—¿Quién es Sophie?— le preguntó la joven muchacha con quien había pasado la noche.

La pregunta lo agarró desprevenido, supuestamente esa joven mujer que apenas conocía, no estaba enterada de su reciente ruptura.

— ¿De dónde sacaste el nombre?— preguntó con un tono de desinterés mientras se vestía.

—Me llamaste Sophie dos veces mientras hacíamos el amor.

Ian intentó recordar en qué momento eso había pasado. Pudo haber sido en cualquiera, no era algo que realmente le interesase. A Julieta apenas la conocía y eso no pasaría de una simple aventura de una noche.

—Sophie era mi prometida— dijo sin darle mayor importancia al asunto—. Nos vemos el lunes en la clase— se despidió saliendo de la habitación de la joven y deambuló sin rumbo, sumido en sus recuerdos.

***

Beber no había funcionado, fingir que la veía solo como a una amiga mucho menos, y acostarse con una chica prácticamente desconocida, peor. Si le contaba a sus amigos que sólo había podido tener sexo con esa joven imaginando que se trataba de su ex novia, patético habría sido el más suave de los "afectuosos" adjetivos que el habrían dedicado; aun así, había quedado bastante insatisfecho. La que había sido su prometida era la única que podía hacerlo sentir con abrasadora intensidad cada caricia, volver loco a su sistema y bloquear su razón, opacándola con una inmensa masa de sentimientos.

Todo ese hermoso sueño, la perfecta vida que juntos habían comenzado a forjar, se había venido abajo hacía un mes atrás…

Recibir una propuesta laboral para comenzar en un prestigioso hospital en Tokio como médico pasante era tan increíble que por varios minutos, tras recibir la noticia, había pensado que se trataba de una broma bien elaborada por sus amigos, sin embargo era real, casi tangible.

Sophie seguramente iba a alegrarse. Tenía exactamente cinco meses para aprobar un curso acelerado de japonés antes de retomar sus estudios de veterinaria en una universidad de Tokio.

Llegó al pequeño departamento donde vivían, pensó con orgullo que con el sueldo que recibiría, podría ahorrar lo suficiente para vivir en una lujosa casa o un penthouse cuando regresaran.

El sonido de la ducha lo atrajo hacia la puerta del baño. Sophie se bañaba y por la música no lo había escuchado llegar. Por un momento se detuvo a ver la delgada silueta de su novia tras el vidrio empañado.

Entró al dormitorio y sobre la cama encontró una carta abierta.

***

Sophie ingresó minutos más tarde con una toalla alrededor del cuerpo y el cabello goteando agua. Sonrió con mucha alegría y se lanzó a brazos de su novio, quien sentado al borde de la cama leía la carta que a ella le había llegado esa misma mañana.

— ¿La leíste?— le preguntó dichosa, arrebatándosela de las manos para leerla por decima vez—. ¡Me ofrecen una beca completa! Parece que los años que trabajé en televisión no fueron en vano, saliendo de esa academia puedo retomar mi carrera como cantante— explicó tumbándose de espaldas sobre el colchón, sin desprender la vista de su preciosa carta.

Ian, no sabía qué decir, a ella le ofrecían una beca en Francia, la oportunidad de retomar el sueño que había abandonado hacía algunos años por diversos motivos; y a él, ser médico internista en un continente todavía más alejado, una oportunidad que sólo se daba una vez cada cinco años a un ínfimo número de estudiantes de medicina.

— ¿Te imaginas vivir en París? Será grandioso, tomaremos desayuno todos los días frente a la torre Eiffel y pasearemos por la cuidad de noche, es tan precioso y romántico— continuaba la joven desasiéndose en su ensueño—. Hasta podemos casarnos ahí, ¿te imaginas celebrar nuestra boda en una enorme catedral gótica?— su fascinación e innumerables sueños respecto a sus futuros años en la ciudad luz no terminaban. Se dio cuenta que Ian no compartía su entusiasmo, parecía más bien que algo lo hubiese golpeado y él no reaccionase.

