relación con ese narcotraficante.

—Dime cómo te llamas— lo interrogó, peor el niño se mantuvo en silencio—. ¿no lo recuerdas?

Rodrigo negó con la cabeza.

—Bueno ya veremos qué hacer. Llamaré al doctor, seguro te dirá que recuperaras la memoria pronto. Mientras tanto ¿por qué no ves la televisión?— le dijo la enfermera mientras encendía el aparato situado en la parte superior de la pared.

Se quedó solo, mirando las noticias. Cuando vio una que realmente le llamó la atención, hablaban sobre su tío, puso total atención en lo que oía:

—Ayer fue atrapado en el aeropuerto Roberto Salas, supuesto líder de un grupo de narcotraficantes cuando intentaba sacar del país pasta base en su bolso de mano.

"Este peligroso criminal es hermano de otro narcotraficante, Marcelo salas, un coronel de policía que fue arrestado hace cinco años en una redada de la policía, cuando lo atraparon vendiendo cocaína a distribuidores locales….."

Escuchar el nombre de su padre y conocer la verdad lo dejó petrificado. Sintió como el mundo se le venia encima, todo lo que creía, sus sueños y aspiraciones se habían esfumado. Su padre nunca fue lo que pensó, toda su vida había sido un engaño. Ya no creía en nada, ya no confiaba en nadie. Nunca se había sentido tan solo como ahora. Quería regresar en el tiempo al aeropuerto, antes de cambiar de lugar la droga y seguir viviendo como hasta ahora, creyendo una realidad inexistente que era mucho mejor que la verdad.


Bueno.. si algo trágico, la verdad ni me acordaba que había escrito esto, lo encontré entre archivos viejos, debí escribirlo hace unos 6 o 7 años, por eso es una redacción diferente a la que uso actualemente auqneu lo edité.

En fin, espero que les haya gustado, ya saben coemnten! feliz año nuevo!