José Frontera y la Ciudad entre las Estrellas

"Nada va a cambiar mi vida, nada va a cambiar mi mundo" era lo que pasaba por mi mente cada día.

Pero fue una tarde lluviosa cuando cambió todo. Revisaba mi correo electrónico, y el aviso de un mensaje nuevo me alertó, pensé que sería otra publicidad, un compañero de labores pidiendo dinero; pero no lo era. Abro el mensaje.

Mi padre había reaparecido, quería verme, después de haberse perdido por un buen rato. Lo consideré muerto, mi madre guarda la esperanza de que esta en algún lugar.

Por mi mente se asomaron los recuerdos que tenía con mi padre, las tardes jugando beisbol cada domingo, corriendo detrás de mi veloz bicicleta antes de que llegara a la bajada, los viajes a la costa en su auto, hablando del futuro mientras bebíamos refrescos de cola, el primer día de mis estudios en el bachillerato. Pasábamos mucho tiempo juntos en aquellos días, pero un día todo cambió.

Mi padre se unió al Servicio Aéreo Espacial como piloto militar, la guerra entre la Tierra y los Separatistas de Saturno llegó a nuestras tranquilas vidas.

Desde ese día no lo volví a ver, una mezcla de orgullo y tristeza me invadía cuando hablaba de él o veía sus fotos.

Me comentó que se encontraba en un lugar llamado Xanadú, debía irlo a ver, ya que suotoño se acercaba más y más.

Seme presentaba una serie de dificultades con el viaje en cuestión, no disponía ni de una buena nave, de una tripulación mucho menos con el dinero necesario. Iba a ser toda una aventura reunir esos elementos y otra llegar a aquel lugar.

Luego de graduarme como Administrador, quise seguir los pasos de mi padre, y realicé el duro curso para ser un piloto como él.

Cerré mi laptop y caminé rumbo a mi casa. Una de las cosas que quería hacer era llamar a mi madre, suponiendo que ella sabía algo del asunto.

Mientras caminaba, dos ladrones estaban atacando a una chica. La adrenalina me impulsó a ayudarla. Nos encontramos en un oscuro callejón.

-Dejen a la señorita en paz.

Les ordeno. Pero se vuelven en mi contra. Pero no contaban con que podía defenderme de sus navajas con mis manos.

-Señorita es mejor que nos marchemos de inmediato, antes de que se levanten.

Le comento. Ella afirma con la cabeza.

Después de unos minutos caminando, nos encontramos en un vagón del metro, rumbo al sureste, a la zona en donde vivo.

-Muchas gracias por salvarme. De no ser por tu oportuna ayuda, no se que hubiese sido de mí.

Me dice la muchacha rompiendo el silencio entre nosotros.

-De nada-Le respondo en tono amable-creo que no nos hemos presentado.

Se apartó lentamente uno de sus mechones de cabello, color azul claro-Me llamo Isis Durango-Me extiende su mano.

-José Frontera-le respondo mientras le doy mi mano derecha.

-¿A dónde me llevas?-me pregunta, curiosa, se muerde su labio inferior, supongo que está aún nerviosa.

-A la zona menos azotada de la ciudad- le respondo indicándole con mi dedo índice el lugar en el mapa del metro-alquilaremos un video-teléfono para que llames a tu familia y te pagaré un taxi para que te lleve a tu casa.

Isis comenzó a reírse, no comprendía el motivo de las mismas. Al los segundos me explicó.

-Eres muy considerado, pero no tengo familia; no aquí en la tierra, y no tengo en donde dormir esta noche.

-Interesante-le respondo lleno de asombro- puedes quedarte conmigo hasta que solucione unos asuntos.

-¿Cuáles asuntos?- me pregunta curiosa- claro si se puede saber.

Me mantuve callado por unos instantes.

-Debo ir a buscar a mi padre- le respondo seriamente.

-¿En donde se encuentra?- Me vuelve a preguntar Isis.

-En Xanadú-le comento sin agregar algo más.

Isis dejó de preguntarme.

Llegamos finalmente ala estación en donde debíamos bajarnos.

Estuvimos en silencio hasta llegar a mi apartamento.

Le ofrecí la habitación de huéspedes a Isis, con una colchoneta no muy grande.

-Quiero viajar contigo-me comentó.

-¿Es en serio?- le repunto incrédulo. Es poco probable que alguien se ofrezca a ayudarte así como así.

-Conozco a alguien que nos puede vender una nave-me responde- para el viaje.

Me sorprendí al escuchar tal argumento. Pero primero debía ordenar mis ideas.

-Hablaremos de esto mañana-le comento, ella afirma con la cabeza.

Era hora de aclarar algunas cosas. Y en mi antiguo hogar, en las verdes afueras de esta ciudad conseguiré algunas respuestas.

Debía volver antes de comenzar con mi viaje.

Le escribí un correo electrónico a mi madre, iba air a visitarla, que no iría solo; por supuesto, le resalté el hecho de que el motivo de la visita se lo iba a decir en persona. El resto de la noche, iba a tratar de conciliar el sueño, el asunto comenzaba a tener mella en mí.

