Y desalentado, siguió limpiando

Muchas son las veces en las que se esconde en esa esquina, y más las ocasiones en las que llora desconsolado bajo la lluvia en un mar de silencios y desesperanza.

El frío le impide dormir y el miedo es una constante en toda su patética y miserable existencia… y nadie está allí para ayudarle, sólo él.

Sólo él.

Las calles de Guiyang acogen a muchas personas. Millones de almas que vagan a todas partes pero que nunca alcanzan ni una sola distancia.

Muchos son los individuos que andan y pasan por su lado, pero él siempre está solo.

Es un vagabundo del que nadie quiere nada exceptuando que caiga y se muera en silencio, a ser posible en un sitio donde no pueda molestar a nadie.

Un paria de la sociedad, un extranjero mal oliente que sólo trae miseria y que lo único que puede despertar es una insana y repugnante compasión, (en el mejor de los casos) o un deleznable e ilógico desprecio, (en el peor).

¿Se molesta alguien en saber las circunstancias que le lleva a pisar su tierra sagrada? ¿Acaso tienen interés en simplemente saber cómo se llama?

Por supuesto que no, si conoces a algo por su nombre comienzas a tratarlo como si fuera una persona más, con sus miedos e ilusiones, con sus derechos y deberes, en definitiva… con su humanidad.

Nadie quiere humanizarle y así es más fácil escupirle, explotarle, insultarle, violarle…

Nadie quiere ayudarle y por eso llora eternamente desconsolado.

Eres el moderno prometeo, un monstruo del que todos quieren alejarse… un leproso repulsivo y sucio que huele a mierda y deshecho.

Pero lo peor de todo… eres la imagen constante de sus culpas, un espíritu enviado a atormentarlos, a decirles que es por su culpa que tú; y almas como la tuya, viven en la extrema pobreza, la miseria, el dolor y la eterna soledad a causa del descentralizado egoísmo de ellos, de su forma de vida desequilibrada y desmedida.

Busca esconderse de la ley, porque luchar por su derecho a la vida misma y escapar de miedo que trae la miseria y la guerra es algo que está prohibido.

Si le capturan le devolverán, bajo sonrisas hipócritas y tratos condescendientes a su antiguo país. Después de todo el dinero y el riesgo invertido en entrar en la China de ahora.

-¡Eh tú!

Él se giró, delante estaba un viejo señor con rasgos maduros aunque también, asiáticos y locales.

-¿Cuánto por limpiarme las botas?

Siempre empezaba así sus días.

-Diez...- Decía con su acento completamente forzado.

El desagrado del rostro de su futuro cliente le hace replantear lo que había expresado.

-¿Cinco?

-Dos.- Afirma con rudeza mientras le señala el mismo número a través de los dedos de su mano.

-¿Dos?

-Dos.

Resignado acepta porque sabe que en las condiciones que está no puede permitirse el lujo de rechazar lo único que puede ofrecerle recursos para poder comer, y comienza su labor poco a poco.

Con suerte quizás hoy reunía lo suficiente para enviar dinero a España.

Era curioso, hacía tan sólo veinte años la situación era invertida.

Recordaba como antes, de pequeño, él veía como los adultos se comportaban así de injustamente con los extranjeros que necesitaban ayuda. Blandían aquel absurdo odio e injustamente explotaban al necesitado.

¡Cuántos asiáticos y africanos, árabes y sudamericanos habían ido hacia sus tierras con enorme dificultad y temeridad, para buscar fortuna en los lugares que se decían eran más ricos y desarrollados!

Les ponía un cuadro bonito en el que encontrar trabajo era algo fácil, en el que con perseverancia y esfuerzo todo se podía, que no importaba la distancia, ahí estaba la tierra prometida.

Pero las promesas eran barro en sus manos callosas de tanto trabajar, ensuciadas y explotadas por poderosos amos blancos.

Los amos se convirtieron con el tiempo en los caballos, y los caballos en amos.

¿Era una especie de cruel justicia poética que los hijos de los tiranos se transformaran en los siervos de los antiguamente explotados?

"Ojalá hubiésemos sido diferentes" Piensa. "Más amables cuando tuvimos la oportunidad"

Pero ya no importaba, era tarde.

El pasado ya estaba escrito, nada se podía hacer para cambiarlo.

Nada.

Pero... Si ellos habían conocido aquella injusticia ¿Por qué ahora recogían el testigo de la desigualdad y los llevaban a todos al mismo camino de miseria y destrucción?

El poder...

Era indiferente a la raza y la religión, todos los seres humanos eran iguales.

Cuando alcanzan el poder, no importaba el mestizaje, color o nación, todos lo usaban, todos abusaban cuando podían.

Como extrañaba su tierra querida... como extrañaba a su familia.

Pero por ellos estaba ahí, por ellos luchaba.

Había mucho que hacer.

Y desalentado, siguió limpiando.


Dedicado a la Asociación protectora de extranjeros "Así es Colombia" de Málaga, en España. (w w w . asiescolombia . blogspot . c o m)