Nota preliminar: Los chicos de la banda, son los de Mily! Para que vayan a leer su historia que esta de pelos. Reitero ultimo capitulo.

Capitulo Diecisiete

Aceptación.

"Cuando yo te veo me late el corazón y cuando no te veo… también me late, que suerte, que suerte..."

Dejo de hacer tanto frió como antaño. Aunque el invierno tenía todas las ganas de quedarse ese año, lentamente fue dejando paso, algo hastiado, a una prometedora primavera multicolor.

Comencé a buscar ropa propicia para el cambio de estación. Mientras resoplaba indignada por mi falta de faldas, se me ocurrió mirar el calendario. Quedé sentada acordándome del compromiso con mi mejor amiga.

—¡Rayos! ¿Tanto tiempo ha pasado?

Resulta que a Katte se le había ocurrido la fabulosa idea de salir, a un carnaval cultural. Me comentó de ello con una enorme sonrisa de oreja a oreja. A mí nunca me ha llamado la atención esa clase de eventos. Pero ella estaba empeñada en que la acompañara.

Cuando a ella se le propone algo es como una maquina imparable, capaz de mover todos los engranes del destino para conseguir lo que desea. Estuvo semanas pidiendo que la acompañase. Por supuesto yo desde el principio estaba dispuesta a acompañarla. Ni de chiste hubiese dejado que saliese sola.

Seguí buscando ropa, rogando a los cielos encontrar algo decente para salir.

—¡Ange!— gritó Katte animada— ¿qué… te paso?

Me ruboricé por completo. Me había tomado el cabello en una cola de caballo, estaba vestida con una falda y camisa a juego. Katte me miraba como si fuese la primera vez que lo hacía.

—¡Nada importante tonta!— la tomé por los hombros— ahora dime donde es el famoso carnaval antes que me arrepienta.

Ella se despabiló por completo. Me tomó del brazo arrastrándome hasta el centro de la ciudad, mientras me comentaba de sus múltiples estudios. Observamos las vitrinas, y en una de ellas estaba el programa.

—¡Oh vamos! ¡Comenzará en un par de horas más!— fulminé con la mirada a Katte— ¿Qué te proponías con esto?

Mi mejor amiga tan solo atinó a sonreír con malicia. Señaló la cafetería y dijo.

—¡Vamos por helados!

Y yo suspiré rendida. Era un caso perdido querer enfadarme con ella, era sencillamente imposible para mí.

Nos sentamos cerca de las ventanas. Mientras esperábamos el pedido ella volvió a mirarme intensamente. Su cara era un poema a las preguntas no dichas.

—Este cambio no tiene nada que ver con él— no mencionaba su nombre si podía hacerlo— es solamente una tontería mía.

—No me preguntaba eso. Era mas otra cosa.— en ese momento la mesera dejó los helados, Katte tomó la cuchara, acariciando la crema lentamente— ¿Te enteraste… verdad?

Mi cara volvió a enrojecer de la culpa. ¿Cómo no saberlo? Si Antonio lamentablemente era parte de mi vida, era casi inevitable enterarme que nuevamente había terminado, hace un par de semanas. Tomé la cuchara con nervios mirándola como si fuera lo más interesante del mundo.

—Eso es un si— tomo un poco de vainilla, comiéndolo con ganas— ¡No dejes que se derrita!— gritó señalando mi copa.

Me sorprendí. Ella siguió comiendo su helado, sonriendo de manera misteriosa. Suspiré y la imité intentando mostrarme animada.

—Ya debe ser la hora de partir— rompió el silencio dejando la copa vacía.— ¡Vamos Ange apurate!— sonrió ampliamente.

—Katte— susurré— ¿No quieres… tú sabes?— tragué lo ultimo de helado que me quedaba— ¿preguntarme algo?

Volvió a mirarme intensamente. Negó con la cabeza y nuevamente me arrastró hacia el centro de la ciudad. Allí estaba un escenario instalado en la mitad de la calle. Mi mejor amiga me empujó por la espalda, prácticamente usándome de carne de cañón para llegar de las primeras.

—¡Quienes van a tocar!— grité intentando hacerme escuchar entre la algarabía.

—¡Son novatos! ¡Creo que harán un tributo a Saratoga!

—¡Y desde cuando te gusta esa clase de música!

La observé extrañada, ella antes de responder mis preguntas señaló el escenario. Una banda desconocida entró en escena. La cantante era una mujer bastante bonita, de cabello largo con unos labios rojos, dotada de una voz sumamente poderosa. Unos gemelos bastante peculiares tocaban la guitarra, al parecer leyéndose la mente de lo coordinados que eran. Un chico de aspecto calmado tocaba el bajo. Otros dos estaban en la batería y el teclado.

Eran muy buenos, sencillamente quedé fascinada junto con Katte. Ambas coreábamos la canción como si de eso dependiera nuestra vida. La chica cantante se percató de nuestro entusiasmo, dedicándonos una media sonrisa. Parecía ser bastante seria y mal humorada como para regalarnos ese gesto. Katte chilló como una súper fan., y yo la imité entusiasmada. Sorprendida la artista se rió de buena gana.

—¡De aquí no nos saca nadie!— un acorde mutuo de parte de los gemelos remato sus palabras. Nosotras seguimos gritando con entusiasmo.

