La campana del colegio suena, indicando que las clases han comenzado. Los alumnos se apresuran para llegar a tiempo, algunos no logran hacerlo.

Varios chicos corren a sus salones para no recibir algún castigo por parte del profesor; entre ellos, encontramos a cinco chicos que se dirigen a la sala de 3º de secundaria: Ashley, Elliot, Tiffany y dos chicos más.

—Elliot, ¡se supone que me ibas a despertar! —se queja la rubia.
—¡El despertador no funciona! No me culpes a mí y sigue corriendo —se defiende el chico.
—Ah, claro, pero qué fácil decirlo. —Los mellizos paran de golpe frente a la puerta del salón… que se encuentra cerrada.
—Tarde… ¡qué rabia! —exclama, al tiempo que da una patadita al suelo y se cruza de brazos, la pelirroja—. Pero bueno… de seguro y encontramos algo que hacer, ¿no, Elliot?
—Yo preferiría que no… no contigo —responde mientras roda los ojos.
—¿Qué tal tirarla por la ventana? Eso sin duda sería algo interesante —susurra Ashley, de modo que sólo su hermano (que se encuentra a su lado) la escucha, y suelta una risilla.
—¡Que malo eres! —se queja la chica de ojos grises, mientras da otra patadita al suelo y se acomoda el cabello.
—A mi no me molestaría encontrar algo que hacer contigo, Tiff —dice, mientras abraza a la aludida por detrás, el cuarto chico que iba con ellos.

Ryan Smith, un chico de tez morena, cabello castaño oscuro y ojos claros. Gusta de Tiffany desde primaria, y sin importar cuántas veces sea ignorado, tratado como "sólo un amigo" y/o rechazado, persiste. Nadie sabe porqué.

—Ya basta, Ryan —dice arrogante Tiffany, solándose del agarre del moreno.
—Yo creo que hacer algo conmigo ha de ser mejor que hacer nada —responde riendo.
—Hombre, no insistas… hay veces en las que me pregunto cómo funciona tu cabeza que no entiende, luego de años y años de rechazo, que no te quieren —exclama el quinto chico, Darren Smith.

Es el hermano de menor Ryan (nada más que por un año); bajo, de cabello castaño ligeramente más claro que el de su hermano y con una mirada color chocolate muy tranquila.

—Si lo dices así suena muy mal.
—Es así como es.

La "conversación" es interrumpida ya que los presentes sienten, a lo lejos, unos pasos acercándose. Giran la vista para ver el origen de éstos y logran ver a un chico alto, de ojos de un azul oscuro profundo y cabello corto, negro, que se acerca. Usa unos lentes ovalados sin marco en la parte inferior cristal, lleva un bolso negro y lee un libro. Llega junto al grupo, se detiene y levanta la vista.

—¿Éste es el 3º año? —pregunta en un susurro, con voz grave y una mirada penetrante.

Un escalofrío recorre la espalda de los hermanos Smith. El extraño chico los mira, y éstos sienten que son atravesados por sus ojos azules.

—¿Éste es el 3º año? —vuelve a preguntar. Su mirada ahora penetra a los mellizos y a la pelirroja que se abraza a Elliot. Los Smith empiezan a murmurar entre ellos.
—Sí, éste es —responde finalmente Ashley con una sonrisa. El chico sólo asiente.
—Gracias —dice en voz baja, casi inaudible. Se apoya en la pared que se encuentra al lado de la puerta, pone su bolso en el suelo y retoma su lectura.
—¿Eres nuevo? —pregunta Ashley, mirándolo con curiosidad y dando un paso adelante en dirección al chico.
—Sí.
—Tsk, ¿por qué te cambias a estas alturas del año? —interroga ahora Elliot, soltándose del agarre de Tiffany, parándose al lado de su hermana y mirando al chico de reojo. Éste baja el libro y lo mira.
—Cambio de casa.

Vuelve a fijar su atención en el libro y sigue leyendo. Tiffany lo mira despectivamente, y se une a los murmullos los Smith. Elliot mira al trío, pensando en lo poco discretos que son; ¿qué acaso no se pueden esperar a un receso, donde el chico no los viera? Bah, qué más dan ellos…

Por otro lado… ese chico sí que es raro. De esos que te dan miedo con sólo mirarlo. El rubio no le prestaría importancia si no fuera porque su hermanita si lo hace, debe protegerla de cualquier raro que haya por ahí.

