El Espejo de Rebecca

Por Hannah BlueBird

Rebecca siempre había sido una chica muy saludable, según algunas de sus amigas más cercanas. Tenía el pelo muy rizado, las mejillas sonrosadas y una sonrisa pintada en la cara.

Pero últimamente Rebecca no parecía estar bien. La gente especulaba sobre qué le podía estar pasando a esa chiquilla que ya nunca sonreía, sobre qué podría haber borrado el color de su cara.

Lo cierto es que todo había comenzado unos meses atrás.


Rebecca sonreía, al igual que siempre. Aquel día estaba especialmente feliz: por fin iba a confesarle sus sentimientos a Troy, el chico que la tenía loca desde hacía años.

Había quedado con el en la puerta del instituto al final de las clases. Tuvo que esperar a que todo el mundo se fuera para, por fin, decirle cómo se sentía.

Troy la miró de los pies a la cabeza. Cuando su mirada se encontró con la de Rebecca, sonrió con sorna y dijo lo que, tal vez, nunca debiera haber dicho:

-Lo siento, pero no me van las GORDAS.- las palabras quemaron como el fuego el la frágil piel de Rebecca, dolieron como un golpe en la boca del estómago.

Con los ojos llenos de lágrimas, Rebecca tartamudeó, lo que provocó que el chico riera aún más. Troy se dio la vuelta y se marchó directo a casa, dejando a la chica con el corazón roto a sus pies.


Sus amigas le habían dicho que ella no estaba gorda, y era cierto. De hecho, Rebecca, como ya he mencionado, era una chica muy saludable y le encantaba salir a correr todas las tardes.

Sin embargo, cada vez que ella se miraba en el espejo, se veía a si misma como una enorme bola llena de grasa que era necesario eliminar urgentemente.

Y ahí fue cuando empezó su pesadilla.

Rebecca decidió dejar de merendar cada día, y reciclar esa hora de comida por otra hora de carrera. También, cada noche antes de ducharse, hacía cincuenta abdominales y veinte flexiones, todo para estar más hermosa, todo para que Troy la quisiera.

Siempre, cada mañana, Rebecca volvía a mirarse en el espejo.

-"Creo que estoy adelgazando,"- pensaba.- "Pero debo estar aun más delgada"

Poco después, Rebecca dejó de cenar, para dedicar esa hora a hacer más ejercicio. No le importaban nada las agujetas que sentía en su vientre ni en sus piernas, ella debía ser hermosa para que su príncipe azul la amara.

De nuevo, cada mañana, ella volvía la vista hacia su espejo. En él sólo se reflejaba una chica fea y gorda, y luego, una chica fea, gorda y con la cara llena de lágrimas.


Cada vez que entraba en clase, Rebecca miraba de reojo a Troy y encogía el estómago, a pesar que apenas quedaba nada que encoger. Troy la miraba por encima del hombro, para luego volverse hacia sus amigos y comentar algo entre risas. Esos comentarios hacían que Rebecca se sintiera peor.

Por eso, decidió dejar de comer durante el descanso del instituto.

-Reb, te estas quedando muy delgada.- le dijo su mejor amiga.- Has llegado a perder incluso el color sano de tu cara, y siempre tienes una expresión muy triste. ¿Ha pasado algo?

Rebecca negaba con la cabeza y sonreía.

-Sólo estoy un poco baja de forma. Ya verás como dentro de nada vuelvo a estar bien.

Ella atribuía su mal aspecto al hecho de seguir comiendo demasiado. Al hecho de no hacer suficiente deporte.

Así que Rebecca decidió dejar de desayunar. En lugar de comer, decidió salir todas las mañanas a correr un poco, pero no demasiado, ya que últimamente se cansaba con facilidad.

Atribuía, como no, ese nuevo cansancio a que estaba perdiendo la forma. Se volvía mirar en el espejo, buscando algún atisbo de grasa en su maltrecho cuerpo. Pero no había nada, solo costillas marcándose a través de la piel.

Pero Rebecca no estaba satisfecha. No hasta que Troy la mirara con amor en los ojos y un cumplido en los labios.

Rebecca dejó de almorzar. Empezó a repudiar la comida, no era capaz de ver una inocente hoja de lechuga sin que se le revolvieran las tripas con asco. Obviamente, seguía haciendo ejercicio, pero a pesar de que ya no tenía agujetas, se sentía mucho más cansada.

Necesitaba adelgazar. Más y más.

De nuevo, la mirada en el espejo.

-" No soy lo suficientemente delgada. No soy lo suficientemente bella."

A Rebecca le dolía el estómago, órgano suplicante por comida, pero ella iba a ser hermosa. Muy hermosa.

Los pómulos se marcaban a través de la piel, sus brazos y sus piernas no eran más que hueso, la columna vertebral se le marcaba a través de la espalda... y del vientre. Los ojos estaban hundidos en las cuencas, los labios, antes rojos, se habían vuelto blancos y quebradizos, su pecho ya no existía.

La regla hacía meses que no le bajaba.

Ella lo atribuía al nerviosismo de los exámenes, por lo que hacía cada vez más deporte.

Por las noches no podía dormir, si bien por hambre, bien por la preocupación de no ser lo suficientemente hermosa.

El espejo era ahora algo parecido a un enemigo. Odiaba a ese reflejo, ese reflejo obeso con la cara llena de lágrimas que suplicaba que, por favor, dejara de autodestruirse.

Ella no se autodestruía. Ella recorría el camino para ser hermosa.


No había vuelto a hablar con Troy desde que este la rechazó. Ya casi había pasado el curso, el verano había llegado y tocaba la típica excursión anual a la playa.

Todas las chicas estaban entusiasmadas. Todas querían que las vieran en sus maravillosos bikinis, y Rebecca la que más.

Por eso, la noche anterior, eligió el mejor bikini que tenía, se lavó el pelo e hizo cien abdominales más que de costumbre.

Cuando iba a acostarse, le echó un último vistazo al espejo.

El reflejo estaba llorando. Daba golpes en el cristal y suplicaba que, por favor, comiera. Que volviera a ser como antes. Que viviera.

Rebecca estaba furiosa. Ese espejo mentía, era su enemigo. Odiaba el fofo reflejo que le ofrecía cada día. Por eso, esa noche Rebecca destruyó el espejo, y a su horrible reflejo con él.


El sol brillaba en lo alto del cielo. La temperatura del agua era ideal, todo era perfecto.

Por eso, Rebecca decidió que era el momento de quitarse la camiseta y volver a hablar con Troy. Cuando sus amigas la vieron en bikini, comenzaron a gritarle y a preguntarle por qué estaba haciendo eso.

Rebecca las ignoró, pensando que era simplemente envidia. Porque ella era delgada y perfecta.

Caminó hacia donde estaban Troy y sus amigos. Esta vez era la definitiva. Trío estaba de espaldas, por eso sólo pudo ver la expresión de horror en los rostros de sus amigos.

Se giró cuando Rebecca le dio un par de toquecitos en el hombro.

La chica sonrió ante la cara de horror de su amado, confundiéndola con sorpresa.

Extendió los brazos hacia él.

-¿Te parezco ahora lo suficientemente hermosa?


Maybe if I act like that, that guy will call me back- Stupid Girls, Pink.

Me apetecía escribir algo que tenía aparcado desde hace algún tiempo, volver a los principios.

La canción y la historia eran perfectas.

Que conste que es una historia puramente ficticia, ni yo ni nadie que conozca son protagonistas de lo que acabo de narrar.

Pronto más.

ATTE: Hannah BlueBird