—Sophie… — volteó a verla y buscó como explicarle la complicada situación en la que se encontraban, pensó que en lugar de hablar, mostrarle era lo más conveniente, así el tenía tiempo de cavilar la situación. De su bolsillo sacó su carta y extrañada su novia la leyó.

Sophie se acomodó en la cama y mantuvo el mismo serio rostro que él.

—Bueno, supongo que París puede esperar— dijo finalmente— bien, ¡me visto y vamos a celebrar!— fingió entusiasmo y se aproximó al armario. Se alegraba por Ian, pero sentía tristeza, todo el día había imaginado con inmensa ilusión como sería estudiar canto en una de las más prestigiosas escuelas de arte del mundo, incluso había empezado a gestionar su retirada de la universidad, para retomar sus estudios de veterinaria un par de años después.

Ian se sintió fatal al escucharla ¿con tanta facilidad ella renunciaría a su sueño?

—No Sophie, iremos a París, es una gran oportunidad, yo puedo terminar la universidad allá y hacer mi año de internado en Francia.

—Ian, esperaste esto mucho tiempo, nunca tendrás esta oportunidad de nuevo— le reprochó.

—Ni tu tampoco, has querido esto desde que eres una niña.

Ambos se callaron nuevamente.

—Lo importante es que ambos lo conseguimos. Vamos a celebrar y al volver echamos una moneda, o lo definimos jugando en la consola— propuso Sophie estirándole la mano.

Ian aceptó con gusto, no importaba donde, quería estar siempre con Sophie, además, hasta hacía solo unas horas atrás, no estaba en sus planes el irse a otro lugar, ¿qué más daba seguir los sueños del otro? Estando juntos, los logros eran compartidos y su felicidad les pertenecía a ambos.

***

Llegaron a una gran cafetería, no era precisamente un elegante lugar, sin embrago era lo mejor que había en el campus. Tomaron una mesa y enseguida un grupo de amigos los divisaron y se sentaron a acompañarlos, arruinando así, como casi siempre, su momento a solas.

— ¿Y qué piensan hacer?— les preguntó Tiago, el hermano menor de Sophie, cuando su mejor amigo le contó sobre las oportunidades que les ofrecían a ambos, las cuales, sin lugar a dudas no podían ser cumplidas paralelamente.

—Aún no sabemos, esta noche lo echaremos a la suerte— explicó Ian con simpleza.

— ¿Se lo dijiste a papá?— le preguntó Tiago a su hermana—. Cualquier opción que tomen es bastante lejos, querrá morirse….— volcó los ojos imaginado que diría su padre al saber que su única hija mujer se iba a vivir cinco años al exterior—. ¿Se casarán antes?

—Tampoco lo hemos pensado todavía, pero si a final vamos a Francia quiero casarme allá. Japón está más lejos, supongo que si gana esa opción lo haremos antes ¿verdad Ian?

El joven asintió tomando un sorbo de su café, no lo había pensado, pero lo que decidiese Sophie estaría bien para él.

—No entiendo. ¿Por qué deben ir los dos al mismo lugar?— intervino Anette, una joven que estudiaba medicina junto a Ian, y por algún motivo siempre aparecía inmiscuida en sus conversaciones.

—Porque la beca y el internado son al mismo tiempo, empiezan el próximo año y durarán cinco años, Ian y yo vamos a casarnos, no podemos mantener una relación a larga distancia por tanto tiempo— dijo Sophie, el razonamiento de Anette no lo comprendía, le parecía más que obvio que ambas opciones no podían ser tomadas.

—Qué tontería— espetó levantándose del asiento—. ¿Van a desechar sus sueños y las oportunidades únicas que se les presenta en la vida solo por estar juntos? Yo ni loca lo haría, no dejaría pasar esta oportunidad— les dijo por último como despedida.