—Pues bienvenido seas —exclama Ashley sonriente—, ehh… —Duda unos segundos, preguntándole con la mirada el nombre.
—Evans, James… mucho gusto —responde, mirando a la chica a los ojos.
—Encantada, Ashley McGregor… —La rubia suelta una risilla, a lo que James sonríe de medio lado, nada más que por un par de segundos.

Elliot suelta un bufido, molesto, mientras ve cómo su hermanita le habla al "chico nuevo" animada. ¿Por qué a esa chica le gustarán lo raros? ¿Por qué no tiene una hermana más normal que se sienta atraída por… un chico como él, por ejemplo? El rubio se cruza de brazos y se apoya en la pared, sin alejarse demasiado de Ashley.

—Oye, Elliot… —dice coqueta la pelirroja, dando así por terminada aquella "conversación" sobre el misterioso chico (que ahora conversa con Ashley en un tono lo suficientemente bajo como para que ella lo escuche) con los Smith.

Ryan roda los ojos, girando levemente la cabeza. Es lo que siempre hace cuando ve a Tiffany coqueteando con Elliot… o con cualquier otro chico. Darren ríe nervioso por la actitud de su hermano, puede llegar a ser bastante celoso.

—Deja a tu hermana sola —continúa Tiffany, acercándose al aludido—, el nuevo no se la va a comer… mira, que se están divirtiendo.
—Piérdete —contesta con voz seca.

Mal. Mal, mal, mal, todo mal… un día pésimo, si es que le preguntan al rubio. Llega tarde al colegio, un chico raro aparece de la nada y su hermana le habla como si fueran íntimos amigos y, para colmar, Tiffany no hace más que molestarlo. Saca su MP4 de la mochila y empieza a escuchar música (lo suficientemente despacio para escuchar la conversación del raro y la rubia) cerrando los ojos, aparentando indiferencia.

Tiffany pone una mueca de enfado, dando una patadita al piso. Va a insistir, pero Darren la detiene antes de hacerlo.

—Tiff, déjalo —pide en un suspiro.
—No vale la pena —acota el otro Smith, en tono canturrón, con una expresión de supremacía.

Su expresión cambia a una sonrisa melancólica por unos segundos, mientras suelta un suspiro y pasa su mano derecha por su cabello. Ese es un gesto que se ha vuelto muy común en él desde que la pelirroja se ha obsesionado con Elliot.

Claro, en vez de volverse más insistente, él desarrolla estos pequeños gestos que cada vez se le hacen más característicos. De todas formas, nadie lo nota.

—Ryan, me molesta que hagas eso. —La chica de ojos grises fija su vista en el aludido. Éste la mira aparentando no entender (aunque se esperaba un reproche de "No hables así de mi Elliot, el es tan perfecto y tan genial que…" bla, bla)—. "Eso" que has empezado a hacer desde hace un tiempo —especificó, mientras pasa su mano derecha por su cabello con una melancólica sonrisa torcida, imitando al moreno.

El mayor de los Smith empieza a reír disimuladamente… claro, sólo ella puede notar aquellos gestos que "nadie nota". Quizá por eso le gusta tanto, ella sobrepasa todos los esquemas que él impone. Parece toda una drama queen, pero en realidad es una chica maravillosa. Una chica maravillosa que él tiene el placer de conocer realmente, como no se muestra con los que no sean de su confianza.

Su risilla se transforma en una carcajada, por lo que automáticamente Tiffany lo mira confundida. El menor de los Smith sonríe.

—¿Qué rayos es tan gracioso? —bufa la chica. Elliot (que sigue "escuchando música", ignorando a Tiffany y a los Smith), la odiosa de su hermana y el raro (que aún conversan, no muy pendiente de lo que pasa a su alrededor) fácilmente pasan a un segundo plano.
—Ni idea, ¿no es genial? —responde Darren, aún sonriente.

En un movimiento rápido Ryan se acerca a la pelirroja, la abraza y la levanta.

—¿¡Qué rayos haces!?
—No seas tan amargada, princesa —comenta el chico de ojos claros, mientras empieza a dar vueltas lentamente, aún levantando a Tiffany.
—No, Ryan, no… —balbucea la chica, aferrándose al aludido. Las vueltas comienzan a ganar velocidad—. No, Ryan, ¡bájame! —Cierra los ojos y refuerza el agarre.

