Infructuosamente traté de despejar mi mente y olvidarla momentáneamente mientras el entrenador nos daba indicaciones. Después de la pequeña reunión rutinaria previa al entrenamiento, caminé hacia la cancha con la seguridad de que Grecia estaría esperándome como siempre.

Lo primero que me fijé fue en las graderías. Varias chicas de la universidad esperaban, pero no mi pequeña Grecia. Rogando que sólo se tratase de un retraso, me enfoqué en la práctica. Aquella era la más importante, al día siguiente teníamos el partido, el último y el definitivo, el que podría coronarnos como campeones estatales.

— ¡Cohen! Si juegas así mañana, te encerraré en los casilleros— me amenazó el entrenador cuando finalizamos por ese día. Mi mente volaba lejos, la pelota era lo de menos cuando la preocupación por Grecia me consumía, y esa espantosa sensación de desesperación se extendió durante el resto del día. Reprobé un examen final y un auto estuvo a punto de atropellarme dos veces.

Los primero que deseaba era ir a casa de Grecia, y personalmente preguntarle por qué había faltado a la práctica ese día; mas la suerte no estaba a mi favor. El partido era al día siguiente, y como siempre que había uno de esos importantes acontecimientos, teníamos vetada la salida de la universidad. Sólo se nos permitía ir a nuestros salones de clases y debíamos dormir en uno de los edificios destinados a nuestra concentración.

***

Infundí ánimo a mi equipo antes de salir a la cancha. Ese día era importante. El partido final, después, tendría una especie de vacación, sólo me quedaban un par de exámenes, además del que había reprobado y debía repetir en segundo turno. Sobre todo, la dicha me embriagaba porque albergaba la esperanza de que Grecia estaría animándome; era el partido más importante del año, ella ni loca se lo perdería.

Empezamos con un saque nuestro favor, yo alternaba la vista entre el aro, un rival que intentaba arrebatarme el balón y las gradas. Miraba para todas direcciones y de Grecia no había rastro.

Sería innecesario explicar que ese partido lo perdimos, y todo a causa de mi falta de concentración ¿Cómo podía jugar si lo que más me importaba era que mi pequeña no estaba presente?

—Idiota ¿En qué pensabas?— me reclamó Ian, mi mejor amigo. Él también estaba en el equipo, no porque fuese un fan del deporte o le encantase practicarlo, simplemente era muy bueno jugando y el estar en el equipo le suponía una media beca universitaria.

—Grecia, no vino ¿No crees que es raro? El otro día se fue sin despedirse, y no la he vuelto a ver.

— ¿Llamaste a Evan?— me preguntó.

— ¡No! ni loco lo llamo. Me interrogará para saber por qué pregunto por su hermana ¡Diablos! ¿Qué hago?— ya me desesperaba, había dejado pasar demasiado el tiempo, me angustiaba, y no necesitaba pensar el por qué, lo sabía: me comportaba como un idiota enamorado. En algún momento, no sé si durante esa especial noche que pasé con ella o un tiempo antes, me había enamorado de esa niña.

— ¿Por qué no llamas a Daniel? Es su amigo— me aconsejó por último, saliendo de los cambiadores, haciéndome sentirme aún más idiota.

Grecia era una de las mejores amigas de mi hermano menor, si alguien tenía su número y sabía cómo se encontraba, de seguro era él. Marqué sin esperar, pero el maldito mocoso no me contestaba, es más, colgaba, seguramente al ver mi nombre. Algo había hecho y me evitaba, estaba seguro. De nuevo, la suerte bailaba lejos de mí y se me hacía la burla.

Paciencia era lo único que me restaba. Al día siguiente la iría a buscar a la salida de su colegio.

***

Llegué media hora antes sólo para asegurarme. Me apoyé contra la pared de mi vieja secundaria. Aparentemente ya me ponía viejo y nostálgico, pues recordaba como hacía unos años atrás, yo salía por esas puertas portando mi uniforme, generalmente con alguna compañera. Novias en el colegio y la universidad, había tenido muchas, ya ni recordaba cuantas. Me gustaba contar con una compañía femenina, mas nunca aguantaba a la misma muchacha demasiado tiempo, me aburría. Mi hermana decía que era porque nunca me había enamorado de verdad, que el día que lo hiciera, desearía estar con esa persona toda la vida y jamás se tornaría aburrido. Al parecer, ese día había llegado. Increíble pensar que justamente me iba a enamorar de la chica que me había perseguido desde que recuerdo, a la cual nunca había prestado demasiada atención por tratarse de una niña. Pero en ese momento, Grecia no era aquella pequeña que me horneaba galletas a diario y me dejaba sin vida siguiéndome de un lado para el otro; era una hermosa joven y sin duda la quería a mi lado, para mí, solo para mí.