La verdad hace meses que no me comportaba como yo. Hace tanto tiempo que no tenía esa carga de adrenalina, que parecía inyectarme de nueva vida. La banda luego de unas cuantas canciones, se retiró agradeciendo nuestro griterío imparable.

La gente comenzó a retirarse. Nos tuvimos que quedar en nuestro lugar, o sino probablemente moriríamos en el intento de salir en medio del tumulto. Miré a Katte, parecía satisfecha de si misma, renovada y feliz.

—La verdad— comentó ella— estoy harta de ser tan buena. Quizá debería hacer este tipo de locuras más a menudo.

—Tienes razón— solté feliz.

—Mira como parece que esto dará para largo, te propongo un juego— se acercó a mí con decisión— tú me decías que cuando estabas con él… te latía el corazón ¿verdad?

Asentí extrañada.

—Dame tu mano "paisana"— dijo imitando a una gitana. Me reí con entusiasmo y le seguí el juego. Tomó mi muñeca poniéndola sobre mi corazón. Este latía frenético sobre mi palma.

—Y cuando no lo ves también late… no te parece una suerte.

Una suerte… tener a Katte a mi lado lo es. Estar viva y sonreír con ella, a pesar de todo lo sucedido. Una discreta lágrima me recorrió la mejilla.

—Es una suerte maravillosa.

Estaba de nuevo de vuelta en clases. El fin de semana largo, en compañía de Katte había hecho maravillas conmigo. Felipe y Victoria parecían extrañados por el cambio. Aún llevaba el cabello tomado en una cola de caballo.

—Me gusta— señaló ella— ahora se te ve la cara.

Nos reímos entusiasmados. Afuera en el patio, los cerezos florecían con ganas. Felipe se sentó a mi lado, contándome chismes como si la vida no le alcanzara. Nos burlamos de un par de chiquillos, que se habían caído en la mañana sobre el pasto recién cortado.

Ya no valía la pena pensar en Antonio, en Alejandra cuando tenía tantas cosas pendientes. Tantas risas aún por sacar, tanta amistad que aprovechar.

En eso estaba, observando como Felipe y Victoria jugaban a arrojarse pelotas de papel, mientras yo escribía tranquila, llegó Antonio a sentarse en el puesto del profesor. Lo miré sorprendida pero no enfadada.

—Bonito peinado— señaló— ¿Alguna razón para el cambio?

—Eso no te importa— le hice una mueca de burla.

Sonó la campana. Mis amigos se fueron, no sin antes darle una mirada asesina a Antonio, el cual parecía decirles con la mirada que no me haría daño… no otra vez.

Se ubicó en el puesto de Felipe. Yo volví a hundirme en la croquera.

—¿Necesitas algo?— pregunté con curiosidad

—Nada importante…— suspiró— creo que Alejandra te…

—Si lo menciono… unas mil veces— seguí sin mirarlo.

—Entonces tú… y yo… podríamos.

Había esperado tanto este momento. Esas palabras las había soñado tanto en mi cuarto oscuras, mientras lloraba en silencio. Mas ahora que realmente estaba pasando, yo tan solo me preguntaba ¿Y realmente valdrá la pena? ¿Alejandra nos dejará tranquilos? ¿Él sentirá cosas por ella?

Vislumbré la relación que podríamos tener. Es claro que tendría momentos de felicidad, pero estos serían opacados siempre por el pasado. Ese que nunca lo dejaría tranquilo, aquel que siempre lo esperaría.

Y a decir verdad, yo no estaba para que me rompieran el corazón. Apenas estaba recién recuperándose lentamente. No aguantaría otro embiste de parte de él.

—Nosotros… no es posible— lo miré tristemente— tú lo sabes, el mundo lo sabe— se me cortó la voz.— yo lo sé— sentencié.

—Pero tú no serías.

—Lo siento mucho, pero me llamo Angélica no Alejandra. Puede que físicamente seamos similares, mas somos muy distintas. Yo no tengo fuerzas para luchar por alguien, que nunca lo ha hecho por mí.

Él se dio por vencido. Luego sonrió de lado como de costumbre.

—Siempre has sido mas lista que cualquiera.— luego tomo aire y dijo— te quiero… lamento cuanto te perjudico mi sentimiento.

—No te preocupes— me golpee el pecho— que yo soy fuerte, casi como hija de general. Puedo cuidarme sola.

—Eso es lo que mas me gusta de ti— se levantó depositando un beso en mi frente— ya nos veremos.

—Claro, nos veremos.

Antonio fue a sentarse en su puesto. Yo lo observé desde el mío. Habían pasado tantas cosas y de la nada, todo volvía a ser como antes. Él seguramente regresaría con Alejandra, y yo estaría con mis amigos… al menos todo este año al cual aún le quedaban un par de meses.

Sonreí, sintiéndome por primera vez, segura del camino que había tomado. Había hecho lo correcto por mí. Y eso se sentía muy bien.

FIN

Nota Final: tenía pensado un final muy distinto, pero creo que es mejor así. Ahora tengo un lío xD. Hay otra parte de esta historia (si son dos partes xD) y un epilogo. Mi pregunta es, les muestro la otra parte, o sencillamente el epilogo? Ustedes deciden! Vote por lo que mas le acomode xD

Nos leemos :)