Darren mira la escena riendo divertido, mientras que las vueltas van disminuyendo hasta parar. Ryan suelta a la chica carcajeándose, mientras que ella se cruza de brazos, sonrojada, desviando la mirada.

—Por favor —dice el mayor de los Smith entre risas—. ¡No te enojes conmigo!
—Idiota —exclama girando la cabeza, orgullosa—. Y para tu información, no soy princesa, sino reina.
—Soy un idiota que causa simpatía —responde, abrazando por detrás a la chica y acomodando su cuello en el hombro de ella—. Y que tiene el lujo de ser el único que puede llamarte "princesa"… ¿no?

Como respuesta sólo obtiene una sonrisa torcida y una rodada de ojos, a lo que Ryan refuerza el abrazo.

Siempre es lo mismo, el chico hace una estupidez y ella termina por perdonarlo. Bueno, él es así; perdería toda su esencia si no lo fuera. Además, es su amigo… no le queda otra que aceptar sus estupideces. Y… debe admitirlo, esas tonterías le alegran el día, eso es todo.

La "princesa" Johnson sonríe. En lo que empieza a soltarse del agarre de Ryan, la puerta de su salón se abre lentamente, llamando la atención de todos los que estaban fuera de éste, y una chica se asoma, sosteniendo unos papeles.

—¿Brenda? —pregunta la pelirroja, con un dejo de curiosidad, soltándose definitivamente del abrazo. ¡Por Dios! Siempre que ve a esa chica está con algún cuaderno, carpeta o papel entre las manos… en fin, qué más da—. ¿Otra vez como la encargada de los mandados? Porque no creo que te hayan echado del salón —ríe—. ¿O sí?

Además de ser algo tímida, Brenda Wells es una excelente estudiante, jamás la echarían de una sala de clases. Normalmente los profesores le piden a ella (o a Samantha) ir por algo que necesiten (carpetas, exámenes corregidos…) o en su defecto, a entregar algo a otro profesor, a la bibliotecaria o a la dirección del colegio. Eso último es exactamente lo que debe hacer ahora.

—Debo entregar estos papeles a la bibliotecaria, para que haga algunas fotocopias… —responde con una voz muy suave y tranquila—. Ehh… —Examina con la vista a todos los atrasados hasta fijar su vista en James, para decirle—: James Evans, ¿no? —El chico asiente—. Bienvenido, el profesor dice que ya puedes pasar y presentarte con la clase.

La chica mira cómo el aludido guarda el libro que tenía en las manos, le dice a Ashley algo en un susurro (a lo que ella asiente sonriendo y le responde algo en el mismo tono), toma su bolso y luego de caminar y quedar frente a la puerta del salón gira el pomo dispuesto a entrar, no sin antes girarse levemente y penetrar con sus ojos a Brenda.

—Gracias —musita con su voz profunda, a lo que la chica asiente, y entra a la sala.
—Qué chico más raro —comenta Tiffany, rodando los ojos y acomodándose el cabello.
—Él es raro, tú exasperante —le responde la rubia a la defensiva, guiñándole el ojo con burla.

Antes de que iniciara una pelea entre las chicas, el menor de los Smith y el mayor de los McGregor las detienen, y Brenda se aleja en silencio sin que nadie lo notara.

Bah, como si la fueran a extrañar… ella sólo es la chica de los mandados, la sometida. Quizá es porque sea muy pacifista y no le gusta empezar discusiones por diferencia de ideas, o porque es muy persuasible… el asunto es que siempre termina haciendo todo lo que los demás quieren.

Simplemente no tiene opinión. Y si la tuviera, tampoco sería tomada en cuenta.

Esa es una de las razones por las que está con Tiffany. La pelirroja ve en ella a una perfecta… secretaria. Y Brenda ve en la presumida chica la imagen que ella no tiene por sí sola. Digamos que es un acuerdo mutuo que han hecho, del que ambas están concientes de alguna u otra forma.

El silencio de los pasillos que Brenda recorre únicamente es interrumpido por el leve sonido de sus pasos. Posiblemente, ese es el único sonido que la acompañará hasta llegar nuevamente al salón.