Ian y Sophie se mantuvieron impasibles un momento, pensando en lo que Anette les decía, en ningún momento se les había cruzado por la cabeza el seguir cada uno rumbos separados.

Ian volvió a su café, desechó ese pensamiento por completo, separarse no era una opción.

***

—Cara: Francia, cruz: Japón— confirmó Sophie.

La moneda dio tres giros en el aire antes de caer nuevamente sobre su palma. Rápidamente la cubrió con la otra mano y giró ambas muñecas para cambiar la suerte momentos antes de revelar la decisión.

—Cara— dijo Ian. Ninguno se veía tan feliz con el resultado. Por un lado él debía renunciar al internado en Tokio y ella se sentía mal por cumplir su sueño obligando a Ian a olvidar el suyo—. Bien, a Francia el próximo año— se desperezó levantándose hacia la cama.

Sophie permaneció arrodillada en el piso. De golpe las palabras de Anette resonaron en su cabeza. ¿Sería capaz de despertar cada mañana recordando que Ian lo había dejado todo por ella?

Por supuesto que no.

—Ian, no, no podemos ir a Francia, bueno tú no— apenas podía creer sus palabras, pero debía hacer lo correcto— de verdad quieres ir a Japón y no puedes sacrificarte por mi culpa.

—Dijimos que lo dejaríamos a al suerte, tu ganaste, no importa.

—Si importa, Ian… tal vez Anette tiene razón. No podemos sacrificar los sueños del otro.

Solo esas palabras bastaron. Ian comprendía a lo que Sophie se refería. El no quería dejarla, por supuesto que no, pero ¿debían sacrificar sus sueños por estar con el otro? Indecisos, con dudas y sumamente inseguros creyeron que esa era la mejor opción.

Con todo el dolor de su corazón, Sophie retiró el anillo que llevaba en su dedo anular, el cual Ian le había regalado cuando tenían quince años, el cual ella se había negado rotundamente a reemplazar por uno de oro con un diamantes, lo que Ian consideraba un verdadero anillo de compromiso y no una baratija que comparan los adolescentes.

***

Durante todo un mes de separación evitaron verse lo más posible, se saludaban cordialmente y pretendían ser amigos. Habían acabado su larga relación en lo que comúnmente se llama "buenos términos", mas el dolor al cruzarse en el campus era insoportable.

A Sophie ni se le cruzaba por la cabeza empezar una nueva relación. De adolescente había pensado que permanecería junto a Ian toda su vida, y después de cinco años juntos, aquello se daba por seguro.

Ian no pensaba salir con nadie tampoco, pero tras una noche de alcohol con la cual intentaba vanamente borrar el recuerdo de Sophie de su memoria, la idea de seguir los pasos de sus amigos y cambiar de mujer cada noche, se le hizo una propuesta tentadora para mitigar el dolor espiritual; es así como terminó en la cama junto a una joven con quien compartía algunas clases de anatomía.

Después de abandonar el lugar donde había pasado la noche, y dar vueltas por el campus, se dirigió a su propia habitación, a la cual se había mudado tras romper con su prometida. Durante una ducha fría se dio cuenta de lo que estaba haciendo. Toda esa situación era absurda, debía ponerle un fin.

***

—Estudiamos veterinaria para salvar animales ¿Por qué debemos disecar uno? Es totalmente incoherente— se quejaba Sophie al salir de su clase. Sus amigas le daban la razón, diseccionar una rana solo para conocer su organismo era absurdo, más teniendo softwares destinados a ese cometido.

Dándose cuenta que ya era tarde, las muchachas se despidieron de Sophie, quien continuó taciturnamente su camino.

—Hola, no te veía desde hace días— la voz de Ian la sobresaltó, y como cada vez que lo veía, su corazón dio un brinco, antes de ser ahogado por las lágrimas que ella evitaba derramar.