Tan metido en mis pensamientos, casi no había notado el correr del tiempo. Los adolescentes ya salían y yo buscaba la albina cabellera de Grecia entre el mar de muchachitas.

Mi alma dio un brinco cuando la vi. Salía sola, con la mirada gacha, y la mochila apoyada en un hombro como siempre.

Me abrí paso entre los colegiales y la alcancé justo cuando tomaba un taxi.

— ¡Grecia!— la llamé y desconcertada ella buscó en todas direcciones hasta verme. Esperaba que sonriera, como siempre hacía cuando me veía, mas ella apresuró su paso e intentó entrar rápidamente al taxi.

Llegué a tiempo para impedir que cerrara la puerta.

—Grecia, te busqué por días ¿Dónde estabas? Te fuiste sin despedirte y me dejaste muy preocupado, tampoco fuiste al partido ¿Qué pasó? Nunca faltas.

—Yo… perdón, tenía otras cosas que hacer— me respondió con un tono seco, pero yo distinguí algo de tristeza ¿Otras cosas qué hacer? Ella lo dejaba todo por ir a verme a los partidos —.Perdón por no haberme despedido, y perdón por todo, se que fui una molestia para ti— continuó y sus palabras me sacaron de contexto ¿Por qué se disculpaba? Pasmado, me alejé de la puerta y ella la cerró, dándole al chofer la orden para que partiera de inmediato.

No podía creer lo que pasaba. Ella nunca me trataba con semejante indiferencia. Salí del asombro y volteé furioso conmigo mismo, seguro había hecho algo mal. Ya a punto de regresar a mi moto, vi a mi hermano menor, él me vio también y de inmediato se hizo al loco, dando media vuelta y ajándose rápido. Yo corrí y lo agarré del cuello de la camisa justo a tiempo.

— ¿Tú qué te traes?—lo voltee y me di cuenta que llevaba un yeso en el brazo.

—Nada, tuve un accidente— se soltó y me respondió presuntuoso.

— ¿Qué te pasó?— pregunté sin mucho interés, él se lastimaba siempre por hacer cosas idiotas y peligrosas.

—Un accidente en moto…— habló inseguro y de golpe tuve un presentimiento.

— ¿Tú desde cuando tienes moto?

—Pues... papá me dijo que podía usar la tuya, la que dejaste en casa.

— ¡¿Mi moto?!— Me exalté, le tenía un cariño especial a mi primera motocicleta y ya le había dejado en claro a ese mocoso que no podía usarla —.No vuelvas a tocarla.

—No pienso hacerlo, es más no puedo… quedó tan mal que papá la vendió como chatarra— soltó con una extrema calma, parecía no darse cuenta que yo iba a lanzarlo a la avenida; supongo que mi gesto se lo advirtió. Retrocedió unos pasos y yo conté para tranquilizarme. Las estúpidas acrobacias de mi hermano y la defunción de mi moto vieja eran lo que menos me preocupaba en ese momento. Ya ajustaría cuentas con él después.

—No voy a matarte ahora solo porque tengo cosas que hacer. Quiero que me digas algo ¿Sabes qué le pasa a Grecia?— tal vez él no era la mejor persona para preguntar sobre los sentimientos de una mujer, aunque por algún motivo inexplicable para mí, tenía la misma novia desde hacía dos años, y Grecia era su amiga, algo debía saber.

— ¿No sabias?— se puso serio y me causó un estremecimiento—.Su madre gastó lo último que tenían en la fiesta, están en banca rota, Grecia se cambiará de colegio.

Tras la explicación, quedé en total shock ¿Así que eso era lo que le pasaba? Tal vez me había apresurado al sacar conclusiones, al menos Grecia no estaba mal por mi culpa, claro que no, su vida no giraba en torno a mí, aunque bien que me hubiese gustado.

—Por suerte su hermano guardó algo de dinero aparte y lo invirtió en un pub que administra con un amigo. El problema es que su madre quiere agarrase de ese dinero y de Grecia. Evan está luchando por su custodia.