La campana del colegio suena, indicando que las clases han comenzado. Los alumnos se apresuran para llegar a tiempo, algunos no logran hacerlo.

Varios chicos corren a sus salones para no recibir algún castigo por parte del profesor; entre ellos, encontramos a cinco chicos que se dirigen a la sala de 3º de secundaria: Ashley, Elliot, Tiffany y dos chicos más.

—Elliot, ¡se supone que me ibas a despertar! —se queja la rubia.
—¡El despertador no funciona! No me culpes a mí y sigue corriendo —se defiende el chico.
—Ah, claro, pero qué fácil decirlo. —Los mellizos paran de golpe frente a la puerta del salón… que se encuentra cerrada.
—Tarde… ¡qué rabia! —exclama, al tiempo que da una patadita al suelo y se cruza de brazos, la pelirroja—. Pero bueno… de seguro y encontramos algo que hacer, ¿no, Elliot?
—Yo preferiría que no… no contigo —responde mientras roda los ojos.
—¿Qué tal tirarla por la ventana? Eso sin duda sería algo interesante —susurra Ashley, de modo que sólo su hermano (que se encuentra a su lado) la escucha, y suelta una risilla.
—¡Que malo eres! —se queja la chica de ojos grises, mientras da otra patadita al suelo y se acomoda el cabello.
—A mi no me molestaría encontrar algo que hacer contigo, Tiff —dice, mientras abraza a la aludida por detrás, el cuarto chico que iba con ellos.

Ryan Smith, un chico de tez morena, cabello castaño oscuro y ojos claros. Gusta de Tiffany desde primaria, y sin importar cuántas veces sea ignorado, tratado como "sólo un amigo" y/o rechazado, persiste. Nadie sabe porqué.

—Ya basta, Ryan —dice arrogante Tiffany, solándose del agarre del moreno.
—Yo creo que hacer algo conmigo ha de ser mejor que hacer nada —responde riendo.
—Hombre, no insistas… hay veces en las que me pregunto cómo funciona tu cabeza que no entiende, luego de años y años de rechazo, que no te quieren —exclama el quinto chico, Darren Smith.

Es el hermano de menor Ryan (nada más que por un año); bajo, de cabello castaño ligeramente más claro que el de su hermano y con una mirada color chocolate muy tranquila.

—Si lo dices así suena muy mal.
—Es así como es.

La "conversación" es interrumpida ya que los presentes sienten, a lo lejos, unos pasos acercándose. Giran la vista para ver el origen de éstos y logran ver a un chico alto, de ojos de un azul oscuro profundo y cabello corto, negro, que se acerca. Usa unos lentes ovalados sin marco en la parte inferior cristal, lleva un bolso negro y lee un libro. Llega junto al grupo, se detiene y levanta la vista.

—¿Éste es el 3º año? —pregunta en un susurro, con voz grave y una mirada penetrante.

Un escalofrío recorre la espalda de los hermanos Smith. El extraño chico los mira, y éstos sienten que son atravesados por sus ojos azules.

—¿Éste es el 3º año? —vuelve a preguntar. Su mirada ahora penetra a los mellizos y a la pelirroja que se abraza a Elliot. Los Smith empiezan a murmurar entre ellos.
—Sí, éste es —responde finalmente Ashley con una sonrisa. El chico sólo asiente.
—Gracias —dice en voz baja, casi inaudible. Se apoya en la pared que se encuentra al lado de la puerta, pone su bolso en el suelo y retoma su lectura.
—¿Eres nuevo? —pregunta Ashley, mirándolo con curiosidad y dando un paso adelante en dirección al chico.
—Sí.
—Tsk, ¿por qué te cambias a estas alturas del año? —interroga ahora Elliot, soltándose del agarre de Tiffany, parándose al lado de su hermana y mirando al chico de reojo. Éste baja el libro y lo mira.
—Cambio de casa.

Vuelve a fijar su atención en el libro y sigue leyendo. Tiffany lo mira despectivamente, y se une a los murmullos los Smith. Elliot mira al trío, pensando en lo poco discretos que son; ¿qué acaso no se pueden esperar a un receso, donde el chico no los viera? Bah, qué más dan ellos…

Por otro lado… ese chico sí que es raro. De esos que te dan miedo con sólo mirarlo. El rubio no le prestaría importancia si no fuera porque su hermanita si lo hace, debe protegerla de cualquier raro que haya por ahí.