A la mañana siguiente me desperté, a pesar de todo había logrado dormir un poco.

-Buenos días Isis-saludo a mi huésped mientras salgo de mi habitación.

-Buenos días José-me responde-¿Cuál es el plan de acción para hoy?

Le explico lo que debemos hacer y para donde nos vamos a dirigir.

Después de desayunar, nos montamos en un tren magnético que nos llevó a las afueras de la ciudad.

-¿Tienes un mapa de navegación hasta Xanadú?- me pregunta Isis, luego de unos minutos en silencio.

-No tengo un localizador, mucho menos un mapa de navegación- le respondo- ni una pistola para defendernos.

Xanadú es una ciudad que va entre las estrellas, para algunos es un mero mito urbano. Según cuentan es un lugar en donde los veteranos de las guerras, en especial los que estaban en los controles de las naves espaciales monoplaza de batalla, naves de exploración y de los demás ingenios que llevan al hombre entre las estrellas, pasan sus últimos días, recordando sus proezas, batallas, desventuras y aventuras.

Sin importar el bando de un conflicto, los pilotos están ahí. Muy pocos han llegado, son los hijos de estas personas que poseen la posibilidad de sucederlos.

Después de caminar unos minutos, llegamos a la casa 45 de la urbanización San Antonio.

Toco el timbre, espero unos minutos, Sale mi señora madre llena de alegría.

-¿Esa chica es tu novia?-me pregunta mientras me mira a los ojos fijamente.

-No señora, no tenemos relación alguna-responde Isis-lo acompañaré en su viaje.

-Cierto, de seguro tu padre se comunicó contigo-agrega riendo mi progenitora- por favor pasen. Hay mucho de lo que debemos hablar.

De nuevo en casa. Fotos de mi padre, con mi madre, conmigo, usando su uniforme, con la tripulación de la nave carguero, por todos lados. Siempre sonriendo, siempre altivo.

-No sabía que eres hijo del mítico Manfred Frontera-exclamó Isis mientras tomaba entre sus manos una foto, en la cual salgo con mi padre sobre sus hombros.

-Hijo mío también es-agregó mi madre desde la cocina-a veces pienso que no le gusta hablar de eso.

El olor del café comenzaba a perfumar la casa. De seguro mi madre tiene cosas interesantes que decir.

Durante los turbios años de la guerra contra los Separatistas de Saturno, gran parte de las batallas sucedieron en el oscuro manto de las estrellas. Muchas leyendas se forjaron en esas peleas, entre ellas la de Manfred Frontera. Unos dicen que piloteaba un monoplaza Centurión, otros un biplaza Gavilán, nunca hubo un consenso sobre la máquina que piloteaba. Así como no hay consenso si estuvo en la batalla alrededor de la Estación Acuario, o si fue líder de los refuerzos durante el desembarco de tropas en Titán. En lo que hay consenso es que cuando Manfred Frontera y su escuadrón llegaba, el día se podía salvar.

-Quizás tu padre- me comentó mi madre, entregando una taza de café a Isis y a mí- no estuvo en algunos momentos importantes de tu vida, pero siempre se preocupó por ti. Siempre en sus video-llamadas preguntaba por ti. Como muchos padres de esos días decidió sacrificarse por un futuro mejor para los que están por llegar.

-Siempre me pregunté ¿Sabias de antemano que estaba vivo?- le pregunto a mi progenitora. Ya que alrededor de ese hecho siempre hubo confusión en mi persona.

-Claro, siempre lo supe- me responde mientras suelta una risa-aunque su destino era ir a Xanadú hubiese preferido regresar aquí y evitarte todo este predicamento.

-Pero muchos desean eso-agregó Isis-estar con su familia. Pero de no ser por este viaje, ni su hijo ni yo podríamos volver a ver a nuestros familiares.

-Tu padre y yo sabíamos que en algún momento- aclaró mi madre-este día iba a llegar por eso hay cosas que debes tener y otras saber.

Manfred Frontera se unió como voluntario al ejército durante la guerra, su experiencia como piloto civil le fue de gran ayuda.

Lo asignaron al 12º Escuadrón de aviadores, con el cargo de capitán, todos eran unos novatos, según cuentan, en muchas ocasiones perdía la paciencia con sus hombres, el capitán Frontera comenzó como alguien muy serio, pero sus muchachos aprendieron bien las lecciones que les daba.

Aunque el alto mando les había asignado las naves mas complejas para manejar, versiones biplaza del modelo experimental Búfalo 3X.

Mi madre se ausentó por unos segundos, tenía un paquete de mediano tamaño en sus manos. Abro el paquete con lentitud.

Ante mis ojos aparecen dos objetos. El primero es una pistola y un arnés para que la lleve.

-Le pertenecía a tu progenitor-indica mi madre-modelo Káiser calibre 45 milímetros.

Saco el otro objeto, un reloj.

-El regalo de tu padre por haber esperando tanto, puede detectar el mismo reloj que lleva puesto sin importar lo lejos que este.

Vuelve agregar mi madre.

