The Britpop Chronicles.

I. The Beautiful Ones

Cosa de nada. Ya se repondría. Muchas veces se había asomado temerosa al espejo del baño, bajo la mortecina luz de neón que había que cambiar desde hacía meses, hecha una peor mierda que aquella vez. Sí, todo saldría bien.

Se recogió el cabello en una larga trenza, convencida de que esta vez sí se cortaría la cuerda de cáñamo que traía por cabello. Jaló el cordón que encendía la luz y se quedó un momento a oscuras, sólo con la línea que entraba por debajo de la puerta iluminando quedamente sus pies, deseando poder permanecer en la oscuridad mucho más tiempo. Afuera, en el medio día Londinense, blanco de plomo, ni el sol, ni la ciudad ni el ruido estarían dispuestos a tener piedad.

Londres seguía, iba, venía y le daba igual si le seguías el paso. Hacer eso no siempre era posible, ni factible.

-¡¡Maldita sea, Rory!! ¡¿En qué estabas pensando?!-

Esa voz, esa puerta de madera que con un golpe más estaría para el basurero. Bueno, por lo menos había llegado con suficiente conciencia como para gritar a altas horas de la madrugada. O sea, la mañana. Rory salió del baño arrastrando los pies y entrecerrando los ojos como un recién nacido, sacado al mundo a la fuerza.

-Yo, a diferencia de ti, Julita, estaba pensando- dijo tranquilamente, buscando entre sus cosas las enormes gafas de sol que tantas veces le habían salvado de innombrables migrañas. La luz entraba por el ventanal, inclemente, y hacía que se viera más pálida que un cirio.

-¡Pensando, pensando sólo en ti, hija de puta! ¡Me dejaste dormir en la calle! ¡¡Violaste el código de amistad!!-

Rory puso los ojos en blanco y se dejó caer en el sillón, subiendo sus piernas desnudas a los brazos de este y estirando los brazos hacia arriba como una muñeca descosida.

-La vez pasada también hiciste un escándalo por que nos fuimos temprano; el caso es que yo soy la que siempre queda mal. Yo no te forcé a que te largaras con Donna sin importarte nada, y si a ti no te importa, a mi menos; ese es el único código de amistad y ese, Julita, no lo he violado-

Esa era Jules. Medía como metro y medio y llevaba las mejillas sonrosadas de haber pasado la noche a la nada amable intemperie de Londres. Usaba gafas y era un puto milagro que no las hubiera perdido. Pantalones negros, camisetas y en vez de las martens que completarían el atuendo, unos sempiternos converse en su afán de ser un altar viviente para su amado y finado Kurt Cobain.

A Rory nunca le gustó Cobain, ni los converse por que le sacaban ampollas; pero eran buenas amigas, aunque una vez en sus tradicionales martes de stone-out Jules había propuesto, con toda la seriedad del mundo, hacer una sesión espiritista para que Kurt le cantara por lo menos el estribillo de Heart shaped box. Todo terminó en una discusión hilarante sobre lo macabro y egocentrista que resultaría despertar a un muerto para que te cante una canción, lo perturbador que esto sería y al final, cuando los mejores argumentos estaban siendo expuestos, a Rory se le olvidó de lo que estaban hablando y terminaron por dejarlo y cocinar medio kilogramo de hot cakes.

La demencial noche anterior Rory ignoraba que Jules había tratado de convencer a la adorable Donna Matthews de sacar una ouija e intentar tener su propio Nirvana Unplugged en el patio de atrás de la fiesta. A cambio, Donna estuvo carcajeándose hasta que la diminuta se puso incómoda y luego, para compensarlo, le ofreció sus favores junkies que, obviamente, Jules aceptó.

Mientras, a escasos tres metros, Rory bebía sin parar para no tener que participar de las discusiones bizantinas que G, su obsesión físico-emocional en turno, sostenía con algún tipo que creía estar descubriendo el hilo negro de la música inglesa de aquel entonces. Era un poco triste ver lo patético que G podía ser, lo infantil, borracho y desagradable que tan fácilmente podía ser; lo peor del asunto es que a pesar de estar conciente de la naturaleza de su amante, tenía la capacidad de tenerla ahí en cuanto a él se le ocurriera desearlo (y estuviera mínimamente consciente para exteriorizarlo).

G tenía amigos importantes. Él mismo era una celebridad de pacotilla con el santo favor de la sociedad de poder hacer de la sarta de estupideces que hablaba, más importantes que el evangelio. Incluso había una chica con una libretita anotando las inteligentísimas frases que G soltaba a diestra y siniestra una vez que el alcohol se reactivaba en su sangre. Era grotesco. Pero él era poco más que un actor secundario al lado de la buena estrella y el carisma de su compañero lead singer en jefe. Damon. Era la misma clase de imbécil que G, pero él poseía la malicia suficiente para hacerte creer que era un genio. Y lo lograba.

Jules no podía evitar mirarle y generar una especie de lujuria disfrazada de ira manifestada en sus constantes "Es que míralo nada más… es un descarado… es un idiota… me dan asco… se cree muy moderno…" y es que nadie podía evitar mirar a Damon, con sus grandes ojos azules, su voz grave y toda su vanidad falta de espacio y de espectadores en cualquier lugar donde se apareciera. A Rory no le movía ni un pelo, cosa que seguramente a Damon no le importaría en su arraigada idea de que nadie en su sano juicio podría estar interesada en G, y si lo estaban, gracias a dios no lo estarían en él.