Me sentí peor, terriblemente triste por ella. Encima debía soportar eso. Evan no me caía para nada bien, pero sin duda, Grecia no podía estar en mejores manos que con él, después de todo, Evan la había criado prácticamente mientras su madre viajaba.

— ¿Sabes donde puedo encontrarla? ¿Sigue viviendo en el mismo lugar?

—No— negó acompañando su voz con la cabeza—, embargaron la casa. Ella se esta quedando con Evan en un departamento; en las tardes el pub funciona como cafetería y Grecia ayuda ahí con las mesas.

Le saqué la dirección a mi hermano y en seguida me encaminé. Debía estar con ella, mostrarle mi apoyo y ayudarla de alguna forma, no estaba seguro cómo, pero sentía que ella me necesitaba.

***

Aquel negocio parecía prospero, no me sorprendía, Evan era bueno administrando y me calmé con la seguridad de que Grecia tenía todo lo que necesitaba.

Entré al lugar y la busqué. Sonreí con alivio la verla en una mesa tomando una taza de café. Igual que aquella noche, sus hermosos ojos grises parecían opacados por la tristeza. Un muchacho que llevaba el mismo uniforme que ella se sentó a su lado y Grecia sonrió. Le dedicó una de las dulces sonrisas que antes me dedicaba a mí.

Apreté los puños, Grecia se veía feliz y yo contenía incontrolables deseos de matar a ese chiquillo ¿Qué tenía ese mocoso para que mi Grecia se sintiera tan bien en su presencia? No sabía y no me agradaba sin duda. Ese chico le coqueteaba descaradamente y mi ingenua y dulce pequeña le hablaba con timidez, parecía caer en esos burdos engaños de fanfarronería galante.

Bruscamente retiré una silla y me acerqué a ellos, no podía más, agarraría Grecia y me la llevaría conmigo, para que iluminase en ambiente con su sonrisa exclusivamente en mi presencia.

— ¿Tú qué haces aquí?— alguien me detuvo por el hombro y esa petulante voz la reconocí enseguida.

— ¿Es un lugar público no?— Ya no me animé a representar mi escena de celos frente a Evan. Conocía los límites y hasta cierto punto apreciaba mi vida, si él sabía lo que sentía por su hermanita, sería capaz de mandarla al otro lado del mundo con tal de que yo no estuviese ni remotamente cerca.

—De hecho nos reservamos el derecho de admisión— dijo llamando a un guardia.

Grecia no se percató de lo ocurrido, parecía demasiado distraída con aquel chico.

Me las agarré con un poste cuando me arrastraron fuera. Grecia tenía problemas y no podía consolarla, en mi lugar, un insignificante niño de colegio la hacía sonreír; yo también había sido adolescente y conocía muy bien las intenciones de ese chico aún sin conocerlo. Confiaba en mi pequeña, ella no sería tan ingenua ¿O sí? ¿Qué tal si caía? ¿Qué tal si ese chico le gustaba más que yo? ¿Qué tal si la besaba? ¿Grecia había besado a alguien antes? No estaba seguro, pero si aquello no había pasado aún, yo sin duda quería ser el primero y el único que tuviese el privilegio de apropiarse de esos finos y rosados labios.

***

Tomaba mi gaseosa imaginado las mil y un formas más horribles en las que mataría ese chico que no conocía, y también las formas en las cuales podría incluir a Daniel. Esos pensamientos se entremezclaban con los recuerdos de Grecia, no podía dejar de pensar en lo bonita y dulce que era, y cómo la había dejado ir ¿Tal vez si me hubiese dado cuenta de mis sentimientos antes? No, lastimosamente no era posible, Grecia era casi seis años menor que yo, difícilmente podría haber albergado esa clase de afecto por ella antes, era demasiado joven; y ahora que crecía, la perdía antes de siquiera haber tenido la oportunidad de desarrollar completamente mis sentimientos hacia ella.

Me encontraba ausente, haciendo el intento de almorzar en la cafetería. Ian me hablaba algo de su vida amorosa, jabón y una docente. Algo que no me importaba en realidad.

— ¡Me escuchas o no!— llamó mi atención de un grito.

— ¡Qué!— respondí con fastidio.

— ¡Que le digas a tu hermana que no compre jabón con aroma de margaritas, luego huelo como niña!

— ¡No era margaritas, era jazmines! ¿Por qué haces tanto escándalo de eso?— intervino Sophie, quien se encontraba ahí, aunque yo no había notado su presencia.