—Los amigos no se ven necesariamente todos los días, y en unos meses no nos volveremos a ver— dijo casi sollozando.

Ian caminó a su lado y de un momento a otro le quitó la mochila, para cargarla sobre su hombro como hacía siempre. Sophie lo dejó, aunque le martirizaba que él realizase esas acciones que le recordaban tanto a los maravillosos años que habían compartido como pareja.

— ¿Ian qué quieres?— le preguntó al llegar a la puerta de su departamento, el joven no se le desprendía y actuaba como cuando aún estaban juntos.

—Somos amigos a pesar de todo, ¿no podemos estar juntos antes de irnos?

Sophie le permitió acompañarla al departamento en el que habían vivido clandestinamente por tres años. Supuestamente, Sophie compartía ese departamento con su hermano, al menos eso era lo que le decían a su padre, quien le había prohibido a Ian el vivir o casarse con Sophie antes de que ella acabase la universidad. Para evitarse problemas vivían juntos a escondidas, y Tiago era más feliz en el supuesto dormitorio de Ian, estratégicamente situado junto a las habitaciones de hermosas y jóvenes estudiantes de medicina.

—Se ve vacío, y tétrico— observó Ian dejándose caer en el sillón.

Sophie se acomodó a su lado lentamente, ocultando los nervios y las ganas de llorar que la invadían cada vez que recordaba que no compartiría su vida con quién había considerado su verdadero y único amor.

Después de un minuto no lo soportó y con la excusa de buscar algo de beber intentó levantarse.

Ian la detuvo jalándola hacia él y atrapándola en un abrazo.

— ¿Ian qué haces?— el nerviosismo de la joven se hizo más notorio e intentó, haciendo uso de toda su fuerza de voluntad, el soltarse, mas él no se lo permitió.

—Dime que me amas— le pidió susurrándole al oído.

—No, ya no...— gesticuló con dificultad.

— ¿Por qué nos hacemos esto Sophie? Es demasiado masoquismo, me amas y yo te amo más que a nada en este mundo.

—No es verdad, no te amo, sino, no nos habríamos separado— mintió esperando que aquello acabase con toda esa tortura.

Ian sonrió de medio lado, Sophie era una excelente actriz, sin embargo a él no lograba engañarlo, la conocía demasiado bien, tanto que hasta sabía lo que ella penaba en ese momento, y las pequeñas reacciones de su cuerpo eran como palabras en un libro, perfectamente descifrables.

—Tu corazón late con fuerza— posó la palma de la mano sobre el pecho de la joven y redujo el especio entre sus rostros—, aún te pones nerviosa cuando me miras, tu pulso se acelera… y el adorable rubor en tus mejillas se hace presente— sonrió aproximándose más, obligándola a recostarse de espaldas en el sillón, mientras ella experimentaba cada sensación que le enumeraba, sonrojándose más por darse cuenta lo bien que él la conocía—. ¿Por qué terminamos Sophie?— pronunció la pregunta rozándola con su aliento.

—Porque queríamos cosas diferentes— soltó con decepción y tristeza, volcando a un lado su rostro.

— ¿En verdad? ¿O nos dejamos influenciar por lo que dijo Anette? Estamos juntos desde que tenemos quince años, y siempre hemos tomado las decisiones como pareja, buscando lo mejor para ambos. Tú puedes estudiar en Francia y yo tengo este empleo en Japón, pero no es más importante que estar contigo, eso es lo que quiero, no me importa donde, no me importa nada más.

—A mi tampoco— dijo soltando lágrimas y arrimándose a él en un fuerte abrazo—. Quiero estar contigo, Francia no me importa. Este mes fue horrible, solo podía pensar en ti. Fuimos estúpidos, no debimos terminar.

—Lo sé, lo lamento. Cinco años comprometidos y lanzamos todo eso por la borda, hasta ahora no puedo creerlo. Se supone que debemos buscar una solución, no tomar decisiones separadas— sonrió.