-Al menos con eso podemos guiarnos-agregó Isis- pero ¿No dejó algo más? El viaje que haremos es largo.

-Me agrada esta chica, deberías pensar en tener algo con ella- Mi progenitora se ríe un rato y luego comenta-tu padre compró una nave de mediano tamaño, l la modificó para usarla en su retiro, pero creo que te puede servir.

-Ya tenemos todo- se alegró Isis- las "ofertas" de mi amigo no eran muy buenas, para ser naves de segunda mano.

Nos reímos juntos un rato.

-¿Te parece comenzar mañana a primera hora el viaje?-Le pregunto a Isis.

-Afirmativo. Pero exijo un cargo como segundo al mando- demandó riendo Isis.

Esta chica tiene algo que comienza a atraerme y es algo mas que esos ojos púrpura, cabello ligeramente azulado y hermosa sonrisa.

El día transcurrió sin mucho contratiempo, tenía tiempo sin quedarme viendo las estrellas desde el jardín principal de mi casa.

Debía dormir o al menos intentarlo.

A la mañana siguiente, después de desayunar comenzamos nuestro viaje. Isis me ayudaba con la nave. Fue un viaje difícil, no contábamos con una carta de navegación para ubicarnos mientras recorríamos el espacio. El reloj que me regalo mi padre servía de localizador, a modo de las antiguas brújulas.

-¿Sabías que Xanadú es un planeta artificial-me informa mi copiloto mientras guardaba el registro de vuelo-el cual no posee una órbita fija?

Lo último que me dijo me tomó por sorpresa.

-Explícame lo último, por favor-le dije- y ¿Cómo sabes tanto sobre ese lugar?

El único familiar que le queda a Isis, es su hermano, él le explicó todo lo relacionado con el planeta. Fueron separados durante la guerra, y debía visitarlo. Fu familia fue asesinada cuando los Separatistas invadieron Fobos, una de las lunas de Marte.

Sin quererlo toqué un tema difícil para ella, debía disculparme, pero no tenía las palabras para hacerlo.

Por muchas horas estuvimos navegando. Le ordené a Isis que fuera a su habitación a dormir, mientras seguiría al mando por un rato. Lamenté la carencia de una carta de navegación, ya que con la misma podía activar el piloto automático con la ruta ya predeterminada. Solo esperaba que Xanadú mantuviera una trayectoria fija y finalmente alcanzar el planetoide.

A pesar de mis esfuerzos, sucumbí al sueño, arriesgándome coloqué el piloto automático, y deje la ruta que señalaba el reloj, como predeterminada. Caminé lentamente hacia mi habitación. Esperando que nada malo pudiera ocurrir mientras dormíamos. Abrí la puerta de mi habitación, me lancé ala cama y fui cerrando mis ojos hasta caer rendido. Todo estuvo en calma, por un buen rato.

Comencé a sentir turbulencia por un momento, luego de pocos segundos, todo se calmó. Me levanto para ir al puente de la nave. Nos encontrábamos en medio de unos asteroides, Isis se despertó antes que yo y tomó el mando de la nave. La chica es realmente sorprendente, me atrevo a decir que conduce mejor que yo. Me encaminaba a regresar a mi cuarto, cuando.

-¿A dónde crees vas?-me preguntó sin perder la estabilidad de la nave.

-a dormir unos minutos más-le respondo-si quieres nos turnamos para conducir la nave.

-¿Para que? Si nos quedan pocas horas de vuelo para llegar-me respondió, luego de girar la nave pata salir del cinturón de asteroides.

Finalmente habíamos llegado.

Si mis cálculos no me fallaban, pasamos diecisiete horas de vuelo, sin hacer descanso en alguna estación alguna. Luego de dos vueltas por fin aterrizamos.

-Cada uno de nosotros va a buscar sus familiares-indicó Isis quitándose el cinturón de seguridad.

-¿Pero regresamos juntos a la tierra?- le pregunto. No quería perderla de mi lado.

Me regala una pícara sonrisa. Supongo que sí.

Había pequeñas casas por todo el planetoide, y todas del mismo tamaño.

-¿Sabes en que casa está tu padre?-Me preguntó mi compañera.

-No, pero quiero descubrirlo-le respondo- ¿Qué tal tu?

Me responde afirmando con la cabeza.

Al bajar de la nave cada uno tomó caminos separados. Fui en dirección sureste, como lo indicaba el reloj, hasta llegar a una casita de techo descolorado y paredes grises.

Sentado en una mecedora al frente del jardín, estaba mi padre.

-Finalmente llegaste hijo-me dice lleno de alegría-estoy muy orgulloso. Solo dime ¿Cómo está tu madre? ¿Hiciste algún amigo nuevo?

-Mi madre esta bien-le respondo mientras camino hacia él- he hice algo mas que una amiga.

Mi padre se levanta, se acerca a duras penas a mí, y me da un fuerte brazo.

-No digas más, sientes mariposas en el estómago cuando estas cerca de ella. Me pasó lo mismo con tu madre- me comenta riendo mi viejo.

Luego, pasamos a la pequeña casa, a charlar, beber una o dos tazas de café.

Fin