La Bestia

Martes, 24 de Noviembre del 2009


No me suele gustar mucho realizar ensayos, ya que considero que estos tienen el objetivo de aleccionar. A mí me gusta enseñar, me encanta dar pie a la reflexión, compartir mi conocimiento adquirido y poder obsequiar al lector y al mundo todos esos datos aprendidos para que puedan ellos también moverse y localizar su lucha personal, encontrar su lugar y conseguir herramientas útiles para que todos los que desean entender y mantenerse en pie puedan pelear y puedan intentar hallar la solución en medio de toda esta oscuridad.

Pero cuanto más asimilo, más me doy cuenta de que no sé nada... me doy cuenta de que la oscuridad sigue envolviéndome y que todo atisbo de luz es un espejismo proyectado, (que casi pareciera expuesto a propósito para que alguien pueda burlarse de mí), y que yo lo acabo interpretando mal. Y no quiero cometer la negligencia de llevar a los que buscan conocimiento a ese mismo camino de ignorancia que yo he recorrido. No quiero errar y cometer el error de inducir a los demás a que tropiecen sobre la misma piedra que yo he tropezado.

En el momento que estoy escribiendo esto tengo veinte años y me he pasado todo ese tiempo perdiéndolo miserablemente, y eso es algo que me resulta frustrante.

Porque todo lo que he aprendido, todo lo que he estudiado, observado, analizado, descifrado y esclarecido ha quedado en nada.

No encuentro soluciones y conforme voy avanzando (con el pesimismo que siempre me ha caracterizado), voy dudando cada vez más de que vaya a aprender y entender realmente algo.

No sabéis como odio haber perdido tanto el tiempo.

Pero no vayamos a salirnos del tema... esta es la razón por la que no suele gustarme hacer ensayos.

Pero he creído que en este caso en particular sí era necesario compartir uno de los procesos internos más importantes del ser humano, uno de los cuales siempre he estado prestando atención y he intentado controlar con fuerza.

Hoy hablaremos de la Bestia.

Con la metáfora de la Bestia intentaré explicar para que captéis con sencillez uno de los procesos más estudiados por infinidad de filósofos y psicólogos de a lo largo de los siglos, sobre todo por los de mediados del siglo XX.

Para aclararnos, estoy refiriéndome a los instintos animales que todos los seres vivos llevamos dentro y que los humanos no estamos exentos de padecer.

Pido previamente disculpas a las generaciones futuras que no puedan entender la complicación de mi discurso, pues aunque no lo parezca intento utilizar las metáforas para facilitar el entendimiento de este proceso mental y las partes que lo componen. Podría usar un lenguaje más directo pero también es posible que con el tiempo se quede arcaico, y con este medio intento saltarme ese problema que muchos grandes filósofos, sea por convertirse en victima/verdugos de sus siglos, o sea por su imbecilidad notable y obtusa arrogancia, utilizando métodos complicados para explicar sus cuestiones cuando podían realizarlo de forma sencilla, cometieron de forma despiadada.

En cualquier caso, sé que es una putada que se obligue a la mente a entender cuando debería ser lo más natural del mundo y bueno... al menos así intento facilitaros las cosas, y espero que funcione y no fracase en esta empresa.

En fin, empecemos:

La Bestia es en esencia un animal, un perro atacado por la rabia al que generalmente hay que mantener atado y sometido.

Es el Mr. Hyde que llevamos en nuestro interior.

Es cruel, es injusto, es irracional, pero por encima de todas las cosas, es egoísta.

Su fuerza es casi imposible de batir y puede amenazar con atacar en cualquier momento, sin previo aviso y a traición. Su intención nunca es convencer sino imponer, y es el alma principal de todo ser vivo que se precie. Sí, su impulso básico es la violencia y cuando puede, va esparciéndola macabramente hasta que consigue satisfacer sus apetitos más voraces.

Es el eterno competidor, el espíritu del liberalismo y de la Moral de Señores de Frederich Nietzsche.

Su objetivo siempre es someter al vecino para poder hacer realidad sus deseos más inmediatos.

Ante esta circunstancia lo más lógico sería pensar que la solución definitiva sería sacrificarla y destruirla, (muerto el perro, muerta la rabia), mas por desgracia la cosa no es tan sencilla. Necesitamos a esa Bestia para poder vivir y poder movernos... incluso la necesitamos para poder realizar acciones nobles, y por otro lado es imposible suprimirla, ya que forma parte de nosotros y se mantiene unido hasta el día de nuestra muerte.

Para ello hay que controlarla, limitarla, asfixiarla con fuerza y sin piedad, e incluso, si fuera necesario; (que la mayoría de las veces lo es), hay que utilizar sus métodos violentos para someterla, golpeándola y destrozándola sin misericordia alguna.

Ese es el trabajo del Domador.