Sophie se secó las lágrimas y lo cautivó con su mirada. Él se compenetró en la dulce mirada de aquellos ojos azules que le encantaban. Un mes sin ella, un mes en plan de amigos, realmente no había funcionado ¿cómo puedes ser amigo de alguien a quién amas con locura? ¿De quién no puedes alejarte porque sientes que desmenuzas tu alma?

Juntaron sus labios con delirio, iniciando un beso apasionado que se dejó acompañar de vehementes caricias.

Ian quería reconocer cada espacio del cuerpo de su novia, recordar cada minúscula parte de su suave piel, saboréala, degustarla, sentirla.

Le hizo el amor en el sillón como en muchas otras ocasiones. Cada caricia, cada beso, el momento del clímax… era perfecto, extasiarte, todo lo que había extrañado en su aventura de la noche anterior.

Extenuados, acomodaron sus cuerpos desnudos sobre la alfombra de la sala.

— ¿Al final que haremos?— preguntó la joven, entrelazando los dedos con los de su novio.

—Casarnos— le respondió—. No quiero separarme de ti nunca, eres toda mi vida. ¿Por qué retrasar las cosas? Si nos hubiésemos casado antes habríamos tenido la obligación de elegir una opción y no dejarnos influenciar por los demás.

—Es que ese es tu mayor sueño Ian, no podía arruinarlo.

—Mi mayor sueño es estar contigo siempre ¿y el tuyo?

—También, lo sabes. Francia no importa, es lo de menos si estoy contigo.

—Japón tampoco importa— dijo levantándose para buscar donde había terminado su pantalón. Metió la mano al bolsillo y sacó el pequeño anillo que llevaba siempre consigo desde hacía un mes atrás —hoy lo pensé, y tengo una tercera opción, casémonos esta tarde y olvidémoslo todo, quedémonos aquí— le pidió colocándole el anillo al lugar que pertenecía.

— ¿Hoy?— se asombró, aunque su sonrisa fue inevitable—. No podemos casarnos hoy.

— ¿Por qué no? hemos esperado bastante, nunca quisimos nada grande, arrastramos a Tiago como testigo al registro civil y con calma planearemos la boda religiosa que querías.

Sophie no podía creer que Ian fuese quien le propusiera algo así. Su corazón se derretía con cada palabra y la idea se le hacía más atractiva a cada segundo que pasaba.

—Mi padre nos va a matar— dijo sonriendo.

— ¿Nos? me matará a mí, le prometí que me casaría contigo cuando acabaras la universidad. Pero no tiene por qué enterarse, se lo diremos en dos años, cuando salgas y planeemos la otra boda.

— ¿Una boda secreta? Suena tan romántico— expresó incrédula, eso era demasiado genial para ella, en una ocasión había escapado con Ian, y hasta ese entonces no se le ocurría algo que superase en romanticismo a ese hecho.

—Sabía que dirías eso.

El lugar no importaba, los sueños que podían compartir eran los que valían la pena, puesto que juntos, podían superar todo y se daban fuerzas mutuas para logara sus cometidos.

Las oportunidades se les presentaban eran innumerables y en el futuro vendrían muchísimas más. Ese día realizaban el sueño de ambos. Pero había uno que era más importante, uno por el cual eran capaces de dejar todo atrás sin tener el menor remordimiento: pertenecerse el uno al otro hasta la muerte.


Ok.. estaba en un momento muy sentimentalista cuando escribí esto.. ¬.¬ no me hago responsable por posibles comas diabéticos.. XD

Bueno, en teoría a esta historia le sigue: Un regalo para Grecia.

Gracias por leer, me dan coments? aunwue se les haya aguado el cerebro XD

En mi blog pondré una entrada de despedida! no se olviden de miara mi otro fic: El tesoro de Charleen. besos!