— ¿Yo escándalo? Te pedí amablemente que compres un jabón si olor y te pusiste a llorar frente a todo el campus, una de mis docentes te vio y ahora me trata del insensible que hace llorar a su novia embarazada. Va a reprobarme, me mira con odio— le discutió. Yo como siempre, debía estar en medio de sus pleitos maritales. Siempre era lo mismo, peleaban por cualquier estupidez y luego se reconciliaban en público, en un acto de exhibicionismo— ¿Lo ves? Me llevo la papa a la boca y siento ese horrible aroma en mis manos— siguió Ian con sus quejas. Yo volví a abstraerme, solo escuchaba a mi hermana gritándole de vuelta y el protestando por el aroma de sus manos.

— ¡Hola! ¿Nos estas escuchando?— mi hermana me devolvió a la realidad de nuevo, aparentemente su estúpida pelea por el jabón había llegado a su fin y hablaban con más calma. Yo asentí distraídamente, y ella advirtió que me había mantenido ausente —. La cena, mañana, no la olvides— me hizo recuerdo de la cena familiar que teníamos de vez en cuando — ¿Crees que sea un buen momento para decírselo a papá?— me preguntó con nerviosismo. Cada vez que regresábamos a casa ella salía con la misma pregunta; y cada vez, se echaba para atrás cuando miraba a mi padre a los ojos. No se animaba a decirle que ella e Ian se habían casado en secreto casi medio año atrás, y que encima estaba embarazada. Algo idiota y con lo que no había estado de acuerdo, pero esos dos eran un par de raros y no me explicaba cómo habían podido mantener semejante secreto tanto tiempo; no sé como yo pude guardarlo, tal vez era que me interesaba poco.

—Aún si no le dicen, mi padre se dará cuenta, Sophie está gorda, hay que ser ciego para no notarlo— hablé con desinterés, sin medir mis palabras.

Mi hermana abrió la boca con furia y apretó la botella de mostaza, apuntándome directamente a los ojos.

Eso sí logró despejar de mi mente los pensamientos sobre Grecia y desesperado caminé a tientas hacia el baño de la cafetería, para enjuagarme los ojos antes de quedar ciego.

Volví buscando revancha y enseguida voltee la vista. Ian ya tenía a mi hermana apoyada en el asiento y la besaba sin pudor, de una forma que hasta a mi me causaba bochorno. Sin mirarlos para evitar las nauseas, tomé mi bandeja con comida y me senté en otra mesa, lejos de esos dos y el nuevo espectáculo público que presentaban.

Pesadamente caí en el asiento y escuché a un grupo de chicas charlar en la mesa de atrás. No les prestaba atención, pero el nombre "Grecia" resaltó entre el resto de palabras superficiales. Me agaché para no ser visto y reconocí la voz de Anette entre ellas.

—En serio eres mala ¿Por qué le dijiste eso a la chiquilla?— dijo una muchacha, mientras el resto reía.

—Para eliminar a la competencia qué más— intervino otra.

—Por favor, esa mocosa no es competencia, solo lo sigue como su mascota, la tonta babea por él y por supuesto Tiago no le presta ni la menor atención. Les hice un favor a ambos, le dije cuanto él detesta que ella lo siga siempre y lo vaya a ver a todas las prácticas. Está demasiado desesperada, se lo hice comprender, Tiago no le dice nada por lástima, pero de verdad que se vuelve latosa e insoportable.

Nunca en mi vida había tenido deseos de golpear a una mujer ¿Así que eso había pasado? Grecia se había alejado por las mentirosas palabras de Anette. Grecia me parecía algo cargosa cuando yo era un adolescente y ella una niña pequeña, pero me había acostumbrado, es más, adoraba tenerla en cada entrenamiento, en cada partido, que ella corriera a abrazarme cuando me veía, aunque los últimos años había dejado de hacerlo, seguramente le causaba vergüenza, pero yo lo extrañaba.

—Sí, claro— volvió a hablar una de sus amigas—. Tienes que aceptar que la mocosa es bonita, varios chicos de la clase la miran muy interesados ¿Qué te hace pensar que Tiago no le tiene ganas tampoco? Tiene quince, es linda…— enumeró y Anette pareció enfurecer, pese a que enmascaró su tono.

—Si Tiago le tiene ganas dejaré que se la coja un par de veces, así todos felices, pero ni sueñes que se la tomará en serio…— eso era todo; tras esas palabras me levanté y les hice notar con mi presencia que las había escuchado.