—Pues bienvenido seas —exclama Ashley sonriente—, ehh… —Duda unos segundos, preguntándole con la mirada el nombre.
—Evans, James… mucho gusto —responde, mirando a la chica a los ojos.
—Encantada, Ashley McGregor… —La rubia suelta una risilla, a lo que James sonríe de medio lado, nada más que por un par de segundos.

Elliot suelta un bufido, molesto, mientras ve cómo su hermanita le habla al "chico nuevo" animada. ¿Por qué a esa chica le gustarán lo raros? ¿Por qué no tiene una hermana más normal que se sienta atraída por… un chico como él, por ejemplo? El rubio se cruza de brazos y se apoya en la pared, sin alejarse demasiado de Ashley.

—Oye, Elliot… —dice coqueta la pelirroja, dando así por terminada aquella "conversación" sobre el misterioso chico (que ahora conversa con Ashley en un tono lo suficientemente bajo como para que ella lo escuche) con los Smith.

Ryan roda los ojos, girando levemente la cabeza. Es lo que siempre hace cuando ve a Tiffany coqueteando con Elliot… o con cualquier otro chico. Darren ríe nervioso por la actitud de su hermano, puede llegar a ser bastante celoso.

—Deja a tu hermana sola —continúa Tiffany, acercándose al aludido—, el nuevo no se la va a comer… mira, que se están divirtiendo.
—Piérdete —contesta con voz seca.

Mal. Mal, mal, mal, todo mal… un día pésimo, si es que le preguntan al rubio. Llega tarde al colegio, un chico raro aparece de la nada y su hermana le habla como si fueran íntimos amigos y, para colmar, Tiffany no hace más que molestarlo. Saca su MP4 de la mochila y empieza a escuchar música (lo suficientemente despacio para escuchar la conversación del raro y la rubia) cerrando los ojos, aparentando indiferencia.

Tiffany pone una mueca de enfado, dando una patadita al piso. Va a insistir, pero Darren la detiene antes de hacerlo.

—Tiff, déjalo —pide en un suspiro.
—No vale la pena —acota el otro Smith, en tono canturrón, con una expresión de supremacía.

Su expresión cambia a una sonrisa melancólica por unos segundos, mientras suelta un suspiro y pasa su mano derecha por su cabello. Ese es un gesto que se ha vuelto muy común en él desde que la pelirroja se ha obsesionado con Elliot.

Claro, en vez de volverse más insistente, él desarrolla estos pequeños gestos que cada vez se le hacen más característicos. De todas formas, nadie lo nota.

—Ryan, me molesta que hagas eso. —La chica de ojos grises fija su vista en el aludido. Éste la mira aparentando no entender (aunque se esperaba un reproche de "No hables así de mi Elliot, el es tan perfecto y tan genial que…" bla, bla)—. "Eso" que has empezado a hacer desde hace un tiempo —especificó, mientras pasa su mano derecha por su cabello con una melancólica sonrisa torcida, imitando al moreno.

El mayor de los Smith empieza a reír disimuladamente… claro, sólo ella puede notar aquellos gestos que "nadie nota". Quizá por eso le gusta tanto, ella sobrepasa todos los esquemas que él impone. Parece toda una drama queen, pero en realidad es una chica maravillosa. Una chica maravillosa que él tiene el placer de conocer realmente, como no se muestra con los que no sean de su confianza.

Su risilla se transforma en una carcajada, por lo que automáticamente Tiffany lo mira confundida. El menor de los Smith sonríe.

—¿Qué rayos es tan gracioso? —bufa la chica. Elliot (que sigue "escuchando música", ignorando a Tiffany y a los Smith), la odiosa de su hermana y el raro (que aún conversan, no muy pendiente de lo que pasa a su alrededor) fácilmente pasan a un segundo plano.
—Ni idea, ¿no es genial? —responde Darren, aún sonriente.

En un movimiento rápido Ryan se acerca a la pelirroja, la abraza y la levanta.

—¿¡Qué rayos haces!?
—No seas tan amargada, princesa —comenta el chico de ojos claros, mientras empieza a dar vueltas lentamente, aún levantando a Tiffany.
—No, Ryan, no… —balbucea la chica, aferrándose al aludido. Las vueltas comienzan a ganar velocidad—. No, Ryan, ¡bájame! —Cierra los ojos y refuerza el agarre.