El Domador es nuestro sistema nervioso central, la parte lógica y ética de nuestro cerebro.

Nuestro Dr. Jekyll.

Es en definitiva, un híbrido de nuestra consciencia y la razón.

Y por encima de todo, es el que tiene que controlar y sujetar en todo momento a la Bestia, y el que tiene que discernir a cada instante cuando tiene que castigarla y someterla, y cuando tiene que liberarla y dejar que se sacie... teniendo en cuenta siempre hasta que punto debe permitirlo.

Por supuesto, ella nunca se va a dejar, el precio a realizar esta acción es que a veces nos muerde y empuja para intentar liberarse y otras, su intención de acallarnos, confundirnos y tentarnos.

A veces trata de convencernos por medio de engaños y subterfugios, recompensándonos con un embriagador éxtasis de placer... ese placer no es del Domador, es de la Bestia que ha conseguido liberarse y ha aplastado la voluntad de un tercero al que consideraba su obstáculo, para poder aplacar su sed.

Una persona que debe considerarse parte del mundo y de la sociedad no puede soltarla a la ligera, esta acción sólo es digna de un animal que vive compitiendo en un mundo en el que nadie da nada por nadie y sólo sobrevive el más fuerte... y no siempre eres el más fuerte. Quizás la ironía es que estás personas, que tienen a sus Domadores ya muertos, a veces suelen acabar aplastadas por otras Bestias, (otras no, y viven de forma impune y feliz injustamente) pero cuando sí les ocurre se lo ganan con mérito. (A cada cerdo le llega su San Martín).

¿Cómo se puede controlar y recesar generalmente a esa Bestia?

Existen diversos métodos y pasos distintos. No los conozco todos, aunque sí algunos. Pero en todos ellos hay que realizar una serie de acciones previas en común para llevarlas a cabo:

I: Lo primero que tienes que hacer es darte cuenta de que eres un ser humano y de que esa Bestia existe.

Y que como ser humano eres, como toda vida, un parásito y una plaga cuya única diferencia es que has conseguido ponerte por delante de otras formas de vida. Eso significa que ahora tenemos una responsabilidad mayor para con los otros seres vivos y que siempre estaremos eternamente manchados de sangre.

Con lo último no podemos hacer nada, tendremos que vivir con ello... excepto por una cosa.

Podemos ser menos animales de lo que realmente somos.

Somos por tanto lobos por naturaleza, seres que tienen una Bestia en su interior y exterior.

Hay momentos en que sentimos una serie de sensaciones negativas y violentas, pueden ser inducidas por razones de egoísmo o por empatía.

II: Lo segundo es ser sincero contigo mismo, tienes que escuchar los deseos y opiniones de esa Bestia y analizarlos para conocerte mejor.

Tienes que evitar justificar tus necesidades y razones para tus defectos, realmente uno nunca puede engañarse a sí mismo. Puede intentar cerrar los ojos, mirar incómodo hacia otro lado, buscarse excusas que jamás creerá realmente y hacer como si nunca existiera el hecho en sí. Pero todo ser humano sabe que no puede engañarse realmente, nadie puede escapar de sí mismo. Y lo único que consigues con eso es un total desconocimiento de ti mismo y de tus errores, por lo que jamás podrás controlarlos y jamás serás capaz de mantenerla bien sujeta. Eso a la Bestia le encanta, y muchas veces es la que te elabora las excusas para poder escapar libre y hacer todo aquello que desea sin demora.

En su lugar tienes que aceptar tus defectos, comprenderlos y darte cuenta de que debes estar vigilante para evitar cometerlos cuando la Bestia te los exija y te empiece a dañar si no los cumples... eso último es lo más difícil de todo. Requiere cierto entrenamiento.

Por otro lado también es importante escuchar a la Bestia porque a veces los instintos humanos no son crueles. A veces hay un deseo de hacer bien, intervenir sin razonar... o defenderse de otra Bestia. Pero de eso ya se tratará más adelante.

III: Lo tercero, controlarla.

Y aquí es donde comienza el duelo, que es en ocasiones la parte más difícil de todas. Requiere voluntad, templanza y muchísima disciplina.

El único que puede disciplinarse a sí mismo eres tú, y eso lo consigues a través de la voluntad.

A su vez, para adquirir esa voluntad tienes que realmente querer conseguirla y necesitas también de cierta paciencia y templanza.

Se pueden realizar ciertos ejercicios para que controlar a la Bestia te resulte más fácil.

Meditación: Es un sistema que cuando se sabe utilizar te ayuda casi instantáneamente contra ese problema. Requiere mucho entrenamiento y paciencia, y potencia mucho a la tranquilidad. Particularmente este método no me funciona, ya que yo no consigo evadirme... puede que sea debido a mi hiperactividad, pero en mi caso sólo resulta ser una perdida de tiempo.