Annette pareció encogerse en su silla y sus amigas me miraron con pánico.

—No vuelvan a meterse con ella— las amenacé. Les hubiera dicho un montón de cosas más, pero ellas no me interesaban en ese momento.

Corrí fuera del campus, debía hacerle entender a Grecia que todo aquello era una mentira. Me encantaba su presencia, no podía vivir sin ella. No había nada que me gustase más que verla en las graderías, dándome su apoyo y que luego me esperase con algo de comer; y sin duda, no había nada que deseara más que tenerla en mis brazos y confesarle lo que sentía.

***

—Tengo que hablar con Grecia, es urgente— entré al local de Evan y no me importó, ella debía escucharme, era necesario.

— ¿Qué tienes que hablar con mi hermana?— Evan se mostró enfadado y me mantuvo alejado con un brazo.

—Mira Evan, no sé por qué no nos llevamos bien, y ahora no voy a pensarlo. Solo no me impidas ver a Grecia, de verdad necesito hablarle, es algo privado.

Evan me miró con desconfianza, y yo estaba seguro que no me dejaría. Me sorprendió cuando me soltó y seriamente me explicó el posible paradero de su hermana. Tal vez ese día había despertado con ganas de ser bondadoso, o la desesperación en mi rostro había causado cierta compasión en su frío corazón.

Aparentemente, a Grecia le gustaba sentarse a escuchar música a la sombra de un árbol en un parque cercano.

El lugar no era muy grande y enseguida la localicé.

Me senté al otro lado del grueso tronco, donde ella no podía verme. No sintió mi presencia, ocultaba el rostro en las rodillas y su mochila reposaba a unos metros más allá. Podían hasta robarla y ella no se daría cuenta.

Me acerqué hasta encontrarme junto a ella, no se dio cuenta hasta que le bajé los audífonos. Pareció despertar de un sueño y se asustó un poco al verme.

—Tiago ¿Qué haces aquí?— me preguntó.

—Quería hablar contigo— me acerqué más y ella recorrió un poco.

— ¿De qué? Mira…— agachó la cabeza con arrepentimiento—. Ya sé qué vas a decirme, y de verdad lo lamento… sé que todos estos años fui demasiado cargosa, era una niña y no me daba cuenta. Te prometo que no volveré a molestarte, perdón por haberte avergonzado— continuó hablando, yo no escuchaba esa sarta de estupideces, mi mirada se mantenía fija en su angelical rostro, sobretodo en sus pequeños labios que se movían al ritmo de sus incesantes disculpas.

No me importó y la callé tomando posesión de sus labios. Ella sin duda se sorprendió; no la dejé separase. Por un monto era solo yo quien saboreaba por primera vez un manjar más exquisito que la ambrosía, luego ella me correspondió. Por su inexperiencia y nerviosos movimientos me di cuenta que era el primero de sus besos y sentí una dicha interior.

Mi hermana tenía razón, jamás podría cansarme de besar esos labios, palpar con las yemas de mis dedos tan suave piel, sobre todo, no me cansaría de sentir ese agradable ardor en la boca del estómago.

—Nada de eso es cierto pequeña, no vuelvas a dejarme— le dije en el corto instante que me separé de ella.

El tiempo se nos hizo eterno e insuficiente al mismo tiempo. Ni en toda una vida podría terminar de expresarle con un beso lo que sentía por ella, afortunadamente, tenía una larga vida y muchos besos para brindarle.

—Te amo mi pequeña— le susurré al oído, ella escuchó mis palabras aún con los ojos cerrados, tratando de asimilarlas.

Repentinamente recordé el obsequio, lo había llevado en mi bolsillo todos esos días y al fin podía entregárselo. Ella permanecía incrédula, yo le abrí la cajita, descubriendo el pequeño dije.

—No es mi verdadero corazón, pero debes saber que ya es tuyo— lo deposité en su mano y la cerré con la mía.

— ¿Esto es un sueño?— me preguntó en un murmullo que se confundía con la brisa que soplaba y revolvía sus cabellos claros.

—No lo sé— aseguré con sinceridad—, pero si lo es, te juro que al despertar voy a hacer que se cumpla.


Espero que les haya gustado! ya saben, esta historia sale de mi fic: los sueños seretos de Sophie, historia que hoy terminé T_T

Los invito a leer mi nuevo fic: El tesoro de Charleen y pasen por mi blog (link en mi perfil), para ver la despedida de este fis y el de Sophie.