Darren mira la escena riendo divertido, mientras que las vueltas van disminuyendo hasta parar. Ryan suelta a la chica carcajeándose, mientras que ella se cruza de brazos, sonrojada, desviando la mirada.

—Por favor —dice el mayor de los Smith entre risas—. ¡No te enojes conmigo!
—Idiota —exclama girando la cabeza, orgullosa—. Y para tu información, no soy princesa, sino reina.
—Soy un idiota que causa simpatía —responde, abrazando por detrás a la chica y acomodando su cuello en el hombro de ella—. Y que tiene el lujo de ser el único que puede llamarte "princesa"… ¿no?

Como respuesta sólo obtiene una sonrisa torcida y una rodada de ojos, a lo que Ryan refuerza el abrazo.

Siempre es lo mismo, el chico hace una estupidez y ella termina por perdonarlo. Bueno, él es así; perdería toda su esencia si no lo fuera. Además, es su amigo… no le queda otra que aceptar sus estupideces. Y… debe admitirlo, esas tonterías le alegran el día, eso es todo.

La "princesa" Johnson sonríe. En lo que empieza a soltarse del agarre de Ryan, la puerta de su salón se abre lentamente, llamando la atención de todos los que estaban fuera de éste, y una chica se asoma, sosteniendo unos papeles.

—¿Brenda? —pregunta la pelirroja, con un dejo de curiosidad, soltándose definitivamente del abrazo. ¡Por Dios! Siempre que ve a esa chica está con algún cuaderno, carpeta o papel entre las manos… en fin, qué más da—. ¿Otra vez como la encargada de los mandados? Porque no creo que te hayan echado del salón —ríe—. ¿O sí?

Además de ser algo tímida, Brenda Harrison es una excelente estudiante, jamás la echarían de una sala de clases. Normalmente los profesores le piden a ella (o a Samantha) ir por algo que necesiten (carpetas, exámenes corregidos…) o en su defecto, a entregar algo a otro profesor, a la bibliotecaria o a la dirección del colegio. Eso último es exactamente lo que debe hacer ahora.

—Debo entregar estos papeles a la bibliotecaria, para que haga algunas fotocopias… —responde con una voz muy suave y tranquila—. Ehh… —Examina con la vista a todos los atrasados hasta fijar su vista en James, para decirle—: James Evans, ¿no? —El chico asiente—. Bienvenido, el profesor dice que ya puedes pasar y presentarte con la clase.

La chica mira cómo el aludido guarda el libro que tenía en las manos, le dice a Ashley algo en un susurro (a lo que ella asiente sonriendo y le responde algo en el mismo tono), toma su bolso y luego de caminar y quedar frente a la puerta del salón gira el pomo dispuesto a entrar, no sin antes girarse levemente y penetrar con sus ojos a Brenda.

—Gracias —musita con su voz profunda, a lo que la chica asiente, y entra a la sala.
—Qué chico más raro —comenta Tiffany, rodando los ojos y acomodándose el cabello.
—Él es raro, tú exasperante —le responde la rubia a la defensiva, guiñándole el ojo con burla.

Antes de que iniciara una pelea entre las chicas, el menor de los Smith y el mayor de los McGregor las detienen, y Brenda se aleja en silencio sin que nadie lo notara.

Bah, como si la fueran a extrañar… ella sólo es la chica de los mandados, la sometida. Quizá es porque sea muy pacifista y no le gusta empezar discusiones por diferencia de ideas, o porque es muy persuasible… el asunto es que siempre termina haciendo todo lo que los demás quieren.

Simplemente no tiene opinión. Y si la tuviera, tampoco sería tomada en cuenta.

Esa es una de las razones por las que está con Tiffany. La pelirroja ve en ella a una perfecta… secretaria. Y Brenda ve en la presumida chica la imagen que ella no tiene por sí sola. Digamos que es un acuerdo mutuo que han hecho, del que ambas están concientes de alguna u otra forma.

El silencio de los pasillos que Brenda recorre únicamente es interrumpido por el leve sonido de sus pasos. Posiblemente, ese es el único sonido que la acompañará hasta llegar nuevamente al salón.