Deporte: El mejor símil posible de este hecho es el del cowboy que doma a un potro salvaje, lo saca y lo mantiene sujeto mientras este se encabrita e intenta retirarlo de encima, al no poder hacerlo acaba agotado y tras cansarse, se ve demasiado destrozado como para seguir intentándolo y acaba claudicando ante el vaquero. Es algo parecido, revientas el cuerpo con tanto ejercicio que al final el dolor físico es tal que la Bestia acaba por concentrarse en este hecho y por tanto, distrayéndose. Es el método que mejor me funciona, hasta ahora lo he considerado como el más efectivo a la vez que el más sano.

Evasión voluntaria: Leer un libro, salir a la calle... el problema es que a veces no se consigue con esto acallarla del todo, pero al menos te mantienes concentrado en otra actividad.

Trabajo: No lo recomiendo mucho, en ocasiones la Bestia puede potenciarte a que hagas mal el trabajo. Aunque ciertamente es útil si mientras tanto deseas realizar algo contructivo y no perder el tiempo.

Por otro lado, hay ciertas actitudes que equivocadamente se creen ayudan a controlar o a distraerse de la existencia de la Bestia y lo único que hacen es liberarla, a seguir:

El alcohol: Erroneamente se cree que te ayuda a olvidar, lo único que consigues es dormir al Domador y liberar tranquilamente a la Bestia. Suele ser una forma cómoda, así puedes ser egoísta y puedes tener la falsa sensación de que no eras responsable: Lo siento mucho, es que estaba borracho. Lo cierto es que es una determinación cobarde, patética, rastrera y egoísta. En el momento en que lo haces sabiendo que vas a liberarla y que vas a noquear al Domador ya estás cometiendo el error conscientemente, y sigues siendo responsable de realizar la acción que harás cuando acabes por liberarla y consigas hacer dormir al Domador.

Las drogas:Hacen más fuerte a la Bestia y con el tiempo se vuelve incontrolable.

Nihilismo: Pasar de tu naturaleza y de las condiciones que ocurren en tu ambiente es sinónimo de rendirse, rendirse es perder la batalla por completo. Cuando ya haces eso ya puedes decir que es el fin.

Pero lo más importante es mantenerte en liza y no rendirte jamás ante ella. Estarte atento y vigilar si lo que te pide puede dañar o no a terceros, en caso negativo, puedes permitirle saciar su sed, en caso contrario, vas a tener que seguir conteniéndola.

Hay que tener en cuenta un aspecto importante. A veces los impulsos de la Bestia deben y pueden ser utilizados. Son momentos únicamente puntuales, pero existen.

Estos son los siguientes:

I: Cuando se tiene que enfrentar contra otra Bestia

Hay circunstancias y situaciones en las que te encuentras con personas que no controlan sus Bestias, son los que van por la vida sin vigilar sus instintos y tratando de conseguirlo todo aún sabiendo que eso significa aplastar los derechos y la voluntad ajena. Ellos no merecen ningún tipo de comprensión, o al menos tienes tanto derecho como ellos de poder subsistir. Cuando te conviertes sin desearlo en un obstáculo para esas Bestias te atacan. Es en ese momento, cuando las leyes de la civilización dejan de tener validez y son sustituidas por las leyes de la selva.

Ahí es cuando debes liberar a la Bestia.

Un ejemplo sencillo: si un atracador va a atacarte y no tiene comprensión ni compasión para contigo, tienes todo el derecho del mundo a defenderte bajo la forma y método que consideres más conveniente, incluso a través de la violencia.

Cuando liberas tu violencia, a veces, liberas también a tu Bestia.

Pero tienes que recordar que debes controlarla a pesar de que la has soltado, porque sino puedes arrepentirte de cuan lejos llega.

II: Cuando la Bestia tiene impulsos puros

Aunque casi siempre sus impulsos son egoístas e individualistas, existen ocasiones en que se dan excepciones. A veces su impulso primario es ayudar en un momento clave, hacer algo humanitario.

En ese momento de bondad espontánea suele ser positivo dejarla hacer, porque si lo piensas mucho puede cambiar su interés por el miedo y te puede costar mucho llevar a cabo una buena acción, requiriendo entonces de tu voluntad para realizarla.

Un ejemplo de esto puede ser cuando en un mili-segundo exacto ves que alguien está a punto de ser atropellado y te lanzas sin siquiera pensarlo a la carretera para quitarlo de en medio. Ese momento en que uno corre casi sin planteárselo es la Bestia, la cual su impulso principal ha sido ayudar a un semejante. Pero si te pones a pensartelo, la Bestia se lo replanteará y considerará la seguridad del individuo secundaria frente a la suya propia, y para preservarte activara tu estado de miedo para paralizar al Domador, teniendo este que enfrentarse contra ella para poder llevar a cabo la acción.