Lo peor de Damon no era él mismo, sino su corte de ilusos, adulándolo como al rey sol. A simple vista era la persona más accesible: hablando, saludando, besando y conversando con quien le prestara atención; ahí radicaba su trampa, su astucia de hermoso depredador, haciendo creer a sus presas que son importantes para él, que tienen toda su atención. Pero aún teniendo su mirada encima, aún metiéndole la lengua hasta los premolares, eras tú quien salía perdiendo. Él no estaba ahí, estaba lejos en su trono de suficiencia, sumándote a la lista como uno más de sus admiradores. Impenetrable. Imposible. Impasable.

Jules se encontraba bastante ebria cuando Damon le dio un toquecito en el hombro y le dijo con exagerado encanto si podía mover su cuerpecito hacía un lado, que no lo dejaba pasar. Rory miró desde lejos como la pequeña hacía cara de estudiante de cine autosuficiente no-lograrás-intimidarme y la miró también fracasar en el intento y terminar buscando a Donna Matthews con urgencia para que fueran a compartir algo de rock action.

Mientras, G comenzaba a aburrirse de la metafísica de mierda y cuando un personaje gris y pretencioso seguía hablándole de filosofía mal aprendida, él ya estaba dando indecentes muestras de cariño a Rory. Alex los miraba de reojo mientras se acostumbraba a la champaña cara y trataba de entender cómo es que G se había hecho de una amante no-groupie…

- Damon nos invitó al Met Bar esta semana-

-¿Nos?-

-Sí, nos, mientras más nutrido sea su séquito de admiradoras él es feliz-

-Yo no soy su admiradora-

-No, pero te encantaría tirártelo, y te cuento un secretito? Es más fácil de lo que piensas-

-¡Que no me lo quiero tirar!-

En ese momento de nuevo sonaba la desvencijada puerta, y si quien entraba viniese de mal humor, o fuera un implacable violador en serie, definitivamente la puerta se caería.

-Se ven terribles-

Gracias a dios, se trataba sólo de una inquilina más de aquel flat que de no contar con la presencia humana carecería completamente de cualquier rasgo que lo convirtiese en un lugar habitable. Rory sonrió y Jules volteó con mirada furiosa, más que dispuesta a examinar minuciosamente a la recién llegada para decirle que ella tampoco estaba en su mejor momento.

Pero sí lo estaba, para desgracia de ambas. Y si no era el mejor, era uno bastante afortunado; despedía el olor de quien se bañó apenas hace unas horas, durmió agotada y felíz y fue recibida con un desayuno en la cama por un hombre bastante cursi y seguramente pésimo amante. Por decirlo con elegancia.

-Kar, te perdiste de una gran fiesta anoche- dijo Rory rascándose las piernas sin depilar –Jules durmió en la calle- aventuró con una gran sonrisa y toda la intención de sacar de sus pequeñas casillas a la pequeña chica que tenía enfrente.

-¡¿Qué dices?!- preguntó Kar con falsa preocupación y en su interior pensando que ya era lo único que le faltaba. Sí, a ella también le había propuesto el Ouija Nirvana Gig. La susodicha sólo atinó a poner los ojos en blanco y acercarse a la tarja que a ojos benevolentes sería una cocina y servirse un vaso de agua que obviamente le supo a cicuta pero conservaría su pisoteado orgullo en ese momento. Sí, maldición, había dormido en la calle… no era lo más bajo que podría llegar a hacer, ni ella ni nadie con quien saliera eventual o frecuentemente. ¿A qué venía tanta alarma?

-Si, en la calle, sin un atisbo de conciencia o dignidad, como toda una yonqui crackera-

-Aunque despertara llena de pustulas en kings cross, yo no soy la que sale con ese desastre de tipo al que llaman G… perdóname pero dormir en la calle es más digno-

Ah, su talón de Aquiles. Vaya que sabían jugar sucio. Rory puso gesto de niñita mimada como solía hacer cuando no tenía nada más que contestar y a su memoria regresó la noche anterior, dolorosamente, pues hubiera querido no recordar el desastre en el que G se había metido y ella en todo su afán de abnegación había tratado de arreglar. Estuvo a su lado escuchando sus peroratas alcohólicas con la real convicción de estar haciéndole un favor, de estar a su lado por que él no necesitaba desesperadamente.

Todos eran personas llenas de necesidades, y Rory necesitaba alguien que la necesitara. G parecía el indicado, así que no dudó desde el momento en que lo vio ahí sentado con sus amiguitos de mierda y sus gafas gruesas y su pinta de no encajar en ningún lado. Era justo lo que necesitaba.

Aquella chica escéptica que siempre acompañaba a Damon lo sabía, y miraba a Rory con una especie de lástima y la especial condescendencia que se tiene con el que comparte tu misma miseria. Aún no se conocían, pero se habían dedicado un par de miradas dignas de funeral.

Nadie tenía suficiente. Y tal vez lo que deseabas pudiese ser una realidad, de la manera más barata posible. En versión supermercado. Y eso no era suficiente. No para ellos. Todos caían en la trampa, en su propia trampa. Pero tampoco es que hubiera demasiadas opciones.

Esa mañana, Rory creía que todo iría bien, que G podría ser un buen proyecto después de todo. Jules creía que después de dormir en la calle se había ganado un especial respeto entre la gente que jamás exteriorizarían. Ka, creyéndose felíz y llena de energías, pensaba que el flat necesitaba una urgente limpieza profunda. Nada de eso era cierto. Ni necesario. Pero, decididamente, lo cierto y necesario está demasiado sobrevalorado.

Here they come, the beautiful ones…